9 feb. 2013

Las dos almas de Rabat, tan cerca y tan lejos.

Rabat en 1913, antes de la gran transformación moderna.

Tan cerca y tan lejos. La distancia emocional suele separar más que la distancia física.
Las principales ciudades de Marruecos muestran una doble alma. Una es antigua, profunda y arraigada, que se manifiesta en la fundación inicial y en su evolución islámica. La otra, es más reciente y ofrece una imagen moderna, europeizada, de impronta francesa principalmente, que nace en 1912 con la implantación del Protectorado Francés de Marruecos.
Louis Hubert Lyautey, fue nombrado Primer Residente (la máxima autoridad del Protectorado) y estuvo en el cargo desde 1912 y 1925. Durante su gobierno se planificó una intensa remodelación de las principales ciudades marroquíes. Lyautey proclamó que Rabat se convertiría en su Washington y Casablanca en su Nueva York, decisión que marcaría el futuro de estas dos ciudades.
Rabat, sería designada capital del Protectorado, lo que la situaría en una posición privilegiada. A partir de entonces surge una nueva ciudad planificada que modificará transcendentalmente su rumbo urbano. Con los años, las dos almas serán capaces de producir hibridaciones.
Comenzamos con esa alma ancestral, destilada durante el primer periodo de la historia urbana de Rabat.


Los primeros asentamientos
La desembocadura del rio Bu Regreg, en el Océano Atlántico, ha estado habitada desde tiempos inmemoriales, como confirman los restos prehistóricos hallados en la zona.
Parece ser que allí, tambén se instalaron los fenicios y los romanos, aunque finalmente, fueran éstos últimos los controlarían el territorio circundante al crear un asentamiento colonial (Sala Colonia) en el solar que actualmente ocupa la Chellah.
Sala Colonia permanecería bajo dominio del Imperio hasta el año 250, en el que los romanos fueron expulsados por las tribus bereberes.
Los romanos denominaron a este territorio “africa” (tierra de los Afar) en referencia a los bereberes Ifrénidas (Banu Ifren o hijos de Ifri, Afar o Efri). Éstos defendieron su territorio contra las invasiones de romanos, vándalos, bizantinos y árabes, hasta que fueron definitivamente derrotados por los almorávides.
Los asentamientos iniciales fueron destruidos y hay que esperar varios siglos hasta la fundación de las ciudades que tendrán continuidad hasta nuestros días.
En primer lugar, en el siglo X, los Banu Ifren crearon Salé (con el nombre que recuerda la antigua ciudad romana) en la ribera derecha de la desembocadura del rio Bu Regreg, mientras que en la margen izquierda, parece que los almorávides levantaron un pequeño campamento sobre el montículo que preside la zona.
 Años después, en 1146 el sultán almohade Abd Al-Mumin levantó un campamento fortificado (ribat) en ese promontorio.  Esta fortaleza se encontraba en la actual Kasbah de los Oudayas.

La ciudad almohade
Fundación y primer recinto (la actual Kasbah de los Oudayas)
Los almohades habían surgido como un movimiento religioso de carácter integrista, formado por monjes soldado que buscaban recuperar la ortodoxia islámica que, según ellos, los almorávides habían perdido. El autoproclamado Mahdi, Ibn Tumart fue el reformador religioso que fundó el movimiento. Mahdi, es un título religioso, similar al mesías de los judíos y cuya asignación ha originado siempre fuertes polémicas entre las diferentes tendencias musulmanas.
En 1128, tras su muerte del Mahdi, Ibn Tumart, Abd al-Mumin (1094-1163) se convirtió en el líder almohade que acabaría derrotando definitivamente, en 1146, a la dinastía almorávide. En ese año conquistó Marrakech, la capital almorávide, y se proclamó primer califa almohade.
Abd al-Mumin mantuvo la capitalidad en Marrakech, pero dado que uno de sus objetivos principales era controlar los territorios de la Península Ibérica, requería una ubicación adecuada donde reunir y preparar a sus monjes guerreros para enviarlos a dominar la península.
Se escogió un sitio en la orilla izquierda de la desembocadura del rio Bu Regreg, donde se elevaba un promontorio rocoso fácilmente defendible y que dominaba el puerto del que saldrían hacia Al-Andalus. Corría el año 1150 y, aunque sobre ese lugar los almorávides ya habían levantado un pequeño campamento, los almohades construirían un recinto amurallado (ribat en árabe) más complejo, ya que al uso militar se le sumaría el religioso (con su mezquita) y el político (con una residencia temporal para el califa). Estaba naciendo una nueva ciudad que se denominó Mahdiya, en homenaje al fundador almohade.
Este primer recinto, que coincide básicamente con la actual Kasbah de los Oudayas, albergaba una superficie de unas 10 hectáreas aproximadamente. Allí se levanto la primera mezquita de Rabat (Jamaa al-Atiq)
La Kasbah de los Oudayas desde el norte.
La muralla almohade
El nieto de Abd al-Mumin, Yacoub al-Mansur (1160-1199), se convirtió en el tercer califa en 1184. Aunque fue conocido como Yusuf II, el sobrenombre al-Mansur, “el victorioso”,  homenajeaba sus victorias militares en la Península Ibérica.
Al-Mansur quiso convertir a Rabat una ciudad poderosa. Para ello, la rodeo de unas ambiciosas murallas que abarcaban una superficie aproximada de 420 hectáreas y comenzó la construcción de la que pretendía ser la mayor mezquita del mundo (la Mezquita de Hassan).
La nueva ciudad se llamaría Ribat al-Fath (campamento victorioso)
El singular relieve de la zona permitió limitar los muros solamente al sur y al oeste, ya que por el norte se encuentra el océano Atlántico y por el este las escarpadas laderas de la ribera del rio. Eran dos lienzos rectilíneos que recorrían unos cinco kilómetros con una altura de ocho metros y una anchura de más de dos.  En el muro oeste se abrieron cuatro puertas:
  • Bâb el Alou,
  • Bâb el Had,
  • Bâb er-Rouah, y
una cuarta puerta que acabó incluida en el actual Palacio Real.
En el lienzo sur solamente se abrió una, Bâb Zaër. Los muros contaban con un camino de ronda superior bordeado por almenas y se flanquearon con torres de planta cuadrada.
La muerte de Al-Mansur en 1199 puso fin a los proyectos previstos para Rabat y la ciudad comenzó un declive que se prolongaría hasta el siglo XVII. Las obras de la gran mezquita se abandonaron dejando como testimonio la imponente Torre Hassan que, aunque incompleta (alcanza 44 metros de altura en lugar de los 60 previstos), presidie una gran explanada donde arrancan numerosos pilares de la interrumpida mezquita (allí se encuentran los mausoleos de Mohamed V y Hassan II, abuelo y padre del monarca actual).
La Torre Hassan y la gran explanada con las columnas de la mezquita cuya construcción se interrumpió.
La dinastía almohade comenzó a declinar a partir de la derrota sufrida en las Navas de Tolosa (1212) y de la muerte del cuarto califa, Muhammad An-Nasir, al año siguiente.  Las luchas internas para suceder al califa sumieron el reino en un caos. Contra esa situación se rebelaron los benimerines (Banu Marin o Merínidas) desde 1216. Al final, en 1229, estas dinastías locales se impusieron definitivamente.
Años después, la dinastía merínida escogió la antigua ubicación de la romana Sala Colonia como cementerio real para su linaje, construyendo la necrópolis de Chellah. Este espacio extramuros se amuralló de forma independiente.
Las expectativas para las que fue creada Rabat no se cumplieron y la ciudad entró en un letargo secular.

Rabat despierta del letargo
La revitalización de la ciudad se produjo a raíz de la expulsión de los moriscos españoles decretada por el rey Felipe III en 1609. En esos años el territorio marroquí estaba gobernado por la dinastía saadita y allí acudieron en busca de ayuda los musulmanes expulsados. Moulay Zidane, noveno sultán de la dinastía, los acogió y les ofreció instalarse en Rabat, en la kasbah que se encontraba prácticamente deshabitada.
Con el tiempo surgieron conflictos entre la comunidad nativa y los inmigrantes ibéricos. Estas tensiones acabaron desembocando en una ruptura con los saaditas que llevó a los andalusíes a proclamar una efímera república independiente  entre 1627 y 1668. Fue conocida como la República de Salé, República del Bu Regreg o de las Dos Orillas y se extendía poco más allá del puerto y de las dos ciudades vecinas: Rabat (que entonces era conocida en Europa como Salé La Nueva) y Salé (o Salé la Vieja). La nueva república se convirtió en un activo centro comercial con dedicación prioritaria a la piratería, lo que la llevó a ser conocida como la república de piratas españoles, en relación al origen de los musulmanes expulsados.
El territorio de la República de Salé, poco más que las dos ciudades que jalonan la desembocadura del rio Bu Regreg.
La muralla de los andalusíes.
Los andalusíes protegieron el núcleo urbano con una nueva muralla interior que delimitaba un perímetro muy inferior al almohade. Es la conocida como muralla de los andalusíes (Enceinte des andalous).
Esta muralla contaba con tres puertas:
  • Bâb et-Then (derribada, se encontraba próxima al actual mercado municipal),
  • Bâb el Bouoiiiba y
  • Bâb Chella.
Se prolongaba hasta el bastión que dominaba el rio, el Borj Sidi Makhlouf con un trazado rectilíneo de unos 1.400 metros (su altura era de cinco metros y su anchura en torno al metro y medio).
Los últimos años del reino saadí fueron caóticos y una nueva dinastía, los alauitas, acabó tomando el poder en 1660 consiguiendo unificar el país en diez años. Entre sus conquistas se encontraba la República de Salé, que en 1668 fue incorporada definitivamente al sultanato de Marruecos.
La muralla alauita.
Con la nueva dinastía, Rabat recuperaría protagonismo, ya que a finales del siglo XVIII, el sultán Mohammed III (1710-1790) construyó un palacio como residencia real y una gran mezquita (al-Souna) dentro del recinto almohade.
A principios del siglo XIX, los alauitas levantarán una nueva muralla que duplicaba prácticamente la superficie de Rabat alcanzando más de 840 hectáreas. Su longitud era de unos 4.300 metros, prolongando la muralla almohade hacia el sur y girando casi perpendicularmente hacia el oeste hasta llegar a la costa. Su altura media llegaba hasta los cuatro metros con un espesor cercano a un metro. 
Se abrieron cuatro puertas
  • Bâb el Qebibât,
  • Bâb Témara,
  • Bâb Marrakech y
  • Bâb el Msalla.
Entre las murallas almohade y alauita surgirá por el sur, el Aguedal, un conjunto de jardines vinculados al Palacio Real; y por el norte, los Jardines de Naranjos (Jardins d’orangers) que fueron la base de una prospera economía de exportación de cítricos a Europa.
A mediados del siglo XIX, el palacio, a pesar de haber sido construido pocas décadas atrás, se encontraba en un estado ruinoso. Por ello, en 1864 el sultán Mohammed IV (1803-1873) levanta un nuevo Palacio Real (Dâr-al-Makhzen) sobre las ruinas del anterior. El nuevo edificio contaba con una inmensa plaza de armas (le méchouar) y con su propio recinto amurallado que se apoyaba, en parte, en las murallas existentes. También se limitaron con un muro los jardines del Aguedal que se encontraban vinculados al Palacio del Sultán.
En la década de 1860 surgió intramuros, en la orilla atlántica, una curiosa construcción: el Fort Rottembourg. Su denominación inicial recordaba el nombre del ingeniero alemán que lo proyectó. Esta obra, fue un capricho del sultán, ya que Rabat no tenía problemas defensivos ni amenazas. El fuerte fue la excusa para construir una corta línea ferroviaria, que sería la primera de Rabat, que lo uniría con el puerto del Bu Regreg y cuyo cometido era servir de base para una gran grúa que debía transportar unos gigantescos cañones, que nunca serían usados. Este fuerte sería rebautizado, a partir de 1914, ya dentro del Protectorado Francés, como Fort Hervé.
Esquema de las murallas de Rabat sobre un plano de 1954.

El nacimiento de la segunda alma de Rabat.
En 1912, buena parte de Marruecos se convierte en un Protectorado francés (España también colonizaría diversos territorios marroquíes).
Louis Hubert Lyautey, fue nombrado Primer Residente (la máxima autoridad del Protectorado) y estuvo en el cargo desde 1912 y 1925. Durante su gobierno se planificó una intensa remodelación de las principales ciudades marroquíes, Rabat entre ellas, que fue designada como capital.
Sus planes no consistían en actuar en la ciudad existente, todo lo contrario. Las medinas serían conservadas y deberían alojar a la población autóctona, llegando incluso a prohibir a los ciudadanos franceses residir en ellas. Los planes de Lyautey eran construir nuevas ciudades europeas alrededor de las medinas musulmanas.
El Plan de la Ville Nouvelle de Rabat.
La muralla alauita de Rabat fue destruida  en su mayor parte para facilitar la creación de la nueva ciudad planificada. Nacerá entonces la segunda alma de Rabat, cuyo análisis aplazamos para otro momento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

urban.networks.blog@gmail.com