18 oct. 2014

Tres plazas en el Montevideo antiguo: la sumisa, la rebelde y la conciliadora.

Las plazas reclaman protagonismo en las ciudades actuales.  Fueron el espacio urbano más maltratado e incomprendido por el Movimiento Moderno. En los proyectos funcionalistas la plaza se diluía en un espacio continuo, difuso y desfigurado, porque el racionalismo no entendió ni las claves formales ni las sociológicas de estos lugares de estancia, encuentro, e interacción que albergan actividades múltiples que resultan vitales para la ciudadanía.
Pero la plaza resiste el envite y reivindica su necesidad en la ciudad. Entre otras muchas cuestiones, las plazas atesoran buena parte de las esencias urbanas. En este sentido, Montevideo, en su centro histórico (la “ciudad vieja”), cuenta con una triada de plazas que resulta muy reveladora de la relación entre el espacio y la estructura de su entorno, así como de las consecuencias que esto conlleva en la conformación del carácter e identidad de los lugares.
La primera es la Plaza de la Constitución (Plaza Matriz),  que se sometió disciplinadamente al esquema ortogonal de la ciudad colonial; la segunda, la Plaza Zabala, transgresora frente a esa retícula fundacional; y la tercera, la Plaza de la Independencia, que nació como un espacio para articular los trazados de la “ciudad vieja” con los de la “ciudad nueva”.
Subordinarse, contraponerse o concertarse, son algunas de las estrategias de diseño que pueden adoptar las plazas en relación con la trama en la que se insertan. Hay ejemplos en muchas otras ciudades, pero la capital uruguaya tiene la peculiaridad de ofrecer los tres casos casi contiguos, hilvanados por la peatonal calle Sarandí.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
La fundación de Montevideo fue una decisión geopolítica incardinada en la tensión existente entre imperios coloniales del siglo XVIII. El primer asentamiento nació como ciudad-fortaleza del imperio español con el objetivo de frenar las ansias expansionistas portuguesas sobre la “banda oriental” del Rio de la Plata.
Se escogió como ubicación la península que cerraba la estratégica bahía (de Montevideo) por el sur, que fue protegida por fortificaciones. En su interior se planificó un modesto asentamiento que adoptó el modelo de las ciudades coloniales españolas y que iría creciendo con el tiempo hasta colmatar el recinto intramuros formando la “ciudad vieja”.
Mapa de la bahía de Montevideo. La ciudad se situó en la península que la delimita por el sur.
Aunque sus inicios fueron muy lentos, ya que todas las energías se volcaban en las infraestructuras portuarias y en las fortificaciones, Montevideo fue ascendiendo de rango (más por su importancia militar que por su peso socioeconómico)  hasta encabezar una Gobernación, primero dentro del Virreinato de Perú (en 1751) y luego en el de Rio de la Plata (creado en 1776). Poco a poco, el creciente desarrollo del puerto impulsaría a la ciudad, llegando a rivalizar con Buenos Aires. Y tras el agitado comienzo del siglo XIX, que culminó en la independencia y creación de la nueva República de Uruguay, Montevideo, designada como su capital, tuvo un crecimiento vertiginoso, cuadruplicando su población en pocos años (lo que hizo necesario el derribo del cinturón amurallado y la ampliación de la ciudad creando la “ciudad nueva”).
La “ciudad vieja” y su articulación con la “ciudad nueva” ofrecen tres casos interesantes para profundizar en la relación existente entre los espacios estanciales y la estructura de su entorno así como sobre la influencia que ésta tiene en la conformación del carácter e identidad de las plazas.
Las tres plazas a la misma escala, remarcando esquemáticamente su relación con la estructura urbana: arriba la Plaza Zabala, en medio la Plaza de la Constitución, y debajo la Plaza de la Independencia (la vía destacada con azul oscuro es la calle peatonal Sarandí que las relaciona)

La Plaza de la Constitución (Plaza Matriz), la plaza típica de las ciudades coloniales españolas.
La primera plaza montevideana es la inicial Plaza Mayor de la ciudad colonial (después Plaza Matriz y finalmente Plaza de la Constitución). Su trazado encaja disciplinadamente dentro del esquema característico de las ciudades coloniales españolas: un damero de calles rectilíneas, que definían un conjunto de manzanas iguales que, por lo general, eran cuadradas.
El espacio urbano más importante de las ciudades coloniales se ubicaba en el centro geométrico del trazado, y se obtenía a partir de la sencilla operación de suprimir, o reducir, algunas manzanas en esa zona. Así se generaba un vacío de carácter público que se convertía en la plaza principal. A este lugar daban fachada los edificios públicos más importantes, como la iglesia, el mercado o el edificio municipal de gobierno, y también solían encontrarse allí las casas-palacio de los ciudadanos mejor posicionados económica y socialmente.
Pero Montevideo fue una ciudad colonial atípica por su prioridad militar.

Apunte sobre la “ciudad vieja” de Montevideo.
El Rio de la Plata fue escenario de disputa entre los imperios coloniales español y portugués. En la ribera sur, derecha del gran estuario, los españoles habían fundado en 1580 el asentamiento de Ciudad de La Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre, el embrión de Buenos Aires (tras un primer intento fallido en 1536). En la orilla norte, la izquierda, la colonización portuguesa realizó un primer asentamiento en 1680, la Nova Colônia do Santíssimo Sacramento (Colonia del Sacramento) que pretendía extender su dominio por la denominada “banda oriental” (transgrediendo el Tratado de Tordesillas que delimitaba los dos imperios).
Las hostilidades acabaron surgiendo en 1723. Ante el riesgo de que los lusos se adueñaran de la bahía de Montevideo, los españoles atacaron esa posición y lograron expulsarlos de allí. Al año siguiente (1724), para consolidar el territorio, el Gobernador y Capitán General del Río de la Plata, Bruno Mauricio de Zabala fundó, en la mencionada península, un nuevo asentamiento que fue bautizado como San Felipe y Santiago de Montevideo.
La península se fortificó perimetralmente en sus orillas norte, oeste y sur y se levantó un lienzo de muralla por el istmo oriental. La protección incluía, además de los muros, bastiones, cubos (torreones circulares de defensa) y varios fuertes, como el de San José integrado en la muralla o el Fuerte Grande, en el centro del recinto, que cumplió la misión de edificio principal hasta la construcción de la Ciudadela, entre 1741 y 1751. No obstante, el sistema defensivo tardó décadas en ser completado (hasta 1780). De estas murallas (que fueron derribadas en 1829) quedan algunos restos, como el “cubo del sur” y sobre todo la Puerta de la Ciudadela que mantiene el simbolismo de separar la “ciudad vieja” de la “ciudad nueva” (Centro).
El puesto militar llevaba aparejado una colonia que le daría soporte. El plano de la misma fue trazado por el ingeniero militar Domingo Petrarca, quien lo hizo siguiendo las reglas canónicas del modelo. La organización y distribución corrió a cargo del capitán Pedro Millán. Aquel embrión de Montevideo fue poblado con oriundos de Buenos Aires y de las Islas Canarias, alcanzando el rango municipal en 1726.
Plano de Montevideo dibujado por Domingo Petrarca hacia 1730. Se observa el trazado del damero urbano y la presencia del Fuerte Grande. Es reseñable que la ubicación de la Ciudadela no coincide con la situación en la que finalmente se construyó en 1741. Petrarca sugirió una ubicación mucho más al este.
La ciudad se había planificado como un damero de manzanas cuadradas (cuadras) con una dimensión de 100 varas de lado. A las calles se les dio una anchura de 12 varas. Es decir, teniendo en cuenta la conversión de la vara castellana a nuestro sistema métrico (1 vara equivalía a 0,8359 metros), las manzanas miden 83,6 metros de lado y las calles 10 metros (como referencia próxima, el trazado inicial de Buenos Aires contaba con manzanas de 140 varas, 117 metros, y calles eran de 11 varas, 9,2 metros).
Aunque la delimitación de las murallas comprendía toda la península, el núcleo urbano inicial era mucho más pequeño, estando delimitado por las actuales calle Misiones (por el oeste), calle Piedras (por el norte), calle Buenos Aires (por el sur) y por el este por la línea quebrada de las fortificaciones (aproximadamente entre las calles Juncal y Ciudadela).

La Plaza de la Constitución (Plaza Matriz)
Ese primer Montevideo encerrado entre murallas, la denominada “ciudad vieja”,  se iría consolidando como núcleo urbano, extendiéndose hasta completar el recinto. Pero su centro neurálgico no cambiaría, siendo la Plaza Mayor desde su inicio en 1726.
Esta plaza iría tomando forma con edificios como la Iglesia Matriz (Catedral Metropolitana desde 1897), iniciada en 1790 y concluida en 1804 según el proyecto neoclásico de José Custodio de Saa y Faria (aunque tras la muerte de este intervinieron, entre otros, Tomás Toribio o Bernardo Poncini). La catedral se levantó sobre el solar en el que, en 1740, se había construido una primera modesta iglesia de ladrillo que se desplomó en 1788.
La Plaza Mayor se convirtió en la Plaza Matriz por la presencia de la mencionada Iglesia Matriz que recibía ese calificativo por ser otorgado a las iglesias establecidas como primera misión de una región (aunque la plaza acabó siendo rebautizada oficialmente como Plaza de la Constitución porque allí se juró la carta magna de 1830). El otro gran edificio institucional de la plaza sería el también neoclásico Cabildo (Cabildo y Reales Cárceles) de Montevideo, obra de Tomás Toribio, que se levantó entre 1804 y 1812 (aunque no se llegó a completar definitivamente hasta 1869). Su destino actual es Museo y Archivo Histórico Municipal. La plaza iría conformando su arquitectura definitiva con muestras eclécticas, como la Casa Vaeza o el Club Uruguay, levantadas en 1886 y 1888 respectivamente según proyecto de Luis (Luigi) Andreoni, ingeniero italiano afincado en Uruguay. El espacio interior fue diseñado por José Pedro Margat en 1855 formalizando su ajardinamiento y sus paseos diagonales. Se completaría en 1871, cuando gracias a la traída de aguas, se instaló la fuente central. Esa fuente fue una donación (obligada por contrato) de la empresa concesionaria del abastecimiento de agua para la ciudad y su objeto era proporcionar suministro público para la población. La esculpió el escultor italiano Juan Ferrari.
Imágenes de la Plaza de la Constitución (Plaza Matriz)
La plaza es un cuadrado con una superficie ligeramente superior a una hectárea (sus dimensiones aproximadas son 103 por 103 metros) en el que se disponen cuatro vías perimetrales que separan el espacio central de las fachadas de los edificios. La tangencialidad de las calles preserva el espacio interior de las interferencias del tráfico rodado, permitiendo la elevada intensidad de su uso ciudadano.
Paradójicamente, a pesar de la forma cuadrada y de las simetrías que le debían aportar estaticidad, la plaza no lo es tanto. El carácter de las vías de borde proporciona una curiosa asimetría a las dinámicas de flujos de la plaza. Por el sur se encuentra la calle Sarandí, reservada para los viandantes desde 1995, mientras que las otras tres vías son rodadas, destacando el tráfico de la vía norte (calle Rincón). A esta “inestabilidad” espacial contribuyen además, las diagonales de los paseos y las propias fachadas que la conforman, que ofrecen fuertes contrastes.

La Plaza Zabala, la transgresión del damero.
La plaza que simboliza la rebeldía frente a la rigidez de la retícula montevideana es la Plaza Zabala. No obstante, su configuración no responde a un hecho urbano planificado sino a la preexistencia en ese lugar de una edificación singular que no seguía las trazas del damero colonial.
Esta construcción especial, tan extraña respecto al resto de la ciudad, era el Fuerte Grande  que se había erigido en los primeros momentos de la ciudad como parte de la estructura defensiva de la península con independencia del núcleo urbano que se trazó en la parte oriental. Fue proyectado por Domingo Petrarca en 1724 con una orientación (casi norte-sur) oblicua a la trama del damero colonial.
La construcción de la Ciudadela a partir de 1741, como nueva fortaleza de Montevideo, hizo perder el sentido del Fuerte Grande como fortificación y sus estructuras defensivas fueron demolidas, conservándose únicamente su parte central que se destinó al alojamiento del Gobernador (posteriormente, en 1830, la “Casa del Gobernador” se transformaría en “Casa del Gobierno”, la sede del Poder Ejecutivo del nuevo estado uruguayo).
Montevideo en 1820. Solamente existía la Plaza  Matriz, ya que el Fuerte y la Ciudadela todavía no habían sido demolidas.
La desaparición de las defensas del  Fuerte Grande permitió el desarrollo urbano de la ciudad hacia el oeste de la península, siguiendo la rígida ortogonalidad marcada y, el Fuerte, fue integrado en la ciudad, generando una transgresión que reforzaba su representatividad como edificio distinguido.
En 1878, durante la dictadura del coronel Lorenzo Latorre, se tomó la decisión de trasladar la residencia del gobierno a un nuevo edificio situado en la Plaza de la Independencia (el Palacio Estévez que había sido comprado por el Ejecutivo) y el antiguo fortín quedó sin uso, por lo que se decretó su derribo. La demolición del Fuerte ofreció la oportunidad de reconvertir el espacio resultante en una segunda plaza para la “ciudad vieja”, muy densa y necesitada de espacios libres. En seguida se tuvo la idea de dedicar el nuevo espacio público al fundador de Montevideo, pero el proceso sería lento (el terreno estuvo baldío durante doce años hasta que, por fin, se conformó la plaza y el monumento conmemorativo tardó en llegar cincuenta y tres años)
El proceso se activó, cuando en 1889 la Junta Económico Administrativa de la ciudad creó la “Dirección de Paseos”, entidad que encargó, ese mismo año, el "Plan de Embellecimiento y Ensanche de Montevideo" al prestigioso paisajista francés Édouard André (1840-1911) quien, en ese contexto, diseñó la nueva plaza, que sería inaugurada en 1890.
André, que había comenzado su andadura en el París del Barón Haussmann, colaborando con Alphand y Barillet-Deschamps en proyectos como el Bois de Vincennes y el parque Buttes-Chaumont, había logrado un gran reconocimiento por su trabajo, llegando a ser considerado el mejor paisajista europeo de la segunda mitad del siglo XIX, con proyectos como el Sefton Park de Liverpool (1866).
El espacio al que se enfrentó André era un rectángulo con una superficie cercana a una hectárea  (las dimensiones aproximadas son 90 por 100 metros). La plaza fue concebida como un espacio ajardinado, inspirado en las square londinenses y definido por una vía rodada que circunvalaba a una “isla” interior que se diseñaba con el espíritu del paisajismo inglés. Ese espacio central se separaba de la vía que la rodeaba por medio de macizos arbustivos y arbóreos (y unas verjas de hierro que todavía se mantienen), creando un espacio interno sosegado, que era recorrido por senderos sinuosos entre flores y árboles. Aunque desde aquel planteamiento inicial la plaza ha sufrido importantes cambios, ha logrado conservar su carácter de “oasis” ajeno a la bulliciosa ciudad.
Imágenes de la Plaza Zabala. La superior con el aspecto original en una fotografía de 1910 y la inferior con la imponente presencia del Edificio del Fuerte.
La plaza fue conformando sus volúmenes laterales con interesantes muestras arquitectónicas, como el Palacio Taranco (obra de los arquitectos franceses Charles Louis Girault, autor del Petit Palais en París, y Jules León Chifflot). Esta antigua residencia familiar, construida entre 1908 y 1910, se encuentra hoy reconvertida en Museo de Artes Decorativas. También destaca el afrancesado Edificio del Fuerte, construido hacia el año 1914 por el arquitecto Eusebio Perotti , como viviendas en alquiler. Una de las modificaciones más significativas fue consecuencia de la instalación del monumento que recuerda al español Bruno Mauricio de Zabala, capitán general de la Gobernación de Rio de la Plata entre 1717 y 1734, y como se ha dicho, fundador de la ciudad. La gran estatua ecuestre de Zabala fue ubicada en el centro de la plaza, siendo obra del escultor español Lorenzo Coullaut Valera, quien contó con la colaboración del arquitecto, también español, Pedro Muguruza Otaño. Ambos habían resultado vencedores en el concurso internacional convocado en 1923. El monumento fue inaugurado en 1931.
La plaza es un espacio singular dentro de la trama de la “ciudad vieja”, tanto por su peculiar disposición girada respecto a la ortogonalidad canónica como por el papel que asume. Su particular implantación sumada al planteamiento del espacio unitario central suponía la interrupción de la continuidad de las vías que llegaban a ella, circunstancia que lleva a que el tráfico rodado escoja otros recorridos, favoreciendo su carácter de plaza introvertida. Su calidad ambiental la ha hecho recibir el aprecio ciudadano como lugar de descanso bastante independiente del funcionamiento urbano (una manera de ser “rebelde”).

La Plaza de la Independencia, entre la “ciudad vieja” y la “ciudad nueva”.
La Plaza de la Independencia nació con la ampliación de Montevideo planificada en 1836, resultando un importante ensanche que creó la “ciudad nueva”, el hoy llamado Centro de Montevideo, y que supuso el derribo de sus murallas y de la Ciudadela.
Esta tercera plaza (aunque no cronológicamente, porque su creación fue anterior a la Plaza Zabala) traslada la idea de concertación, debido a su papel como pieza urbana de articulación entre la “ciudad vieja” y la “ciudad nueva”. Una conciliación que también simbolizaba el encuentro entre el pasado colonial y el futuro del estado independiente.

Un apunte sobre la “ciudad nueva” (Centro)
Tras años de lucha por la emancipación de la “banda oriental”, en 1828 se firmó la paz y se logró el reconocimiento de un nuevo país que se denominaría Estado Oriental del Uruguay. El incipiente estado adoptó en 1830 su primera Constitución, consolidando la república como forma de gobierno.
Inmersos en ese ambiente efervescente, que vislumbraba un nuevo futuro, en 1829, la Asamblea General Constituyente tomó la decisión de demoler las fortificaciones de la “ciudad vieja” (y en 1833 hizo lo mismo con los baluartes de la Ciudadela) para favorecer el crecimiento de Montevideo. Inmediatamente se puso en marcha  la planificación de una “ciudad nueva”. El trazado de la ampliación fue encargado a José María Reyes (que era sargento mayor del ejército y tenía formación en topografía). La “ciudad nueva” representaría al nuevo estado autónomo frente al dominio colonial simbolizado por la “ciudad vieja”. El plano definitivo de la primera extensión montevideana se dibujó en 1836.
Plano de Montevideo con la “ciudad vieja” y la “ciudad nueva” (las tres plazas se encuentran remarcadas). Es reseñable el mantenimiento de la parte central de la Ciudadela como Mercado Viejo que reducía la Plaza de la Independencia prácticamente a la mitad.
Las manzanas de la “ciudad nueva” (un total de 136) colonizaban el “Campo de Marte”, los terrenos extramuros de reserva militar  que llegaban hasta el ejido (los campos comunitarios para pastos) de Montevideo. Las “cuadras” mantendrían la dimensión de 100 varas (83,6 metros) que presentaban las de la “ciudad vieja”, aunque se orientarían en dirección casi norte-sur. La calle principal (actual Avenida 18 de Julio) tendría 30 varas de ancho (25 metros), mientras que el resto serían de 20 varas (16,7 metros). Este eje principal iría hilvanando las principales plazas del Ensanche, comenzando por la Plaza de la Independencia que ejercería de nodo “bisagra” entre ambas tramas.
Superposición del lienzo oriental de las murallas y la Ciudadela sobre la trama urbana. 
La Plaza de la Independencia.
La plaza fue trazada en el plano regulador de conjunto propuesto por José María Reyes, pero su conformación tendría dos fases bien diferenciadas.
La primera etapa actuó sobre aproximadamente la mitad oriental de la superficie actual, ya que convivió con parte de la Ciudadela, cuyo derribo, ordenado en 1833 no fue total. Se  había conservado su parte central, que fue reutilizada como nuevo mercado para la ciudad, el Mercado Viejo.
Esa primera versión reducida de la plaza fue concebida espacialmente en 1837 por el arquitecto italiano Carlo Zucchi (1789-1849). Carlo Zucchi, formado en Francia, proyectó la transición entre la “ciudad vieja” y la “ciudad nueva” proponiendo un espacio de articulación influenciado por la tradición francesa en la que se planteaban fachadas homogeneizadas mediante pórticos rítmicos formados por arcos de medio punto (en la línea de la rue Rivoli parisina). Zucchi pudo ofrecer un ejemplo demostrativo ya que construyó en 1841 la Casa de Elías Gil (demolida en 1954 y en cuyo solar se encuentra hoy la Torre Ejecutiva). Una cuestión anecdótica deriva de la Casa de Elías Gil dado que, al ser utilizada durante la “Guerra Grande” (1839-1851) como cuartel del Batallón de Pasivos (soldados retirados), fue responsable de la denominación de “pasivas” a las zonas porticadas de las fachadas de la plaza. No obstante, el proyecto de sistematización de fachadas de Zucchi fue modificado en 1860 por el arquitecto suizo Bernardo Poncini (1814-1874), cambiando los arcos de medio punto por columnas y dinteles rectos.
La Plaza de la Independencia en 1882 mirando hacia la Avenida 18 de Julio. Es destacable la unidad producida por las “pasivas” y el hecho de que el único edificio de dos plantas fuera entonces el Palacio Estévez.
En esta primera etapa se fueron levantando algunos de sus edificios singulares. Primero el Teatro Solís que, aunque propiamente no se encuentra en la plaza, es un elemento fundamental contiguo a uno de sus vértices. Tras muchos avatares fue inaugurado en el año 1856, según el proyecto original de Carlo Zucchi. Años después, en 1873 se construyó el  Palacio Estévez, diseñado por Manoel de Castel (que actualmente se conoce como Edificio Independencia y es una de las sedes del Poder Ejecutivo de Uruguay albergando oficinas y un museo, utilizándose para actos protocolarios)
La segunda etapa en la creación de la plaza arrancó con la demolición del Mercado Viejo en 1878. La ampliación de superficie otorgó las dimensiones definitivas a la plaza (105 por 220 metros aproximadamente, unas 2,3 hectáreas) y obligó a una remodelación del espacio, en la que participó el paisajista de origen francés Carlos (Charles) Thays (1849-1934) que había sido secretario de Edouard André.
La plaza decimonónica, que estaba configurada con arquitecturas de baja altura (una o dos plantas) y que ofrecían un carácter unitario siguiendo las ordenanzas marcadas, comenzó en el siglo XX un proceso de transformación extraordinaria. Los edificios fueron siendo sustituidos dentro de una liberalización total que olvidaba la sistematización anterior creando una miscelánea arquitectónica muy controvertida.
Imágenes de la Plaza de la Independencia. La superior mirando hacia la Avenida 18 de Julio y la inferior con el punto de vista contrario, hacia la “ciudad vieja”.
Entre 1923 y 1928 se construyó el que quizá sea el gran emblema de la plaza, el Palacio Salvo (obra del arquitecto Mario Palanti). El edificio “art-déco” con su torre de 95 metros fue, hasta 1935 el segundo más alto de toda Sudamérica. En 1929 se construyó el Palacio Rinaldi por los arquitectos Alberto Isola y Guillermo Armas. En 1952 se inauguró la torre del Hotel Victoria Plaza (actual Radisson Montevideo Victoria Plaza Hotel) proyectado por los argentinos SEPRA (Sánchez Elía, Peralta Ramos y Agostini) y que fue ampliado en 1989 con la construcción de otra torre en la manzana posterior (comunicadas sobre la calle Colonia) por los arquitectos Gómez Platero, Cohe y Alberti. En 1958 se levantó el  Edificio Ciudadela, otro de los iconos (polémicos) de la plaza con sus 90 metros de altura, obra de los arquitectos Raúl Sichero y Ernesto Calvo. En 1963 se comenzó a construir el Palacio de Justicia según el proyecto de los arquitectos Barañano, Blumstein, Ferster, Rodríguez Orozco y Rodríguez Juanotena, y que sería fuertemente remodelado en 1989 y 2007 (pasando a ser conocido como Torre Ejecutiva)  por el Estudio Cinco (Carlos Arcos, Ivan Arcos, Ferster, Rodriguez Orozco y Rodriguez Juanotena), para albergar las oficinas de la Presidencia de la República.
El centro de la gran plaza está ocupado por el Monumento a Artigas (en homenaje al prócer José Gervasio Artigas, líder del independentismo uruguayo), obra del escultor Ángel Zanelli e instalado en 1923 (en 1977 se completó con un mausoleo diseñado por los arquitectos Lucas Ríos y Alejandro Morón). Destaca igualmente la presencia de la Puerta de la Ciudadela que fue restituida en 1957.
Las grandes dimensiones de la plaza hacen de ella un lugar de relativo poco uso estancial, siendo principalmente un lugar de paso. La plaza cuenta con una circulación rodada perimetral que recoge las diversas calles que acceden a ella, pero en su diseño actual hay una fuerte axialidad, manifestada en el eje longitudinal del rectángulo, que une virtualmente el final de la calle Sarandí (principal en la “ciudad vieja”) con el arranque de la Avenida 18 de Julio (principal en la “ciudad nueva”) y se potencia con la efigie ecuestre de Artigas.
Aquella plaza-bisagra que unía dos mundos diferentes (“ciudad vieja” y “ciudad nueva”) conciliándolos desde la unidad arquitectónica, dio un giro copernicano y se convirtió en un espacio  unificado desde el punto de vista urbanístico, pero con una dudosa heterogeneidad arquitectónica formada por la yuxtaposición de edificaciones individuales que olvidaron el conjunto. La sorprendente diversidad ofrecida, tanto en volumetrías y alturas, como en estilos, colores o materiales proporciona una sensación de dispersión que no es evitada por la mínima uniformidad debida a los soportales (las “pasivas”).

En 2010 se convocó un Concurso Público de Anteproyectos para la remodelación de la Plaza Independencia que solicitaba la reconfiguración del plano horizontal. Pero a pesar de que seleccionó una propuesta ganadora, su desarrollo se encuentra actualmente paralizado.
Planta de la solución ganadora del concurso de 2010 para la remodelación de la Plaza de la Independencia (autores: Fabio Ayerra, Marcos Castaings, Martín Cobas, Federico Gastambide, Javier Lanza y Diego Pérez)

1 comentario:

urban.networks.blog@gmail.com