27 abr. 2013

Berlín reunificado tras la caída del Muro y el final de la Ciudad Doble.

Potsdamer Platz y Leipziger Platz tras la reunificación y la construcción de las grandes operaciones. De izquierda a derecha,  el Triángulo Lenné, el Sony Center, el área Daimler Benz, y el Park-Kolonnaden. Al fondo aparece la nueva Leipziger Platz, todavía en proceso.

Una de las consecuencias de la derrota nazi en la Segunda Guerra Mundial fue la constitución de dos países, la Republica Federal de Alemania, vinculada al mundo occidental y la República Democrática de Alemania, bajo la órbita soviética. Berlín, situado dentro de esta última, tuvo un estatuto propio y acabó también dividido entre Este y Oeste. Su partición fue concretada por un Muro que materializó el Telón de Acero que separaba los dos bloques geopolíticos enfrentados en una Guerra Fría durante décadas.
La desintegración de la Unión Soviética posibilitó la reunificación de las dos Alemanias y del Berlín doble. Las décadas de 1990 y 2000 fueron un periodo extraordinario para Berlín. La Ciudad Doble escindida por el Muro había desaparecido de repente y Berlín afrontó la ingente tarea de redefinirse como un cuerpo urbano único.
Los primeros años del nuevo Berlín presenciaron un proceso urbanizador y constructivo acelerado y desmesurado, que cambió la fisonomía de la ciudad. Berlín fue un gigantesco solar en obras para la creación de la capital de la nueva Alemania del siglo XXI y los berlineses asistieron atónitos al asombroso espectáculo de la arquitectura.


Dos Alemanias y un Berlín doble.
La derrota de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial llevó a los vencedores a plantearse qué hacer con el país. La Cumbre de Potsdam, celebrada en 1945, acordó impulsar la reconstrucción. Pero mientras se daban los pasos institucionales necesarios para la recuperación de la soberanía, se estableció una supervisión aliada que dividía el territorio en cuatro zonas que fueron ocupadas militarmente por las cuatro potencias vencedoras. Así pues, Alemania (que había perdido los territorios situados más allá de la línea fluvial marcada por los ríos Oder y Neisse, en favor de Polonia y la Unión Soviética) quedó administrada por Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y la URSS.
El Territorio alemán tras la Segunda Guerra Mundial, las cesiones a Polonia y la URSS y la ocupación por las cuatro potencias aliadas.
Berlín, la capital, se encontraba dentro de la zona de ocupación soviética, pero se le otorgó un estatuto propio y también fue troceada en cuatro partes cuya administración fue asignada respectivamente a los cuatro aliados. El casco antiguo de la ciudad y buena parte de sus trazados históricos quedaron dentro de la zona soviética.
Aunque los acuerdos de Potsdam proponían la reconstrucción a medio plazo del Estado alemán bajo un régimen democrático y neutral, pronto se evidenció que las potencias ocupantes tenían visiones diferentes. La Guerra Fría impidió la colaboración entre la URSS y sus antiguos aliados occidentales. Finalmente, en 1949, las tres potencias occidentales reunieron sus territorios y fue creada la República Federal de Alemania (RFA). Este hecho descolocó a la parte soviética forzando a que a finales del mismo año se constituyera la República Democrática de Alemania (RDA ó DDR).
Las dos Alemanias eran ya un hecho constatable y nacían con un claro enfrentamiento entre sí. La RFA era una federación de diez estados regulados por la Ley Fundamental (el texto constitucional de la RFA) y claramente alineada con las potencias capitalistas occidentales. Bonn fue designada su capital. La RDA siguió la línea de las “democracias populares” de los países de la Europa oriental y fijó su capital en Berlín Este, pero desde 1952 el régimen evolucionó hacia una dictadura de partido con sus características de planificación económica y control social. En 1955, la RFA ingresó en la OTAN y, en paralelo, los países socialistas europeos constituyeron el Pacto de Varsovia como alianza militar contrapuesta. La Guerra Fría seguía caliente.
La división de Berlín con los barrios asignados a cada una de las cuatro potencias vencedoras.
El estatuto de ocupación conjunta de Berlín sufrió su primera crisis en 1948 cuando las discrepancias entre las tres potencias occidentales y la URSS llevó al Ejército Rojo a cerrar los accesos por ferrocarril y carretera que unían la ciudad con la Alemania del Oeste, debiendo ser abastecida por “pasillos” aéreos desde los territorios occidentales. Esta situación evidenció la peculiaridad de Berlín Oeste (coincidía su adscripción a la política capitalista de los tres países occidentales con la ubicación en el oeste de la ciudad), que aparecía como una “isla” rodeada por los territorios de la órbita soviética. Berlín sufriría un segundo bloqueo en 1958, manifestando nuevamente la doble realidad que pocos años después se formalizaría con el Muro.

El muro de Berlín
Las dos Alemanias, inmersas en el clima de Guerra Fría entre los dos grandes bloques geopolíticos, y considerándose a sí mismas las auténticas depositarias de la soberanía alemana, mantuvieron una pugna por ganar la opinión pública, tanto alemana como internacional. Pero la RFA contaba con ventaja. Su mejor ritmo de recuperación económica y su agresiva propaganda fue desmoralizando a amplios sectores de la población de la RDA que, además se vieron reprimidos y carentes de libertad. Esta situación originó un éxodo masivo. Más de tres millones de alemanes orientales huyeron a la RFA. Se calcula que a comienzos de los años 60, unas 1.500 personas cruzaban al oeste, principalmente en Berlín.
La preocupante situación llevó a los responsables políticos de la RDA a tomar una decisión drástica: reforzarían la frontera levantando un muro que aislara Berlín Oeste para impedir, según ellos, las influencias fascistas que intentaban evitar el desarrollo de su proyecto colectivista.
La noche del 12 al 13 de agosto de 1961, miles de miembros de la Policía Popular y de las milicias obreras acordonaron la línea divisoria entre la parte este y oeste de la ciudad, cortando el tráfico. Acto seguido se dispuso una alambrada de acero que aislaba las dos partes de la ciudad. Inicialmente se levantaron separaciones de ladrillo que serían sustituidas después por un muro de hormigón armado de unos cuatro metros de altura. Solamente quedaron unos pocos pasos que quedaron fuertemente controlados por la policía de la Alemania Oriental.
El muro dividía la ciudad en dos y rodeaba la parte occidental separándola del territorio circundante, perteneciente a la RDA con un recorrido de 156,4 km (43,7 km colindaban con Berlín Este y 112,7 km con el distrito de Potsdam). Al muro le acompañaba una amplia franja de protección, con un foso, con alambradas, y una carretera permanentemente transitada por vehículos militares. Su anchura era variable y en algunos puntos llegaba a varios centenares de metros (los edificios que quedaron en la línea de construcción fueron desalojados y derribados). Torres de vigilancia y numerosas patrullas de la policía germano oriental completaban la parafernalia fronteriza.
El Muro de Berlín.
La construcción del muro fue un trauma brutal para una ciudad que hasta entonces había funcionado como un organismo único (aunque en los últimos años de enfrentamiento con alguna dificultad). Con la nueva frontera interior, Berlín se convertía en una Ciudad Doble que veía rota su conectividad tradicional. El trazado del muro no tuvo compasión con la estructura urbana. Se impuso a nodos principales, como Potsdamer Platz que desapareció; cortó vías principales como Friedrichstrasse, forzando a la marginalidad a buena parte del ensanche del Berlín dieciochesco y anulando el tridente que partía de la “plaza redonda”(actual Mehringplatz); o condenó al “ostracismo” a emblemas de la ciudad como la Puerta de Brandemburgo y la avenida Unten der Linden. Desde aquel momento, cada una de las dos partes de Berlín se desarrollaría dando la espalda a la otra.
La construcción del muro deterioró la imagen de la Alemania Oriental, que empeoró cuando comenzaron a producirse bajas mortales de personas que querían atravesarlo para acceder al Berlín occidental. A partir de entonces, Berlín Oeste sería una ciudad sustentada desde el exterior como un escaparate del modo de vida occidental (y que reforzaba su atractivo con fuertes subvenciones sociales especialmente a gente joven y notables deducciones de impuestos para empresas).
El “muro de la vergüenza” se mantendría en pié durante 28 años.

El caída del muro de Berlín
Con la misma rapidez con la fue levantado, el muro desaparecería. En 1989 la situación política en la Alemania Oriental era crítica. Se acababan de celebrar los 40 años de la constitución de la RDA, pero la crisis económica, la debilidad del Partido Comunista, los movimientos de protesta internos y el éxodo masivo de la población que huía a través de Hungría o Austria, acabaron precipitando los acontecimientos. El presidente Eric Honecker dimitía el 17 de octubre y su sustituto Egon Krenz anunció una reforma del régimen. El 7 de noviembre el gobierno cesó y el día 8, dimitió el pleno del Politburó. Pero el hecho simbólico fundamental se produciría al día siguiente.
El 9 de noviembre de 1989, las autoridades de la RDA anunciaban la apertura de la frontera berlinesa y esa misma noche, miles de ciudadanos se lanzaron a cruzar el Muro. Muchos de los ellos intentaban derribarlo con cualquier tipo de herramienta que tuvieran a mano, ante el estupor de la policía germano oriental. El “muro de la vergüenza” estaba sentenciado.
La desaparición del muro espoleó la voluntad de superar la división de las dos Alemanias. El canciller de la RFA, Helmut Kohl, hizo público a finales de ese mes, un programa de 10 puntos con un objetivo explícito: la reunificación germana. El 3 de octubre de 1990 los cinco estados federados de la RDA se adhirieron a la Ley Fundamental de Alemania quedando, de facto, el país reunificado. Berlín recuperó entonces el papel de capital de la nueva Alemania.
El plano de Berlín en tres momentos muy diferentes. Arriba 1940; en medio, 1989; y debajo, 2010. El plano recoge el análisis de conectividad urbana efectuado en los tres momentos con SPACE SYNTAX por Anna Rose y Christian Schwander. Es destacable la diferencia de densidad de trama entre 1940 y los posteriores debido a las consecuencias de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. En el plano de 1989, la trama gris que recorre el centro corresponde al “Muro de Berlín” y puede apreciarse su efecto barrera-rechazo, de forma que la conectividad, tanto en la zona oriental como en la occidental se produce de espaldas al mismo. En 2010 se reordena el sistema, aunque con diferencias a la situación  existente en la ciudad antes de la guerra. Las líneas de colores calientes (rojos, naranjas) indican máxima conectividad, mientras que las frías (azules, verdes) representan lo contrario.
Berlín reunificado
El panorama tras la desaparición del muro enfrentó a la ciudad a diferentes problemáticas urbanas que en ocasiones, resultaban paradójicas.
Primero porque las zonas contiguas al muro dentro de la ciudad, que habían pasado a ser periféricas y se habían convertido en muchos casos en espacios marginales, recuperaron, súbitamente, posiciones centrales de la ciudad.
Por otra parte, dado que el muro disponía de una zona de protección que en algunos casos tenía varios centenares de metros, Berlín dispuso, de extensos solares vacíos en ubicaciones privilegiadas.
Las paradojas continuaban porque la ciudad se encontró con dos dinámicas urbanas contrapuestas, ya que tanto la parte occidental como la oriental habían dirigido sus centralidades alejándose del núcleo tradicional de la ciudad. El Berlín Oeste había basculado hacia la avenida Kurfürstendamm (Ku´Damm) mientras que el Berlín Este lo había hecho hacia la Karl-Marx-Allee. Además, las dos partes de la Ciudad Doble habían tenido una evolución socioeconómica muy diferente. La reunificación tuvo que afrontar la tarea de recoser la ciudad. Avenidas y ejes, que habían sido cortadas por el muro y que en algún caso habían llegado a modificar su trazado, debían reconectarse.
Todo ello se llevó adelante con una aceleración extraordinaria, lo que convirtió a Berlín en el mayor solar en obras que se podía encontrar en aquellos años. Recuperó un protagonismo que había perdido y volvió a ser el lugar donde todo el mundo quería estar, con multitud de empresas que reubicaban sus sedes aportando grandes inversiones, que provocaron, entre otras cosas, fuertes movimientos especulativos.
Berlín fue un gran solar en obras como puede apreciarse en la construcción de las operaciones de Potsdamer Platz.
Los grandes proyectos del nuevo Berlín
Berlín fue un hervidero de obras de todo tipo. Se levantaron grandes edificios institucionales, se efectuaron reurbanizaciones espectaculares, se realizaron derribos de viviendas sociales que habían pasado a ocupar zonas privilegiadas para ser sustituidas por viviendas de alto standing, surgieron impresionantes centros comerciales, y un largo etcétera de ejemplos.
Olvidada la contención disciplinar abogada por la IBA 87, Berlín fue la muestra acelerada del espectáculo que la arquitectura comenzaba a mostrar en aquellos años. Entre la multitud de proyectos son destacables tres zonas por su importancia en la nueva fisonomía berlinesa:

El Distrito Gubernamental
Una de las primeras decisiones de la nueva Alemania reunificada fue devolver la capitalidad a Berlín. Esta decisión implicaba la construcción de un importante conjunto de edificios para acoger todas las instituciones gubernamentales. Para ubicarlas se escogió la “curva del Spree” (Spreebogen), zona próxima al Reichstag que sería también rehabilitado. En 1992 se convocó un concurso internacional para la urbanización de la zona. La propuesta ganadora fue presentada por Axel Schultes y Charlotte Frank con una idea de gran simbolismo que consistía en un potente volumen, muy longitudinal y rígido que atravesaba el rio manifestando la voluntad de unir el este y el oeste.
Imagen conceptual del proyecto de Schultes y Frank para el distrito gubernamental.
La idea de Schultes y Frank fue tomando forma con la construcción de los edificios que la componían, comenzando por el edificio de la Cancillería Federal (Bundeskanzleramt) de los mismos Schultes y Frank, realizado entre 1997 y 2001. También se construyeron el Paul-Löbe-Haus  (entre 1997 y 2002, según diseño de Stephan Braunfels, para alojar los despachos de los diputados), el Marie-Elisaberh-Lüders-Haus también diseñado por Stephan Braunfels y construido entre 1998 y 2003, que incorpora la biblioteca del parlamento, archivos y salas de prensa, el Jakob-Kaiser-Haus, complejo de 8 edificios construido en 2002 con participación de varios arquitectos (Schweger & Partner Architekten, 1 y 2; Busmann + Haberer, 3 y 7; Gerkan, Marg und Partner, 4 y 8; y Architekten Cie, 5 y 6) o el Kanzlerpark al otro lado del rio.
Pero la obra más emblemática del distrito gubernamental y de todo el nuevo Berlín es la remodelación del Reichstag (con su espectacular cúpula de vidrio). El edificio original del Parlamento alemán, que fue diseñado por Paul Wallot en 1894 en clave neorrenacentista, había quedado gravemente dañado en la Segunda Guerra Mundial. En 1993 se convocó un concurso internacional para su rehabilitación, que fue ganado por Norman Foster. El edificio fue inaugurado en 1999.
En las proximidades se construyó la gran Estación Central de Berlín (Gerkan, Marg und Partner, 2002-2006) que unificaba las dos estaciones “centrales” de la Ciudad Doble: Alexanderplatz en Berlín Este, y Berlin Zoologischer Garten en Berlín Occidental.

Las plazas del Muro (Leipziger Platz y Potsdamer Platz)
Potsdamer Platz era un punto neurálgico del Berlín prebélico. Esta plaza y su contigua Leipziger Platz funcionaban como un corazón urbano. Pero las destrucciones de la guerra y el levantamiento del muro sobre ellas, las hizo desaparecer convirtiéndolas en un descampado situado en tierra de nadie. Como escribió Paul Goldberger, fue como si Times Square hubiese sido sustituida por unas praderas de New Jersey.
Potsdamer Platz y Leipziger Platz antes de guerra. En la parte inferior de la fotografía se aprecia parte del octógono que configura la Leipziger Platz.
El muro de Berlín atravesando la zona de Potsdamer Platz y Leipziger Platz. Se observa el octógono de Leipziger Platz cuyas edificaciones han desaparecido.
Walter Momper fue el alcalde de Berlín entre 1989 y 1991. Únicamente tuvo tres años de mandato pero altamente significativos, ya que fue el último alcalde de Berlín Oeste y el primero de la ciudad reunificada. Su administración, nada más caer el muro y previendo el interés económico de algunas localizaciones (para el sector privado y para las arcas del propio ayuntamiento), vendió a varias multinacionales los terrenos del entorno de la Potsdamer Platz para su futuro desarrollo. Esta decisión generó posteriormente intensas discusiones. Daimler-Benz, Sony, Hertie y ABB (Asea Brown Boveri) fueron las principales receptoras y se convertirían en las impulsoras del desarrollo de la zona.
Una de las intenciones del nuevo Berlín era la recuperación de ese gran espacio nodal que además contaba con impresionantes equipamientos cercanos en la parte occidental (como la Biblioteca Nacional, la Filarmónica, ambas de Hans Scharoun y la Neue Nationalgalerie de Mies van der Rohe). En 1999, desde la Administración Pública, se convocó un concurso para ordenar urbanísticamente la zona que fue adjudicado a la propuesta de  Heinz Hilmer y Christoph Sattler (que reivindicaban la ciudad tradicional con alineaciones de fachadas y alturas controladas, lo que conllevó una fuerte polémica con quienes defendían una urbanización más intensa y en altura, siguiendo los requisitos del mercado inmobiliario). El desarrollo de la zona iba a ser realizado por las grandes compañías propietarias que convocaron sus propios concursos de arquitectura (y lograron flexibilizar en parte la ordenación inicial con aumentos de alturas y edificabilidad).
El área Daimler Benz fue promovido por esta empresa que adjudicó el concurso sobre su zona a Renzo Piano (junto a Christoph Kohlbecker) aunque el desarrollo acabaría contando con la participación de otros arquitectos. La Torre Kollhoff (Hans Kollhoff, 1995-99) es la sede de la empresa Daimler Chrysler; Piano y Kohlbecker levantaron la torre de Pricewaterhouse Coopers entre 1994 y 1998; ambos edificios ejercen un papel simbólico de puerta desde Postdameer Platz al complejo Daimler. Richard Rogers proyectó los tres edificios de viviendas y oficinas (1993-99) que dan fachada a Linkstrasse, avenida caracterizada por el parque que la recorre. En la parte final de la avenida surge el edificio terciario en el que tiene sus oficinas el Berliner Volksbank proyectado por Arata Isozaki y Steffen Lehmann entre 1994 y 1998. A su lado se sitúa el edificio de oficinas Debis-Haus, proyecto de Renzo Piano (1994-1997). En el interior de la manzana aparecen el cine IMAX (Renzo Piano, 1994-97); el Hotel Hyatt de Rafael Moneo (1994-97) que también diseño la manzana contigua y, entre estos y la Torre Kollhoff, los edificios proyectados por Lauber + Wörh (que también son los autores del edificio triangular que separa las realizaciones de Rogers e Isozaki). Finalmente en el borde oeste, enfrentado a la Biblioteca Nacional de Scharoun se ubica el Teatro Musical de Berlín y el Casino proyectados también por Renzo Piano (1994-1997)
Esquema de la operación vinculada al área Daimler Benz con identificación de los arquitectos que la desarrollaron.
El Sony Center fue diseñado por Helmut Jahn (quien ganó el concurso celebrado en 1992) como un gran complejo multiusos (comercial, hotelero, convenciones, oficinas, apartamentos de lujo e incluso un museo). La gran plaza elíptica y su particular cubierta se convirtieron en el emblema de la propuesta que fue construida entre 1996 y 2000.
El Sony Center de Helmut Jahn con su espectacular cubierta.
Asea Brown Boveri (ABB) es una multinacional de tecnología de generación eléctrica y automatización industrial que desarrolló entre 1996 y 2001 las manzanas orientales de la Linkstrasse (el conocido como Park-Kolonnaden, un complejo comercial, de oficinas y apartamentos). Su concurso urbano fue ganado por Giorgio Grassi, quien desarrolló dos de las manzanas centrales. Schweger & Partner Architekten proyectaron la manzana norte mientras que Diener&Diener realizaron la sur y Jürgen Sawade la restante. Esta zona se prolongó hacia el sur con el Mendelsohn-Bartholdy-Park, y los edificios proyectados por Hilmer und Sattler, Reichel + Stauth y Schweger & Partner Architekten.
Entre 1996 y 2004 se completó el denominado Triángulo Lenné (Lenné-Dreieck) cuyo propietario inicial fue la firma Hertie (Karstadt). Situado en la parte norte de Potsdamer Platz, el “triángulo” fue promovido mayoritariamente por Otto Beisheim. Acoge la sede del banco Delbrück/ Bethmann (Hans Kollhoff, 1999-2003); a su lado se encuentra el hotel  Ritz-Carlton (Hilmer & Sattler und Albrecht), el Hotel Marriott de Bernd Albers o los edificios de oficinas de Modersohn/Freiesleben. También en el interior construyeron viviendas Hilmer & Sattler und Albrecht así como David Chipperfield. También se encuentran en su lado norte, las cinco torres exentas de viviendas que miran hacia el parque Tiergarten (Edwin Effinger, Schweger & Partner Architekten y Collignon & Fischötter entre 1998 y 2003) y una sexta que remata la esquina (Petzinka & Pink, 2001-2004)

Los ejes históricos (Puerta de Brandemburgo/Unten der Linden y Friedrichstrasse)
Con actuaciones más contenidas se abordaron también las rehabilitaciones de algunos de los ejes históricos de la ciudad.
En la avenida Unten der Linden se produjeron varias restauraciones de los edificios antiguos que fueron dañados por la guerra como la Embajada de Francia (Christian de Portzamparc, 2003), la Academia de las Artes de Berlín (Günter Behnisch, 2006) o el Hotel Adlon (1997).
Frente a la aristocrática Unten der Linden, Friedrichstrasse era el gran eje comercial del Berlín histórico. Formaba parte del tridente que partía del Rondell (Mehringplatz) y que fue bruscamente cortado por el Muro. También fue intensa la remodelación de la zona, aunque siguiendo las pautas de las manzanas dieciochescas, levantando edificios de viviendas (Kleihues), manzanas comerciales (Ungers o las Galerías Lafayette de Jean Nouvel) o edificios institucionales.


Tras la caída del Muro, principalmente durante la década de 1990, Berlín fue una fiesta de la arquitectura. Durante esos años recuperó el protagonismo que el Muro le había negado y se ha consolidado como una de las grandes ciudades que mira con optimismo al siglo XXI.

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