28 dic. 2013

Astaná, una nueva capital para el siglo XXI que se debate entre la sobriedad de las ideas y la opulencia de las formas.

Astaná no deja indiferente porque sorprende por su desinhibido eclecticismo, por sus espectaculares y controvertidas formas, por sus estridentes colores, por la amplitud de sus espacios o por sus discutibles juegos de escala, todo ello dentro de un dinamismo extraordinario que mira con optimismo hacia el futuro. 
Astaná es una ciudad que no deja indiferente. La nueva capital de Kazajistán es presentada con orgullo por sus promotores, que la consideran un modelo de futuro y un ejemplo de la economía emergente del país, pero es analizada con reservas desde la mirada occidental.
Astaná es una ciudad relativamente nueva. Su anterior nombre era Akmola y ya contaba con 300.000 habitantes antes de ser designada capital en 1997. Desde entonces, la ciudad se ha reinventado en un interesante debate entre la sobriedad de las ideas (propuestas por Kisho Kurokawa), que encuentran dificultades para implantarse, y la opulencia de unas formas que ofrecen una peculiar representación urbana. El proceso  urbano continúa y Astaná se prepara para un nuevo capítulo de gran trascendencia, albergar la Exposición Internacional de 2017 que se celebrará con el lema La Energía del Futuro,
La formalización de Astaná, más allá de la planificación urbana, parece buscar su identidad basculando entre el camino seguido por otras ciudades enfrentadas a un entorno hostil, como Las Vegas o Dubai, que han apostado por el espectáculo urbano, y el camino de una monumentalidad de “nuevo rico”, con tendencias kitsch, que mira posmodernamente a San Petesburgo. Los resultados obtenidos hasta el momento sorprenden por su desinhibido eclecticismo, por sus espectaculares y controvertidas formas, por su estridente colorismo (incluso nocturno), por la amplitud de sus espacios o por sus discutibles juegos de escala, todo ello en un contexto de inversiones multimillonarias y con un dinamismo extraordinario que mira con optimismo hacia el futuro.

Astaná, una nueva capital para un nuevo país, Kazajistán.
Kazajistán es mayoritariamente una estepa inmensa, que ha estado poblada desde tiempos remotos por grupos nómadas dedicados al pastoreo. Hacia el siglo XV, comenzó a aparecer una identidad kazaja que agrupó a muchas de las tribus de la región y que conseguiría crear una cultura, una economía y un idioma propios. Durante el siglo XIX, la expansión del Imperio Ruso hacia Asia central, puso su punto de mira en este territorio, colonizándolo tras una fuerte resistencia de los kazajos. El vínculo con la cultura rusa se intensificó en 1920, cuando se convirtió en una de las Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Finalmente, con la disolución de la Unión Soviética, que dio origen a un conjunto de nuevos países, Kazajistán declaró su independencia en 1991. En ese mismo año, el que fuera líder del partido comunista desde 1980, Nursultán Nazarbáyev (1940) se convertiría en el presidente de la inicipiente República. Nazarbáyev ocupa el cargo desde entonces, gobernando el país con un fuerte personalismo.
Mapa de la República de Kazajistán. Astaná se encuentra en el centro del norte, mientras que Almaty, la antigua capital está ubicada en el sureste, próxima a Kirguistán y China.
Seis años después, en 1997, se decide trasladar la capital del país desde Almaty a Akmola, una ciudad situada unos mil kilómetros al norte, que se había desarrollado durante la época de la Unión Soviética como centro de producción de trigo. La nueva capital, más centrada en el territorio del país, sería entonces rebautizada como Astaná (que significa “capital” en kazajo) y preparada para un nuevo futuro.
Se argumentaron diversas cuestiones para fundamentar esta decisión. En primer lugar por el simbolismo que el cambio de capital transmitía, al asociarse al naciente estado independiente. También se justificó porque Almaty, la antigua capital, se encontraba próxima a la frontera sur del país, mientras que Akmola (Astaná) se ubicaba en el centro del mismo. Se adujeron razones que tenían que ver con la vulnerabilidad de Almaty a los terremotos o la proximidad de la cordillera Tian que constreñía su crecimiento. Y desde luego pesaron las razones geopolíticas que buscaban controlar el norte de Kazajistán, con una gran población de etnia rusa. La decisión permitiría desarrollar una ciudad “del siglo XXI” que asombraría al mundo y publicitaría el papel autónomo de Kazajistán.
No obstante, Almaty sigue siendo la ciudad más poblada del país (en 2013 cuenta con 1,5 millones de habitantes). Pero el crecimiento de Astaná es espectacular: desde los 277.000 habitantes que tenía cuando todavía se llamaba Akmola y fue designada capital, se ha pasado a las 780.000 personas en 2012. Las últimas previsiones apuntan a que en 2020 se alcanzará el millón doscientos mil habitantes (cuando las estimaciones iniciales fijaban una población de un millón de habitantes para el año 2030).
Astaná sorprende con yuxtaposiciones de escala como la mostrada en la imagen.
Astaná es otro ejemplo de esos luminosos faros urbanos que muestran los países emergentes. En este caso, su despegue se apoya en el significativo crecimiento económico que disfruta Kazajistán desde el año 2000, en buena parte debido a sus grandes reservas de petróleo, gas y recursos minerales.

El Máster Plan de Astaná: el intento de Kisho Kurokawa para crear la Ciudad Metabólico-Simbiótica.
En 1998 se convocó un concurso internacional para diseñar el Master Plan de la nueva capital. El primer premio recayó en el arquitecto japonés Kisho Kurokawa (1934-2007), quien aceptó el reto de dar forma a la nueva Astaná como una oportunidad para plasmar en ella sus reflexiones sobre la Ciudad Metabólico-Simbiótica.
Kisho Kurokawa se había dado a conocer internacionalmente como uno de los miembros fundadores del Movimiento Metabolista. Este grupo se presentó en el último CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna) celebrado en 1959, incluyendo arquitectos y urbanistas japoneses, como su líder Kenzo Tange, Kiyonori Kikutake, Fumihiko Maki, Arata Isozaki o Youji Watanabe. Los Metabolistas adoptaron esa denominación porque concebían la ciudad como un ser vivo, en permanente transformación y fue precisamente esta idea de cambios “fisiológicos” entre el organismo vivo-ciudad y el medio exterior (incluso social) la que les sugirió el nombre.
Sus estrategias formales planteaban ciudades que buscaban responder al cambio conjugando las megaestructuras tecnológicas con estrategias orgánicas de crecimiento. La idea abstracta era una gran estructura-marco encargada de todas las funciones urbanas sobre la que se “enchufaban” módulos prefabricados/industrializados que podrían extenderse, cambiarse o ser modificados en función de las necesidades de cada momento. Uno de sus proyectos más conocidos es la propuesta de Kenzo Tange para la bahía de Tokyo.
Partiendo de esta base, en los años posteriores Kurokawa evolucionó su pensamiento trabajando con conceptos como la simbiosis, la ecología, el reciclaje o los fractales. Esto le llevó a enfocar su quehacer profesional e intelectual hacia la búsqueda de un paradigma que posibilitara, como expresaba él mismo, “el salto de la Era de la Máquina a la Era de la Vida”. Finalmente, lanzaría su Teoría de la Simbiosis, en la que enunciaba la necesidad de unificar valores hasta ahora enfrentados, como por ejemplo, la naturaleza y la ciudad, la historia y el futuro, o lo local y lo universal, entre otras duplas que tras ser armonizadas permitirían conseguir la verdadera transición a la “era de la vida”.
La Ciudad Metabólico-Simbiótica de Kurokawa plantea, por un lado, una ciudad cambiante, con una particular relación con su medio y, por otro lado, una ciudad que reconcilia una serie de cuestiones, cuya unificación facilitaría la vitalidad y la identidad urbana.
Astaná presta gran atención al diseño de sus espacios públicos, amplios y numerosos. En la imagen aparece al fondo el edificio azul de la Universidad Nacional de las Artes

Los Master Plan de Kisho Kurokawa para Astaná.
En 1998, Kurokawa presentó su primer Máster Plan para Astaná. Pero la obstinada realidad fue desvirtuando el rigor formal de la propuesta inicial y en 2001, el arquitecto japonés expuso una nueva versión que luchaba por mantener las señas de identidad metabólico-simbiótica, aunque sin la fuerza geométrica original. Tras el fallecimiento de Kurokawa en 2007, sus colaboradores continúan trabajando junto a los responsables urbanos de Astaná para concretar un plan al que todavía le queda mucho desarrollo.
Para Kurokawa, Astaná fue la oportunidad de poner en práctica sus reflexiones urbanas. Por ello la ciudad se basa en los dos conceptos más importantes que, para Kurokawa, caracterizaban la “época de la vida”: el metabolismo y la simbiosis.
En primer lugar, Kurokawa, consciente de que en la nueva capital se iba a producir un rápido crecimiento poblacional, propuso una ciudad “metabólica”, es decir una ciudad capaz de crecer equilibradamente y preparada para el cambio permanente. Para ello Kurokawa se alejó del esquema radioconcéntrico habitual que privilegia una posición central para proponer un esquema lineal de uso (una especie de zonificación lineal, Linear Zoning System). Con este sistema pretendía compensar adecuadamente las funciones de la ciudad en cada etapa de su evolución. Además, planteó una estrategia de desarrollo flexible que no se basaba en un Master Plan típico (que focaliza su visión en un resultado final) sino en un Master System, un proceso que cada cinco años debe analizar y revisar la ciudad para ajustar y cambiar lo necesario.
Pero también el Plan de Kurokawa se presentaba como una propuesta de “Ciudad Simbiótica”. En primer lugar porque preservaba la ciudad existente (la antigua Akmola que contaba con casi 300.000 habitantes), organizando la nueva extensión en el sur y el este del rio Ishim, con el objetivo de mantener un diálogo entre la historia y el futuro. El rio se convertiría en el eje sobre el que se apoyarían los nuevos edificios residenciales buscando la simbiosis entre rio y ciudad. También buscaba la simbiosis entre el bosque y la ciudad a través de la línea ferroviaria. Kurokawa proponía unas determinadas formas arquitectónicas para los principales edificios administrativos que se iban a construir, jugando con formas geométricas simplificadas y con los símbolos históricos de la cultura del país, con el deseo de realizar una fusión también entre lo local y lo universal.
Maqueta con la primera propuesta de Kurokawa para el trazado de Astaná, donde se aprecia la rotundidad geométrica de sus planteamientos.
El primer plan de Astaná contaba un fuerte sustrato geométrico con el que intentaba integrar los tejidos anteriores con los nuevos trazados. Una gran circunferencia (la gran vía de circunvalación) englobaba la ciudad existente y los nuevos crecimientos, siendo además un eje de referencia para crecimientos lineales apoyados en la curva. Una gran pieza urbana longitudinal (este-oeste) albergaba los principales edificios públicos de la nueva capital y daba la pauta de ordenación (en otro eje perpendicular y verde) para otros grandes equipamientos, como serán la Expo 2017, el jardín botánico o la ciudad del Deporte, así como para sectores residenciales. Otras señas de identidad de aquella primera propuesta de Kurokawa para Astaná son el pasillo verde ferroviario, potenciando una Business City a partir de la reconstrucción de la estación preexistente; la integración del trazado irregular del rio Ishim, o la propuesta del bosque sur. Es destacable también el equilibrio con la ciudad preexistente, que ya contaba con una compleja mezcla de funciones.
Astaná se encuentra sometida a un importante riesgo de inundaciones. El deshielo de las cumbres incrementa extraordinariamente el caudal del rio Ishim anegando todo a su paso. Para proteger a la nueva ciudad de estos peligros se planteó, por ejemplo, que las vías de circunvalación se elevaran unos 3 metros, constituyendo bancadas para retener el agua en momentos de crecida, o la construcción de un gran estanque para regular las crecidas.
Destaca la propuesta de plantación de un gran bosque en el sur de la ciudad con el objetivo de protegerla del polvo en las épocas ventosas. Este bosque artificial podría estimular, además, una serie de industrias relacionadas con la ecología y la biotecnología.
Finalmente se dio mucha importancia a las infraestructuras para el reciclado de los residuos sólidos urbanos y para la reutilización del agua con el objetivo de situar a Astaná en cabeza de las ciudades sostenibles de un siglo XXI que, entonces, se iba a inaugurar.

Plano con la versión de 2001 realizada por Kurokawa. La rotundidad geométrica ha desaparecido y algunas de las piezas interiores son menos ambiciosas.
No obstante, la ambición y pureza de los esquemas iniciales se han visto transformadas por las exigencias de la realidad. La gran circunferencia de circunvalación se adaptado como polígono irregular o la rotundidad de la gran parcela longitudinal que marcaba el carácter de la nueva zona se ha visto considerablemente reducida. Aunque, a pesar de las dificultades, se sigue manteniendo el espíritu monumental de la ciudad.
Arquitecturas de Astaná en su colorida nocturnidad. Arriba a la izquierda: los edificios del parlamento (rojo y azul), el Samruk Kazyna (verde) y la torre Baiterek con su gran esfera dorada. Arriba a la derecha, el Khan Shatyr. Abajo a la izquierda, el Palacio presidencial. Abajo a la derecha, el edificio Kazmunaygas con el Khan Shatyr bajo su arco.
 
Arquitecturas de Astaná. Arriba a la izquierda: el edificio del Music Hall, la gigantesca ánfora tradicional kazaja alberga el auditorio. Arriba a la derecha, la gran Mezquita de Astaná. Abajo a la izquierda, las dos torres de oficinas (conocidas popularmente como los “plátanos”) que enmarcan el Palacio presidencial. Abajo a la derecha, el Auditorio Central de Kazajistán.

La nueva arquitectura de Astaná y sus extensísimos espacios libres impactan, despertando tanto adhesiones como rechazos. Algunos ejemplos arquitectónicos son el Palacio de la Paz y la Reconciliación (también conocido como la “Pirámide”), un proyecto desarrollado por Foster and Partners (2006). El mismo equipo de arquitectura diseñó el Khan Shatyr Entertainment Centre, un edificio que pretende proporcionar a la ciudad un espacio climatológicamente adaptado. Hay que tener en cuenta que Astana puede fluctuar entre los 40 grados de verano y los 40 bajo cero de invierno. El Khan Shatyr es una gran estructura que encierra una superficie aproximada de 100.000 metros cuadrados, y que fue diseñado teniendo en mente la imagen de las antiguas tiendas nómadas de la estepa kazaja. El Auditorio Central de Kazajistán fue construido en 2009 según el diseño del arquitecto italiano Manfredi Nicoletti. El Bayterek es una torre monumental de 105 metros de altura que se convierte en un observatorio y en un elemento simbólico recordatorio de la leyenda de Astaná: el Bayterek, que significa “álamo  alto”, representa el mito del ave sagrada Samruk, que cada año pone un huevo de oro (en referencia al sol) en la copa de un grandioso árbol de la vida.
Maqueta de la Indoor City proyectada y debajo imagen de uno de los canales venecianos cubiertos que se pretenden construir.
Actualmente se está construyendo el que será el edificio más alto de la ciudad (y también del país y de todo el Asia central). El Abu Dhabi Plaza alcanzará los 382 metros de altura según el diseño del equipo británico HKR Architects. El edificio, que contará con uso de oficinas, residencial, comercial y hotelero, tiene prevista su inauguración para 2017.
El complejo Abu Dhabi Plaza, con sus 382 metros, será el edificio más alto de la ciudad y de toda Asia Central. Tiene prevista su inauguración para 2017.

El futuro próximo de Astaná: la Exposición Internacional de 2017.
Astaná sigue su evolución mientras se prepara para uno de los momentos importantes del futuro próximo: la celebración de la Expo 2017, un evento que supondrá algo parecido a una “puesta de largo” internacional (100 países y 10 organizaciones internacionales han confirmado su participación y se esperan cerca de 3 millones de visitantes entre junio y septiembre de ese año).
Las Exposiciones Internacionales cuentan ya con una larga trayectoria de más de 160 años  desde aquel inicio londinense en 1851 con el reconocido Crystal Palace.
Actualmente hay dos categorías de exposiciones, las denominadas Exposiciones Universales (cuyo nombre oficial actualmente es “Exposiciones registradas”) y las Exposiciones Internacionales (oficialmente “Exposiciones reconocidas”).
Las Exposiciones Universales son la categoría superior y tras su reciente regulación se celebran cada cinco años (en años acabados en 0 y en 5) con una duración máxima de seis meses. Ocupan una superficie muy grande, habitualmente entre 300 y 400 hectáreas (aunque, por ejemplo, Shanghái ocupó 528 hectáreas).  Los pabellones, que suelen ser grandes (el pabellón chino en Shanghái tuvo 20.000 metros cuadrados), pueden ser construidos por cada país o por el estado anfitrión, que lo alquila al participante. A esta categoría perteneció la Expo 1992 Sevilla. La última Exposición Universal fue la Expo 2010 Shanghái, y en menos de dos años se celebrará la Expo 2015 Milán (la siguiente está adjudicada a Dubai 2020).
Las Exposiciones internacionales son la categoría inferior y son exposiciones especializadas ya que abordan un tema específico, duran un máximo de tres meses, no pueden ocupar un solar de más de 25 hectáreas y los pabellones son construidos por el país anfitrión. Las últimas Exposiciones Internacionales son Expo 2008 Zaragoza y Expo 2012 Yeosu y a esta le sucederá la Expo 2017 Astaná.
Astaná acogerá la Exposición Internacional de 2017 con el lema La Energía del Futuro. El solar elegido para su ubicación se encuentra en el eje verde perpendicular que parte desde el Bayterek hacia el sur (y tendrá como hito inicial al Abu Dhabi Plaza). En las proximidades se encuentra la Ciudad del Deporte (con el Astaná Arena, diseñado por Tabanlioglu Architects y Populous e inaugurado en 2009), el futuro Jardín Botánico, el Cluster Médico o la Universidad Nazarbáyev.
Ubicación del solar de la Exposición Internacional de 2017.
Para el diseño de la Expo 2017 se convocó un concurso internacional de arquitectura al que acudieron algunos de los equipos internacionales más reconocidos. El pasado noviembre se anunció que el proyecto ganador de la competición, y que será por lo tanto desarrollado, es el propuesto por los arquitectos de Chicago, Adrian Smith + Gordon Gill Architecture (AS+GG).
 
Propuesta ganadora para la Exposición Internacional de 2017 realizada por Adrian Smith + Gordon Gill Architecture (AS+GG).

Astaná ha dado pasos de gigante en su nueva conformación pero todavía queda mucho camino para completar el ambicioso plan concebido cuando la ciudad fue designada capital de Kazajistán.

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