28 sept. 2013

Las cinco Puertas del Sol de Madrid (a lo largo del tiempo).

La Puerta del Sol en la asombrosa maqueta realizada en 1830 bajo la dirección de León Gil de Palacio, que se encuentra en el Museo de Historia de Madrid, en la calle Fuencarral.
La Puerta del Sol nació como un enclave periférico (puerta de una muralla), pero llegó a convertirse en el centro neurálgico de Madrid.
La evolución de su papel urbano fue acompañada por diferentes configuraciones del espacio. Han sido cinco Puertas del Sol diferentes, desde aquel acceso a la villa medieval hasta llegar a la actual plaza:
  1. La Puerta de la Muralla (siglos XV-XVII)
  2. La Plazuela irregular (siglos XVII y XVIII)
  3. La Plazuela semi-regular del XVIII y XIX
  4. La Plaza formal del XIX
  5. Las transformaciones del plano horizontal (y subterráneo) (siglo XX y XXI)
A pesar de sus diversas formalizaciones, la plaza siempre ha mantenido un denominador común: la vitalidad proporcionada por la constante presencia de personas, que la han convertido en un  lugar de encuentro de referencia.
Esas cinco Puertas del Sol, más sus distintas variaciones horizontales, han ido adaptando el espacio a las necesidades de cada sociedad. En 2013, tras acontecimientos tan relevantes como el 15M, que dieron a la plaza trascendencia internacional,  vuelve a surgir el debate sobre su futuro.


1. La Puerta de la Muralla (siglos XV-XVII)
A mediados del siglo XV, contiguos a la muralla oriental de Madrid, pero fuera de su recinto y por lo tanto de sus leyes, existían varios asentamientos  que se habían desarrollado espontáneamente hasta alcanzar una extensión y una población importantes. Al norte del camino de Guadalajara (que partía desde la Puerta de Guadalajara, y era el principal acceso a la Villa) se ubicaban los denominados arrabales de San Ginés y de San Martín, que se encontraban separados entre sí por el barranco del Arenal. Al sur del mismo camino, apoyándose en otra vía que también surgía desde la puerta de Guadalajara y se dirigía hacia el este peninsular pasando por Atocha y Vallecas, se había conformado el arrabal de Santa Cruz.
Madrid en el siglo XV con la construcción de la Cerca del arrabal. El punto rojo marca la ubicación de la Puerta del Sol.
Su crecimiento descontrolado fue condicionando la vida de Madrid. Por ejemplo, porque el comercio interior se estaba resintiendo debido a la consolidación de un mercado exterior (libre de impuestos) cada vez más floreciente o porque, más dramáticamente, una epidemia de peste, surgida durante esos años en estos arrabales, asoló la ciudad. Los riesgos de esa influyente presencia, recomendaron la incorporación de esos suburbios extramuros al núcleo urbano, y para ello, se levantó un nuevo muro para incluirlos, lo cual extendió la superficie de la ciudad por el este. La historia conoce este nuevo límite con el nombre de la “Cerca del Arrabal”, hurtándole el calificativo de muralla debido a su discutible calidad constructiva. Hay que tener en cuenta que su objetivo no fue defensivo sino administrativo y sanitario.
En esta cerca se abrieron cinco puertas, que relacionadas desde el sur hacia el norte, fueron las siguientes: la Puerta de Toledo, la Puerta de Atocha, la Puerta del Sol, el Postigo de San Martín y la Puerta de Santo Domingo. Todas ellas se abrieron naturalmente en el encuentro del muro con las vías de comunicación preexistentes, que partían desde la muralla anterior (el segundo recinto conocido como el “hispano musulmán”).
Así pues, la Puerta del Sol era el acceso oriental que se abrió en la muralla madrileña sobre el camino de Guadalajara y que se convirtió en el acceso principal a la villa (en sustitución de la antigua Puerta de Guadalajara que fue demolida). La situación de esta nueva puerta, mirando al Este, la convertía en el lugar por donde entraba el sol en la ciudad, y recibió el nombre de Puerta del Sol. Se situaba, aproximadamente, en el cruce de la línea que une la calle Preciados-calle Carretas con la formada por la calle Mayor-calle Alcalá (antiguo camino de Guadalajara).
En torno a un siglo después, con la recién estrenada capitalidad de España para la Villa de Madrid, se construiría una nueva muralla, la denominada “de Felipe II”, que fue levantada en 1566.  La ampliación del recinto urbano, provocará el derribo de la Puerta del Sol y la reconversión de ese espacio, inicialmente periférico, en un lugar central de la ciudad. Con la última muralla de Madrid (la de Felipe IV, construida en 1625), esa centralidad se vería reforzada hasta convertirse en el centro funcional de la Villa.

La plazuela irregular que se conformó en la confluencia de las calles queda reflejada en el plano de Texeira de 1656.
2. La Plazuela irregular (siglos XVII y XVIII)
Con la ampliación del recinto madrileño, la Puerta del Sol adquirió centralidad y los antiguos caminos exteriores se transformaron en calles. El Plano de Texeira de 1656 muestra la plazuela irregular que fue conformándose a partir de la encrucijada de calles que convergían en ese punto.
Hoy son diez las calles que allí confluyen, pero inicialmente fueron once (relacionadas a continuación en sentido horario partiendo desde la esquina de la calle Mayor): Mayor, Arenal, de los Peregrinos, Preciados, del Carmen, Montera, Alcalá, Carrera de San Jerónimo, de las Carretas, de la Paz y Correo. La calle de la Paz sería interrumpida por la construcción de la Casa de Correos y, la de los Peregrinos, por la reforma del siglo XIX. A las nueve calles que mantenían su acceso a la plaza se sumaría finalmente como décima, la calle Espoz y Mina, nueva apertura del siglo XIX, que desemboca en la esquina de la Carrera de San Jerónimo.
Este conjunto de calles fue tratado en un artículo anterior de este blog: “El “Sistema Solar” de Madrid (1): LaPuerta del Sol y sus diez calles”.
El espacio de la plaza fue tomando una fuerte componente longitudinal, llegando a parecerse a un rectángulo un tanto irregular. En sus extremos se construyeron edificios singulares mientras que en los “lados largos” aparecían múltiples viviendas de muy modesta construcción. Destacaban tres edificios públicos que ya no existen. En el lateral de la calle Mayor se encontraba situado el Convento de San Felipe el Real. Entre la calle de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo se ubicaba la iglesia del Buen Suceso (Nuestra Señora del Buen Suceso) y, en el arranque de San Jerónimo, el Convento de Nuestra Señora de las Victorias.
La antigua Iglesia del Buen Suceso (con la Mariblanca delante en lo alto de la fuente).
En 1529, se construyó junto a la Puerta del Sol, pero fuera de la Cerca del Arrabal, el Hospital Real de la Corte, una institución itinerante creada por los Reyes Católicos para atender a los cortesanos y soldados y que el emperador Carlos V decidió ubicar definitivamente en la villa de Madrid. En el lugar elegido, hubo una antigua ermita dedicada a San Andrés. La pequeña iglesia asociada al hospital, fue remodelada y ampliada con el tiempo hasta convertirse en la Iglesia del Buen Suceso, el primer edificio importante de la Puerta del Sol. Tuvo una vida repleta de reformas y ampliaciones hasta configurar la imagen oriental de la plaza. El templo acabaría siendo demolido en 1854. (La iglesia-hospital sería trasladada al entonces  incipiente barrio de Argüelles, a la calle Princesa, inaugurándose el nuevo edificio en 1868. La Guerra Civil causó su ruina que llevó a su derribo en 1975, para ser reconstruida en el mismo lugar con una nueva imagen entre 1980 y 1982, integrada en un complejo residencial y terciario que abarcaba toda la manzana)
En la zona occidental de la plaza fue inaugurado, en 1547, el Convento de San Felipe el Real, perteneciente a la Orden de los monjes Agustinos Calzados que habían comenzado las gestiones para su construcción en el año 1539. Su particular construcción sobre un gran zócalo que para salvar el desnivel existente junto a la calle Mayor (conocido como las gradas de San Felipe) le dio notoriedad, ya que allí se localizaba el “mentidero” más célebre de Madrid, donde se reunían los ciudadanos para intercambiar noticias, rumores y opiniones. Debajo del zócalo se encontraban también locales para el mercado. El edificio, que sufrió un incendio en 1718 e importantes deterioros durante la Guerra de Independencia, fue desamortizado en 1836 y derribado en 1838 para facilitar la ampliación de la calle Mayor y construir viviendas.
El antiguo Convento de San Felipe el Real en cuyas gradas se localizaba el “mentidero” más célebre de Madrid.
El tercer edificio notable de la antigua plaza fue el Convento de Nuestra Señora de las Victorias, perteneciente a la Orden de los Mínimos y situado en el cruce de la Carrera de San Jerónimo y la calle de la Victoria, en la esquina suroriental de la Puerta del Sol. La Orden de los Mínimos fue fundada por San Francisco de Paula en Italia en 1435, obteniendo la aprobación de su regla en 1493 por el papa Alejandro VI. Entró en España en 1492 y fundaron su primer convento, con el impulso de los Reyes Católicos, en Málaga en 1493. El convento de Madrid se fundaría en 1561. Muy afectado también por la Guerra de la Independencia, fue desamortizado y demolido en 1836.
Es de destacar que, la entonces llamada “calle grande de la Puerta del Sol” contaba, delante de  la Iglesia del Buen Suceso, con una fuente que surtía de agua al vecindario. Era una de las fuentes nutridas por el “Viaje del Alto Abroñigal”, obra realizada hacia principios del siglo XVII. Esta fuente, llamada “Fuente de la Fe” o “Fuente del Buen Suceso” fue construida en 1618 convirtiéndose en uno de los puntos principales para los “aguadores” de la ciudad, personajes que distribuían (y vendían) el agua por las casas. Sobre ella se instaló en 1625 una figura que llegaría a ser uno de  los emblemas de la plaza: la Mariblanca, una pequeña escultura de mármol blanco traída de Italia que representa a una diosa (sin que exista un acuerdo sobre a cual se refiere).
En 1727, la “Fuente de la Fe, también conocida como "Fuente de las Arpías” fue transformada por el arquitecto Pedro de Ribera. La Mariblanca también se situó en lo alto de esta nueva fuente.

3. La Plazuela semi-regular del XVIII y XIX
El gran acontecimiento urbano para la Puerta del Sol durante el siglo XVIII fue la construcción de la Real Casa de Correos. Con este edificio se inició la “regularización” del lado sur de la plaza.
La Real Casa de Correos fue uno de los ejemplos del programa de equipamientos públicos impulsado por Carlos III. El servicio centralizado de Correos había sido comenzado con el rey anterior, Fernando VI, pero precisaba de una sede adecuada. El arquitecto Ventura Rodriguez realizó un primer proyecto en el solar elegido que supuso el derribo de varias viviendas, así como el corte de la calle de la Paz. No obstante, este arquitecto fue finalmente apartado del proyecto, que se llevaría a cabo según el diseño del arquitecto francés Jaime Marquet, realizado en 1760 y construido entre 1766 y 1768.
La implantación de la Real Casa de Correos comenzó a regularizar el lado sur de la plaza. Este edificio cortó la calle de la Paz que dejó de tener conexión directa con Sol.(el plano se encuentra orientado con el sur hacia abajo)
A partir de 1847 el edificio comenzó a albergar el Ministerio de Gobernación (aunque mantuvo la planta baja como Oficina Central de Correos)
El nuevo impulso regularizador de la plaza llegaría tras las desamortizaciones de los conventos. El derribo de los  mismos permitió la alineación y acuerdo del lado sur de la plaza, tomando como referencia el edificio de la Casa de Correos.
Sobre el solar del desamortizado (y derribado) Convento de San Felipe el Real, se construyeron entre 1842 y 1845 las Casas de Cordero, consideradas como el primer edificio de apartamentos de la capital y que inauguraba una tipología que resultaría exitosa, con su propuesta de plantas bajas (y primeras) para uso comercial, dejando las superiores para viviendas. La manzana completa consta de 6 portales diferentes pero que fueron diseñados como conjunto. En su parte trasera la manzana se abre en ángulo originando la Plaza de Pontejos. Las Casas de Cordero fueron promovidas por el empresario y político Santiago Alonso Cordero y diseñadas por Juan José Sánchez Pescador, arquitecto Mayor de las Obras de la Villa.
Las Casas de Cordero alineadas con el edificio de Correos a continuación del mismo, consolidaron el lado sur de la plaza. Imagen de 1857.
En ese mismo lado sur de la plaza, pero en su parte oriental, en los terrenos que había ocupado el Convento de Nuestra Señora de las Victorias se abrió la nueva calle Espoz y Mina y el pasaje comercial Matheu, vía perpendicular a la anterior que se realizó entre 1843 y 1847 por el impulso de Manuel Matheu, comerciante y financiero que adquirió buena parte del solar del convento para la construcción de viviendas para el alquiler. El Pasaje Matheu, que estuvo inicialmente cubierto, fue una gran novedad que pretendía emular a los pasajes comerciales parisinos.
Otro aspecto significativo de este periodo fue la demolición en 1838 de la Fuente de las Arpías y como consecuencia la desaparición, tras más de 200 años de presencia en la plaza, de la Mariblanca. La escultura inició un azaroso recorrido por diversos lugares madrileños, ocupando fuentes y pedestales, hasta que recabó en la Casa de la Villa.
Una consecuencia del derribo de la Iglesia del Buen Suceso en 1854 fue la desaparición del reloj que tenía la fachada de este templo y que marcaba el ritmo ciudadano (y de las entregas de la Casa de Correos). La importancia que había adquirido la presencia horaria recomendó su traslado a la propia Casa de Correos en una torre-templete que se levantó en el centro de la fachada de esta. Finalmente se construyó un nuevo reloj, más preciso, para el que se levanto un nuevo templete. El conocido desde entonces como Reloj de Gobernación y actualmente como Reloj de la Puerta del Sol fue  inaugurado en 1863 y desde entonces marca el devenir de los transeúntes de la plaza (y también el final de cada año, con sus campanadas, en una fiesta multitudinaria).

4. La Plaza formal del XIX
Escribía Nicolás Malo en 1854 sobre la Puerta del Sol:
“..centro casi matemático de la Corte, exiguo centro adonde diariamente se ven mezclados y confundidos personas, carruajes y bestias de carga, y cuyo sitio, por lo común, hay que atravesar poco menos que a la carrera para preservarse de los peligros que amenazan al transeúnte. La causa de esto no consiste solo en la centralidad del mencionado sitio, sino tanto y mucho más en la defectuosísima estructura general de Madrid, que hace que para atravesar de uno a otro hemisferio de la población casi no haya más recurso que confluir a aquel centro y aún si se quiere al centro mismo de este centro. Por lo tanto su ampliación no tan solo debe considerarse como conveniente, sino necesaria de toda necesidad, …” (Indicaciones sobre la reforma de la Puerta del Sol y Otros puntos de Madrid. Nicolás Malo, 1854)
El problema de la Puerta del Sol comenzaba a ser dramático. Carlos María de Castro (el autor del Ensanche madrileño), publicó en 1857, dentro de su memoria sobre los empedrados de la capital, la medición realizada sobre el tráfico en la Plaza. Entre las 8.00 y las 13.00 y las 14.00 y las 21.00 (doce horas totales) transitaban por la Puerta del Sol una media de 3.950 carruajes (coches de la época, diligencias, carros, etc.) y 1.414 caballerías (tanto de silla como de carga), todo ello dentro de una superficie de 5.069 metros cuadrados, a todas luces insuficiente (incluso sin contar con el importante movimiento de peatones).
La reforma y ampliación era una necesidad imperiosa que, a pesar de su urgencia, tuvo un largo y azaroso proceso, repleto de avatares y polémicas hasta que se consensuó la propuesta definitiva (como se describe en otro artículo de este blog).
El proyecto aprobado definitivamente en 1857 fue realizado por Lucio del Valle, ingeniero del Canal de Isabel II, que ya había presentado una propuesta anterior junto a sus compañeros  Rivera y Morer  que fue desestimada.
Lucio del Valle sería nombrado director facultativo de las obras, contando con la colaboración del arquitecto Antonio Ruiz Salces. Los derribos necesarios para la nueva plaza finalizaron en 1858 y comenzó a configurarse la plaza que hoy conocemos, que finalmente fue inaugurada en 1862.
Plano firmado por el arquitecto colaborador de la Dirección Facultativa, Antonio Ruiz Salces en el que se delimitan los solares para edificar (en gris claro), tanto en la Puerta del Sol como en la calle Preciados y en la actual calle de Tetuán.
La solución final recuperaba la idea del trazado curvo de la fachada norte de la plaza. Esta línea facilitaba el encuentro con las calles que se cortaban y dada cierta singularidad al espacio, más aún cuando se advirtió la analogía de esa curva y las calles que concurrían a ella con la del astro rey y sus rayos. Ese trazado adquirió un halo simbólico, que a pesar de los intentos de modificación durante la primera mitad del siglo XX, se ha mantenido hasta nuestros días.
El rápido trazado de los solares permitió la construcción paralela de los inmuebles que proporcionan la fachada norte de la plaza. Estos edificios, realizados por diferentes arquitectos, respetaron el modelo de alzado propuesto por Ruiz Salces. Algunos de ellos se convirtieron en hoteles prestigiosos.  Por ejemplo, el Hotel de los Príncipes (números 11 y 12 de la plaza) inaugurado en 1861 y sobre todo, el Gran Hotel de París, entre la calle de Alcalá y la Carrera de san Jerónimo. Desde su inauguración, en 1864, este hotel sería el de mayor nivel de la ciudad hasta el siglo XX, comenzando entonces una decadencia que se agravaría después de la guerra civil, hasta que cerró definitivamente en 2006. Sobre la cubierta de este edificio se colocó, en 1935 con el popular cartel luminoso de González Byass (Tío Pepe). Hoy, en 2013, el inmueble se rehabilita para ubicar en él un Apple Store.
Fotografía de Jean Laurent que ofrece el aspecto de la nueva Puerta del Sol hacia 1870.
El ornato de la plaza fue otra cuestión que originó tensos conflictos. Se inició con la instalación de una gran fuente central, que estaba conectada a las conducciones del recientemente construido Canal de Isable II, y cuya presión natural lanzaba un chorro vertical de agua a gran altura (hasta unos treinta metros según cuentan y que gracias al viento acababa mojando a los transeúntes). La fuente sería conocida como la “Fuente del Chorro”. El alumbrado o el diverso mobiliario urbano serían, desde sus inicios, objeto de polémicas ciudadanas que, aún hoy, 150 años después, siguen existiendo.

5. Las transformaciones del plano horizontal (y subterráneo) (siglo XX y XXI)
A partir de la configuración inaugurada en 1862, la Puerta del Sol no tendría variaciones en su delimitación y fachadas pero sí sufriría otras modificaciones tanto en su plano horizontal como en el subterráneo.
Desde aquel gran espacio libre con la monumental fuente en posición central (que finalmente fue desmontada y trasladada a diferentes destinos hasta acabar en la Casa de Campo), la plaza cambiaría en varias ocasiones el diseño de su distribución de tráficos y la disposición de su mobiliario y elementos característicos (que serán tratados en un artículo específico de este blog).
La Puerta del Sol hacia 1895.

La Puerta de Sol subterránea (El Metro de Madrid) a partir de 1919.
Las primeras transformaciones del plano horizontal no fueron objeto de una planificación previa integral, sino que surgían conforme las necesidades iban apareciendo.
Desde la sustitución de la gran “Fuente del Chorro” hasta la aparición progresiva de los raíles para los tranvías, que con sus giros determinaban los pavimentos de la plaza, el plano horizontal  fue adaptándose de forma poco meditada.
En 1919, Madrid se dotó del nuevo sistema de transporte subterráneo que otras capitales ya disfrutaban: el Metro.  La construcción de su primera línea, entre Sol y Cuatro Caminos, obligó a una cierta remodelación de la plaza, pero que no supuso una transformación importante de las dinámicas habituales. El espacio seguía surcado por múltiples líneas tranviarias que se cruzaban condicionando los recorridos. El Metro, además de potenciar notablemente el carácter de centro urbano de la Puerta del Sol, también proporcionó un nuevo elemento para el imaginario de la plaza: el templete daba acceso a las galerías subterráneas. Construido por Antonio Palacios se situó en el centro de la plaza focalizando los giros de los tranvías a su alrededor. El templete de Palacios fue desmontado en 1934.
El plano horizontal de la Puerta del Sol, siguió estando caracterizado por varias isletas centrales y por las aceras perimetrales, de forma que el espacio peatonal ocupaba una superficie muy inferior a la del tráfico rodado que seguía presidido por las numerosas líneas de tranvías.
La Puerta del Sol hacia 1930. Se observa en el centro el templete de acceso al Metro diseñado por Antonio Palacios

La reforma de 1950
A finales de la década de 1940 la Puerta del Sol presentaba deficiencias en sus pavimentaciones. Por una parte, los nuevos vehículos (autobuses y automóviles) se veían perjudicados por los raíles empotrados en el suelo para los tranvías, que además, estaban decayendo a favor de los autobuses como sistema de transporte público en superficie;  y, por otra surgía la necesidad de regular el creciente tráfico de automóviles privados. También ocasionaba problemas el alumbrado, que todavía mantenía sus candelabros y aparatos de gas a los que se les había dotado de iluminación eléctrica con un resultado muy poco eficiente.
En 1950 se procede a la redacción de un proyecto integral que remodelara la maltrecha plaza, encargándose de ello un equipo de técnicos municipales bajo la dirección de Manuel Herrero Palacios, arquitecto jefe de ordenación urbana del Ayuntamiento. La transformación fue importante y su objetivo era favorecer y regular el intensísimo  tráfico rodado que tenía la plaza. Se eliminaron los tranvías, se asfaltó una buena parte de la plaza consiguiendo homogeneización de las calzadas. Se reordenó el tráfico rodado, habilitando también aparcamientos de coches y acoplando las nuevas paradas de autobuses. Se ampliaron las aceras perimetrales y se marcaron dos pasos de peatones principales (para evitar el caos anterior donde no había un sitio concreto donde cruzar la plaza con los consiguientes riesgos de atropellos). Para facilitar los giros se trazaron unas isletas en el eje de la plaza entre las que destaca la gran isleta central. Este espacio, inaccesible para el público fue ajardinado y dotado de dos fuentes ornamentales que pretendían dulcificar el duro diseño  del espacio.
El alumbrado fue renovado totalmente siendo definitivamente eléctrico (tanto con farolas como con focos de pared para iluminar las aceras. La regulación del sistema se automatizó en función de las horas y las estaciones.
En la década de los sesenta, apareció otro de los iconos de la plaza: la estatua del Oso y el Madroño. Fue inaugurada en 1967 y colocada entre la calle de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo.
Años después, en la década de 1970, la calle Preciados y la calle del Carmen fueron peatonalizadas iniciando un proceso que se incrementaría en la zona durante los años posteriores.
La Puerta del Sol en la década de 1960, tras la reforma de la década anterior.

La reforma de 1986
La reforma de 1986 (dirigida por Antonio Riviere y Javier Ortega como autores  y Antón Capitel como asesor representante de Bellas Artes) fue polémica desde el principio.
Tampoco afectaba a la conformación general de la plaza, sino solamente al plano horizontal y su mobiliario. El criterio de los autores fue aumentar la superficie peatonal. Para ello,  permitieron la continuidad rodada del eje Arenal-Alcalá y del eje Mayor-San Jerónimo, así como la de la línea Montera-Carretas, de forma que la superficie situada entre la línea Arenal-Alcalá, las fachadas en curva y Montera quedara para uso exclusivo de los peatones. En ese espacio que enlazaba con las peatonalizadas calles Preciados y del Carmen se ubicaron nuevamente dos fuentes y diversos pequeños kioscos.
Se proyectó un importante intercambiador de autobuses en superficie, entre la calle de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo con unas características marquesinas.
Una de las polémicas más agrias provocada por esta reforma fue la que siguió a la instalación de alumbrado central, ya que las farolas diseñadas, que eran contempladas como objeto escultórico monumental, fueron  mayoritariamente rechazadas por la población. Finalmente las farolas originales fueron sustituidas por otras de corte historicista.
Esta reforma fue, además, acompañada por el cambio de uso del edificio principal de la plaza. La antigua Casa de Correos, dejaba de ser Dirección General de Seguridad para convertirse en la sede de la Presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid.
Con esta reforma, la estatua de la Mariblanca regresó a la Puerta del Sol, aunque no lo hizo la original sino una copia que se realizó para tal efecto. La Mariblanca, esta vez sin fuente, se situó sobre un pedestal ubicado entre la calle de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo, en la zona donde estuvo originalmente.
Para ello, la estatua del Oso y el Madroño, tuvo que abandonar su posición entre la calle de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo, siendo trasladada hasta el arranque de la calle del Carmen.
Como un acto aislado, en 1994 fue instalada la discutida estatua ecuestre de Carlos III que preside la Puerta del Sol. Su colocación en la plaza fue resultado de una encuesta ciudadana.
La Puerta del Sol con la imagen de la nueva reforma de 1986 (a la que ya se ha incorporado la estatua de Carlos III).

La reforma de 2009
Esta reforma, motivada por la construcción de un nuevo intercambiador (Metro-Cercanías) en el subsuelo de la plaza, quedaba enmarcada en la estrategia de peatonalización existente para una parte del centro de Madrid. El diseño planteó una reducción muy sustancial del tráfico rodado en la plaza, que quedó prácticamente limitado al eje Mayor-San Jerónimo con restricciones para el tráfico privado, y a la conexión Alcalá-San Jerónimo, también limitada desde la calle Sevilla para el transporte público.
La ampliación de la superficie peatonal fue muy considerable, ya que contando con la peatonalización de la calle Montera, salvo esa conexión rodada entre Mayor y San Jerónimo, toda la plaza ha pasado al dominio del peatón. En líneas generales, se repavimentó el espacio (como plaza “dura”, de granito, condicionada por las numerosas infraestructuras que recorren el subsuelo o la construcción del nuevo intercambiador que impidieron la propuesta de arbolado de plantación), se reordenaron los múltiples kioscos existentes, se ubicó un carril bici y se mantuvo la doble fuente y la escultura de Carlos III. Pero la propuesta, como en la anterior reforma fueron las farolas centrales, también tuvo su frente de discusión. En este caso fue el nuevo “templete” que da acceso al intercambiador.
Diseñado por el arquitecto Antonio Fernández Alba y el ingeniero Javier Manterola, este nuevo templete ha generado intensas polémicas y no pocos escarnios. Ha sido bautizado con múltiples nombres: tragabolas, iglú, ballena, tortuga, etc., llegando incluso a realizarse, desde  la edición digital del periódico El País, una encuesta para su bautizo (que, por cierto, ganó el “tragabolas”). Fernandez Alba justificó, en su momento, la doble cúpula por su simbología, dado que la pequeña representaría a la villa que fue Madrid y la grande a la metrópoli en que se ha convertido; y su piel de vidrio facetada porque buscaba un efecto caleidoscópico que reflejara la complejidad de la vida ciudadana actual. La obra, que ha recibido muchas críticas tanto por sí misma como por su relación con el entorno, mantiene una fuerte contestación en su contra.
La reforma también reubicó dos de las iconos de la plaza: La réplica de la Mariblanca que pasó al inicio de la calle Arenal y el Oso y el Madroño, que recuperó aproximadamente su ubicación inicial, en el arranque de la calle de Alcalá.
La Puerta del Sol en la actualidad. El “tragabolas” (acceso al intercambiador) aparece en la esquina inferior izquierda.


Cinco Puertas del Sol y diversas variaciones horizontales han ido adaptando el espacio a las necesidades de cada sociedad. En 2013, tras acontecimientos tan relevantes como el 15M que dieron a la plaza trascendencia internacional,  vuelve a surgir el debate sobre su evolución.

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