16 nov. 2013

Los Elefantes Blancos en las ciudades y el caso del Cuartel del Conde Duque en Madrid (y 3, Arquitectura).

1. Complejo comercial (Corte Inglés y Hoteles); 2. Universidad Pontificia de Comillas (ICAI); 3. Universidad Pontificia de Comillas (ICADE); 4. Viviendas para el Patronato Militar; 5. Palacio de Liria, 6.Centro Cultural Conde Duque; 7. Museo ABC de Dibujo e Ilustración (antigua fábrica de cervezas Mahou); 8. Iglesia y Convento de las Comendadoras de Santiago; 9.  Iglesia de Santa María la Real de Montserrat; 10. Casa Palacio de don Antonio Barradas, 11. Iglesia de San Marcos; 12. Edificio España; 13. Universidad Central e Instituto Cardenal Cisneros; 14. Ministerio de Justicia (Palacio de la Marquesa de la Sonora); 15. Edificio Coliseum; 16. Edificio de viviendas Gran Vía 60
El Centro Cultural Conde Duque es un “elefante blanco” que se erige como emblema del barrio delimitado por las calles San Bernardo, Alberto Aguilera y Princesa (con la parte final de la Gran Vía).
Este “triángulo urbano” cuenta con interesantes y valiosas piezas arquitectónicas que ofrecen un recorrido por la arquitectura de los últimos cuatro siglos. Allí encontramos, desde joyas del barroco, neoclasicismo, historicismo o racionalismo, hasta ejemplos de la arquitectura más reciente.
Además, presenta una gran variedad tipológica, pudiendo descubrir desde edificios industriales, como la primera fábrica de cerveza que hubo en Madrid (Mahou), hoy reconvertida en Museo ABC de Dibujo e Ilustración; hasta religiosos, como la iglesia de Montserrat, la de San Marcos, o el Convento de las Comendadoras de Santiago; también palacios como el Palacio de Liria, la espectacular residencia madrileña de la Casa de Alba; edificios dotacionales como la antigua Universidad Central de Madrid; o de usos mixtos como el imponente Edificio España.
Con esta tercera entrega finaliza la serie dedicada al Conde Duque y su entorno.



El emblema arquitectónico del barrio, el edificio del Conde Duque en tres momentos de su historia. Arriba en la maqueta de León Gil de Palacio con su aspecto original. En el centro, todavía cuartel militar pero tras la remodelación que elimino las torres y rebajo una planta excepto en el bloque principal. Debajo ya convertido en Centro cultural tras la rehabilitación parcial de 1983.

Edificios religiosos
Antiguamente, el ámbito analizado tuvo numerosos edificios religiosos, pero la mayoría de ellos fueron demolidos en diferentes épocas y por distintas circunstancias. Entre éstos, son destacables los desaparecidos conventos de las Capuchinas, el de las Servitas, el de las Concepcionistas de Santo Domingo, el colegio de  Religiosas del sagrado Corazón de Jesús, el convento de los Afligidos o el de los Mostenses (Padres Premostratenses de San Norberto)
De la extensa lista que poblaba el interior del “triángulo”, en la actualidad, tres edificios religiosos protagonizan el entorno:

Iglesia y Convento de las Comendadoras de Santiago
En 1584 la Orden de Caballeros de Santiago ya no tenía que acudir a cruzadas u otras misiones militares y se dedicaba a promover obras de caridad y beneficencia. En ese año la Orden decidió fundar a sus expensas un convento para  muchachas humildes que no podían tomar los votos monásticos en otras congregaciones por falta de dote. El nuevo convento se llamó “de la Comendadoras de Santiago” y las monjas fueron inicialmente ubicadas en una serie de viviendas que ocupaban la manzana en la que todavía se encuentran. La construcción de la iglesia se aplazaría hasta 1667, fecha en la que comenzaron las obras según el proyecto de los hermanos Manuel y José del Olmo, estando el templo prácticamente concluido en 1675.
En 1753, el arquitecto Francisco Sabatini (1722-1797) se encargó de la unificación de ese heterogéneo conjunto monacal, realizando una reestructuración de la totalidad de la manzana e integrando la iglesia existente. El resultado sería el definitivo Convento de las Comendadoras de Santiago.

Iglesia de Montserrat.
Iglesia de Santa María la Real de Montserrat
La rebelión catalana de 1640 llevó a un grupo de monjes castellanos residentes en el Monasterio de Montserrat (cercano a Barcelona) a huir hacia Madrid. El rey los acogió y los ubicó provisionalmente en el norte de la ciudad, cerca del convento de las Comendadoras de Santiago. Tuvieron que pasar muchos años hasta que este nuevo cenobio pudo afrontar la construcción de un edificio propio. En 1668, reinando Carlos II, se inició por fin el proceso, siguiendo el proyecto realizado por el arquitecto Sebastián Herrera Barnuevo (1619-1671), pero el fallecimiento de éste, complicó el desarrollo del templo, que finalmente quedaría sin concluir. El problema se solventó en 1716, cuando Pedro de Ribera (1681-1742) recibió el encargo de completarlo, diseñando además el alzado principal. No obstante, aunque las obras se dieron por terminadas, la iglesia nunca llegaría a tener las dos torres previstas, quedando como una seña de identidad de la misma esa única torre que caracteriza su asimétrica fachada.
El edificio, que fue declarado Monumento Artístico Nacional en 1914, fue objeto de varias restauraciones, desatacando la de 1920 a cargo de Carlos Gato Villanueva y la de 1983 dirigida por Antón Capitel, Antonio Riviere y Consuelo Martorell.

Planta de la Iglesia de San Marcos, la joya barroca de Ventura Rodriguez.
Iglesia de San Marcos
La iglesia de San Marcos es una de las joyas barrocas que existen en Madrid. Es un pequeño templo, “opera prima” de Ventura Rodriguez (1717-1785), en el que el arquitecto demostró sus profundos conocimientos de la arquitectura barroca italiana. En esta obra logró fundir los influencias de Bernini (de la fachada de Sant’ Andrea al Quirinale de Roma), Borromini (de los alzados interiores de San Carlino, San Carlo alle Quattro Fontane, también en Roma) y Juvara (de la planta de San Filippo Neri de Turín) con gran maestría. La planta es un extraordinario juego geométrico en el que cinco elipses sucesivas se van intersectando de dos en dos sin dejar lugar a ninguna línea recta, en el más puro estilo barroco.
El edificio fue impulsado por el rey Fernando VI para conmemorar la batalla de Almansa, que en 1707, en el día de San Marcos, inclinó la Guerra de Sucesión a favor de su padre Felipe V, el primer Borbón. Para su construcción se escogió el solar que alojaba desde 1632 una ermita con la advocación a ese santo. El proyecto se inició en 1749 y la obra se prolongó hasta 1753.
Un incendio ocurrido en 1925 obligó a su restauración, que fue dirigida por Francisco García Nava. En 1944 fue declarado Monumento Histórico.

Palacios
La zona fue un destino residencial de la nobleza que construyó en ella, principalmente en la calle de San Bernardo, varios palacios (como los Bauer, Parcent, Sonora, Barradas, etc.). Estos edificios fueron sufriendo remodelaciones y en su mayoría, perdieron su cometido original para ser destinados a usos institucionales. No obstante, el palacio más singular del barrio es el espectacular Palacio de Liria, que con sus extensos jardines, sigue siendo la residencia de la Duquesa de Alba.

Imagen de 1860 con el cuartel del Conde Duque y el Palacio de Liria a su izquierda.
El Palacio de Liria
El rey de Inglaterra, Jacobo II (James II, 1633-1701) tuvo cuatro hijos con su amante Arabella Churchill. El segundo, y mayor de los varones, fue James, que recibió el nombre de su padre y como apellido el de  Fitz-James Stuart, que quería decir "hijo de Jacobo Estuardo", una fórmula  utilizada habitualmente por los reyes de la época para nombrar a sus hijos ilegítimos.
En 1687, James Fitz-James Stuart (1670-1734) recibiría de su padre, el rey, el título nobiliario de Duque de Berwick, un ducado de nueva creación. Cuando en 1688, Jacobo II, un rey católico, fue desposeído de la corona por la Revolución Gloriosa que llevó al trono a su hija mayor María II, protestante;  James, el hijo ilegítimo del rey derrocado, partió con su padre hacia el exilio. James entró a formar parte del ejército francés, desde el que acabaría sirviendo a Felipe de Borbón, el pretendiente francés al trono de España. Cuando, tras la Guerra de Sucesión, la dinastía borbónica tomó posesión de la corona española, Felipe V agradeció los servicios en el campo de batalla del Duque de Berwick, creando, en 1707 un nuevo ducado para él, el Ducado de Liria y Jérica, que le fue otorgado.
Años después, en 1767, el III Duque promovió la construcción de la casa familiar madrileña en unos terrenos cercanos al Palacio Real, en el noroeste de la ciudad, en una parcela contigua al cuartel de la Real Guardia de Corps (futuro Cuartel del Conde Duque). La elección del solar para el palacio tuvo que ver con la seguridad que ofrecía la proximidad del real destacamento militar.
El proyecto fue realizado en Francia por el arquitecto Louis Guilbert (el Duque residía entonces en París), planteando el palacio como un edificio exento que ocupaba el centro de una gran superficie ajardinada. Las obras comenzaron en 1770 siendo dirigidas por Ventura Rodriguez (1717-1785) que adaptó el proyecto inicial con bastante libertad según su criterio, finalizando la construcción en 1785.
Es relevante el entronque de esta familia con la de Alba. En 1802 murió sin hijos la Duquesa de Alba, Cayetana (la musa de Goya), por lo que repartió su herencia entre familiares y amigos, destacando la entrega del título de la Casa de Alba a su sobrino Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva (1794-1835), VII duque de Liria y Jérica, quien se convirtió en el XIV Duque de Alba. La residencia familiar del Ducado de Alba, que se encontraba en el Palacio de Buenavista (actual Cuartel General del Ejército en la Plaza de Cibeles), acabó en manos de Manuel Godoy, por lo que la Casa de Alba pasó a residir en el Palacio de Liria.
Foto aérea de 1943. Se observa el Palacio de Liria en ruinas tras la Guerra Civil. Solamente se mantuvieron en pié las fachadas. 
El Palacio es una de las mejores muestras de la arquitectura española del siglo XVIII. Pero su realidad actual es la reconstrucción que se realizó tras la Guerra Civil española, que lo dejó en ruinas. El arquitecto Manuel Cabanyes Mata (1902-1972) dirigió los trabajos entre 1948 y 1956 siguiendo los planos de la reforma que había realizado el arquitecto británico Edwin Lutyens en 1900.

Ministerio de Justicia (Palacio de la Marquesa de la Sonora)
Uno de los edificios históricos notables de la calle San Bernardo es el antiguo Palacio de la Marquesa de la Sonora, actual Ministerio de Justicia, ubicado en el número 45.
El solar perteneció inicialmente al Marqués de la Regalía, quien encargó a Ventura Rodriguez en 1752 el proyecto de su palacio, aunque éste nunca se llegó a ejecutar porque hubo un cambio de dueño. El nuevo propietario, el Marqués de Grimaldo, si construyó su palacio en 1763, según el diseño del arquitecto José Serrano (que estuvo muy influido por el planteamiento anterior de Ventura Rodriguez). Tras ser destruido por un incendio en 1789, el edificio sería adquirido por la Marquesa de la Sonora, quien lo reconstruyó con el arquitecto Evaristo del Castillo, en unas largas obras que duraron desde 1797 hasta 1828.
Tras volver a pasar por varios propietarios, en 1851 recabó en el patrimonio nacional, siendo destinado a Ministerio de Gracia y Justicia. Ya en el siglo XX, entre 1942 y 1947 fue remodelado por Javier Barroso, quien añadió las torres de esquina, siguiendo el estilo nacionalista-herreriano tan característico del momento. En la actualidad continúa siendo la sede del Ministerio de Justicia de España.

Casa Palacio de don Antonio Barradas
En 1799, en la esquina de la calle San Bernardo con la calle de la Palma, se construyó la casa palacio para Antonio Barradas, alto funcionario real, según el proyecto de Silvestre Pérez (1767-1825) uno de los máximos representantes del neoclasicismo español. Poco queda en el interior del edificio original, ya que fue transformado para apartamentos y residencia de estudiantes, con locales comerciales en la planta baja.

Edificios dotacionales
El Cuartel del Conde Duque, abrió el barrio para otros muchos edificios institucionales. Allí se ubicaron desde instalaciones militares hasta la Universidad Central o la Universidad Pontificia de Comillas. También pueden sumarse otros edificios que, aunque inicialmente fueran concebidos para otro uso, han acabado convertidos en dotacionales. Este es el caso de muchos palacios, como los comentados anteriormente, o de inmuebles industriales que fueron remodelados para servir de equipamiento urbano.

Universidad Central en la calle de San Bernardo.
Universidad Central e Instituto Cardenal Cisneros
La Universidad Complutense había sido fundada en 1499 por el Cardenal Cisneros en Alcalá de Henares (la Complutum romana) y había alcanzado una gran reputación. La pujanza de Madrid requería una Universidad de prestigio y se decidió, en 1836 por orden de Isabel II, trasladarla a la capital.
Inicialmente tuvo varias ubicaciones provisionales en la zona del Conde Duque (el Seminario de Nobles y el convento de las Salesas Nuevas) hasta que se construyó un edificio propio en la calle de san Bernardo. Fue rebautizada inicialmente como Universidad Literaria para ser conocida desde 1851 como Universidad Central.
Para su ubicación definitiva se escogió el solar del antiguo Noviciado de Jesuitas que había sido desamortizado en 1836. El rediseño del edificio fue realizado en 1842 por arquitecto Francisco Javier Mariategui. Pero este arquitecto falleció antes tras finalizarlo y fue Narciso Pascual y Colomer quien lo continuó (suyo es por ejemplo el Paraninfo, que aprovechó parte de la antigua iglesia de los jesuitas).
La obra tardó en ser completada, ya que en la esquina de la calle de San Bernardo con la actual calle de los Reyes se encontraba la casa del Marqués de Bendaña que impedía completar el edificio (finalmente sería derribada por esa causa). En 1882, el arquitecto Francisco Jareño proyectó el edificio actual del Instituto Cisneros aprovechando la realineación de la calle de los Reyes. Todavía en 1927 fue levantado un nuevo pabellón según proyecto de Javier de Luque, pero ese mismo año, se tomó la decisión de levantar una nueva “ciudad universitaria” en las afueras de Madrid, en el barrio de Moncloa sobre unos terrenos cedidos por el rey Alfonso XIII.
La puesta en marcha de la Ciudad Universitaria en 1929, significó el inicio de la decadencia del edificio de San Bernardo, que aunque ha seguido manteniendo usos vinculados con la Universidad, se encuentra infrautilizado y ofreciendo una imagen decadente. La  Ciudad Universitaria de Madrid fue presentada en este blog en el artículo “1929, Barcelona empresarial, Madrid institucional. (Paralelismos y Divergencias entre Madrid y Barcelona, 5)”
Como curiosidad por la denominación, cabe recordar que la reforma de los estudios universitarios realizados en 1970 dividió la Universidad en dos entes diferentes: por una parte, la Universidad Complutense, que recuperaba el nombre original  y se dedicaría a los estudios de ciencias y humanidades;  mientras que por otra, la Universidad Politécnica se dedicaría a las escuelas técnicas.

Universidad Pontificia de Comillas. Cuerpo central de acceso del Edificio ICADE.
Universidad Pontificia de Comillas (ICADE e ICAI)
La Compañía de Jesús recibió, en 1903, una importante donación económica que debía ser destinada a la construcción de un centro de enseñanza profesional para obreros. Sobre este planteamiento, los Jesuitas, propusieron añadir a la escuela de enseñanza profesional obrera un Colegio de Bachillerato para externos de clase media (la Compañía ya tenía uno en Chamartín, aunque orientado a las clases altas). Los objetivos de esta decisión eran favorecer la promoción del proletariado, que podría acceder al bachillerato, y la convivencia entre dos clases sociales muy alejadas.
Se escogió para ello un solar en el Paseo de Areneros (actual calle de Alberto Aguilera). El proyecto fue redactado por el arquitecto Enrique Fort y Guyenet, quien diseñó en 1903 un edificio de ladrillo con un lenguaje neomudéjar, que fue finalizado en 1910. Se realizó en varias etapas, en función del crecimiento de la institución (en la segunda se construyó la Iglesia de la Inmaculada y San Pedro Claver que actúa como capilla de la institución).
Sin acabar todavía la primera fase de la construcción, en 1908 se puso en marcha la escuela de mecánica y electricidad para la formación obrera, embrión del Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI, que acabaría formando ingenieros de diferentes especialidades). Un año después lo hacía el colegio de bachiller, el Colegio de Areneros (conocido así por el Paseo en el que se encontraba, aunque su nombre oficial era Colegio de la Inmaculada y San Pedro Claver).
La necesidad de disponer de talleres adecuados para las enseñanzas técnicas llevó a la construcción de un nuevo edificio en la manzana contigua, que también había sido adquirida por los jesuitas. El proyecto de esta nueva construcción, cuyas obras finalizaron en 1912, fue realizado por Antonio Palacios Remilo (1876-1945).
Con la llegada de la Republica en 1931, la Compañía de Jesús fue expulsada del país y los edificios incautados por el gobierno que los destinó a otros usos. Tras la Guerra Civil, la Compañía fue readmitida y los edificios le fueron devueltos, teniendo que ser rehabilitados para reanudar la docencia.
En 1956 se iniciarían, como formación de posgrado, los estudios de Dirección de Empresas que, desde 1960, se incorporarían a las enseñanzas universitarias como ICADE (Instituto Católico de Administración y Dirección de Empresas) ofreciendo diferentes itinerarios universitarios vinculados a las carreras de Derecho y Ciencias Empresariales. Finalmente, ICADE ocuparía el edificio original e ICAI el edificio de talleres que, para acoger la totalidad de la escuela de ingenieros (y la biblioteca común), necesitó una ampliación considerable (en vertical), realizada en 1985.
Imagen del Museo ABC de Dibujo e Ilustración, la obra más reciente del barrio en la que conviven la vanguardia con la imagen  tradicional de la antigua fábrica de cerveza Mahou.

Museo ABC de Dibujo e Ilustración (antigua fábrica de cervezas Mahou)
Casimiro Mahou Bierhans fue un emigrante francés que se instaló en Madrid trabajando en la fabricación de colores y barnices para pintores. Sus cuatro hijos heredarían el negocio y lo ampliarían incorporando la fabricación de cerveza. Esta nueva etapa comenzó en 1889 con la constitución de la empresa “Hijos de Casimiro Mahou, Fábrica al Vapor de Colores, Barnices, Hielo y Fábrica de Cerveza". En 1894 según el proyecto del arquitecto Francisco Andrés Octavio, construyeron la fábrica en la calle Amaniel, 29. El éxito de la cerveza iría eliminando los otros productos de la compañía y, además, obligaría a constantes ampliaciones de las instalaciones, que fueron creciendo dentro de la misma manzana. Hubo tres grandes remodelaciones-ampliaciones que fueron dirigidas por José López Sallaberry (la primera, entre 1899 y 1900), el propio Francisco Andrés Octavio (la segunda entre 1901 y 1907) y Lorenzo Gallego Llausas (la tercera entre 1916 y 1930).
En el año 1962, el gran crecimiento de la empresa motivado por la fuerte demanda en el sector cervecero y las necesidades de la industrialización de procesos, obligaron a trasladar las instalaciones al Paseo Imperial (en 1993 se reubicaría definitivamente en Alovera, Guadalajara). El complejo de Amaniel quedó abandonado hasta 1993, fecha en la que una parte del mismo se transformó en el Archivo Regional madrileño, según proyecto de Salvador Pérez Arroyo, mientras que en la zona de la calle del Limón se construyeron viviendas.
Un nuevo traslado (en 2003 el Archivo cambio de sede) volvió a dejar vacío el edificio hasta que finalmente, en 2010, fue convertido en el actual Museo ABC de Dibujo e Ilustración, con un proyecto realizado por los arquitectos María José Aranguren y José González Gallegos.
El planteamiento de la rehabilitación ofrece un fuerte contraste entre el edificio original de ladrillo “neomudéjar” y los nuevos espacios museísticos, en un interesante diálogo entre historia y vanguardia, destacando la espectacular formalización de la plaza-vestíbulo de acceso. Inmune a todas las variaciones, la chimenea original de la fábrica permanece testimoniando su pasado industrial.

Arquitectura de la Plaza de España y la Gran Vía.
La acera de los pares del tercer tramo de la Gran Vía, desde San Bernardo hasta la Plaza de España, contiene algunas referencias arquitectónicas de interés, aunque el gran hito de esta parte del “triángulo” es el Edificio España.

El edificio España, arriba con su imagen característica presidiendo la Plaza de España y debajo su parte posterior en convivencia con un barrio de otra escala.
Edificio España
La Plaza de España es una creación del siglo XX, surgida a partir del derribo, en 1911, del gran Cuartel de San Gil que ocupaba gran parte de la misma. Hasta entonces la pequeña Plaza de Leganitos era el único espacio público que articulaba el cruce entre la calle del mismo nombre que nacía en la Plaza de los Afligidos y se dirigía hacia el centro, con la vía que llegaba desde la Puerta de San Vicente y continuaba hacia el interior del barrio.
El planteamiento del tercer tramo de la Gran Vía sugirió la creación de una gran plaza que recogiera los tráficos procedentes del noroeste (desde la calle Princesa y desde la Cuesta de San Vicente) para redireccionarlos hacia el centro de la Villa. Tras los derribos, con la nivelación de la calle Princesa y la construcción del Edificio España y la Torre de Madrid se daría forma a este espacio tan significativo de la ciudad.
El Edificio España fue durante unos años el más alto de la capital, hasta que se vio superado por la vecina Torre de Madrid. Fue promovido por la Compañía Inmobiliaria Metropolitana (vinculada a los hermanos Otamendi, a quienes dedicamos un artículo en este blog) y construido entre 1948 y 1953. Supuso un innovador planteamiento de mezcla de usos (hotel, centro comercial, apartamentos, viviendas y oficinas) según un diseño del arquitecto Julián Otamendi (con la colaboración estructural de su hermano José María Otamendi, ingeniero, que además dirigía la compañía). El edificio preside la Plaza de España con sus 65.000 metros construidos y es uno de los hitos de la ciudad. La contigua Torre de Madrid fue realizada años después, entre 1954 y 1960, por la misma firma inmobiliaria y diseñada por el mismo arquitecto.
La Compañía Inmobiliaria Metropolitana acabó convertida en Metrovacesa, empresa que en 2005 vendió el edificio al Banco de Santander (a un Fondo de Inversión Inmobiliaria del mismo). En la actualidad se encuentra totalmente desocupado a la espera de un nuevo propietario que pueda activarlo.

Edificio de viviendas Gran Vía 60
El número 60 de la Gran Vía es un edificio de viviendas que perteneció al Banco Hispano de Edificación. El proyecto fue realizado en 1930 por Emilio Ortiz de Villajos y en 1943 la fachada, que había quedado muy deteriorada por la Guerra Civil, fue remodelada por Casto Fernández-Shaw.  Destaca en él, el remate escultórico realizado por el escultor Victorio Macho.

Planta y alzado del Edificio Coliseum de la Gran Vía.
Edificio Coliseum
Ubicado en la Gran Vía número 78, este edificio fue proyectado por los arquitectos Pedro Muguruza Otaño y Casto Fernández Shaw (quién además dirigiría las obras) tras el encargo del compositor Jacinto Guerrero. Se construyó entre 1931 y 1933.
La idea era crear un teatro moderno (en el que el Maestro Guerrero estrenó varias de sus obras), aunque acabó convirtiéndose en un cine hasta el año 2000, cuando recuperó su uso original para especializarse en musicales. Las plantas superiores contendrían viviendas en alquiler.


Y aunque quedan fuera del interior del “triángulo” analizado, en sus límites también encontramos hitos como la Torre de Madrid, el convento de las Salesas Nuevas, palacios como el de Parcent o el Bauer, e incluso la reconstrucción de la gasolinera Porto Pi, tan relevante dentro de la historia de la arquitectura racionalista española.
La viviendas para el Patronato Militar, diseñadas por Fernando Higueras y Antonio Miró, o la operación que dio origen al complejo comercial de El Corte Inglés y sus hoteles contiguos, fueron comentadas en el artículo anterior.


Con esta tercera entrega finalizamos la serie dedicada al Conde Duque y su entorno.

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