21 mar. 2015

Ejes monumentales de París: El “Axe Historique” (Louvre-Défense) y el “Axe Majeur” de Cergy Pontoise.

El Axe Historique de París y el Axe Majeur de Cergy-Pontoise.
La tradición urbanística francesa ha sido proclive al planteamiento de largos y monumentales ejes que abren lejanas perspectivas. Las bases teóricas las encontramos en el Jardín Francés como expresión del control del hombre sobre la naturaleza. El paisajismo galo ofrece ejemplos sobresalientes, como el magnífico eje central de los jardines de Versalles. La línea recta resultaba fascinante y las ciudades aplicaron también esos soberbios trazados que exigían una planificación voluntariosa de importantes consecuencias urbanas.
París muestra uno de los casos más emblemáticos con el Eje Histórico (Axe Historique), que comienza en el Arco del Carrusel y tras pasar por el Obelisco de la Plaza de la Concordia, recorre los Campos Elíseos y el Arco de Triunfo para concluir en La Défense, con un desarrollo aproximado de ocho kilómetros. La estrategia de los grandes ejes urbanos se mantiene en el siglo XXI en la región parisina con el Eje Mayor (Axe Majeur) de Cergy-Pontoise (una de las Villes Nouvelles creadas en la periferia de la capital francesa) que alcanza una longitud de 3,2 kilómetros.
El primero es un eje nítidamente urbano, que fue desarrollado durante varios siglos y por eso cuenta con una autoría intergeneracional. En cambio, el segundo, realizado durante las últimas décadas, se inicia en la ciudad para introducirse en el territorio, “esculpiendo” el paisaje según la concepción de su autor (Dani Karavan). Pero estas diferencias pierden importancia cuando se constata su extraordinaria capacidad como generadores de identidad urbana.

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El trazado rectilíneo de grandes ejes.
La geometría, y en particular la que se basa en la línea recta, ha mostrado su eficacia a lo largo del tiempo como instrumento de planificación urbana. Complementariamente, también es un hecho significante, pues simboliza la superación del ser humano sobre los inconvenientes de la naturaleza (topográficos fundamentalmente) e informa sobre la voluntad y la organización de las sociedades que han sido capaces de utilizarla. Eficacia y simbolismo son dos claves que convierten a la línea recta en un atractivo instrumento urbano. (Para un análisis desde este punto de vista sobre la línea recta remitimos al artículo publicado en este blog acerca de la Ciudad Barroca).
Más allá de los trazados reticulares basados en la ortogonalidad, la historia urbana muestra ejemplos de largos recorridos rectilíneos que vertebran ciudades y territorios ofreciendo perspectivas singulares. Precisamente el descubrimiento de la perspectiva fue uno de los hechos que impulsó su aplicación.
El Barroco fue el periodo en el que se utilizó este recurso con mayor intención, generando escenografía espléndidas, con largas avenidas e, incluso, reuniéndolas por tríos en espectaculares tridentes. También la Ciudad Posliberal del siglo XIX hizo un uso intenso de la línea recta, no solo para la planificación “ex novo” (como en el caso del Ensanche de Barcelona), sino también para la reestructuración de tejidos antiguos (resultando paradigmático el nuevo París del Baron Haussmann).
Al margen de estas intervenciones sistemáticas, existen otros ejemplos aislados, de gran particularidad y grandilocuencia, que extienden direcciones rectilíneas a lo largo de muchos kilómetros. Incluso, en algún caso, se llega a combinar la realidad de un recorrido físico con su proyección “virtual” hacia hitos lejanos, pero alineados, que proporcionan sentido a la perspectiva. Un ejemplo de ello es el extraordinario Corso Francia de Turín que suma a sus diez kilómetros físicos la prolongación virtual hasta la Basílica de Superga de Filippo Juvara que domina, desde lo alto de una colina, la perspectiva de la avenida, completando una línea recta de 19,5 kilómetros totales.
Estos grandes ejes, al menos los más urbanos, suelen verse jalonados por monumentos referenciales, tanto grandes edificios que los acompañan como hitos simbólicos que los pautan (arcos de triunfo, obeliscos, columnatas, etc.)
Muchas de estas claves se encuentran representadas en el Axe Historique de París y el Axe Majeur de Cergy-Pontoise. El gran Eje Histórico de París, que se prolonga hasta Nanterre (en el departamento de Hauts-de-Seine), surge de forma paulatina a lo largo de varios siglos, manifestando una voluntad intergeneracional que se ha consolidado en sus ocho kilómetros de recorrido. Por el contrario, el Eje Mayor de Cergy-Pontoise, una de las Villes Nouvelles creadas en la región parisina (en el departamento Val-d'Oise) es un producto de “autor”, realizado de una vez, aunque su desarrollo se ha prolongado durante tres décadas (siendo uno de esos casos de trazado físico y virtual, como veremos más adelante).
Ubicación de los dos ejes monumentales con la hipotética prolongación que los cruzaría en la Isla de los Impresionistas.
Ambos ejes, si fueran teóricamente prolongados se encontrarían en la conocida como Isla de los Impresionistas (île de Chatou). En este cruce simbólico se reúne esa voluntad común, tanto  antigua como contemporánea, de crear espacios, o mejor sucesiones de espacios, que unidos logran uno de los objetivos urbanos más difíciles: generar una identidad  que favorezca el sentimiento de pertenencia de los ciudadanos.

El Eje Histórico (Axe Historique) de París.
Vista aérea del Eje Histórico de París y su ubicación en el plano de la capital francesa
El Eje Histórico de París tuvo una conformación paulatina a lo largo de varios siglos. Sus primeros tramos no nacieron con la consciencia de iniciar un trazado que haría historia pero, con el tiempo, la gran dirección, que se convertiría en uno de los iconos de la capital francesa, se hizo patente.
Para entender el Eje Histórico hay que recordar al desaparecido Palacio de las Tullerías (Palais des Tuileries), que fue construido en 1570 por orden de la reina María de Médici sobre el solar de unas antiguas tejerías (tuileries) que inspiraron su nombre. El palacio se complementaría con unos extensos jardines privados, los Jardines de las Tullerías. Complementariamente, la reina también ordenó habilitar parte de los terrenos exteriores (que eran bastante pantanosos) para crear un recorrido arbolado por el que dar largos paseos. Este camino sería trazado como una recta en continuidad con el eje de los jardines (el paisajista Le Nôtre, también intervendría en su realización).
Detalle del plano de París hacia 1630. Se aprecia el Palacio de las Tullerías, sus jardines traseros y el barrio que lo separaba del Louvre.
Pero los reyes Enrique IV y María de Médici no llegaron a ocupar el Palacio de las Tullerías y la edificación prevista inicialmente no se llegó a completar (solamente se construyó uno de los bloques previstos perpendiculares al rio Sena). Años después se intentó unir al Louvre a través de dos galerías, pero solo se levantó una, la galería sur (1607-1610, Jacques-Androuet du Cerceau). El palacio solo acogió a la familia real en esporádicas temporadas y estuvo destinado, durante tiempo, a residencia de altos cargos de la corte y artistas de primer nivel. El incompleto edificio recibió la atención de Luis XIV, quien pretendió resolver la asimetría del mismo y encargó a Louis Le Vau su consecución y la armonización de los diferentes estilos que presentaba. Sería Napoleón I el que le proporcionaría su truncada dignidad, convirtiéndolo en residencia imperial. Posteriormente, sufriría muchos avatares (en sintonía con la agitada evolución política francesa), hasta que nuevamente, con Napoleón III, recuperaría su papel y alcanzaría su máximo esplendor (terminando además el ala de conexión con el Louvre, que había iniciado Napoleón I). Pero tras la caída del Segundo Imperio, en tiempos de la Comuna, el palacio sería arrasado e incendiado. Finalmente en 1882 sería demolido. El edificio desaparecía pero su impronta se reflejaría en el Eje Histórico.
El Palacio de las Tullerías, edificio que marco la simetría que acabaría originando el gran eje parisina, con el Arco del Carrusel como entrada majestuosa desde el barrio del Louvre (al fondo el obelisco y el Arco de Triunfo de L’Etoile)
Napoleón Bonaparte, para ensalzar el palacio que había escogido como residencia, ordenó la construcción de un arco de triunfo que conmemoraría sus victorias militares y serviría de entrada majestuosa al patio de acceso al palacio desde el barrio del Louvre. Sería el Arco de Triunfo del Carrusel (Arc de triomphe du Carrousel), que hoy tras desaparecer el palacio queda situado entre el Louvre y los jardines de las Tullerías. Construido entre 1806 y 1808, el diseño corrió a cargo de Pierre-François-Léonard Fontaine y Charles Percier, quienes se inspiraron en el arco de Constantino de Roma como modelo. Su ubicación quedó determinada por el eje de simetría del palacio.
Varias décadas antes, en 1748 la ciudad de París había decidido erigir un monumento al rey Luis XV. Para ello se convocó un concurso que solicitaba el diseño del espacio y la ubicación de la estatua, aunque finalmente se propondría  un proyecto que reunía algunas de las mejores ideas de la competición. El lugar escogido era el arranque de aquel paseo arbolado encargado por Maria de Medici, junto a los Jardines de las Tullerías, y el responsable del nuevo proyecto sería Ange-Jacques Gabriel, director de la Academia y principal arquitecto del rey, que además había participado en la convocatoria inicial. En 1755 ese proyecto, la Plaza de la Concordia, fue aprobado. Gabriel planteó una inmensa explanada de 230 x 360 metros  aproximadamente que buscaba fondos de perspectiva en sus ejes principales. Hacia el norte se proyectó una nueva calle (rue Royale) que, además, pretendía conducir el tráfico de los bulevares hacia la rive gauche. El fondo visual sería una nueva iglesia (la Madeleine) que quedaría enmarcada desde la plaza por dos imponentes edificios simétricos. Por el sur, el eje iniciado en la Madeleine se prolongaría hacia la orilla izquierda gracias a un nuevo puente, el Puente de la Concordia. Por el este, el remate visual lo proporcionaban los jardines de las Tullerías y el hoy desaparecido Palacio del mismo nombre. Y hacia el oeste se abría la perspectiva de un futuro sin definir (con la continuación del paseo arbolado). La estatua (obra de Edmé Bouchardon) sería colocada en 1763, en el punto central del espacio, alineada con La Madeleine y con el Palacio de las Tullerías.
Proyecto original de la Plaza de la Concordia propuesto por Ange-Jacques Gabriel en 1758. Debajo pintura de la época en la que se colocó el gran obelisco de Luxor.
Con la Revolución Francesa, la escultura sería eliminada, pero un nuevo hito acabaría remarcando esa ubicación central: el obelisco de la Plaza de la Concordia, que fue erigido en 1836. El gran hito había sido un regalo del valí de Egipto, Mehemet Ali, procedente del Templo de Luxor. El gran obelisco de granito rosa de Asuán mide 23 metros.
Las “vistas perpendiculares” de la plaza de la Concordia. El eje longitudinal (Eje Histórico), visto desde los Jardines de las Tullerías y el transversal hacia La Madeleine.
Aquel paseo arbolado planteado por la reina María de Medici y cuyo comienzo había sido ocupado por la Plaza de la Concordia, se consolidaría con edificaciones a partir de 1765 y con el tiempo conformaría los Campos Elíseos (Avenue des Champs-Élysées), el paseo parisino por excelencia y uno de los principales emblemas de la ciudad (que tiene unos cuantos). La gran avenida de 70 metros de anchura recorre 1.910 metros enlazando la Plaza de la Concordia con la Place de l’Étoile (cuyo nombre oficial es Place Charles-de-Gaulle).
Los Campos Elíseos son la gran avenida central del eje, un espacio emblemático y “multiusos”: vía de circulación, escenario de eventos como el Tour de France o el desfile del 14 de Julio, o lugar de celebraciones como en Navidad con la instalación temporal de la Grand Roue en la Plaza de la Concordia.
Es una avenida ascendente hacia la cima de la antigua colina de Chaillot, en cuyas alturas se encuentra la Place de L’Étoile que fue explanada en el último tercio del siglo XVIII (1777). En ese espacio se instaló una de las barrières (puertas aduaneras) de la muralla de los fermiers généraux (recaudadores de impuestos) que se levantó entre 1784 y 1790. La barrière de l'Étoile (también llamada barrière de Neuilly) fue diseñada por Claude-Nicolas Ledoux. Su carácter de puerta la convertiría en destino de numerosos caminos que se ordenarían geométricamente durante el Segundo Imperio dentro de la profunda remodelación urbana de París dirigida por el Baron Haussmann
El diseño de la plaza fue realizado por el arquitecto Jacques Hittorff, quien la convirtió en el punto de encuentro y articulación de doce grandes vías parisinas (y particularmente de las dos que conforman el Eje Histórico).
Hittorff organizó el diseño alrededor del gran hito existente en el centro de la plaza, el impresionante Arco de Triunfo de L’Étoile de colosales dimensiones (50 metros de altura, 45 de anchura y 22 de profundidad). También fue promovido por Napoleón Bonaparte como celebración de su victoria en la batalla de Austerlitz (1805). Sus autores fueron Jean Chalgrin y Jean-Arnaud Raymond, quienes en este caso se inspiraron en el Arco de Tito de Roma. Su construcción se realizó entre 1806 y 1836.
Vistas desde lo alto del Arco del Triunfo, hacia el Louvre y hacia La Défense.
En la Place de L’Etoile nace el siguiente tramo del Eje Histórico, la Avenue de la Grande-Armée. Con sus 70 metros de ancho recorre 775 metros de longitud hasta llegar a la Porte Maillot, una de las antiguas puertas del Bois de Boulogne, donde finaliza. En ese punto se produce la conexión con el Boulevard Périphérique.
El Eje continúa con la Avenue Charles de Gaulle, que recibió esta denominación en 1971 en sustitución de la tradicional Avenue de Neuilly, dado que este es el municipio por el que transcurre. Finaliza en el puente de Neuilly, un complejo paso sobre el rio Sena que combina dos líneas ferroviarias en el centro, cuatro carriles rodados a cada lado y unas aceras peatonales laterales.
El puente conduce directamente a la Explanada de La Défense, el gran espacio, centro de negocios de la capital, que culmina con el Arco de la Défense. El distrito de negocios fue planificado en 1964 impulsado por una institución pública creada al efecto, la Sociedad Pública para la Planificación de La Défense (Établissement public pour l'aménagement de La Défense, EPAD). Durante las siguientes décadas irán construyéndose los edificios de oficinas (torres principalmente) que caracterizan el barrio. Pero su icono principal se concebiría en 1982, cuando la EPAD convocó un concurso internacional de arquitectura para la definición del emblemático edificio que debía rematar el Eje Histórico. En esa competición se impuso la propuesta del arquitecto danés Johan Otto von Spreckelsen (1929–1987), aunque este falleció antes de finalizar la obra, siendo concluida por el francés Paul Andreu (1938). El edificio, que se inauguró en 1989, cumplía todos los requisitos para convertirse en un nuevo símbolo de París. El gran Arco de La Défense es un soberbio “cubo” hueco de treinta y cinco plantas, cuyas dimensiones son 108 metros de ancho, 110 de alto y 112 de profundidad, aunque sorprendentemente no se encuentra perfectamente alineado con el Eje sino girado ligeramente 6,3 grados (parece que las complejas circunstancias de su cimentación obligaron a esa desviación). El colosal cubo era otro de las grandes muestras arquitectónicas del periodo del Presidente François Mitterrand.
Vista del Eje Histórico desde lo alto del Arco de la Défense.
En los últimos años se está trabajando sobre la prolongación del eje más allá de La Défense para llevarlo de nuevo al encuentro del serpenteante rio Sena (Projet Seine Arche), dentro del municipio de Nanterre. Ya se han abierto avenidas y se han creado algunos espacios singulares como la Plaza Nelson Mandela (2010).
Los tres “arcos” del Eje: Arco del Carrusel, Arco de Triunfo y Arco de la Défense.
Recorrer el Eje Histórico de París es encontrarse con la historia de la capital francesa. Desde el Louvre (aunque la pirámide que construyó Ieoh Ming Pei en 1989 no está alineada con el eje y por tanto no se considera parte del mismo), hasta la Défense se van engarzando hitos y mitos, edificios y espacios públicos que han convertido sus ocho kilómetros en un resumen perfecto del “glamour” parisino, esa inasible identidad de la ville lumière.

El Eje Mayor (Axe Majeur) de Cergy-Pontoise.

“On ne change pas la vie seulement avec la symbolique, mais sans le symbole c’est plus difficile”.
(No se cambia la vida solamente con lo simbólico,
pero sin los símboles, es más difícil)
Umberto Eco
(Intervención en el video “Axe Majeur, rencontre avec l’espace et le temps”, 2011)

El comentario de Umberto Eco sobre el Axe Majeur expresa una de las claves de su diseño, cuyo objetivo principal era crear un lugar emblemático para Cergy-Pontoise que permitiera construir una identidad urbana referente para los ciudadanos. Lo simbólico fue una de las “herramientas” del diseño, de forma que su trazado rectilíneo y las “estaciones” que lo componen, aportaran sentido a la actuación. Con todo, el Eje Mayor se lograría convertir en el deseado icono para la joven ciudad que va a cumplir solamente cincuenta años.
Cergy-Pontoise es una de las cinco Villes Nouvelles creadas en la región parisina a partir de 1965 con la intención de descongestionar el núcleo de la capital francesa y planificar racionalmente el crecimiento del departamento de L’île de France. Estas nuevas ciudades se enfrentaban al reto de arraigar en sus ciudadanos una identidad que favoreciera el sentimiento de pertenencia. Por eso, entre los objetivos principales de los planificadores urbanos se encontraba la generación de iconos particulares. Algunos de estos han trascendido los límites del municipio para proyectarse internacionalmente. Es el caso del Eje Mayor (Axe Majeur) de Cergy-Pontoise, una espectacular propuesta que une ciudad y territorio a través de una intervención paisajística que sigue un eje prolongado durante 3,2 kilómetros.
Evolución del meandro del rio Oise sobre el que se trazó el Axe Majeur (línea roja). Arriba, 1961; en medio, 1988; y debajo, 2008. Se aprecia la gran transformación territorial (por ejemplo con la aparición del lago) y las partes física y virtual del Eje.
La idea general de los planificadores de Cergy-Pontoise llevó a la selección de un artista que fuera capaz de afrontar ese desafío. El elegido fue Dani Karavan (1930), un artista israelí de gran reconocimiento internacional, que había destacado por intervenciones urbanas escultóricas monumentales. Karavan afrontó el proyecto diseñando un eje monumental rectilíneo (dentro de la larga tradición francesa) que enlazaba 12 hitos muy significativos que iban desde la propia ciudad hasta el territorio “natural” del entorno. Concebido  en 1980, e iniciado en 1982, ese espectacular trazado que “esculpió” el paisaje de Cergy-Pontoise se ha ido desarrollado durante los últimos treinta años (en 2008 se concluyeron la Pasarela sobre el rio Oise y la primera fase de la Isla Astronómica). En la actualidad, el Axe Majeur se ha convertido en un icono identitario de Cergy-Pontoise, que observa a París desde elevada meseta que domina el valle del rio Oise.
Esquema del Axe majeur de Cergy-Pontoise detallando las “doce estaciones” del mismo (los números corresponden a las “estaciones” y a la explicación del texto)
El Eje Mayor consta de 12 “estaciones” que secuencian los 3,2 kilómetros de su longitud, aunque no es físico en su totalidad, ya que sus últimas etapas son “virtuales”. Las “estaciones” son las siguientes:
1.       La Tour Belvédère
2.       La place des Colonnes - Hubert Renaud
3.       Le Parc des Impressionnistes
4.       L’esplanade de Paris
5.       La terrasse
6.       Les jardins des Droits de l’Homme (Pierre Mendès-France)
7.       L’amphithéâtre
8.       La scène
9.       La passerelle
10.   L’île astronomique
11.   La pyramide
12.   Le carrefour de Ham
Inicio del Axe Majeur, con la Tour Belvedere presidiendo la Place des Colonnes-Hubert Renaud del conjunto residencial Le Belvedere St. Christophe diseñado por Ricardo Bofill.
El recorrido se inicia en la Tour Belvédère (Torre Bellavista), un “obelisco” de 36 metros de altura y 3,60 de anchura que se encuentra ligeramente inclinado en la dirección del Axe (concretamente 3 grados) e incluye una escalera interior que asciende hacia su parte superior. Desde allí se disfruta de una vista de 360 grados sobre el entorno (y del París que emerge en el horizonte). En la torre se inicia el rayo láser nocturno que sobrevuela el trazado del eje y lo marca con exactitud.
El rayo láser que marca el recorrido del Eje, procedente de la Tour Belvedere y sobrevolando con exactitud los diferentes espacios.
La torre ocupa el centro de la segunda “estación, la Place des Colonnes-Hubert Renaud, una plaza semicircular que forma parte del conjunto residencial Le Belvedere St. Christophe, diseñado por el arquitecto Ricardo Bofill (1939). El proyecto se basa en un elaborado y complejo sistema geométrico que relaciona las formas del cuadrado y del círculo a través de sus mitades (en una alegoría de la tierra y el cielo). El planteamiento se concreta en un semicírculo (que referencia a los teatros griegos y romanos, a los crescent ingleses, o a la propia columnata de la Plaza de San Pedro de Roma) que se articula con dos cuadrados que son la mitad del cuadrado matriz. La imagen del conjunto se enmarca en el periodo clasicista de Bofill. Karavan y Bofill colaboraron en el encaje de la torre y del inicio del eje con la arquitectura proyectada. El diseño modificó su parte semicircular, cerrada inicialmente, para abrir una “grieta” por la que atraviesa el eje,  siguiendo los 45⁰ de la diagonal del proyecto de Bofill. Aunque hay unas cuantas teorías esotéricas que anuncian conexiones místicas y ocultas derivadas de la dirección del eje, en realidad su directriz estuvo condicionada por la geometría el proyecto. El conjunto urbano fue finalizado en 1986.
La Explanada de París con las icónicas 12 columnas en el borde de la terraza sobre el rio Oise.
Tras dejar atrás la plaza y la ciudad, el eje adopta su carácter paisajístico colonizando la parte superior de las terrazas del Oise hasta que llega a la gran pendiente de la ladera que desciende hasta el rio. En esa terraza superior se encuentran, la tercera estación, el Parque de los Impresionistas (Parc des Impressionnistes) y la cuarta, la Explanada de París (L’esplanade de Paris). El Jardín de los Impresionistas es el testimonio del pasado agrícola de Cergy y marca el paso del tiempo con sus cambios estacionales. Tras él, la Explanada es una gran superficie de hormigón blanco que llega hasta el borde de la terraza. Es el lugar de encuentro por excelencia del Eje, en el que se celebran eventos multitudinarios (conciertos, espectáculos, etc.). Allí se ubica la fuente de vapor, otro recuerdo del pasado de Cergy y su geotermia natural. En el punto de cambio de pendiente se sitúan las “12 columnas” (también de hormigón blanco), otro de los conjuntos icónicos del Eje que fue terminado en 1989.
El Axe Majeur en sus etapas intermedias sobre la ladera de la meseta de Cergy, desde las 12 columnas de la Explanada de París, la Terraza, el Jardín de los Derechos del Hombre y la gran Pasarela roja.
Tras las columnas, el primer tramo del descenso se produce con la quinta estación (la Terraza, la terrasse), un graderío desde el que se aprecia París al fondo y se toma constancia del desnivel topográfico entre Cergy y el rio. El resto del descenso se produce en el Jardín de los Derechos del Hombre (Les jardins des Droits de l’Homme- Pierre Mendès France). Estos jardines articulan la meseta en la que se ubica Cergy y el valle del rio Oise. Su camino central es el propio Eje, que se convierte en una escalera que va dando acceso a las diferentes zonas arboladas (con olivos y tilos), a los juegos de niños, a los espacios para reposo, etc. El simbólico jardín fue inaugurado en 1990 por el entonces presidente de la República Francesa, François Mitterrand.
El descenso concluye casi en la cota del rio, donde la última dificultad topográfica se salva con un escultórico Anfiteatro (L’Amphithéâtre) que constituye la séptima etapa. El anfiteatro envuelve la Escena (octava estación, La Scène), un conjunto preparado para la representación de obras de teatro (que se construyó entre 2006 y 2008) y que habilita el primer contacto con el agua en el estanque abierto al rio. Desde la parte superior del anfiteatro, el eje tiene continuidad en la llamativa Pasarela pintada de rojo (La passerelle, novena estación) que sobrevuela el estanque, atraviesa el rio Oise y finaliza en la Base de Loisirs. La Base de Loisirs,  es un conjunto de instalaciones deportivas y de recreo (principalmente acuáticas) situadas en el borde y, sobre todo, en una isla (l’ île des loisirs de Cergy) del lago que se acondicionó dentro del gran meandro del rio Oise. La pasarela fue realizándose por tramos entre 2002 y 2008.
Arriba, Anfiteatro, Escena y Pasarela, tres de las estaciones intermedias del Eje Majeur. Debajo, la Pirámide del lago.
El final de la pasarela (y del recorrido físico) tiene en frente a otra isla del lago, en este caso perteneciente al conjunto del Eje, la Isla Astronómica (L’Île Astronomique) que constituye su décima estación. Esta isla es actualmente un refugio para la fauna y la flora y se encuentra pendiente de terminación con la instalación de una serie de esculturas de iniciación a la astronomía. Junto a la isla, también dentro del lago y por lo tanto solamente accesible en barca, emerge la undécima estación, la Pirámide (La Pyramide), una insólita construcción inaugurada en 1992.
La estación final se encuentra lejos (a 1,5 kilómetros de la Isla Astronómica), pero perfectamente alineada con el eje. Es el Carrefour de Ham, una discreta escultura situada en mitad de un campo de cultivo en la que finaliza el eje.
Tras más de treinta años de trabajo en el Eje, Dani Karavan todavía propone ideas para completar el recorrido con contenidos adicionales a estas últimas estaciones. Además de las obras pendientes en la Isla Astronómica, Karavan sueña con que algún día la estación final adquiera mucho más protagonismo (actualmente casi pasa desapercibida en su localización) con un diseño más elaborado.
Vistas del eje. Arriba, desde lo alto de la Tour Belvedere (al fondo aparece París). Debajo, desde la estación final (Carrefour de Ham) hacia Cergy-Pontoise.
El Axe Majeur es un recorrido simbólico que reúne el espacio y el tiempo en una amalgama de referencias sensoriales y culturales (sobre todo de la historia local). La numerología está presente y explica algunas de las decisiones del diseño, aunque estén bastante alejadas de las elucubraciones esotéricas y ocultistas que abundan en muchas de las especulaciones sobre el Axe. Desde luego el número 12 es omnipresente, así como su triple, el 36, y ambos números cuentan con un buen elenco de referencias simbólicas, entre las que destacan las temporales y espaciales.

El Axe Majeur es un icono formal, pero también un instrumento de interpretación del paisaje, ya que orienta la mirada y lo reconfigura mentalmente. Además, también dirige el discurrir de los pasos en un recorrido que enlaza el arte y la naturaleza con la historia, la cultura y las actividades individuales y colectivas del lugar. Todo ello explica porque la escultura monumental fue convocada en Cergy-Pontoise para conferir una identidad rotunda para la ciudad.

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