17 ago. 2013

Contrastes urbanos: La Plaza Mayor y la Puerta del Sol de Madrid (Sociabilidad estática frente a Sociabilidad dinámica)

Ortofoto de Madrid con la Plaza Mayor (rectángulo a la izquierda) y la Puerta del Sol (segmento circular a la derecha).
A solamente doscientos metros de distancia, encontramos en Madrid dos espacios urbanos singulares y contrapuestos en sus prácticas sociales. La Plaza Mayor y la Puerta del Sol son dos hitos de la ciudad, equiparables por su importancia simbólica pero que representan dos concepciones antitéticas en cuanto a su génesis y a la sociabilidad que desarrollan en ellas los ciudadanos.
La historia nos cuenta que la Plaza Mayor nació como un ajetreado mercado, exterior a las murallas de Madrid, que fue evolucionando hasta convertirse en el espacio interior más ceremonial de la capital. Por el contrario, La Puerta del Sol surgió como espacio interior al recinto madrileño y desde sus inicios mostró sus aptitudes como suministrador informal de “energía ciudadana” (especialmente informativa, desde su famoso mentidero de San Felipe).
Al margen de las multitudes de turistas que las visitan, a la Plaza Mayor se va a contemplar algún evento como espectador (sea concierto o mercadillo navideño). En cambio a la Puerta del Sol se va a participar, a ser “parte” protagonista del acontecimiento (festivo o político, por ejemplo)
La implicación ciudadana se muestra también en el tratamiento, ya que la primera recibe la denominación oficial de “plaza” mientras que la segunda, no solamente carece de ese reconocimiento, sino que es popularmente conocida como “Sol”, expresando una mayor cercanía al ciudadano.
La Plaza Mayor es el estatismo y la formalidad mientras que la Puerta del Sol muestra el dinamismo y la espontaneidad. Comparar los dos espacios nos permite extraer algunas conclusiones sobre la sociabilidad urbana.


Una de las misiones fundamentales del Espacio Urbano es la de propiciar la relación entre los ciudadanos. Sobre esta base se levantan algunos de los pilares principales de una comunidad, como por ejemplo la convivencia o la comunicación entre sus miembros.
Por supuesto, la responsabilidad del Espacio Urbano en la ciudad es más completa y compleja. Pero su papel como escenario, en el que se representa la extraordinaria variedad de manifestaciones sociales, es de los más importantes. De hecho, se llega a convertir en la expresión (construida) de las prácticas sociales de cada comunidad dado que, a  lo largo de la historia, los pueblos han conformado sus espacios públicos para servir a sus dinámicas colectivas. La Arquitectura, también dispone de espacios “sociales” pero, por lo general, carece de la universalidad y la espontaneidad que ofrece el Espacio Urbano, público y de uso “gratuito”.
Pero el Espacio Urbano es algo más que un entorno físico. Es el lugar que cataliza las interacciones sociales entre los ciudadanos, sean individuales o de expresión conjunta. En este sentido, el Espacio Urbano fomenta, provoca, acelera e incluso podría decirse, causa esa multiplicidad de contactos (lúdicos, informativos, comerciales, didácticos, amorosos, etc.).
El ser humano se completa en sociedad y para ello el Espacio Urbano colabora como responsable de buena parte de nuestra educación como ciudadanos.
Además, nos pone “en contacto” con las generaciones anteriores, que dejaron plasmadas en él sus aspiraciones como sociedad y, en consecuencia, al forzar la relación con nuestros ancestros nos obliga a enfrentamos (y conocernos) a nosotros mismos.
El Espacio Urbano también tiene la capacidad de proporcionarnos una identidad, tanto como colectiva como individual (facilitándonos un paisaje de referencia, unas calles, unas plazas, unos edificios,…).

La imprescindible labor social del Espacio Urbano es estudiada por la Sociología Urbana, disciplina que profundiza en esas relaciones entre el espacio físico y la sociabilidad humana.
Llegados a este punto, y enlazando con los dos espacios referenciados de Madrid (Plaza Mayor y Puerta del Sol), debemos distinguir dos grandes categorías dentro de las prácticas sociales colectivas. En primer lugar, aquellas en las que los miembros de la comunidad adoptan una actitud pasiva, esencialmente receptiva, que podemos etiquetar como sociabilidad estática. Y en segundo lugar, las prácticas sociales que requieren una implicación del ciudadano, una actitud activa y participativa, a la que nos referimos como sociabilidad dinámica.
La Plaza Mayor es un elemento urbano de sociabilidad estática. Allí se reunían los ciudadanos para ver corridas de toros, autos de fe, desfiles, proclamaciones, etc. Incluso su papel inicial de mercado presenta rasgos estáticos en el sentido comentado anteriormente. Este carácter más sereno se ve incrementado actualmente por el hecho de encontrarse fuera de la red de circulación ya que, aunque nació en el origen de dos calles, desde hace ya mucho tiempo es un espacio peatonal que ha quedado apartado de las vías rodadas.
Por el contrario, la Puerta del Sol es un elemento que estimula una sociabilidad dinámica ya que los ciudadanos se reúnen en ella para participar en algún evento, sea lúdico, festivo o político, sintiéndose protagonistas del acto. Al igual que en el caso anterior este carácter se refuerza por su ubicación urbana ya que “Sol” es un punto simbólico de la movilidad madrileña. Allí desembocaban once calles de la ciudad, algunas muy importantes (hoy son solo diez) y allí nació también la primera línea del Metro madrileño con el recorrido que unía Sol con Cuatro Caminos. Aunque en la actualidad su acceso se encuentra restringido y su papel en la red de circulación es menor, su simbolismo se mantiene (incluso a nivel nacional ya que en ese lugar se encuentra el kilómetro cero de las carreteras radiales españolas).

Plaza Mayor. Exhibición militar pintada por Juan de la Corte en 1623.
Acercamiento a la Plaza Mayor de Madrid.
En el entorno exterior de la Puerta de Guadalajara, abierta en la muralla hispano musulmana madrileña, surgió un espacio destinado a mercado. La muralla tenía, además de sus misiones defensivas, otras funciones de control de accesos y de recaudación fiscal, ya que todas las mercancías que entraban en la ciudad debían pagar aranceles. Para evitarlos, se comenzó a comerciar en ese lugar exterior, que adoptó una pobre configuración triangular y comenzó a ser conocido como la Plaza del Arrabal.
A principios del siglo XV el lado norte de la plaza fue tomando forma con la construcción de una hilera de viviendas con doble fachada. La principal se enfrentaba a la prolongación de la calle Mayor mientras que la trasera se mostraba a la Plaza del Arrabal. Su lado oeste fue construyéndose siguiendo la forma del terreno, determinado por la cava que bordeaba la muralla hasta la Puerta Cerrada (otro acceso de la misma muralla).
La ampliación del recinto amurallado de Madrid dejó la Plaza del Arrabal en su interior consolidándose como el principal espacio económico de la ciudad. El nuevo mercado madrileño fue mejorando su formalización paulatinamente con la incorporación de porches que protegían a los vendedores de frutas y verduras y con la construcción de edificios particulares para el comercio de la carne y del pescado (denominados “redes”, por sus fachadas de enrejado de madera que permitía la ventilación interior). También acabo levantándose una mercado de abastos que se denominó la “Casa del Arrabal”.
Plaza Mayor. Auto de fe, según la pintura realizada por Francisco de Ricci en 1683.
En 1581, el rey Felipe II encarga a Juan de Herrera el proyecto para conformar la plaza, que entonces ya se denominaba “Plaza Mayor”. En 1590 comenzaron las obras de la Casa de la Panadería y un año después, las de la Casa de la Carnicería. Los bajos de la Casa de la Panadería servían como despacho de pan mientras que el primer piso se habilitó como Casa Real, para que los reyes presenciaran desde allí, los actos públicos y las fiestas que se celebrarían en ese lugar. También se fueron cambiando los soportales de madera por pilares de piedra. Con todas estas realizaciones la plaza medieval daba paso a la plaza cortesana barroca, en la que se mantenía el mercado a la vez que servía de escenario para las fiestas de la Corte.
Entonces comenzó su papel como centro de referencia ceremonial para los ciudadanos de Madrid. Allí se acudía para asistir a corridas de toros, autos de fe, desfiles militares o cualquier evento importante en la ciudad. El tipo de eventos eran de carácter unilateral, espectáculos sin participación de los ciudadanos y éstos acudían a la Plaza Mayor a desarrollar esa sociabilidad estática comentada.
Pero a pesar de la mejora en las construcciones, la plaza seguí siendo un espacio irregular y, lo que era peor, con una pronunciada pendiente hacía la calle de Toledo. Para salvar estos inconvenientes y con la intención de crear un espacio adecuado para los eventos y suficientemente representativo, el rey Felipe III puso en marcha su gran remodelación.
Plaza Mayor. Corrida de toros según un cuadro anónimo pintado en 1684.
En 1608, Francisco de Mora adaptó el espacio a la forma cuadrangular y en 1617, su sobrino Juan Gómez de Mora recibió el encargo de proyectar una gran plaza representativa. El proyecto configuró un espacio de 120 x 94 metros con nueve entradas. Los edificios, de cinco plantas, sobresalían en un entorno de dos o tres solamente. Fueron las primeras edificaciones de vivienda plurifamiliar de Madrid (hasta entonces todas las viviendas eran unifamiliares) y ayudaron a mejorar el problema de residencia que ya sufría entonces la ciudad. En 1619, tras la finalización de las obras, 3.700 ciudadanos pasaron a residir allí. Las labores de terraplenado para nivelar la plaza fueron muy importantes (como se constata al comprobar el desnivel en el Arco de Cuchilleros).
En 1631, la plaza sufrió el primero de los tres incendios que padeció. El segundo ocurrió en 1672 arruinando también la Casa de la Panadería, que fue reconstruida  según el proyecto de José Ximénez Donoso. El tercer incendio, el peor de todos, sucedió en 1790 y acabó con más de la tercera parte de la plaza. Esta desgracia permitió la redacción de un nuevo proyecto, el definitivo, esta vez a cargo de Juan de Villanueva. Las obras se prolongaron mucho tiempo, hasta 1854, siendo continuadas tras la muerte de Villanueva (1831) por López Agudo y, tras éste, por Custodio Moreno. El incendio de 1790 acabó también con la función de mercado de la Plaza Mayor, iniciando su nuevo papel en la ciudad.
Plaza Mayor. Concierto musical.
Desde entonces se han sucedido diversas conformaciones del plano horizontal (que estuvo durante un tiempo ajardinado como parque y acabó remodelado para albergar un gran aparcamiento subterráneo). Pero las fachadas, inalteradas, llevan más de doscientos años contemplando el espacio más ritual de la ciudad.

Acercamiento a la Puerta del Sol de Madrid.
Hubo un tiempo en el que el primer sol de la mañana entraba en Madrid por la puerta oriental abierta en la muralla que encerraba la ciudad medieval. Por esa “Puerta del Sol” llegaba diariamente la energía que ponía en funcionamiento la intensa vida de la capital.
Cuando la ciudad creció, aquel acceso quedó en posición central, pero no solo no perdió ese papel de motor de arranque y de lugar de primicias, sino que lo potenció. Y eso, a pesar de que era un espacio urbano escasamente formalizado, que había surgido de la yuxtaposición casi espontánea de las calles que desembocaban en él. Pero la carencia de una configuración adecuada no le impidió convertirse en el ágora desde donde se estimulaba el pulso de Madrid.
En las gradas del desaparecido convento de San Felipe el Real, situado en uno de sus extremos (junto a la calle Mayor), se consolidó el “mentidero” principal de la Villa, ese lugar donde nacía la opinión pública a partir de la amalgama de informaciones aportadas por muchos ciudadanos. La Puerta del Sol mantendría su esencia como lugar primigenio, “donde se producían las noticias antes de suceder”, irradiando desde allí el flujo vital que movía la capital del Imperio español.
Así se mantuvo durante siglos, hasta que en 1768 se instaló en su lado sur la nueva Casa de Correos. Ya en el siglo XIX, el cambio de uso de este edificio a Ministerio de Gobernación exigió nuevos requisitos para el espacio de su entorno, tanto de representatividad como de seguridad, y la pequeña placita de la Puerta del Sol era incapaz de cumplirlos. Además, la intensificación de los problemas de movilidad (la congestión era extraordinaria) obligaron a la remodelación radical de la plaza.
Puerta del Sol. Proclamación de la Segunda República en 1931.
Apoyados en la desamortización de los conventos existentes (Buen Suceso, San Felipe el Real y Nuestra Señora de las Victorias) y tras una larga y tormentosa serie de propuestas, la reordenación y ampliación de la plaza se relacionó con las calles adyacentes proponiendo un conjunto que se mostraba como una analogía de la imagen del astro rey y sus rayos solares. En 1866, quedó inaugurada la nueva Puerta del Sol que con el nuevo rostro, adquirió definitivamente el estatus de Centro con mayúsculas y se convirtió en el lugar de expresión colectiva desde el que se iluminaría no solo a la capital sino al país entero.
Ciertamente, la Puerta del Sol desde entonces ha evolucionado. Algunas edificaciones han variado, otras han transformado sus usos (por ejemplo actualmente aquella  Casa de Correos, alberga la Presidencia de la Comunidad de Madrid). También se han abierto y cerrado y vuelto a abrir, cafés, comercios, restaurantes, etc. y se ha modificado en varias ocasiones su movilidad interna rediseñando su plano horizontal y su mobiliario. Todo ha ido cambiando para permanecer igual, porque cada “nueva” Plaza integra a las anteriores sin restar un ápice a su significación y representatividad social.
Puerta del Sol. Celebración de la Nochevieja y el Año Nuevo.
En la Puerta del Sol, los ciudadanos ejercitan una sociabilidad dinámica, sintiéndose partícipes de los eventos que allí se convocan. Por ejemplo, en Sol, se recibe el nuevo año en una gran concentración festiva y también allí se celebran los acontecimientos con mayor repercusión, como cuando se reunieron muchos ciudadanos para proponer reformas al sistema, lanzando mensajes de regeneración al país y al mundo (15M). Por ella pasan millones de visitantes que quieren percibir ese halo simbólico y “sentir” Madrid. En la Puerta del Sol se respira la memoria y el deseo.
En contra de lo que sucede en la Plaza Mayor, que se percibe como un espacio acabado y completo (y por ello, estático), la Puerta del Sol ha recibido propuestas muy radicales de transformación (que no se llegaron a ejecutarse) y ha visto diferentes reformas, más o menos significativas. En la actualidad, ya comenzado el siglo XXI, la Puerta del Sol aguarda la reflexión que la adapte a los nuevos tiempos. La plaza volverá a mutar, pero mantendrá el eterno carácter que le otorga ser el lugar de encuentro de los ciudadanos y el corazón simbólico del país.

Puerta del Sol. Acampada del 15-M (durante el año 2011)
En próximos artículos abordaremos la Puerta del Sol con mayor profundidad.

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