12 jul. 2014

Venecia versus Amsterdam, similitudes y diferencias de identidad.

Agua salda y agua dulce en los canales de Venecia y Amsterdam.
Es habitual la comparación entre Venecia y Amsterdam debido a la presencia y protagonismo de sus canales. Realmente, sus similitudes no acaban ahí, porque ambas ciudades compartieron también el hecho de ser potencias navales (aunque en diferente ámbito y época) y las dos lideraron su entorno territorial llegando, además, a forjar un imperio colonial como desarrollo de su espíritu comercial y sus fortalezas políticas y militares.
Pero las dos ciudades presentan importantes diferencias que las distinguen y refuerzan su identidad particular. Las claves de la identidad, una noción muchas veces esquiva, son, frecuentemente, más sencillas de descubrir por oposición que por afirmación. Porque Venecia y Amsterdam, aunque europeas y relativamente cercanas (aproximadamente unos 1.350 kilómetros), pertenecen a ámbitos culturales distintos. Esta afirmación, cuestionable en nuestro mundo globalizado, es indiscutible si profundizamos en las claves que generaron ambas ciudades y determinaron sus esencias.
El sur europeo frente al norte, el mar Mediterráneo frente al océano Atlántico, los propios canales, de agua salada en Venecia y dulce en Amsterdam, o su disparidad en cuanto a madurez y vitalismo son algunas de las antítesis que presentan.

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La identidad de las ciudades es una noción esquiva, difícil de precisar y con diferentes facetas que dependen de los múltiples puntos de vista que pueden adoptarse. El hecho de que exista una identidad urbana (porque no siempre ocurre) tiene, por lo general, repercusiones positivas en la ciudad, pero no es fácil encontrar esos “acuerdos simbólicos” en una entidad tan compleja.
Por un lado encontraríamos los rasgos que los habitantes de un lugar perciben como singulares y que ayudan a cohesionar su comunidad. Porque el sentimiento de pertenencia a un grupo o a un territorio, se construye principalmente a partir de esas cualidades idiosincráticas. Su definición es muy ardua debido a los factores emotivos que conlleva. No obstante, aunque puede resultar difícil generalizar para el conjunto urbano, los residentes siempre encuentran, en la pequeña escala de su calle o de su barrio, los valores significantes que  los enmarcan.
Por otra parte, estaría la imagen que una ciudad proyecta hacia el exterior, y que puede no coincidir con las claves apreciadas por los ciudadanos porque, en ocasiones, suelen responder a estrategias de marketing que no se asientan en bases reales o utilizan tópicos discutibles. De todas formas, pese a la artificialidad que suele acompañar a la mercadotecnia, hay muchos casos de invenciones que han sido capaces de aglutinar a un colectivo tras ellas, y han acabado consolidándose como una nueva seña de identidad.
También los turistas y foráneos tienen sus propias percepciones, generalmente muy mediatizadas por elaboraciones externas. Para el viajero esporádico, que recibe información parcial, es muy difícil separar sus propias sensaciones de las que ha incorporado a través de lecturas, películas, fotografías o historias más o menos legendarias. Porque no es lo mismo vivir una ciudad que visitarla, y por eso,  la identidad apreciada por el forastero suele revelarse como otra versión, diferente a la de ciudadanos o estrategas.

Venecia y Amsterdam disfrutan de una identidad muy nítida y poderosa, y esa rotundidad condiciona las percepciones de todos los implicados. Las etiquetas turísticas suelen emparejar a las dos ciudades debido a la presencia de sus conocidos canales, pero aunque tienen otras similitudes, son muchas las diferencias que las separan. Colocar en paralelo entornos urbanos, y profundizar en sus diferencias, suele ayudar a descubrir las claves de la identidad de cada caso, porque resulta más sencillo actuar por oposición que por afirmación.
Europa nocturna. Los puntos rojos ubican Amsterdam en el norte y Venecia en el sur.
Algunas cuestiones geográficas: Venecia, el sur / Amsterdam, el norte.
Venecia se encuentra en el sur de Europa y Amsterdam en el norte. La latitud de la capital holandesa supera los 52⁰N mientras que la veneciana se sitúa en los 45,4⁰N. Esta circunstancia geográfica sumada a la configuración de su territorio y al carácter de las masas acuáticas que las acompañan, ofrece consecuencias diversas.
Una de ellas es el clima, y aunque las diferencias no son sustanciales, los matices son suficientes para diferenciarlas.
El clima de Amsterdam es oceánico, circunstancia que se deduce de la presencia contigua del Atlántico y del hecho de ubicarse en la costa occidental del continente  (las costas occidentales y orientales presentan comportamientos diferentes, sobre todo por la implicación de los regímenes del viento). Los rasgos de este tipo de clima se ven condicionados por la proximidad del océano y en consecuencia, las temperaturas son relativamente suaves y las precipitaciones abundantes, bien distribuidas a lo largo del año y moderadas en intensidad (alrededor de 760 mm durante todo el año con medias primaverales de 40-50 litros mensuales y otoñales próximas a los 90). El periodo invernal suele ser frio (enero y febrero oscilan entre -1⁰C  y unos 5⁰C) mientras que los veranos se presentan frescos sin demasiadas oscilaciones térmicas (habitualmente en torno a los 12°C, con unos promedios máximos en torno a los 22-25⁰C y unas mínimas entre los 10-12⁰C). Su situación implica una elevada humedad relativa en cualquier periodo, cuestión que incrementa la sensación de frío o calor de cada época. Tampoco es extraña la presencia de nieblas.
El clima veneciano es mediterráneo y la peculiar presencia del mar le proporciona su carácter templado, con inviernos suaves y lluviosos (en enero y febrero, las temperaturas suelen situarse entre los 0-3⁰C hasta los 5-15⁰C) frente a veranos calurosos y secos (especialmente durante julio y agosto, época en la que van desde los 25⁰C hasta los 30-33⁰C), aunque las tormentas pueden hacer aparición por las tardes. Las estaciones intermedias ofrecen mucha variabilidad tanto en temperaturas como en precipitaciones. Las nieblas otoñales que emergen de la laguna véneta son frecuentes. Llueve menos en Venecia (media de 77,8 días al año) que en Amsterdam (188 días) y la humedad relativa ambiental es sensiblemente inferior en Venecia (media de 75,8%) que en la capital holandesa (82,5%).
Estos matices climáticos son importantes para entender la diversidad espacial de las dos ciudades. Por ejemplo, atendiendo a sus respuestas arquitectónicas y urbanas frente a la luminosidad solar o al mayor o menor favorecimiento para la vida urbana.
Puesta de sol la Venecia mediterránea. Niebla en el Amsterdam atlántico.
Las dos ciudades coinciden en los impresionantes esfuerzos realizados a lo largo de la historia para ganar terreno contra el agua y, las dos, cuentan con un espacio intermedio que las articula con el gran mar. Venecia tiene su Laguna Véneta y Amsterdam el Ij, un brazo entrante del Océano Atlántico. Y aunque las dos ciudades sufren la presión de las crecidas marítimas, las consecuencias son diferentes.
Amsterdam no se inunda a pesar de tener buena parte de su suelo por debajo del nivel del mar. Por algo la ingeniería holandesa es una de las más avanzadas del mundo y su tecnología es altamente sofisticada. Venecia es distinta. Los problemas a los que se enfrenta son diferentes y, aunque cuenta con sus sistemas de defensa, no dispone de sistemas de contención tan perfeccionados. La mejora de esas estructuras para regular los flujos de la laguna es un tema recurrente en la ciudad, pero siguen sin cumplir completamente su función. No obstante también esto origina una particularidad. Hay un fenómeno espectacular, la acqua alta, es decir el aumento de nivel de la laguna y sus consecuentes inundaciones. Aunque puede suceder en cualquier momento, es más posible que se produzca en invierno dependiendo de las  mareas y las condiciones de las tormentas. Este fenómeno, al que los venecianos reaccionan con rapidez instalando plataformas sobre las superficies inundadas (son muy conocidas las imágenes de la Plaza de San Marcos como una lámina de agua), puede tener su encanto pero también puede ser muy irritante.

Arriba, máxima extensión del imperio veneciano. Debajo, el imperio colonial holandés hacia 1650, época de mayor esplendor.
Algunas cuestiones culturales y económicas: Venecia, mediterránea / Amsterdam, atlántica.
Las dos ciudades son marítimas y se convirtieron en potencias navales con una gran influencia en diversos territorios, que llegaron a dominar como parte de sus respectivos imperios coloniales. Pero no llegaron a competir, porque Venecia es mediterránea y Amsterdam, atlántica y tampoco coincidieron sus periodos de esplendor.
Según la tradición, la fundación de Venecia se realizó en el año 421, cuando la población del entorno fue asentándose en las islas de la laguna veneciana para huir de las invasiones de los hunos y longobardos que estaban asolando el Imperio Romano. Esos asentamientos dispersos consiguieron prosperar y  se unificaron como confederación dependiente políticamente del Exarcado bizantino de Rávena. No obstante, pronto comenzaron a reivindicar su emancipación. En el año 697, en una época de florecimiento veneciano y de debilidad de Rávena,  eligieron un gobernante propio (el Dux) que, aunque seguía nominalmente dentro de Bizancio, estaba dotado de gran autonomía. Finalmente, a principios del siglo IX (año 803) Venecia se emanciparía constituyendo una república independiente. Desde entonces, la Serenísima República de Venecia iría prosperando gracias al comercio marítimo, comenzando una expansión territorial que comenzó por las costas del mar Adriático extendiendo su influencia por todo el Mediterráneo oriental, a través de los asentamientos que fueron creando como puestos avanzados para proteger sus rutas comerciales. Su avidez territorial también les llevó a consolidar su dominio a lo largo del valle del Po, llegando hasta las proximidades de Milán en su época más floreciente. A finales del siglo XIII se consideraba a Venecia como la ciudad más rica del continente, pero esa prosperidad se vería frenada por el descubrimiento de América y la implantación de nuevas rutas comerciales atlánticas. La dependencia que tenía Europa del comercio veneciano dejó de ser exclusiva y el esplendor fue decayendo. El golpe de gracia lo daría la aparición del Imperio Otomano que acabaría adueñándose del Mediterráneo oriental. Los días de gloria política y militar quedaron en el recuerdo aunque Venecia mantendría su influencia cultural durante mucho tiempo.
Amsterdam también era un enclave comercial, pero muy limitado inicialmente a las regiones del norte. Cuando a finales del siglo XVI, los Países Bajos se independizaron del Imperio Español, las  Provincias Unidas emancipadas iniciaron un nuevo futuro, gracias a la aparición de nuevas rutas descubiertas en el océano Atlántico. Este hecho abrió un insospechado campo a los holandeses, que comenzaron un periodo de expansión. El próspero comercio que posibilitaba su poderosa flota alumbró un periodo de esplendor que llegaría a su cénit en el siglo XVII, cuando Amsterdam se convirtió en la referencia de un extenso imperio colonial por todo el mundo. La Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC) y luego la de las Indias Occidentales (WIC) gestionaron amplios territorios costeros tanto atlánticos (en el norte y el centro americano así como en el sur de África) como del océano Índico (llegando a dominar territorios en la zona de indonesia). En esa época se fundarían ciudades tan distantes como Nueva York (entonces llamada Nueva Amsterdam) o Yakarta (bautizada inicialmente como Batavia). Pero la competencia con los otros imperios emergentes acabaría por ser negativa para los holandeses, que fueron perdiendo sus posesiones ultramarinas a favor de británicos y franceses.
Venecia conformó su carácter y sus esencias dentro de un ámbito relativamente cercano, limitado por las costas del mar Mediterráneo. Y aunque las culturas con las que topó fueron ricas y creativas, finalmente se estancarían y el espíritu expansivo de los venecianos acabaría evolucionando hacia un hermetismo que giraría sobre la alta sofisticación alcanzada.
En cambio Amsterdam se relacionó con lejanas zonas del planeta, y desde su inicial posición cerrada e intransigente se abriría a las influencias de culturas extraordinariamente diferentes. El tolerante espíritu holandés actual tiene mucho que ver con la exposición a esas civilizaciones tan diversas.

Canales de agua salada en Venecia / Canales de agua dulce en Amsterdam.
Venecia tiene agua salada y Amsterdam agua dulce. La construcción de ambas ciudades explica la diferencia.
Arriba, canal veneciano, de agua salada. Debajo, canal de Amsterdam, de agua dulce.
Venecia se encuentra en el interior de la Laguna Veneta, un espacio de transición entre tierra firme y el mar abierto donde confluían diferentes cursos fluviales que acababan en el mar siguiendo un curso determinado. Así pues, en esa laguna existían cauces marcados por las corrientes y entre ellos emergían unas pequeñas “islas”, las barene lagunares, que eran terrenos consistentes dentro de la lámina de agua. Estos bancos de arena fueron consolidados con el tiempo por los venecianos y  posteriormente ampliados hasta acotar los recorridos de mayor calado, que acabarían configurándose como los grandes canales de la ciudad. El agua que discurre por las vías acuáticas venecianas es, por lo tanto, agua de la laguna, agua salada.
En cambio, Amsterdam trazó sus canales con premeditación, para favorecer el desarrollo urbano de la ciudad, realizando derivaciones de los cauces fluviales (básicamente del rio Amstel, que desembocaba en esa zona en el Ij). La construcción de diques y muros de contención fueron conformando la desembocadura del Amstel que sería dividida en varios cursos. Posteriormente, fueron apareciendo nuevos fosos y canales que se convertían en sistemas de defensa y muelles para atracar barcos. Por eso frente a la sinuosidad de los principales canales venecianos que revelan su origen natural, encontramos las geométricas vías acuáticas de Amsterdam que configuran una red trazada artificialmente.
Arriba, plano de Venecia en 1800, la ciudad es prácticamente similar a la actual. Abajo, plano de Amsterdam en 1662, el casco histórico y su característica forma semicircular supone una pequeña parte de la ciudad actual.
Venecia, ciudad madura / Amsterdam, ciudad joven.
Venecia es una ciudad antigua, de casi mil setecientos años, que se construyó paulatinamente a lo largo de mil años. Desde aquel año 421, referido como fecha de fundación, se fue sedimentando lenta y esforzadamente una ciudad que alcanzaría su máxima expresión con el Renacimiento. En ese largo tiempo, aquellas pequeñas islas dispersas se convirtieron en una ciudad poderosa, un producto decantado a partir de múltiples influencias y con experiencia de respuestas a muchas vicisitudes tanto favorables como perjudiciales. Desde entonces los cambios han sido poco significativos en la estructura urbana (salvo algunos crecimientos menores en terrenos nuevamente ganados a la laguna y la necesaria sustitución de algunas arquitecturas). Al concluir su primer milenio Venecia era una ciudad acabada y sin posibilidad de crecimiento. Una ciudad madura, carente de expectativas de transformación o de evolución en su estructura, y cuyo objetivo es la conservación.
En cambio, Amsterdam, es una ciudad relativamente joven, con unos setecientos años de historia y que, además, se construyó en lo sustancial durante poco más de una centuria (prácticamente a lo largo del siglo XVII). En ese breve periodo (desde el punto de vista urbano) el casco histórico de Amsterdam quedó conformado en lo fundamental, de forma acelerada, aplicando un modelo casi invariante.  Ciertamente, el primer asentamiento se fue definiendo a partir de diques y canales desde el siglo XIII pero la Amsterdam triunfal y dominadora de territorios en ultramar se configuraría básicamente en aquel siglo XVII, a partir de la realización del Plan de los Tres Canales (Herengracht, Keizergracht y Prinsengracht) que se disponían de forma concéntrica sobre la base fijada por el anterior canal periférico, el Singelgracht y que proporcionarían a la ciudad antigua su característica forma semicircular. Pero además, Amsterdam es una ciudad que crece y lo hace de forma espasmódica (hay que recordar los esfuerzos que exigen la preparación de terrenos) y apostando por la arquitectura más contemporánea en cada momento.

Venecia y Amsterdam. Lo ecléctico frente a lo homogéneo.
Venecia es mestiza / Amsterdam (histórica) es homogénea.
El ambiente urbano de Venecia es heterogéneo pero se muestra atractivamente sintonizado. Este curioso entendimiento formal entre los edificios surgió porque, de los diversos estilos yuxtapuestos, se logró fusionar una síntesis que, además de “conciliarlos”, constituiría la particular identidad “mestiza” de Venecia.  Venecia fue durante siglos la charnela entre Oriente y Occidente. Venecia ejerció el papel de pieza basculante entre culturas distintas, lo que le llevó a recibir influencias muy variadas y a generar esa particular visión sintética de todas ellas. Por un lado estaba el Imperio Bizantino, del que dependió varios siglos, vinculada a Rávena, que ejercía de capital de la región en aquella época. Por el otro lado, el oeste, se había forjado esa amalgama singular entre el orbe romano y la cultura “bárbara” que sucedió al Imperio de Occidente. En Venecia se mezclaron lo gótico y lo bizantino apareciendo yuxtaposiciones sorprendentes que la ciudad asimiló para alumbrar esa síntesis personal que irradió tanto a sus posesiones marítimas, en particular la costa adriática y las islas griegas, como a sus territorios interiores, la terra ferma. La civilización veneciana estableció cánones formales que se aprecian en las diferentes ciudades de esos ámbitos (desde Dubrovnik, Split o Corfú hasta Bérgamo, Padua, Verona o Vicenza).
En Amsterdam, en cambio, el paisaje urbano de su centro histórico se presenta más unitario, sin grandes sobresaltos, ofreciendo la repetición invariable de un modelo de referencia. Amsterdam se convirtió en el centro de un ámbito homogéneo. Cuando en el siglo XVII comenzaron a fortalecerse las ciudades holandesas, Amsterdam se situó en la cabeza. Su forma de abordar la construcción urbana fue la inspiración y modelo para el resto de ciudades holandesas (con alguna excepción, como La Haya, ciudad que alojaba la Corte y que evolucionó al margen de la característica formalización “ciudadana” del resto). Amsterdam se levantó en los terrenos que iban habilitándose con grandes esfuerzos humanos y tecnológicos y por eso su formalización es el reflejo del espíritu de los mismos. El hecho de no albergar la Corte, ni acoger por tanto palacios de la nobleza y grandes edificaciones la convirtió en “ciudad ciudadana” dando homogeneidad al tejido de la ciudad, al descartar de esa “capa noble” y singular de la ciudad. Sus edificios fueron los necesarios para dar servicio a sus ciudadanos. La rapidez de su construcción impidió la diferenciación que suele aportar el tiempo y además, hubo otra cuestión que favoreció la uniformidad, aunque fuera por barrios. La distribución segregada de la población, establecía por un lado a los burgueses y por otro a las clases de “inferior rango”, sobre todo inmigrantes (muchos de ellos judíos) procedentes de Portugal y España, o hugonotes franceses. Esta separación física evitaría la mezcla formal, y cada comunidad fue creando su espacio. Los canales principales, lugar de asentamiento de la alta burguesía se mantendrían inalterados con esa imagen unitaria que los caracteriza incluso actualmente.

Venecia y Amsterdam. Tradición frente a modernidad.
Venecia, estancamiento y tradición / Amsterdam, vitalismo y modernidad.
Hay quien opina que Venecia es una ciudad muerta, pero con un bellísimo cadáver embalsamado capaz de atraer a miles de turistas todos los años. Ciertamente, Venecia es una ciudad completada, sin posibilidades de crecimiento y en la que las transformaciones son mínimas, aunque es discutible que el estancamiento veneciano deba interpretarse negativamente. Los venecianos son gente que sabe aprovechar las oportunidades y actualmente sacan mucho partido de las singularidades que han convertido a su ciudad en algo único. En la actualidad, Venecia exporta tradición. Su casco urbano es, efectivamente, un espacio que se mantiene casi igual a aquel que dibujó Jacopo Barbari en el año 1500. Por supuesto que ha habido cambios en la forma urbana, pero éstos han sido de matiz y no han transformado lo fundamental de la ciudad. Por eso, hoy Venecia sigue apareciendo como aquella meca cultural del Renacimiento italiano. Los miles de turistas que recibe anualmente la ciudad quieren sentir el “viaje” que parece transportarles a un pasado remoto. Además, Venecia siempre ha sido una ciudad muy ceremonial (una herencia bizantina), y ha logrado conservar buena parte de sus celebraciones como un atractivo suplementario a sus cualidades espaciales. Es destacable el Carnaval de Venecia, una suerte de sofisticado anacronismo cuyos disfraces emulan aquella capital esplendorosa de siglos anteriores. Se dice que Venecia vive de las “rentas”, pero es indudable que con su patrimonio puede permitírselo.
En cambio, Amsterdam aparece como una ciudad vital, que sigue creciendo y lo hace proyectando una imagen innovadora, irradiando influencia por sus atrevidas posiciones culturales y sociales. Amsterdam exporta modernidad. Más allá del indudable interés de su casco histórico, visitado también por miles de turistas, la capital holandesa atrae por ofrecer un ambiente urbano y social muy particular, orientado desde la energía de lo joven, marcado por sus propuestas alternativas (muchas de ellas vinculadas a la ecología y a la sostenibilidad), por la moderación y la tolerancia (por ejemplo con el colectivo gay) o por la transgresión (controlada) de las normas que rigen en otros lugares. Como muestra podemos encontrar en Amsterdam un barrio (el Barrio Rojo, Rosse Buurt), con escaparates en los que se exhiben las prostitutas que, por cierto, se encuentran perfectamente legalizadas. O también descubrimos  la presencia de los coffeeshops, locales donde se vende y consume marihuana, dada la legislación liberalizada para el consumo de ciertas drogas blandas.
Hay otros casos que refuerzan la idea de que la modernidad de Amsterdam es principalmente social pero debemos recordar que también es arquitectónica  y urbana. Son muchas las muestras de modernidad que Amsterdam ha propuesto en sus últimas extensiones, desde el Plan Sur diseñado por Hendrik Petrus Berlage y la arquitectura de la “escuela de Amsterdam” que representaba Michel de Klerk, hasta el urbanismo funcional del Plan de 1935 liderado por Cornelis van Eesteren, o las últimas actuaciones realizadas en las islas y penínsulas de KNSMJava y Borneo-Sporenburg. Durante todo el siglo XX, la ciudad se erigió como un lugar donde se anticipaban las vanguardias y todavía mantiene esa posición privilegiada para conocer los últimos caminos que sigue la arquitectura.
Venecia y Amsterdam. Contrastes arquitectónicos.

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