28 jun. 2014

Gentrificación y tugurización: procesos opuestos en la transformación social de barrios (vocabulario urbanístico).

Berlín ha sido una de las ciudades que más se ha transformado gracias al fenómeno de la gentrificación.
El Urbanismo suele tener dificultades con su vocabulario. Son pocas las palabras propias, y en consecuencia, la utilización de términos procedentes de otras disciplinas, la invención de neologismos o la importación desde otros idiomas, complica la comunicación.
Dos de esas palabras, relativamente nuevas en el “diccionario urbano”, son gentrificación y tugurización. Ambas responden a un mismo fenómeno que se está produciendo en las ciudades actuales, que observan, en alguna de sus partes, la sustitución de un tejido social por otro.
Pero esos dos términos adoptan sentidos opuestos. La gentrificación expresa un cambio de menos a más (en términos socioeconómicos) y supone, por lo general, el éxodo de los grupos vulnerables que residían en un barrio determinado y su reemplazo por un segmento social económicamente superior. Por el contrario, la tugurización expresa el proceso inverso, y supone ir de más a menos (también económicamente hablando). Esto implica la desaparición de los grupos preexistentes (clases medias y altas, por lo general), que abandonan su espacio, para pasar a ser ocupado por clases sociales pobres e incluso marginales.
Las dos transformaciones implican importantes consecuencias urbanas.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
El vocabulario urbanístico.
La disciplina urbana ha tenido (y tiene) dificultades con su vocabulario, comenzando por la designación más general. A mediados del siglo XIX, Ildefonso Cerdá dio un primer paso cuando propuso el neologismo “urbanización” para referirse al proceso de transformación del suelo para convertirlo en parte de la ciudad. No obstante, él término tardaría en asentarse, entre otras cosas, porque se buscaba una palabra más general, con capacidad para designar el amplio conjunto de conocimientos vinculados a lo urbano. De hecho, cuando César Cort se convirtió en 1922, en el primer catedrático de Urbanismo de la Escuela de Arquitectura de Madrid (y de toda España), propuso para su Cátedra la denominación de Urbanología.
Incluso, todavía a mediados del siglo XX en los diccionarios, la palabra urbano estaba relacionada con la urbanidad, es decir con el comportamiento correcto y con los buenos modales que demuestran buena educación y respeto hacia los demás.
El Urbanismo, o la Urbanística (cuyo sufijo hace referencia a su aspiración científica) han tenido que inventar palabras para formar su propio vocabulario, utilizar otras prestadas por otras disciplinas y, sobre todo, han tenido que importar términos de otros idiomas (principalmente el inglés) adaptándolos de mejor o peor manera al español (y en muchos casos manteniendo el original).
Más allá de estas dificultades de base, numerosos términos empleados  suelen ofrecer una polisemia que complica su uso riguroso. Esto es bastante habitual en casos procedentes de otros campos y que suelen plantearse como analogías.
Como ejemplo podemos citar las palabras trama y tejido, procedentes del mundo textil , y muy utilizadas para referirse a los trazados urbanos. En puridad reflejan realidades diferentes pero, en muchas ocasiones, son utilizadas como sinónimos.
Trama es un concepto parcial. Originalmente corresponde al conjunto de hilos que cruzados con otro, (denominado urdimbre y que lleva habitualmente una dirección perpendicular), conforman una tela. Hablar de trama en urbanismo quiere hacer referencia a la concepción bidimensional de la estructura de los espacios urbanos, a la disposición de sus trazados, a la base sobre la que se “levantan” las edificaciones.
Complementariamente se utiliza la noción de tejido. Tejer es “componer, ordenar y colocar con método y disposición una cosa” y, por otra parte, desde el punto de vista biológico, la palabra tejido también designa a la asociación de células de un ser orgánico que, aunque tienen estructura y función análogas, se encuentran bien diferenciadas. En urbanismo, tejido ofrece un significado más complejo que trama. Su mayor amplitud deriva de la consideración de la composición total (trama + edificación) por lo que suele identificarse como un concepto en “tres dimensiones”. Si los edificios son sustituidos, o aumentan su edificabilidad (construyéndose más alturas, por ejemplo), la trama no cambia, pero el tejido sí lo hace. La palabra tejido, por lo tanto, propone un sentido más completo que la palabra trama.
Y si, además, le añadimos el adjetivo social, adquiere nuevos matices, al referirse a los grupos humanos que residen en una determinada zona. Así pues, tejido social aludiría al conjunto de individuos residentes en un área de la ciudad que integran un grupo gracias a la existencia de unas relaciones, costumbres e interacciones  que dan cohesión al conjunto. No implica una coherencia entre los miembros, sino una coexistencia relacionada.
El tejido social es uno de los términos que están abriendo un campo de análisis muy amplio. Puede presentar diferentes escalas, pudiendo considerarse de un modo localizado o de una manera más extensa. Las ciudades no acogen un tejido social homogéneo en todas sus partes, sino que cada espacio suele identificarse por la presencia de una determinada mezcla humana que lo caracteriza. En la ciudad antigua, los grupos sociales que integraban el tejido social presentaban composiciones de bastante simplicidad en comparación con la complejidad y sofisticación que presentan las ciudades actuales.

Dos de las palabras, relativamente nuevas en el “diccionario urbano”, hacen referencia a cuestiones relacionadas con el tejido social urbano: son gentrificación y tugurización. Ambas responden a un mismo fenómeno que se está produciendo en las ciudades actuales, pero que adopta sentidos opuestos. Se trata de la sustitución de un tejido social por otro. Los residentes habituales de un barrio desaparecen por causas variadas y son sustituidos por otros que ocupan su lugar. Este reemplazo conlleva una cascada de transformaciones que modifican de forma muy importante los espacios donde se producen.
Pero a pesar de su similitud de base, las dos palabras manifiestan tendencias contrarias. La gentrificación expresa un cambio de menos a más (en términos socioeconómicos) y supone el éxodo de los grupos vulnerables que habitaban en una zona determinada (por ejemplo ancianos o clases desfavorecidas) y su reemplazo por un segmento social económicamente superior.
Por el contrario, la tugurización significa el proceso inverso, implicando la desaparición de los grupos (clases medias y altas), y su sustitución por clases sociales pobres e incluso marginales. Supone ir de más a menos (también económicamente hablando).
Ambas palabras tienen en común el mantenimiento de la función residencial, aunque sea modificando el grupo humano. Este es un hecho siempre controvertido en la ciudad. En algunos Planes  y Estrategias urbanas se han realizado esfuerzos para evitar estas transformaciones y lograr mantener a los residentes tradicionales (este fue uno de los objetivos principales del conocido e influyente Plan de Bolonia de 1969), pero no es sencillo enfrentarse a las dinámicas sociales. No obstante, no son los únicos fenómenos que afectan a los residentes tradicionales de una zona. Pensemos en la terciarización, que permuta los espacios residenciales por lugares destinados a las actividades económicas terciarias.

Gentrificación, de “menos a más”.
La palabra Gentrificación es un anglicismo que, a su vez, es un neologismo en esa lengua (gentrification). La palabra inglesa es una construcción derivada de gentry, un término procedente del francés antiguo (genterise), traducido como gentle birth, es decir, nacimiento noble o gentil, indicando lo elevado de la cuna para los merecedores de ese apelativo. Gentleman, por ejemplo, comparte la raíz y el mismo sentido al referirse a personas elegantes, sofisticadas, de clase social alta.
Esta nueva palabra fue utilizada por primera vez en 1964 por la socióloga  urbana Ruth Glass (1912-1990) para describir los procesos detectados en sus análisis sobre diversos distritos londinenses, en los que las clases pobres estaban siendo expulsadas para crear guetos de clases sociales más poderosas económicamente.
Así pues, gentrificación significaría un proceso en el que la población “asciende” de categoría social, pero no debido a una mejora de los residentes sino como consecuencia de la sustitución de éstos por unos nuevos, mejor situados en el escalafón social.
Inicialmente podríamos aplicar la etiqueta de “mismo continente, distinto contenido”, aunque esto no resulte exacto porque la sustitución del tejido social conlleva un proceso de transformación espacial. La gentrificación no suele afectar a las bases infraestructurales  del espacio (urbano) pero sí es muy significativa en los elementos coyunturales, sobre todo con la aparición de nuevos locales comerciales, la rehabilitación o mutación de las arquitecturas residenciales y en la renovación del espacio urbano. Un caso particular es de la remodelación de algún uso obsoleto, por ejemplo industrial o comercial, por otro residencial con unas características singulares. Esto ha sucedido en algunas ciudades, pensemos en algunos de los barrios antiguos de Nueva York, con la remodelación de espacios fabriles decadentes en nuevas tipologías como los lofts, de un indudable éxito. 
En general, el valor económico de la zona gentrificada se incrementa notablemente. Porque no solo supone el cambio de los residentes anteriores por unos nuevos de mayor poder económico, sino que la aparición de nuevos locales de comercio o la mejora general de la imagen y calidad de la arquitectura y del espacio urbano, implican transformaciones ambientales notables que impulsan el ascenso del barrio afectado. Esto se aprecia por ejemplo en el incremento de sus precios inmobiliarios, que además se encargan de continuar con el proceso de selección de los nuevos residentes (cribados por el cedazo económico).
Algunos sociólogos han planteado la traducción al español de la palabra que indica este fenómeno y han propuesto “elitización”, aunque con poco éxito dado que el anglicismo se ha impuesto. También se ha hablado de recualificación, pero esta palabra lleva asociada una valoración negativa de los grupos sociales preexistentes.
Se observan procesos de este tipo  en barrios con posiciones centrales en algunas ciudades europeas y norteamericanas. En lo últimos años han destacado ejemplos como la remodelación de muchas partes de Berlín (tras la caída del Muro), de distritos como el meatpacking de Manhattan o el de Chueca en Madrid, entre otros muchos casos.

Tugurización, de “más a menos”.
Tugurización es una palabra española de raíz latina (tugurium) generada para describir procesos urbanos ocurridos, principalmente, en ciudades iberoamericanas.
Tugurio es un término que designaba, inicialmente, un simple lugar techado, un receptáculo elemental (la raíz se encuentra en el verbo tegere, proteger, cubrir). De ahí pasó a describir, en español, a las chozas o cabañas elementales fabricadas por los pastores. Posteriormente evolucionó para referirse a habitaciones pequeñas, miserables, sórdidas y sobre ocupadas. En paralelo comenzó a aplicarse a locales sucios, descuidados o de mala reputación, adquiriendo un claro matiz peyorativo.
Aunque el término podría identificarse con la construcción de barriadas de infravivienda, su sentido real indica el reemplazo social en zonas consolidadas, anteriormente privilegiadas (como algunos centros históricos de ciudades).
Los vecinos que habitaron esos lugares previamente, se incluían entre las clases medias y altas de la sociedad y comenzaron a abandonar esa localización por razones, que en muchos casos, responden a la preferencia por lugares mejor preparados para la vida moderna. La inadecuación de edificios antiguos a los requerimientos de esas clases sociales, los déficits de servicios infraestructurales o la congestión circulatoria en esas zonas de la ciudad (que no se diseñó para las exigencias actuales) suelen encontrarse en la base de la migración hacia zonas nuevas. Una vez comenzado este éxodo suele ser imparable, dejando el barrio muy afectado, prácticamente deshabitado. A ese fenómeno se le suma la evolución del comercio tradicional que, ante la falta de clientes, también acaba desapareciendo. Normalmente la ocupación paulatina de los espacios abandonados por parte de las clases sociales más desfavorecidas (tanto de forma legal como ilegal), acelera exponencialmente el proceso anterior.
La escasez de recursos de los nuevos habitantes para sostener los edificios y las dudas de las autoridades municipales para invertir en dichos espacios públicos provoca una falta de mantenimiento que los dirige hacia la degradación, tanto arquitectónica como urbana.
Los problemas de limpieza, salubridad e higiene que suelen aparecer, se alían con los de falta de seguridad y convierten a las zonas tugurizadas en puntos negros de la ciudad, acercándose a la marginalidad en muchos casos.
Esos espacios centrales, que albergan por lo general las edificaciones históricas y más representativas suelen ser los mayores soportes de la industria turística. Pero la incertidumbre asociada a la tugurización hace que el turismo olvide esos lugares. Esta ausencia se manifiesta todavía más en los habitantes del resto de la ciudad, que evitan la circulación por esas zonas. La decadencia se manifiesta cruelmente en estos nuevos guetos de pobreza, iniciando una espiral vertiginosa que se dirige hacia la ruina general y, la ciudad en general también se ve afectada por esas dinámicas negativas.
Ciudades importantes de Iberoamérica, como Lima, capital del Perú o Quito, capital de Ecuador, están sufriendo esta evolución en sus centros históricos, con la consiguiente alerta de las autoridades municipales que no encuentran una solución a dicho fenómeno.

El riesgo de necrosis del tejido, siguiendo con la analogía biológica, es un riesgo demasiado alto para unos lugares que atesoran, por lo general, buena parte de la historia de las ciudades.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

urban.networks.blog@gmail.com