30 nov. 2013

El París de Esnauts y Rapilly: llevando la ciudad en el bolsillo (Formas de mirar la ciudad)

El plano de París, editado por Esnauts y Rapilly en 1780, desplegado.
Ahora que las nuevas tecnologías nos proporcionan navegadores que, en el coche o en el teléfono, nos guían por la ciudad, los planos y mapas callejeros parecen caer en desuso. Pero cuando hace más de doscientos años, unos editores parisinos publicaron un plano de su ciudad que podía plegarse y desplegarse de una forma fácil y duradera, produjeron una innovación que revolucionó la relación de los ciudadanos con su entorno urbano.
París se encontraba en un momento delicado. En 1682 el rey Luis XIV había decidido trasladar su residencia a Versalles, y este hecho afectó considerablemente a la ciudad que, sin llegar a paralizarse, sufrió un importante estancamiento a lo largo de todo el siglo XVIII. A finales del mismo, en 1780, los editores Jacques Esnauts y Michel Rapilly publicaron un mapa que mostraba aquel París de los últimos tiempos del Antiguo Régimen. Poco después se produciría la Revolución de 1789 que cambiaría el mundo y París comenzaría otra historia que culminaría con su gran transformación de mediados del siglo XIX liderada por el Barón Haussmann.
Pero más allá de su indudable valor testimonial, el plano de Esnauts y Rapilly tiene un puesto privilegiado en el mundo de la cartografía por ser el primer plano callejero efectivo de bolsillo.


París en el siglo XVIII.
El rey Luis XIV tomó dos decisiones de gran trascendencia para París.
La primera decisión estuvo motivada por la hegemonía internacional de Francia y por la sensación de seguridad que esa dominio transmitía, especialmente en la capital. Por ello se creyó que las murallas de París resultaban innecesarias. A pesar de que llevaban poco más de treinta años construidas y de que todavía quedaba mucha superficie libre en el interior, en 1670 se procedió a su demolición. En su lugar se levantaron unos espléndidos bulevares  (de 36 metros de ancho y profusamente arbolados) que se convertirían en una nueva delimitación “abierta” de la ciudad. Estos son los Grands Boulevards, los bulevares parisinos por excelencia que ocupan, en la ribera derecha del Sena, el lugar de las antiguas fortificaciones de Carlos (Charles)  y de Luis (Louis) XIII.
Además, en 1672, a instancias del poderoso ministro Jean-Baptiste Colbert, se limitó el crecimiento de la ciudad por ley, con el objetivo de evitar que París pudiera ser incontrolable al unirse con los suburbios y pueblos de alrededor.
La segunda decisión fue la de trasladar su residencia a Versalles y tuvo una doble consecuencia. Primero porque alejaba a la capital del centro de decisiones del poder y segundo porque la construcción de la nueva residencia de la Corona consumió una ingente cantidad de recursos que no fueron invertidos en París. Hay que tener en cuenta que, aunque Versalles no era propiamente una ciudad, sino más bien un parque en el que se habían colocado los edificios requeridos por el funcionamiento de la Corte, su tamaño era casi tan grande como todo París.
Las grandes inversiones se dirigieron hacia la nueva residencia real (Versalles sería el gran emblema de la Corona francesa) y París recibió pocas atenciones. No obstante, aunque la ciudad ralentizó su desarrollo, no se paralizó. El siglo XVIII parisino no fue una época de grandes planteamientos urbanos pero se construyeron algunos de sus espacios públicos más emblemáticos y de los edificios más representativos. Solamente en los años finales del siglo (en 1784, cuatro años después de publicar el plano de Esnauts y Rapilly) se realizaría una actuación que sí modificaría la estructura y la fisonomía de la capital: se comenzaría a levantar una nueva muralla, justificada por motivos estrictamente fiscales.
Place des Victoires. París.

Las Plazas Reales
Entre los espacios urbanos más extraordinarios de París se encuentran sus plazas reales. Fueron creadas, principalmente, para mostrar la grandeza de la triunfante monarquía francesa, consagrándose al recuerdo de algún evento o victoria militar o simplemente al ensalzamiento del monarca que la impulsaba.  No obstante, las plazas reales, también tuvieron un importante papel en la estructura urbana de la ciudad. 
La Place des Vosges (1605-1612) y la Place Dauphine (1607-1614) comenzaron una serie de cinco espacios magníficos. Tras esas dos plazas pioneras, a finales del siglo XVII y en el XVIII, se construyeron las tres restantes. La primera, la Place des Victoires (1685-1692), articulaba el barrio Richelieu con el centro; la segunda, la Place Vendôme (1699-1720), reorganizaba St. Honoré rematando el barrio del cardenal y las Tullerías; y la Place de la Concorde (1758-1772), reconfiguraba el entonces límite occidental parisino.
La Place des Victoires fue pensada para alojar una estatua ecuestre del Luis XIV. El arquitecto del rey, Jules Hardouin-Mansart (1646-1708) la proyectó con ese fin y trazó para ello una innovadora forma circular (con casi 80 metros de diámetro). Esta tercera place royale, adoptaba su peculiar configuración en un juego geométrico con las anteriores, ya que la Place des Vosges es un cuadrado y la Place Dauphine un triángulo.
La siguiente place royale fue la Place Vendôme, también con la intervención de Hardouin-Mansart. El arquitecto, junto a varios financieros, compró terrenos en la zona con la intención de desarrollar una promoción inmobiliaria. La operación quedó estancada y se ofreció al rey la posibilidad de crear una nueva plaza real. La aceptación del monarca impulsó el plan desde 1685, aunque su configuración definitiva, de gran rectángulo de 124 por 140 metros con sus ángulos cortados que le proporciona su forma octogonal, no llegaría hasta 1699 (las obras se prolongarían hasta 1720). Las fachadas fueron construidas antes que los interiores que tuvieron que adaptarse a los ritmos de las mismas. Inicialmente hubo una estatua de Luis XIV que acabaría siendo sustituida por la columna Vendôme erigida en 1810 e inspirada en la columna Trajana de Roma.
Place Vendôme. París.
Años después surge la propuesta de colocar una nueva estatua real en la ciudad, en este caso para el rey Luis XV. Con ese objetivo se convocó un concurso en el que los participantes debían seleccionar la ubicación y diseñar en ese lugar el marco adecuado para la escultura. Ninguna solución fue del agrado de los convocantes y el concurso quedó desierto. Pero la idea de la instalación siguió adelante, escogiéndose definitivamente para ello los terrenos situados al este de los jardines de las Tullerías. Con el emplazamiento obligado, se convocó otro concurso para configurar el entorno, pero tampoco esta segunda competencia dio los frutos esperados y se declaró desierta. Finalmente, se encargó al entonces arquitecto del rey, Ange-Jacques Gabriel (1698-1782) el diseño de ese nuevo espacio contiguo a las Tullerías. La nueva plaza  sería aprobada definitivamente en 1758 y finalizada en 1772. Inicialmente estuvo dedicada a Luis XV, aunque en 1795 recibiría el nombre de Place de la Concorde.
Para esta quinta plaza real, Gabriel planteó una inmensa explanada de 230 x 360 metros  aproximadamente que buscaba fondos de perspectiva en sus ejes principales. Hacia el norte se proyectó una nueva calle (rue Royale) que, además, pretendía conducir el tráfico de los bulevares hacia la rive gauche. El fondo visual sería una nueva iglesia (la Madeleine) que quedaría enmarcada desde la plaza por dos imponentes edificios simétricos. Por el sur, el eje iniciado en la Madeleine se prolongaría hacia la orilla izquierda gracias a un nuevo puente, el Puente de la Concordia. Este puente tardaría en ser construido, realizándose entre 1787 y 1791 según el proyecto del arquitecto Jean-Rodolphe Perronet (1708-1794). Por el este, el remate visual lo proporcionaban los jardines de las Tullerías y el hoy desaparecido Palacio del mismo nombre. Y hacia el oeste se abría la perspectiva de un futuro sin definir pero que acabaría teniendo un primer acto en 1836. En ese año fue erigido, en el centro de la plaza, sustituyendo a la estatua ecuestre, el famoso obelisco procedente de Luxor, que actúa como hito inicial del espléndido eje que, a través de los Campos Elíseos, llegaría en el siglo XX hasta el barrio de la Défense.
Place de la Concorde. París. Arriba proyecto inicial y debajo la realidad construida (con la Iglesia de la Madeleine en el fondo de perspectiva de la Rue Royale en sus dos versiones).
 Edificios singulares
También la Arquitectura dejó referencias sobresalientes a pesar de la competencia de Versalles y, además, algunos de esos nuevos edificios, por su tamaño o por su ubicación estratégica, se convirtieron en piezas fundamentales en la estructuración urbana de su entorno.
Este caso es especialmente notable en la parte occidental de la rive gauche de París, donde la construcción de Los Inválidos y de la Escuela Militar, junto a las grandes explanadas contiguas, condicionaría definitivamente esa parte de la ciudad. El conjunto de Los Inválidos (Hôtel des Invalides) fue levantado entre los años 1671 y 1676 para acoger a los veteranos inválidos de guerra. Dentro del complejo, construido en terrenos extramuros (aunque se acababa de derribar la muralla), destaca su extraordinaria iglesia (proyectada por Jules Hardouin-Mansart).
Próxima a Los Inválidos, se levantó años después L´ École Militaire, la Escuela Militar de Francia, concebida con gran ambición por Ange-Jacques Gabriel en 1751, aunque las dificultades financieras obligarían a una obra de menores dimensiones que las inicialmente previstas. La Escuela formaría cadetes desde 1756 pero el conjunto no se remataría hasta 1780. La gran explanada que la acompaña, el Campo de Marte, verá levantarse en el futuro la Torre Eiffel.
Vinculado a la Plaza de la Concordia se encuentra otro de los grandes y peculiares edificios parisinos: la iglesia de la Madeleine. Esta iglesia tendrá una historia complicada. Las obras comenzaron en 1764 según proyecto de Pierre Contant d'Ivry pero, con la muerte de éste en 1777, serían continuadas por su discípulo Guillaume-Martin Couture, hasta que se vieron interrumpidas por la Revolución que acabó con el Antiguo régimen. Las obras se retomaron en 1806 pero con una idea totalmente distinta. Ya no sería una iglesia sino un lugar de homenaje al ejército francés, una especie de "templo pagano" dictado por el emperador Napoleón, quién además había quedado seducido por la curiosa propuesta de Pierre-Alexandre Vignon. La nueva Madeleine renacería como un templo griego, para lo cual hubo que desechar casi por completo lo realizado anteriormente. Tampoco Vignon vería acabar su obra ya que falleció en 1828 quedando los trabajos en manos de Jean-Jacques-Marie Huvé, quien lograría concluirla en 1842. La Madeleine sería consagrada como iglesia católica en 1845.
Otro hecho relevante desde el punto de vista urbano fue la eliminación de las viviendas en los puentes.
Esquema con los siete recintos amurallados de París.

El muro de los fermiers généraux (recaudadores de impuestos)
En 1782, los recaudadores de impuestos propusieron al rey Luis XVI la construcción de una nueva muralla que limitara adecuadamente la ciudad y permitiera controlar los accesos a la misma. El objetivo era el cobro de aranceles a cualquier mercancía que entrara en la capital. La idea fue aceptada y el nuevo recinto parisino se delimitó entre 1784 y 1790. Esta muralla, llamada de los  fermiers généraux (recaudadores de impuestos) tuvo como hecho excepcional la singularidad de sus numerosos edificios-puerta (barrières). Las barrières fueron diseñadas en su gran mayoría por Claude Nicolas Ledoux (1736-1806), quien representa junto a Étienne-Louis Boullée (1728-1799) y Jean-Jacques Lequeu (1757-1826) la cumbre de la arquitectura neoclásica.
En 1784, cuando recibió el encargo de la Ferme Générale  para realizar el sistema de oficinas que estructuraría la nueva muralla, Ledoux era ya un arquitecto con prestigio. Planteó sus propuestas como unos nuevos propileos de acceso a la ciudad y con esa idea desarrolló arquitecturas grandilocuentes que exigieron importantes medios materiales. Esto no fue bien entendido por el pueblo en general que veía una contradicción entre los esfuerzos recaudatorios a los que se veía sometido y el derroche que suponía la construcción de los edificios.
Cuatro de las barrières que diseñó Ledoux para la muralla de los Fermiers Généraux. Arriba a la izquierda, la desaparecida Barrière Glaciere según el grabado de Palaiseau. Arriba a la derecha, Barrière del Parc Monceau. Abajo a la izquierda, Barriere Saint Martin en la Villette (Place Strasbourg). Debajo a la derecha, una de las dos Barrière d’ Enfer.
La construcción de las barriéres fue muy impopular y el nombre del arquitecto se asoció a ellas de forma negativa. En 1789, Ledoux fue cesado como director de los trabajos, aunque la mayoría de ellos ya se encontraban realizados (47 barrières de un total de 55). Durante la Revolución Francesa, la muralla y muchas barrières sufrieron importantes desperfectos. Solo quedan cuatro barrières originales de Ledoux. Todas las demás acabarían siendo derribadas. De las cuatro conservadas únicamente dos muestran su “esencia” urbana: la Barrière d’ Enfer y la Barrière du Trône, ya que en las otras dos, apenas queda el recuerdo de su antigua función. Son la Barrière de Chartres, que se encuentra en la entrada del Parc Monceau y la Barrière de Saint Martin ubicada en la Place Strasbourg. No obstante, las barrières de Ledoux desaparecidas son conocidas gracias a los grabados que J.L.G. Palaiseau realizó entre 1819 y 1820. En sus dibujos nos muestra como el arquitecto realizó un espectacular ejercicio de estilo con gran imaginación y variedad.

El plano de Esnauts y Rapilly: llevando la ciudad en el bolsillo.
Jacques Esnauts (ó también Esnault, 1739-1812) y Michel Rapilly (1739-¿?) comenzaron a publicar grabados hacia 1770. Identificados como Esnauts et Rapilly, tuvieron una importante y variada producción que incorporaba mapas, retratos de ciudadanos notables, vistas urbanas o incluso ediciones de moda. Además de sus trabajos gráficos, en los que contaron con una buena nómina de dibujantes y grabadores, Esnauts et Rapilly también editaron libros.
A pesar de la relevancia de su aportación al mundo de la cartografía, Esnauts et Rapilly fueron más conocidos por su contribución al mundo de la moda. Su publicación de La Galerie des Modes et costumes français (La galería de la moda y el vestido francés) es considerada la primera “revista” del mundo de la moda. París ya se había convertido en la ciudad referente en este ámbito y las publicaciones de Esnauts et Rapilly conocieron una importante difusión internacional, disfrutando de un gran éxito entre la aristocracia de aquella época prerrevolucionaria. Publicaron más de 70 portfolios de 6 grabados cada uno durante los diez años que van desde 1778 a 1787.
Grabados  de La Galería de la Moda de Esnauts et Rapilly.
Su publicaciones urbanas abarcaron un amplio espectro, contando con mapas territoriales, planos de ciudades y estampas de edificios significativos (entre estos destacan sus conocidas “Vues des plus beaux édifices publics et particuliers de la ville de Paris”, vistas de los edificios públicos y privados más bellos de París)
La innovación que permitiría la utilización de planos de bolsillo comenzó en 1775, con la publicación de un mapa sobre el entorno territorial de París. Este “Nouveau Plan des Environs de Paris” (Nuevo plan de los alrededores de París) puede ser el primer mapa de carreteras, plegable y transportable con comodidad.
“Nouveau Plan des Environs de Paris” editado por Esnauts y Rapilly en 1775.
Detalle del plano de París de Esnauts y Rapilly en el que se aprecia el sistema de pegado de las láminas.
Las láminas se dividían en hojas separadas que eran pegadas en un lienzo de lino con la holgura necesaria para ser doblado. La flexibilidad del lienzo permitía su plegado numerosas veces preservando así la integridad de lo verdaderamente importante que era el dibujo grabado. Además, si el lienzo se deterioraba, era fácilmente sustituible, con lo que se ampliaba considerablemente la vida del mapa. Nacían así los mapas de “bolsillo” que recibirían un gran impulso comercial debido, en gran medida, al incipiente turismo internacional, para cuyos viajes solicitaba mapas de carreteras y callejeros de ciudades que pudieran ser fácilmente consultables, transportables y duraderos.
También editaron cartografía del “nuevo mundo” como la publicada en 1778 “Carte genérale des colonies angloises dans l’Amerique septentrionale” (Mapa general de las colonias inglesa en América septentrional), pero en el ámbito urbano, su obra más significativa es el “Nouveau Plan Routier de la Ville et Faubourgs de Paris (Nuevo callejero de la ciudad y barrios de París) que se publicó en 1780.
Detalle del plano de París de Esnauts y Rapilly con el Vieux Louvre y la Place Dauphine.
La gran novedad fue la aplicación de las técnicas de plegado que ya habían experimentado en mapas anteriores de escala territorial a la escala urbana, proporcionando un auténtico callejero de la ciudad, con las virtudes comentadas anteriormente: comodidad en su consulta, facilidad de transportable (dentro de un bolsillo por ejemplo) y con una larga durabilidad gracias a su sistema de hojas pegadas en un lienzo (este era el verdadero hecho diferencial).

El plano muestra la ciudad interior a los Grands Boulevards y está compuesto por 24 hojas pegadas en un lienzo. Actúa como callejero al incorporar una amplia lista con las calles parisinas y su ubicación en el mapa a través de una de las claves de localización alfanuméricas habituales. La extraordinaria precisión del mapa es  un fiel testimonio de aquel París previo a la Revolución Francesa, el de los últimos momentos del Antiguo Régimen. 
Detalle del plano de París de Esnauts y Rapilly con la Place Vendôme y la primera versión de la Madeleine.
No obstante, más allá de su indudable valor testimonial, su privilegiado puesto en el mundo de la cartografía es debido a ser el primer plano callejero efectivo de bolsillo.

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