19 oct. 2013

Las Puertas del Sol de Madrid que pudieron ser y no fueron (en el siglo XIX).

Propuesta de reforma de la Puerta del Sol. Proyecto de Hamal y Manby, 1855. Perspectiva. 
No resultó sencillo llegar a la forma definitiva de la Puerta del Sol de Madrid.
La historia de su configuración, realizada a mediados del siglo XIX, es como una novela de intriga: impulsos y paralizaciones, cambios de gobierno, demandas judiciales, concursos fallidos, discrepancias entre técnicos, entre empresarios y entre políticos, debates periodísticos, disputas académicas, protestas y revueltas populares,…
La Puerta del Sol se había convertido en un espacio problemático. Su altísima intensidad de uso lo tenía permanentemente congestionado y, además, resultaba poco representativo como centro neurálgico de la capital. Su reforma se convirtió en una necesidad imperiosa.
En 1847 había quedado configurado el lado sur de la plaza. Las Casas de Cordero y la manzana situada entre las calles Carretas y Espoz y Mina (que fue abierta en esos años) habían seguido la alineación de la Casa de Correos (que entonces se convirtió en sede del Ministerio de Gobernación), formando un conjunto que se ofrecía como referencia a partir de la cual transformar la caótica plaza, en la que odavía estaba en pie la Iglesia del Buen Suceso, que sería derribada en 1854.
Las discusiones sobre la remodelación de la Puerta del Sol duraron más de veinte años. Finalmente, en 1862, se logró inaugurar el espacio que hoy conocemos, pero durante  ese tiempo quedaron otras muchas propuestas sin realizar. Esas plazas desestimadas son “ensayos de Sol” y revelan algunas claves para entender tan tortuoso proceso.

La propuesta de Mariano de Albo (1846).
En 1834, tras la muerte de Fernando VII, el coronel ingeniero militar y arquitecto Mariano de Albo volvió a España desde su exilio. Su estancia europea le había permitido conocer las tendencias sobre renovación urbana aplicadas en las grandes ciudades del continente y comenzó a trabajar en una propuesta para la transformación de la Puerta del Sol.
Tras varios años, en 1846 se decidió a presentar sus ideas en una serie de artículos escritos para el periódico El Clamor Público.
La plaza pensada por Albo ampliaba notablemente su superficie, formalizando un gran rectángulo que se apoyaba en el lado sur y ascendía hasta la iglesia del Carmen. Entre sus propuestas se encontraban la realización de una gran catedral (en el solar de la iglesia del Carmen), un teatro (en el terreno de la iglesia del Buen Suceso) y un edificio para La Bolsa (que había sido creada en 1831 y al que no se asignaba una localización concreta).
La grandilocuencia del proyecto, con excesivas expropiaciones, y el plazo de ejecución, previsto de veinte años, lo hacía inviable, aunque nunca llegó a ser considerado realmente por las autoridades.

Las propuestas del 1853 y el primer proyecto aprobado (1854).
El Ayuntamiento de Madrid era muy consciente de la necesidad de reforma de la Puerta del Sol. En 1848, se había instalado el alcantarillado, nivelado la plaza y mejorado su pavimentación, colocando, además, una gran farola central de gas. Pero estas actuaciones parciales no fueron suficientes y en 1852 se encargó un proyecto de rectificación de las alineaciones de la plaza y calles adyacentes.
Propuesta de reforma de la Puerta del Sol. Proyecto de Isidoro Llanos, 1853.
Esta iniciativa, concretada por el arquitecto Isidoro Llanos, activó un proceso de redacción de propuestas alternativas que situaron al menos tres proyectos sobre la mesa de los responsables municipales: el del propio Llanos, uno segundo cuyo autor no se encuentra identificado y un tercero impulsado por la Junta Consultiva de Policía Urbana, firmado por Pedro Gómez.
La propuesta de Isidoro Llanos, era una tímida rectificación de alineaciones del lado norte de la plaza, para regularizar la fachada situada en frente de la Casa de Correos, y no se llegaba a actuar sobre la Iglesia del Buen Suceso, desamortizada y en grave deterioro.
En 1853 se presentó el segundo proyecto (de autor no identificado, aunque conocido por su dedicatoria al Presidente del Consejo de Ministros, Luis José Sartorius, Conde de San Luis). De este proyecto se conservan un plano y una perspectiva. Esta propuesta fue la primera en plantear un frente curvo en el lado norte de la plaza, marcando un centro en el que se debía ubicar un hito monumental. De la perspectiva se desprende la idea de que las nuevas edificaciones dedicarían su planta baja y primera a espacios comerciales y terciarios (siguiendo el modelo de las Casas de Cordero).
Propuesta de reforma de la Puerta del Sol. Autor desconocido 1853. Planta
Propuesta de reforma de la Puerta del Sol. Autor desconocido 1853. Perspectiva.
La tercera propuesta, también de 1853, fue presentada por Pedro Gómez en nombre de la Junta Consultiva de Policía Urbana. En ella se proponía una plaza rectangular, centrando su intervención sobre el eje de la Casa de Correos y haciendo desaparecer la Iglesia del Buen Suceso. Este proyecto fue aprobado por Real Orden en 1854 (15 de Febrero) y con ello se iniciaron los trámites para la expropiación forzosa de los edificios “sobrantes”. No obstante, las alegaciones de los particulares afectados lograron paralizar momentáneamente su ejecución con el apoyo de la Ley de Expropiación de 1836, que exigía justificar la utilidad pública y establecer una indemnización con un justiprecio. El Gobierno reaccionó declarando el proyecto de utilidad pública (22 de abril de 1854) y ordenó el comienzo inmediato de los derribos.
Paralelamente, en marzo de 1854, Nicolás Malo presentó un informe con indicaciones de mejora tanto para la Puerta del Sol como para otros lugares de Madrid.
Pero llegó el verano, y la inestabilidad política impidió el inicio efectivo de las obras, dejando unos cuantos solares derribados que permanecerían así unos cuantos años, perjudicando la imagen de la plaza.

La propuesta impulsada por el Conde de Hamal y Eduardo Manby (1855).
El verano de 1854 fue turbulento. El descontento con el gobierno derivó en un pronunciamiento militar (denominado la “Vicalvarada”, por haberse enfrentado en Vicálvaro las fuerzas del general rebelde O’Donnell con las tropas gubernamentales). A ese alzamiento militar le siguió una sublevación popular (Revolución de 1854) en las principales ciudades españolas, que tuvo especial relevancia en Madrid. La reina Isabel II destituyó entonces al Conde de San Luis como Presidente del Consejo de Ministros para encargar la formación de nuevo gobierno al general Espartero, quien recuperaría la normalidad, dando inicio al conocido como Bienio Progresista.
Tras la Vicalvarada, la calma política permitió retomar el proyecto de la Puerta del Sol. Los progresistas ratificaron la necesidad de reforma de la plaza (julio 1855) aunque en su resolución reclamaban una mayor extensión de la misma (lo cual acarrearía nuevas expropiaciones y conflictos derivados).
En ese mes de julio de 1855, desde la iniciativa privada (impulsada por el conde Fernando de Hamal y Eduardo Manby) se presentó un nuevo proyecto, que proponía la reforma a cambio de obtener los edificios que resultaran de ella.
Propuesta de reforma de la Puerta del Sol. Proyecto de Hamal y Manby, 1855. Planta 
La actuación planteaba una plaza rectangular, siguiendo la ortogonalidad marcada por la Casa de Correos, y alargada, en la que aparecían nuevas edificaciones muy representativas como la Bolsa o un nuevo teatro (en el solar derribado del Buen Suceso). El proyecto inicial iba firmado por los arquitectos Juan de Madrazo y Aureliano Varona. Posteriormente, se fueron incorporando otros arquitectos que profundizaron en los edificios propuestos, como Domingo Inza, Federico Incenga Castellanos o Pedro Tomé, quien redactó la memoria explicativa del conjunto.

El Concurso de 1855.
Como se ha comentado, el 21 de Julio de 1855, la reina Isabel II, a instancias del Ministro de Gobernación, vuelve a sancionar la utilidad pública de la Reforma de la Puerta del Sol y las expropiaciones consiguientes. Entonces, el Ministro de Gobernación envío una Real Orden al Ayuntamiento para que éste convocara un concurso y le remitiera las propuestas debidamente informadas con el objeto de tomar una decisión. El Ayuntamiento convocó la competición dando un plazo de veinte días para recibir las propuestas, instando a Hamal y Manby a presentar su proposición (no obstante, acabaría habiendo una ampliación de plazo).
El concurso abriría nuevamente la reflexión sobre el futuro de la plaza. Se presentaron cinco nuevas proposiciones.
La Academia de San Fernando fue designada como jurado del concurso para que dictaminara sobre los proyectos recibidos. La Academia desestimó las propuestas que no estaban firmadas por arquitectos, eliminando por este motivo tres de las mismas, las de Juan Sala, Eugenio Pascual y la del Marqués de Assereto. Además, también excluyó la de Carlos Bosch que, aunque era arquitecto, estaba muy poco elaborada. Los finalistas fueron el proyecto presentado por el contratista José Antonio Font (que iba firmado por el arquitecto José del Acebo y Frutos) y el de Hamal y Manby. El fallo del concurso se produjo en octubre de 1855, resultando ganador por 14 votos a 4 el proyecto presentado por estos últimos.
Pero entonces intervino la Comisión de Policía Urbana del Ayuntamiento apoyando el proyecto de Font, que era constructor y prometía importantes ahorros económicos y un alto nivel de contratación de trabajadores, planteando, además, el comienzo inmediato y una intervención en las calles adyacentes. Finalmente el proyecto de Font fue aprobado y Hamal y Manby, que se sintieron agraviados, denunciarían el resultado (aunque su reclamación sería desestimada).
Ese mismo mes de octubre el proyecto de Font se sacó a licitación pública y abierta, pero no hubo ninguna proposición para realizar las obras. Entonces, el propio Font se ofreció a ejecutar los trabajos si se incorporaban algunos cambios. El Ayuntamiento no accedió a esos ajustes solicitados y acabó rechazando la propuesta. Todo ello volvió a implicar nuevos retrasos.

Los proyectos fallidos de la Comisión Ministerial y de Juan Bautista Peyronnet (1856).
La situación de bloqueo llevó a la creación de una comisión especial del Ministerio de Gobernación para que tomara cartas en el asunto. Su resolución fue desestimar todas las propuestas realizadas hasta el momento, proponiendo un nuevo plan de reforma que ampliaba la superficie de la plaza, que fue presentado en enero de 1856.
Este plan levanto numerosas suspicacias. Los propietarios de los edificios elevaron sus quejas al gobierno por el aumento de la expropiación, reclamando además indemnizaciones mayores. También los comerciantes de la zona alegaron que su traslado era muy perjudicial dado que tendrían que buscar nueva clientela y por ello requerían mayores compensaciones. Finalmente, también Hamal y Manby denunciaron la situación recordando que ellos habían resultado ganadores de la competición convocada y solicitaban un resarcimiento, al menos,  por los elevados costes incurridos en la presentación de su propuesta.
Dadas las agitadas circunstancias, el Gobierno se decidió a contratar directamente un nuevo proyecto a Juan Bautista Peyronet (encargo que se materializó en una Real Orden de 19 de Febrero de 1856). Peyronet , que era arquitecto y Director de la Academia de San Fernando, presentó su proyecto el 10 de Marzo, siendo aprobado oficialmente por Real Orden del 23 de Marzo. Su proyecto mantenía la plaza rectangular modificando el trazado de las calles que confluían a ella por el norte.
Propuesta de reforma de la Puerta del Sol. Proyecto de Juan Bautista Peyronet, 1856. 
El complejo proceso se puede seguir en la recopilación documental publicada por la Imprenta Nacional en 1856 con el título “Colección de documentos oficiales sobre el proyecto de reforma y ejecución de las obras de la Puerta del Sol y alineaciones de las calles afluentes, publicados de orden del ministro de la Gobernación, D. Patricio de la Escosura”.
En Junio se realizó la licitación de las obras, pero nuevamente la política española interfería en el desarrollo del proceso. El verano de 1856 (julio) volvió a ser muy convulso políticamente y la reforma de la Puerta del Sol quedaría, otra vez, paralizada. Esto tendría como consecuencia el abandono definitivo de la propuesta de Peyronet.

La propuesta de Lucio del Valle, Rivera y Morer y la de la Ley de 1857.
Así pues, el verano de 1856 fue muy intenso en lo político. Cayó el gobierno de Espartero dando fin al Bienio Progresista y, tras unos meses en los que  O’Donnell estuvo al frente del ejecutivo, la reina Isabel II nombró, en octubre, al general Narváez  como Presidente del Gobierno. Nuevamente el Partido Moderado alcanzaba el poder.
En ese contexto, con continuos cambios de gobierno, no es de extrañar la inoperancia política y administrativa de la época, que se  evidenciaba en casos concretos como el de la Puerta del Sol. En 1857, todavía no se había llegado a un acuerdo sobre la transformación de la plaza.
Tras las continuas polémicas entre Ayuntamiento, Academia, Cortes e incluso la propia reina, se tomó una decisión que finalmente lograría desatascar el proceso: considerar el asunto como un tema de Obras Públicas y hacerlo depender, exclusivamente, del Ministerio de Fomento.
Propuesta de reforma de la Puerta del Sol. Proyecto de Del Valle, Rivera y Morer, 1857.
Desde este Ministerio se encargó a varios ingenieros, que estaban trabajando en la construcción del Canal de Isabel II, la realización de una nueva propuesta. Lucio del Valle, Juan de Rivera y José Morer realizaron un trazado en el que se recuperaba parcialmente la curva para el frente norte de la plaza.
El proyecto, que inicialmente fue rechazado por el Consejo de Ministros, fue rectificado (con un aumento de superficie y la recuperación de la plaza rectangular) para que ser finalmente aprobado por una Ley de las Cortes (del 28 de Junio de 1857).
Propuesta de reforma de la Puerta del Sol. Proyecto aprobado por las Cortes en 1857.
Sobre esta base se nombró a Lucio del Valle, director de las obras. Éste contó con el arquitecto Antonio Ruiz Salces como colaborador (quien estableció los criterios para que las fachadas del frente norte fueran unitarias).
Sorprendentemente, un nuevo cambio de gobierno, en octubre de 1857, no significó la enésima paralización del proceso. La Unión Liberal, que accedió al poder, dio luz verde a la reforma planteada.
En ese mismo mes de octubre, se comenzaron los nuevos derribos necesarios para la plaza que contaba con una extensión mayor, y que por lo tanto aumentaban los que se habían realizado en 1854 y cuyos solares vacios otorgaban a la plaza un aspecto desolador.  Las demoliciones terminarían en 1858. No obstante, siguieron apareciendo proyectos que cuestionaban lo aprobado proponiendo otras alternativas.

Nuevos proyectos discrepantes: El Segundo Proyecto de la Junta Consultiva de Policía Urbana y el de la Academia de San Fernando.
Las críticas al proyecto aprobado continuaron (hay que recordar que se había ratificado la plaza rectangular) y desde la Junta Consultiva de Policía Urbana se puso sobre la mesa una nueva opción.
El trazado (conocido como Segundo Proyecto de la Junta Consultiva de Policía Urbana y firmado por el arquitecto Aníbal Alvarez) ampliaba notablemente la curva del frente norte hasta convertirla en un semicírculo, con un gran parterre central y con pórticos que unificaban las embocaduras de las calles
La propuesta, presentada en octubre de 1858, mientras las obras de la plaza se encontraban ya en curso, fue rechazada. Una de las justificaciones argumentadas fue el considerarla inviable debido al notable incremento de expropiaciones que conllevaba.
Propuesta de reforma de la Puerta del Sol. Segundo Proyecto de la Junta Consultiva de Policía urbana. Aníbal Álvarez, 1858
Pero la censura al proyecto no remitía, llegando incluso al Senado de la nación. Desde la Cámara Alta se solicitó una nueva propuesta, que acabaría siendo realizada por la Academia de Bellas Artes de San Fernando.
La Academia, que había sido jurado en el concurso de 1855, se convertía así en redactora de otro trazado para la plaza. En su planteamiento se recuperaba la curva (aunque en realidad era una línea poligonal) para el lado norte de la plaza y planteaba un juego de calles simétrico en esa fachada (con una nueva calle que unía la Puerta del Sol con la Plaza de las Descalzas, entonces denominada de la Misericordia).
Propuesta de reforma de la Puerta del Sol. Proyecto de la Academia de san Fernando, 1858.
La propuesta no cuajó pero, al menos, sirvió para poner en tela de juicio el planteamiento de plaza rectangular, justificando la mejor articulación de la curva con las calles y, además, el juego simbólico de su trazado.
Tras las idas y venidas, se decidió recuperar el primer proyecto de Lucio del Valle (con la curva en el lado norte de la plaza) al cual se le realizaron diversos ajustes para ampliar su superficie. Tras su revisión, este proyecto fue aprobado definitivamente por Real Orden de 15 de Agosto de 1859 para convertirse (¡por fin!) en el trazado final de la Puerta del Sol. Esta configuración definitiva es analizada en otro artículo de este blog: Las cinco Puertas del Sol de Madrid (a lo largo del tiempo).

Propuestas paralelas.
A pesar de que el trazado definitivo ya se estaba ejecutando, la Puerta del Sol siguió recibiendo nuevas propuestas de trazado.
Una de esas visiones alternativas, no fue tanto para la plaza sino para la trama que separaba la Puerta del Sol del Palacio Real. Giraud Daguillon, arquitecto y empresario belga, planteó a la reina Isabel II cuatro proyectos para mejorar la Villa de Madrid. Uno de ellos proponía la unión de la Puerta del Sol con el conjunto palaciego a través de un gran bulevar, que sería una vía de 30 metros, con aceras lateras de 4 metros acompañadas de alineaciones de árboles y con una calzada central de 22. Daguillon, que había colaborado con el Barón Haussmann en París en la construcción del Boulevard Sebastopol, buscaba repetir la jugosa operación inmobiliaria parisina en la capital de España.
Con poca receptividad por parte de las autoridades, Daguillon publicó sus ideas en la prensa (diciembre 1859/ enero 1860) y acabó realizando un folleto en 1862. Llegó a plantear un sistema de financiación basado en la Lotería, pero esa primera “gran vía” nunca llegaría a construirse.
Propuesta de reforma de la Puerta del Sol. Luis Pérez, 1862.
Otra de las alternativas surgió cuando se iba a inaugurar la nueva Puerta del Sol. En 1862, Luis Pérez planteó su trazado. No dejaba de ser una utopía, dado que la plaza estaba prácticamente terminada, pero su autor quiso dejar constancia de su visión, menospreciando la que realmente había sido ejecutada. Luis Pérez, recopiló información de diversas ciudades europeas en las que se habían realizado transformaciones análogas y apoyó en ellas su propuesta. El plano publicado se acompañaba de esas analogías continentales (Roma, París, Bolonia o Mulhouse) para avalar su proyecto.

Pero, a pesar de todas las polémicas y alternativas, en 1862 la nueva Puerta del Sol se abrió esplendorosa para los ciudadanos.


Las diferentes  propuestas de reforma de la Puerta del Sol durante el siglo XIX y los avatares que las acompañaron fueron analizadas con detalle por Pedro Navascués Palacio en su artículo “Proyectos del siglo XIX para la reforma de la Puerta del Sol” publicado en 1968, en el número 25 de la revista Villa de Madrid (pags. 64-81) y por Eulalia Ruiz Palomeque en su libro “Ordenación y transformaciones del casco antiguo madrileño durante los siglos XIX y XX” editado en 1976 por el Instituto de Estudios Madrileños (pags. 236-245)

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