19 jul. 2014

“Torino Quadrata” y “Milano Rotonda”, divergencias en la forma urbana histórica de Turín y Milán.

La forma cuadrada de Turín antigua a la izquierda. La forma circular de Milán antiguo a la derecha.
La rivalidad urbana es una muestra muy particular de la competencia entre ciudades. Suele aparecer como consecuencia del tradicional antagonismo entre lugares próximos y de similar jerarquía, y se manifiesta con gran emotividad e incluso, en ocasiones, de manera irracional.
Turín y Milán mantienen una gran rivalidad, debido a su cercanía (posicional y de rango) y la expresan con un gran apasionamiento. Aunque en buena parte de la antigüedad, las dos ciudades tuvieron una importancia muy dispar, Turín y Milán llevan tiempo intentando superar una a la otra, esgrimiendo para ello los valores propios que cada ciudad considera excelentes y también las diferencias que las separan. Hay una divergencia entre ambas muy singular, ya que se encuentra en la raíz de su forma urbana. Porque, aunque las dos nacieron como colonias romanas, Turín se mantuvo como un cuadrado mientras que Milán evolucionó hacia el círculo.
Estas formas geométricas tan rotundas exponen dos configuraciones urbanas motivadas por estímulos diferentes. El núcleo histórico cuadrado de la capital piamontesa se conoce como Torino Quadrata y es la expresión de la racionalidad inquebrantable. En cambio, Milano Rotonda es la manifestación del pragmatismo, testimoniado en un casco antiguo que se transformó en un círculo como respuesta a las tensiones medievales.

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La rivalidad urbana, expresión pasional de las diferencias de identidad.
La competencia entre ciudades, tiene un caso  muy particular que surge entre lugares próximos y de similar jerarquía, al que podemos referirnos como “rivalidad” urbana. Suelen ser consecuencia de antagonismos ancestrales que alcanzan cotas casi irracionales y se expresan de forma muy emotiva en cualquiera de los ámbitos en los que se enfrentan. En ocasiones, esta rivalidad urbana se sustenta únicamente en el sentimiento de pertenencia de sus ciudadanos a sus respectivos espacios, pero también acostumbran a  aflorar las cuestiones identitarias como “armas” de lucha, haciendo hincapié en las diferencias existentes.
Un ejemplo de rivalidad urbana, la encontramos en el fútbol, quizá una de las manifestaciones más vehementes de la misma. En general, la pugna de equipos deportivos relacionados (como decimos, por vecindad y/o por disfrutar de un estatus similar) conlleva comportamientos muy pasionales. Es el caso de los derbis que, aunque en origen se refieren a enfrentamientos entre equipos de la misma ciudad (por ejemplo en España, entre el Sevilla y el Betis), también trascienden del municipio para oponer a equipos de una misma región (como es el caso del Athletic de Bilbao y la Real Sociedad de San Sebastián) o de un mismo país (Real Madrid frente a Barcelona). En Italia, la situación es análoga y el enfrentamiento más tenso, el derbi por excelencia, es el denominado “derbi de Italia”, en el que juegan la Juventus de Turín y el Inter de Milán. El choque entre los bianconeri y los nerazzurri representa un aspecto más de esas divergencias entre las dos ciudades del norte del país, encarnado en la piel de sus respectivos tifosi.
Imagen de un partido de fútbol entre la Juventus de Turín y el Inter de Milán.
Turín y Milán se encuentran separadas únicamente por 125 kilómetros y, hoy, disfrutan de un rango urbano similar. En la actualidad, Milán es la segunda ciudad del país en población (1,3 millones en la ciudad, alcanzando los 7 millones al sumar todo el área metropolitana) y Turín es la cuarta (900.000 habitantes en la ciudad y 1,7 millones en el área metropolitana). Por eso, las dos ciudades presentan una rivalidad que se manifiesta en múltiples aspectos. El fútbol es un ejemplo de la emotividad que acompaña la relación entre turineses y milaneses, porque las dos ciudades desean superar a la otra en cualquier ámbito, esgrimiendo los valores propios que cada una considera excelentes y magnificando las diferencias entre ambas.
Alguno de los argumentos identitarios clásicos y tópicos entre Turín y Milán, tratan sobre el supuesto carácter aristocrático de la ciudad piamontesa, que además de liderar Saboya (territorio que llegaría a alcanzar el rango de reino), logró ser capital de Italia durante unos años. Frente a ello se opone el también supuesto carácter laborioso de la capital lombarda que pone sobre la mesa su gran éxito industrial que la ha convertido en la capital económica de Italia.
Una las divergencias más curiosas entre Turín y Milán se encuentra en la característica forma urbana de sus respectivos cascos históricos. Ambas ciudades se consolidaron como colonias de Roma: Turín como fundación exnovo (aunque en las proximidades hubo asentamientos celtas), mientras que para Milán, se adaptó radicalmente un poblado celta anterior. Por lo tanto, las dos nacieron con una cuadrícula como base de su trazado urbano. 
Comparación a la misma escala de los recintos romanos iniciales de Augusta Taurinorum (Turín) y Mediolanum (Milán). En su primer trazado Milán era levemente más extensa que Turín (80 hectáreas frente a las poco más de 50 turinesas), pero su desarrollo posterior fue muy superior hasta el siglo XVII, cuando alcanzó una superficie urbana de 730 hectáreas.
Pero mientras que Turín mantuvo  su forma cuadrada, Milán se transformó, evolucionando hacia el círculo con las calles radiales. La razón se encuentra en la diferente presión que sufrieron durante el Imperio Romano y el Medievo. En aquellas épocas, Turín quedó bastante al margen de los grandes acontecimientos y pudo mantenerse dentro de los límites romanos durante mucho tiempo. Milán, en cambio, estaba más expuesta por su posición en el “centro” de las turbulencias históricas. Las circunstancias le llevaron a modificar radicalmente su trama de base llevando, poco a poco, la forma de su recinto hacia el círculo. La expresión de tal pureza geométrica llegó hasta el periodo renacentista y más allá. El centro histórico circular de Milán (Milano Rotonda) mostraba su pragmatismo, su capacidad de adaptación y contrasta con el de Turín, que logró preservar contra viento y marea su característica esencia urbana cuadrada y, por eso, su casco antiguo es conocido como Torino Quadrata.

Milano Rotonda: el círculo como forma urbana de la ciudad antigua milanesa.
Aunque Milán nació con el característico trazado reticular ortogonal de las ciudades coloniales romanas, delimitado por un cuadrado/rectángulo (aunque un tanto deformado en el caso milanés), pronto se desfiguraron tanto el recinto como la trama para ir transformándose en un círculo con sus principales arterias radiales. Esa es la forma característica del centro histórico de la ciudad (Milano Rotonda) y ha condicionado su crecimiento hasta la actualidad, sucediéndose los recintos circulares. A los dos orbitales históricos (Cerchia dei Navigli  y Cerchia dei Bastioni) debemos sumar otros modernos: el anillo externo del Plano Regulador de Beruto (1889) y la deformada circunferencia de las carreteras de circunvalación actuales. El propio Cesare Beruto justificó su planificación identificando  el sistema de crecimiento de Milán con los estratos concéntricos que muestra el corte de un tronco de árbol.

Entre los Alpes y los Apeninos, entre los rios Tesino y el Adda, en la “tierra de en medio”, hacia el año 600 a.C., los celtas crearon un asentamiento al que denominaron Midland o Médelhan. Varios siglos después, en 222 a.C., el lugar sería conquistado por los romanos, quienes refundaron la ciudad con el nombre de Mediolanum. Con el tiempo la colonia romana se convertiría en la ciudad de Milán.
La refundación romana transformó radicalmente el trazado del antiguo asentamiento celta, dotándolo de las reglas de las colonias romanas, es decir, un trazado en cuadrícula dentro de un rectángulo, que en el caso milanés, presentaba un fuerte biselado en su parte occidental. Con un área próxima a las 80 hectáreas y casi 3,5 kilómetros de perímetro, ese primer recinto de Mediolanum quedó delimitado por la que se conoce como Muralla Republicana (Mura repubblicane) y de la que quedan pocos restos.
El primer recinto de Milán (Muralla Republicana)
El interior estaba marcado por las directrices perpendiculares del cardo máximo (entre Porta Nuova por el noreste y Porta Ticinensis por el suroeste) y del decumano máximo  (entre Porta Vercellina por el noroeste y Porta Romana por el sureste). Esas cuatro puertas se completaban con la Porta Giovia y la Porta Comacina, ambas por el norte.
La posición estratégica de Milán, cruce de los principales caminos que recorrían el norte peninsular, la colocó en una posición privilegiada. La decisión del emperador Diocleciano de dividir su Imperio entre Oriente y Occidente, encumbró a Milán a la capitalidad del Imperio Occidental, decretada por el emperador Maximiano (la ciudad lideró el Imperio entre los años 286 y 402, cuando cayó tras la invasión visigoda).
El segundo recinto de Milán (Muralla Maximiana)
La nueva situación de la ciudad obligó a la ampliación de aquella primera muralla, que recibiría una ampliación por su sector oriental en el siglo III por orden del emperador Maximiano (la Mura Massimiane), que desfiguraba completamente la base inicial, dando comienzo a la transformación formal de la trama urbana. Por la parte occidental se realizó también una discreta ampliación para acoger el Circo milanés.
La muralla Massimiane determina el recinto romano clásico de Milán, con una extensión que superaba las 116 hectáreas y con un perímetro de unos 4,5 kilómetros (con un recorrido aproximado por las actuales calles S.Giovanni sul Muro, Cusani, dell'Orso, Monte di Pietà, Montenapoleone, Durini, Verziere, delle Ore, Pecorari, Paolo da Cannobio, Disciplini, S.Vito, Medici, Nirone y Corso Magenta). La ampliación supuso la eliminación de la Porta Nuova y la aparición de tres nuevas sobre el lienzo ampliado: Porta Aurea, Porta Argentea (Orientale) y Porta Herculea (Tosa). En su nueva condición de ciudad principal, Milán recibiría la construcción de grandes edificios (Circo, Teatro, Anfiteatro, etc.)
Esquema de la ciudad romana de Milán
La caída del Imperio y las sucesivas invasiones complicaron la evolución de la ciudad, pero la ubicación geográfica mantuvo su prosperidad. Por eso se levantó, desde 1156, un nuevo lienzo amurallado, que recogía los arrabales que habían ido creciendo en los exteriores de la ciudad romana. Este tercer recinto fue gravemente dañado  por  Federico Barbaroja y tuvo que ser remodelado hacia 1171. La muralla sería reconocida como la Cerchia dei Navigli  dado que, con el tiempo, el foso defensivo con agua que la circunvalaba se convertiría en un canal para las comunicaciones internas de la ciudad. Contaba con seis puertas que continuaban los ejes radiales de la ciudad: Porta Orientale, Porta Romana, Porta Ticinese, Porta Vercellina, Porta Comasina y Porta Nuova, a través de las cuales se accedía a cada uno de los barrios (sestiere) del mismo nombre. Finalmente se abrieron otras dos puertas (Porta Tosa y Porta Giovia), además de varios portillos (pusterla) de menor importancia.
El tercer recinto de Milán (Cerchia dei Navigli)
La Cerchia dei Navigli  es actualmente un anillo viario que discurre por el interior del centro histórico de Milán delimitando lo que fue la capital lombarda, con unas 275 hectáreas y un perímetro de aproximadamente 6 kilómetros. En 1929 el canal sería soterrado convirtiéndose en la vía de circunvalación actual.
A pesar de las turbulencias del contexto histórico, durante el final de la Edad Media y el Renacimiento, Milán se convertiría, bajo el dominio de la familia Visconti y más tarde con el control de los Sforza, en una ciudad pujante y próspera que capitaneaba su territorio como un Ducado. En 1358, los Visconti construyeron un pequeño castillo en su extremo norte. Este edificio sería ampliado por los Sforza (1450) y en 1550, los españoles lo destinaron a ciudadela militar reforzándolo con bastiones. Este castillo (conocido actualmente como Castello Sforcesco) fue determinante para la evolución de la estructura urbana de Milán
La contienda hispano-francesa de principios del siglo XVI terminó con la derrota francesa en la batalla de Pavía (ocurrida en 1525), hecho que otorgó la soberanía del Ducado milanés a los Habsburgo españoles. Con el nuevo gobierno, se levantó, entre 1548 y 1562, el último recinto histórico milanés, la “muralla española” o “cerca de los bastiones” (Cerchia dei Bastioni). Esta cerca, que delimita el centro histórico tradicional de Milán (Milano Rotonda), contaba con una extensión en torno a las 730 hectáreas y un perímetro de unos 11,3 kilómetros. La muralla incluía doce puertas: Porta Romana, Porta Tosa (Vittoria), Porta Orientale (Venezia), Porta Nuova, Porta Comasina (Garibaldi), Porta Volta, Porta Tenaglia, Porta Sempione, Porta Vercellina (Magenta), Porta Ticinese (Marengo), Porta Lodovica y Porta Vigentina.
El cuarto y último recinto de Milán (Muralla española o Cerca de los Bastiones)
Con el Tratado de Utrecht de 1713, que daba fin a la Guerra de Sucesión española, Milán pasaría a estar bajo soberanía austriaca. Aunque en 1796, fue conquistada por Napoleón y se convirtió en francesa, pero la caída del emperador la devolvería a la órbita austriaca. En 1859, el Reino de Cerdeña, que había iniciado el proceso de unificación italiana, derrotó (ayudado por sus aliados franceses) a Austria en la Batalla de Solferino lo que supuso la incorporación de Milán al reino de Victor Manuel II (cuya capital era Turín). La constitución de Italia abrió un nuevo futuro para la ciudad y aquella última muralla (de los españoles) comenzaría a ser demolida parcialmente desde 1884 para permitir las conexiones con las trazas del nuevo Plano Regulador de Cesare Beruto (1884-1889). Las demoliciones continuarían a lo largo del siglo XX, aunque finalmente se han logrado conservar varios tramos de la misma.
Milán se convertía en una ciudad industrial, un gran centro del diseño y de la moda internacional, lo que le proporcionaría un gran poder económico, cuestión por la que es considerada actualmente la capital económica del país (ver Vocación urbana: el caso de Milán como centro económico(Comercial, Industrial y Financiero).
Plano del Milán del siglo XVII


Torino Quadrata: el cuadrado como forma urbana de la ciudad antigua turinesa. 
Turín es una ciudad más “joven” que Milán y durante la primera parte de su historia evolucionó lentamente, un tanto alejada del centro neurálgico del norte italiano ocupado por la capital lombarda. Esta posición apartada redujo considerablemente la presión sobre la ciudad, tanto durante el Imperio Romano como durante la Edad Media. En consecuencia, Turín no necesitó sobrepasar sus primeros límites durante mil quinientos años. Su momento llegaría en 1562 cuando se puso a la cabeza del entonces Ducado de Saboya. Este hecho inició una transformación sin precedentes que la convertiría en una nueva ciudad, de inspiración barroca, aunque mantuvo las directrices del trazado romano, como ya analizamos en otro artículo de este blog, Turín ó Cómo construir una ciudad barroca(y después publicitarla a todo el mundo).
La mencionada capitalidad del Ducado de Saboya, reconvertido en Reino de Cerdeña desde 1720, ubicó en el mapa europeo a Turín. Con la posterior revolución industrial fue ascendiendo hasta llevar a ser una ciudad dinámica que se acercaba al rango de Milán para competir con ella. De hecho, Turín sería durante unos años, entre 1861  y 1865, la primera capital del unificado Reino de Italia.
El recinto romano de Turín con indicación del cardo y decumano máximos asñi como las puertas de la ciudad (1. Porta Decumana; 2. Porta Praetoria; 3. Porta Principalis Dextera; 4. Porta Principalis sinistra; 5. Porta Pusterla; 6. Porta Nuova; 7. Porta de san Michele; 8. Porta Fibellona). El sombreado rosa indica la posición del Foro romano.

En la cabecera del valle del rio Po, se asentaron los taurini, un pueblo celta que ocupó ese territorio durante siglos. La expansión romana, en tiempos de la República, llevó a Julio César a ordenar, en el año 58 a.C., el levantamiento de un campamento militar próximo a la confluencia de los rios Dora y Po, que recibiría el nombre de Castra Taurinorum. Este recinto cuartelario se consolidaría como colonia años después (28 a.C.), siendo rebautizada como Julia Augusta Taurinorum en honor al emperador Augusto.
Augusta Taurinorum presentaba el clásico esquema de ciudad colonial romana. El trazado, en retícula ortogonal, se apoyaba en las dos vías principales, el cardo y el decumano máximos y quedaba encerrado en un recinto casi cuadrado (de unos 700 por 750 metros, con un ligero achaflanamiento en la esquina nororiental) que albergaría, aproximadamente una superficie de 52 hectáreas con un perímetro de 2,9 kilómetros. El decumano máximo (actual via Garibaldi) conectaba la Porta Praetoria  en el oeste con la Porta Decumana en el este, mientras que el cardo máximo (actuales via San Tommaso y via Porta Palatina) realizaba la conexión entre la Porta Principalis Dextera  en el norte y la Porta Principalis Sinistra en el sur. En el cruce de ambas vías se ubicaba el Foro de la ciudad.
Esquema de la ciudad romana de Turín.
Tras la caída del Imperio Romano, en el inicio del periodo medieval, Turín sería ocupada por diversos grupos invasores hasta que se consolidaron los lombardos, quienes la convirtieron en la capital del territorio del valle alto del rio Po en las faldas alpinas (el Piemonte). Los lombardos constituirían allí un Ducado que sería conquistado por Carlomagno e instituiría en él una Marca del Imperio Carolingio (la Marca de Torino). El devenir histórico haría que, finalmente, el Ducado pasara, desde 1280, a depender de la casa de Saboya (familia que gobernaba sus territorios desde la ciudad de Chambéry, al otro lado de los Alpes).
Además de comenzar a ser conocida como Turín (Torino), el periodo medieval implicaría algunos cambios en la estructura urbana de la ciudad. Las cuatro puertas originales romanas cambiaron su nombre (y en un caso, también su ubicación) y se abrieron dos suplementarias (Porta de San Michele en el norte y Porta Nuova en el sur) que potenciaron un nuevo eje central, norte-sur, en la ciudad medieval (via Milano y via San Francesco d’ Assisi). También se  abrió una tercera puerta, cercana a la esquina noroccidental del casco, la Porta Pusterla. La antigua Porta Praetoria pasaría a ser conocida como Porta Segusina; la Porta Decumana, que se había visto integrada en el interior del Castello, daría paso a una nueva contigua que se llamaría Porta Fibellona; la Porta Principalis Dextera se convertía primero en la Porta Doranea y después en la Porta Palatina (conservada en la actualidad); mientras que la Porta Principalis Sinistra se rebautizaba Porta Marmorea.
La ciudad quedó estructurada en cuatro barrios, prácticamente coincidentes con los cuatro cuadrantes del cuadrado y conocidos por el nombre de una de las puertas (Quartiere di Porta Pusterla, di Porta Doranea, di Porta Nuova y el Quartiere di Porta Marmorea)
Los cuatro barrios de Turín Medieval.
En el siglo XIII se levantaría junto a la Porta Decumana una fortaleza que sería el centro político y militar de la ciudad antigua (y que forzó el cambio de ubicación del paso, comentado anteriormente). El Castello, que condicionaría el desarrollo urbano de la parte oriental de Turín, acabaría siendo conocido como Palazzo Madama, en recuerdo de la regente María Juana Bautista (que encargó la transformación del edificio a Filippo Juvara, aunque las obras fueron interrumpidas en 1721, dejando ese llamativo aspecto “bifronte” que presenta en la actualidad)
El hecho de que Turín no trascendiera sus límites no quiere decir que mantuviera incólume su trazado interior, ya que durante la Edad Media la rígida retícula romana sufrió algunas deformaciones no sustanciales (las más importantes se realizarían siglos después).

Ortofoto con indicación de las principales aperturas y transformaciones de la Torino Quadrata, al margen de las leves deformaciones sucedidas en el periodo medieval (Elaborado por Luisella Pejrani).
Las luchas entre el Imperio francés y el español de principios del siglo XVI tuvieron consecuencias para el Piamonte, ya que su territorio se convirtió en zona de paso y de lucha entre los dos contendientes. Aunque la ciudad reforzó sus murallas y construyó bastiones en las esquinas no pudo evitar que el territorio cayera en manos de los franceses. La expulsión de los mismos y la recuperación en 1559 de la soberanía de la Casa de Saboya daría inicio a un nuevo periodo de la historia turinesa. Entonces, la capital del Ducado se trasladaría desde Chambéry hasta Turín y la ciudad se expandiría definitivamente más allá de la Torino Quadrata que definieron los romanos. El primer paso se daría con la Ciudadela que se levantó entre 1564 y 1577 para garantizar la independencia de la capital piamontesa.
Turín en 1572 según el plano de Giovanni Carracha (el norte hacia la derecha).

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