9 ago. 2011

Las bragas de Marilyn o la ciudad como parque de atracciones.

"Forever Marilyn", Seward Johnson en Chicago (vista desde atrás).
Una de las imágenes icónicas de la cultura popular de nuestro tiempo fue creada, en 1955, por Marilyn Monroe y Billy Wilder en la película “La tentación vive arriba” (The Seven Year Itch). El respiradero del metro y la falda volandera de la actriz fijaron, en el imaginario colectivo, uno de los mitos eróticos del siglo XX.
El escultor Seward Johnson y la ciudad de Chicago, han recuperado ese icono con una figura gigante, de 8 metros (“Forever Marilyn”), que se ha ubicado en el inicio de la Magnificent Mile. Edificios como el Chicago Tribune, el Wrigley Building, o el London Guarantee Building desde el otro lado del río, asisten atónitos al éxito ciudadano de una instalación que es fotografiada con fruición en posiciones extravagantes y desde puntos de vista muy particulares.
“Forever Marilyn” está expuesta temporalmente, ya que permanecerá en Chicago hasta la primavera de 2012, cuando, según anuncian, iniciará un recorrido por diferentes ciudades norteamericanas.
Las ciudades, en una competencia feroz por atraer al turismo, una de las industrias que está aguantando el tipo en la situación de crisis actual, sacan todas sus armas para captarlo. Y el arte, y en particular la escultura urbana, es uno de los reclamos que las urbes utilizan en sus estrategias de City Marketing.
Chicago, provocadora como siempre, anima a reflexionar sobre todas estas cuestiones.


"Forever Marilyn" desde un punto de vista más habitual
Las ciudades despliegan sus encantos
Recuerdo las palabras de mi admirado José Miguel Iribas, sociólogo perspicaz e inteligente, cuando, hace tiempo, me comentaba las dificultades de los parques temáticos para triunfar en España, debido a la dura competencia que les presentaban nuestras propias ciudades, verdaderos parques multitemáticos. El caso de Terra Mítica y Benidorm era paradigmático.
Las ciudades son grandiosos parques que disponen de múltiples atracciones y que, en estos tiempos, despliegan sin pudor sus encantos para captar la actividad económica derivada del turismo. En este juego de seducción entran muchos elementos, llegando a incluir a los propios visitantes, que se convierten en parte del espectáculo para ellos mismos.
Algunas de esas atracciones están relacionadas con el mundo del Arte.
El Arte en la calle (el espacio urbano como sala de exposiciones)
El Arte en la calle, que en muchos casos es de carácter escultórico, cumple objetivos que trascienden su propia consideración como objeto artístico: Transforma el paisaje cotidiano y permite el acercamiento del Arte a todo tipo de público, sin trabas de horarios o de precios, facilitando el conocimiento y ayudando a derribar esa barrera que todavía separa a muchas personas de la cultura.
Además, la congregación alrededor de las obras fomenta lugares de encuentro en los que compartir experiencias similares entre personas de procedencias y generaciones diversas. Estos objetivos sociales coinciden con la vocación de algunas instituciones que se prestan a financiar estas instalaciones.
Pero no es lo mismo una obra permanente, que puede acabar pasando desapercibida por su integración con el paisaje, que una que rompa premeditadamente con la estabilidad del entorno en el que se instala.
Provocar, aunque sea para bien
La instalación de esculturas que pueblan temporalmente la ciudad es una propuesta cada vez más frecuente. Algunos ejemplos exitosos en Madrid fueron las exposiciones de Fernando Botero (“Botero en Madrid”, 1994), las de Igor Mitoraj (“El mito perdido”, 2008) o la manada de 150 vacas “pop” que tomaron la ciudad (“Cow Parade”, 2008).

La Cow Parade en Madrid
No obstante, para que estas exposiciones salten fuera de los círculos especializados, requieren un plus que, por lo general, no suele estar en el eje de la reflexión artística. Las obras más aplaudidas suelen ser de comprensión sencilla, habitualmente figurativas, espectaculares, extravagantes, con cierto carácter provocador, y, a menudo, con autores conocidos o polémicos.
En ocasiones, sucede que las ciudades logran presentar una novedad que refuerza su “sex appeal”, que llama poderosamente la atención, con un claro espíritu polemista y, que suele sobrepasar, en sus significados, el ámbito del arte.
Puppy, el perrito vegetal, mascota del museo Guggenheim de Bilbao, es uno de esos casos. Puppy, más allá de su interés artístico, se convirtió en un icono popular, siendo protagonista de chistes y chascarrillos y aprovechando el tirón de la polémica personalidad de su autor, Jeff Koons (a quien el acervo popular no disocia de su pasado como marido de Cicciolina, la conocida actriz porno que, con su imagen aniñada y afición exhibicionista, llego a ser diputada en Italia, su país). La foto familiar, con Puppy al fondo, se convirtió en algo imprescindible.
 “Yo estuve allí….”
En ocasiones, las ciudades consiguen que salte esa chispa casi milagrosa. Son capaces de producir un evento que las convierte, durante un tiempo, en “imprescindibles”. Estos acontecimientos se convierten en la gran atracción de la temporada (es fundamental que haya una fecha de “caducidad” para generar el estrés del “no te lo puedes perder”).
“Yo estuve allí…” es una de esas frases que permiten al ciudadano anónimo sentirse parte de la historia. Y las ciudades, que conocen la importancia de ese sentimiento, buscan promover experiencias que transmitan la necesidad imperiosa de participar en ellas.

Puppy, de Jeff Koons en Bilbao y la Torre de Pisa "sostenida" por un turista
En este sentido hay fenómenos en el mundo del Arte que escapan a una comprensión racional. El caso de la exposición antológica de Velázquez que se celebró en el Museo del Prado en1990 es un ejemplo que suscitó estudios muy diversos. Fue una muestra, cuyo éxito multitudinario sorprendió a todos, ya que marcó el récord de visitantes al museo, teniendo en cuenta que el porcentaje mayoritario de la obra expuesta se encontraba habitualmente en el Prado. Miles de visitantes viajaron hacia Madrid para visitarla, incluso se fletaban autobuses desde muchos puntos de España para hacer larguísimos viajes en el propio día con colectivos poco habituales dentro de los museos. Quién no había visitado la exposición de Velázquez quedaba fuera de esa sorprendente comunión colectiva.
“Forever Marilyn” pretende enlazar con este tipo de sensaciones “obligando” a los visitantes a acercarse a contemplar a la estrella gigantesca y fotografiarse con ella.
El turista cazador
Hay un tipo de turista que consume imágenes, que incluso llega a ver la ciudad a través del objetivo de su cámara. Un turista que colecciona esas instantáneas como trofeos de caza para, fundamentalmente, mostrarlas a sus conocidos y que, actualmente, pueblan las redes sociales.
Crown Fountain, Jaume Plensa en Chicago
Muchas de esas fotografías son típicas (como la que presenta a una persona sosteniendo la torre inclinada de Pisa) y, precisamente por ello, son buscadas para que no falten en el muestrario. Su visión provoca sonrisas y comentarios graciosos, generando una empatía cómplice al descubrir habitualmente que imágenes similares han sido captadas también por alguno de los presentes. Por eso son “clásicas”.
“Forever Marilyn” anima este tipo de situaciones. A pesar del poco tiempo que lleva instalada, su noticia está corriendo como la pólvora, convirtiéndose en una pieza apetecible para los turistas cazadores que se mueven por las sabanas urbanas.
Lo divertido sigue siendo… ¡lo más!
La compresión de muchas manifestaciones culturales requiere esfuerzo. Su disfrute no es inmediato y exige una cierta preparación. Ante este requisito, muchos ciudadanos renuncian a ello y se refugian en los hechos culturales más comprensibles e inmediatos.
Esto no significa necesariamente un bajo nivel. Chicago tiene dos ejemplos recientes, de calidad y exitosos: la Crown Fountain de Jaume Plensa y la Cloud Gate de Anish Kapoor. Bien es cierto que buena parte de su éxito radica en la interacción con el ciudadano, a través de los juegos de agua, en un caso, o con los reflejos distorsionados en el otro.
En ambas propuestas, la participación del espectador hace que las obras resulten entretenidas y divertidas. “Forever Marilyn” provoca una intervención diferente, aunque también jocosa. Los visitantes se acercan primero a inspeccionar las partes no explicitadas en la película y se sitúan debajo o detrás, fotografiando profusamente las bragas de la actriz.
Este juego, ingenuamente erótico, suscita sonrisas y complicidades que incrementan el entusiasmo por la obra. Su carácter figurativo, que enlaza con el “pop” y el hiperrealismo, y facilita la comprensión instantánea, también contribuye a su éxito multitudinario.
El Arte y su relación con la ciudad debe aspirar a más, pero Roma no se conquistó en un día.

Forever Marilyn, Seward Johnson en Chicago


1 comentario:

  1. Realmente buen marketing. Fidelizará?. It's the question. jjpn (muy bien amigos).

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