23 mar. 2012

Mutaciones en la Ciudad Incierta: Del concepto de Función a la noción de Situación

En la Ciudad Incierta, los conceptos que han venido dirigiendo las reflexiones e intervenciones urbanas están mutando hacia nuevos modos de entender nuestra forma de habitar. Hemos analizado la evolución del concepto de Estructura hacia la noción de Campo de Fuerzas o el de Espacio hacia el Paisaje. Pero queda una metamorfosis importante.
Un concepto tan arraigado como el de FUNCIÓN, que ha llevado hasta la caracterización de un modo de hacer arquitectura o ciudad, está transformándose para dar paso a una noción más difusa, la SITUACIÓN.
La función era un marco para la actividad, mientras que la situación es un contexto para el acontecimiento.

El funcionalismo marcó el carácter de la ciudad del siglo XX. Su empeño en excluir todo lo que no fuera estrictamente necesario para el desempeño de la actividad definida tuvo diversas consecuencias urbanas, una de las cuales fue el monocultivo funcional de los espacios, que acabó zonificando la ciudad.
Estas ideas han forjado la ciudad en las últimas décadas. La distribución del suelo de la ciudad continua realizándose conforme a un catálogo de FUNCIONES preestablecido que, en el mejor de los casos, permite algunos usos secundarios complementarios.
Esta estrategia tuvo su sentido tiempo atrás, cuando usos como trabajo, residencia u ocio requerían espacios distintos por la evidente incompatibilidad que mostraban. Pero esto ya no es así. La vida se ha hecho más compleja y nuestras actividades, que han cambiado, han visto disolverse las nítidas fronteras que las separaban. Se mezclan, comparten lugares y tiempos, se confunden y, en ocasiones, resultan indistinguibles. Por ejemplo, si estamos sentados delante de un ordenador nadie podrá distinguir si estamos cumpliendo nuestra obligación laboral o simplemente entreteniendo nuestro tiempo de ocio. O si recorremos un centro comercial podemos estar cubriendo una necesidad o simplemente disfrutando.
Por ello, nuestro tiempo requiere otra forma de afrontar la relación del espacio con los usos/funciones urbanos.
Situación, Suceso y Acontecimiento
La función unívoca, rígida y parcelada debe ser superada y, en esa línea, se propone la noción de SITUACIÓN. La función era un marco para la actividad, mientras que la situación es un contexto para el acontecimiento. La situación hace referencia a la construcción de ambientes que se transforman, implicando en ellos a las pasiones personales.
Una situación es una noción con carácter contextual que se refiere a relaciones entre seres ubicados. Cuando nos “ponemos en situación” caracterizamos un entorno determinado (presente, pasado o incluso imaginado para un futuro). La noción tiene una fuerte vocación espacial que se define a partir de unas coordenadas y con unos personajes que protagonizarán lo que allí acontezca.
Ha habido pioneros en estas consideraciones. A finales de la década de 1950 surgió el movimiento situacionista. La Internacional Situacionista fue un foro alternativo que puso el foco urbanístico en la noción de situación como creación colectiva de un ambiente unitario para desarrollar un juego de acontecimientos. También en el mundo del arte, se lleva tiempo reflexionando y proponiendo trascender las obras tradicionales para incidir en el valor del proceso artístico a través de happenings, performances, intervenciones, etc.
Con todo ello, el objeto está dando paso a la experiencia.
Por otra parte, suceder es el discurrir temporal de un hecho. Un SUCESO, por tanto, es una noción que puede prescindir de la espacialidad física y relatar una acción determinada. Un suceso se puede narrar y describirá acciones que determinados protagonistas realizan. Queda para la imaginación del oyente o lector la configuración de la situación determinada. La sucesión de acciones actuará en forma de guión del hecho.
Finalmente, por ACONTECIMIENTO entendemos la unión de las dos nociones anteriores. Nuestras coordenadas vitales son el espacio y del tiempo. No podemos desmaterializarnos de modo que el espacio sea innecesario, ni podemos eternizarnos logrando que el tiempo sea superfluo. El espacio y el tiempo nos limitan.
Una situación, fija un contexto espacial y humano, sobre el que se suceden acciones, es decir surgen hechos (incluso hablando de futuro) que son acontecimientos, individuales y colectivos. En el lenguaje coloquial asociamos la palabra acontecimiento a los hechos relevantes, a los que merecen ser rememorados frente a la cotidianeidad. La noción que se propugna, modifica esta restricción, admitiendo otras muchas experiencias menos trascendentales.
La mutación que estas nociones suponen para la ciudad incierta, obliga a la reflexión y a la reivindicación (y, en algunos casos avanzados, a la constatación) de varias cuestiones esenciales.
Multifuncionalidad o fusión de usos.
El verdadero valor del espacio reside en el uso que los ciudadanos hagan de él. Y en la sociedad actual, nuestras actividades no pueden fragmentarse con la nitidez de los tiempos anteriores descritos. Son mucho más complejas y vinculadas entre sí. Nuestro cerebro no está zonificado e interactuamos con múltiples objetivos. Por eso no puede limitarse a la visión restringida de una sola posibilidad, parcelada monofuncionalmente.
La ciudad requiere diseños flexibles con capacidad de mutación si es necesario. El argumento de la fusión de usos se enfrenta radicalmente contra la habitual rigidez mostrada por el planeamiento urbanístico que suele asignar funcionalidades únicas. Esta cuestión, producto de la zonificación protagonista del siglo XX y apoyada por intereses económicos, debe ser superada y, muy especialmente, en el caso de los espacios urbanos.
Además, el gran potencial de la ciudad se fundamenta en la interacción entre las personas que la habitan, en su mezcla, y la innovación necesaria para avanzar surge como consecuencia de una polinización de ideas. Pero esto, sólo es posible integrando las diferentes facetas de la vida de las personas y poniendo en relación a individuos diferentes que están realizando tareas distintas. De estos roces surgen las chispas convenientes. Los espacios multifuncionales no se definen por unos atributos específicos, como en la etapa de monocultivo. Deben ser contenedores de actividades genéricas, paisajes que propongan contextos para situaciones diversas.
Superar la inercia de la ciudad de los objetos
La multifuncionalidad, el contexto situacional, aplica el valor del espacio, no a las formas objetuales, sino a las experiencias que es capaz de provocar. Por eso la configuración física debe actuar como un contenedor capaz de propiciar diferentes usos y situaciones dentro del mismo.
Para ello, es necesario superar la inercia de la ciudad de los objetos, entendidos éstos como un conjunto de múltiples escalas. Ciertamente, la permanencia formal de arquitecturas o estructuras urbanas heredadas de tiempos anteriores no facilita la tarea y, además, la ciudad zonificada en sus usos y parcelada en sus propiedades, ampara el statu quo de una ciudad-mercancía, patrimonial e inerte.
La revolución actual de las tecnologías de la información y de la comunicación, superando en mucho los importantes logros iniciales (telégrafos, TV, radio, telefonía fija, etc.) que tenían una clave sedentaria y en muchos casos de transmisión colectiva, ha conseguido asociarse directamente al individuo siguiéndole en su nomadismo urbano. La vida es diferente y la ciudad se está transformando tras ella.
Esto puede afectar, por ejemplo, a uno de los grandes temas a la hora de planificar la ciudad, como es el de garantizar la legibilidad de la misma (en el sentido del wayfinding). Kevin Lynch ofreció la obra más rotunda sobre como diseñar la imagen urbana con ese fin y para ello se basó en la potencia y permanencia de los objetos. En cierto modo la ciudad debía llevar grabado, en sí misma, su manual de instrucciones. Los laberintos, aunque podían ser bellos, resultaban ineficaces en la ciudad pública y debían ser evitados. Pero, las nuevas tecnologías están poniendo en cuestión este gran axioma de la planificación urbana tradicional. Por ejemplo, la proliferación de los GPS relativiza la auto-representación urbana, ya que constituyen otro manual de instrucciones alternativo para la orientación.
No obstante, no debemos olvidar que la imagen de la ciudad es fundamental también para otras cuestiones esenciales como el significado o la identidad.
La ciudad de las experiencias
Es cierto que los objetos, en un amplio sentido, tienen mucho poder sobre nosotros. Principalmente, y obviando su papel patrimonial, tienden a ser catalizadores de experiencias y, muchas veces, actúan como motor evocador de recuerdos.
Todos somos conscientes de que el presente continuo se desintegra entre el pasado reciente y el futuro inmediato. Nos movemos en esa delicada frontera de imaginaciones. Tanto de las que se nutren de lo conocido (el mundo de los recuerdos) como de las que se proyectan hacia adelante (previendo lo que puede venir o creando lo inexistente). Es en nuestra imaginación donde reside nuestra auténtica realidad. Las imágenes que pueblan nuestra mente, y que dibujan personas y lugares, son como los fantasmas inmateriales que nos acompañan y que, en ocasiones, toman cuerpo fugaz en los contactos presenciales.
Cuando dejamos el contacto directo con los entornos, éstos se reconstruyen en nuestra memoria. Nos sucede lo mismo con las personas que pasan por nuestra vida, incluso con las más allegadas, que no se encuentran en presente continuo. Las formas, una vez perdido el contacto perceptivo directo, se transforman en una topología onírica que es la que realmente poseemos. Nuestra realidad más importante es la que atesoramos en nuestra mente. Y esta inmaterialidad nos conduce directamente al recuerdo de acontecimientos.
Nos manejamos siempre con las ausencias como base y por ello las acciones o los acontecimientos deben ser cada vez más importantes en la definición urbana.
Por otra parte, las conexiones a distancia potencian lugares que, dentro de una trama discontinua, ponen en cuestión algunos de los conectores tradicionales. Esto puede generar relaciones imprevisibles. De hecho, las redes sociales están privilegiando lugares de reunión que pueden cambiar de forma súbita. Estos desequilibrios no requieren una formalización estándar y la ciudad debe estar preparada para esos vuelos de bandadas de estorninos, que como una coreografía impredecible cambian de rumbo instantáneamente.
La densidad de acontecimientos
Nuestra realidad siempre se ha nutrido de presentes que se desvanecen y de pasados que alimentan poderosos recuerdos. Ahora, además, la virtualidad profundiza en esta idea. Los entornos sólidos y rígidamente caracterizados están dando paso a entornos fluctuantes. La luz (artificial) ya construye espacios de este tipo. Y el espacio urbano, el gran protagonista de nuestras ciudades, lejos de desaparecer, como preconizaron algunos agoreros, vuelve con fuerza, renovado por la tecnología. Pero su caracterización ha cambiado. Se está convirtiendo en el contexto necesario de situaciones que posibilitan sucesos grabados en la mente como acontecimientos.
El espacio urbano ha sido históricamente el lugar en el que se registraba la mayor densidad de acontecimientos y esto era así como consecuencia de la intensidad de interacción entre seres humanos.
La intensidad urbana ya no se construye desde las sugerencias de la forma sino desde la dinámica social. La ciudad de la forma está dejando paso a la ciudad de las experiencias. Mapificaciones como las que muestran las fotografías realizadas en una ciudad (geo-referenciadas como las de Panoramio, Flickr o Twitter por ejemplo) presentan una ciudad vivida de manera distinta.
Así pues, debemos acercarnos a la concepción del Espacio Urbano tomando como base la densidad de acontecimientos. Todo espacio humano lo es en la medida que posibilita la existencia de acontecimientos, privados o públicos.
Una nueva generación de ciudadanos, los nativos digitales, apoyados en las tecnologías, acabarán por vencer tanto las resistencias que ofrece la ciudad heredada como las inercias de los nuevos crecimientos. No obstante, esta mutación es quizá, la más comprometida.

2 comentarios:

  1. Parabéns por esta série de posts sobre a cidade incerta. Partilho grande parte das ideias que aqui estão escritas.

    FBLourido

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    1. Gracias. Espero que, a pesar del cambio de idioma, se entiendan bien las ideas que queremos transmitir.

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