11 abr. 2015

La visión del “New Urbanism”: mirar al pasado y mirar al futuro.

Seaside (arriba) y Poundbury (debajo).
A finales de la década de 1970, las sociedades occidentales continuaban sacudidas por los temores despertados por la Crisis del Petróleo, y el funcionalismo ortodoxo se había derrumbado con estrépito, dando origen a un periodo posmoderno en el que casi todo era válido.
El rechazo a la Ciudad Funcional abrió nuevos caminos, uno de los cuales volvía la mirada hacia el pasado, buscando reinterpretar la ciudad tradicional como modelo de futuro. Se buscaba el ideal de comunidades reducidas donde se fomentara la interacción social, diseñadas para ello a escala humana, priorizando lo peatonal, con mezcla de usos, recuperando las plazas y las calles, con una arquitectura “neoclasicista” y con nuevos criterios ecológicos y sostenibles. El movimiento arrancaría en Estados Unidos y sería conocido como New Urbanism.
Tras el éxito de sus primeras propuestas, como Seaside en Florida, una especie de manifiesto construido que sirvió de escenario idílico para la película El show de Truman, se construirían otros muchos ejemplos tanto en Norteamérica como en el resto del mundo. Otro caso paradigmático es Celebration, también en Florida, promovida por Disney. En Europa, destaca Poundbury, impulsada por el príncipe Carlos de Inglaterra.

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 “Lo nuevo es lo olvidado,
porque todo ha ocurrido ya”.
Arturo Pérez Reverte

Sobre la etiqueta “New Urbanism”.
Siempre resulta conflictiva la denominación de las corrientes artísticas, y más aún cuando utilizan referencias o calificativos temporales genéricos, porque con el paso de los años acaban “caducando”. Sucedió con las “vanguardias” de las artes plásticas, a las que un siglo después de producirse hay que identificar con el peculiar nombre de “vanguardias históricas”. También en arquitectura ocurrió algo parecido con el actualmente desfasado “movimiento moderno”. La denominación New Urbanism adolece del mismo problema, particularmente cuando transcurridas más de tres décadas desde su irrupción, la palabra “nuevo” es cuestionable.
Por otra parte, las denominaciones indefinidas, que no transmiten ninguna característica sobre su esencia, al contrario que casos como “impresionismo”, “cubismo”, o “funcionalismo”, por citar algunos, suelen acabar convertidas en un “cajón de sastre” en el que puede caber cualquier interpretación (como sucedió con el posmodernismo o el estilo internacional).
No obstante, la elección de la etiqueta New Urbanism fue plenamente consciente de todo lo anterior y, precisamente por eso, se escogió esa denominación. Se pretendía transmitir un espíritu alejado de la variabilidad de los estilos, presentándose, no como una alternativa más a la Ciudad Funcional y sus errores, sino como la única opción posible. Gracias a la indefinición de esa “marca”, esta quedaría resguardada de modas y además podría evolucionar sin perder su aparente personalidad.
La denominación fue también una estrategia de marketing de una serie de firmas de arquitectura y urbanismo norteamericanas que pretendían mostrase innovadoras y conocedoras del futuro (el adjetivo “nuevo” siempre “vende” mucho). Es por esto que desde Europa siempre se miró con recelo a ese movimiento y, aunque muchos profesionales estaban de acuerdo con las ideas fundamentales (que por otra parte no eran nuevas, sobre todo las referentes a la estructuración, usos o escala, por ejemplo), y las aplicaban en sus proyectos urbanos, nunca se sintieron identificados con el New Urbanism.
Queda por otra parte reseñar la paradoja de la utilización del adjetivo “nuevo”, para definir a un movimiento cuya base fundamental se encuentra en una recuperación del pasado, porque, en realidad, el New Urbanism no cuenta con un planteamiento original sino con la rehabilitación de buenas prácticas realizadas en tiempos anteriores.

En cualquier caso, más allá de estas disquisiciones terminológicas, vamos a aproximarnos a la gestación del New Urbanism y a sus principios generales, y nos acercaremos a tres de sus realizaciones más emblemáticas: Seaside en Florida (Estados Unidos), una de sus “primeras piedras”; a Celebration, también en Florida, donde se escenificó la vida según Disney; y a Poundbury, el ejemplo europeo impulsado por el príncipe Carlos de Inglaterra.

La gestación del “New Urbanism”.
El origen del New Urbanism está muy vinculado al final del funcionalismo y al postmodernismo posterior. Sus inicios no fueron homogéneos ya que nacería de la confluencia de diferentes tendencias que compartían su deseo de retornar al tradicionalismo, aunque revisado desde la óptica contemporánea. A estas disparidades estilísticas preliminares se le sumarían las improntas territoriales ya que, como veremos, hubo una corriente norteamericana y otra europea que acabarían convergiendo en mayor o menor medida.
La crítica y el rechazo al funcionalismo ortodoxo comenzaron desde dentro del movimiento, con las reivindicaciones del TEAM X que provocarían el fin de los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM) que se celebraban desde 1928 para velar por la pureza racionalista. Pero los ataques a la Ciudad Funcional vendrían de otros muchos frentes. Uno de ellos, estaba en Estados Unidos, donde la Fundación Rockefeller estaba financiando proyectos de investigación para la renovación del urbanismo. Desde ese programa, figuras como Kevin Lynch, Jane Jacobs, Ian McHarg, Edmund Bacon o Christopher Alexander, entre otros, fueron publicando sus influyentes conclusiones que ponían en cuestión la realidad de las ciudades coetáneas. La publicación de libros como The Image of the City (1960, La imagen de la ciudad) de Kevin Lynch o The Death and Life of Great American Cities (1961, Muerte y vida de las grandes ciudades de América) de Jane Jacobs, se convertirían en referentes para abordar de otra manera tanto los crecimientos urbanos como la regeneración de los cascos existentes.
El funcionalismo acabaría cayendo con estrépito, dando lugar a multitud de posiciones (sobre todo en arquitectura) en las que casi todo era válido. Las diferentes corrientes fueron etiquetadas bajo la genérica denominación de posmodernismo, que no indicaba más que una clave temporal. Pero hubo más, porque la crisis internacional del petróleo, encendió otras alarmas. El debate sobre el futuro de las ciudades no quedó solamente en una cuestión estilística o humanística, porque el temor energético había sacudido las mentes y el gigantismo de las grandes urbes estaba siendo cuestionado.
Ese terreno resultaría muy fértil para el florecimiento de visiones historicistas, que miraban con nostalgia a un pasado algo idealizado. La arquitectura redescubría el clasicismo con interpretaciones de todo tipo (literales, irónicas, “espirituales, etc.), pero también el urbanismo comenzó a fijarse en las ciudades y pueblos antiguos, en su escala, en sus espacios, y en los modos tradicionales en los que se construyeron.
En Europa, la revisión del clasicismo se estaba gestando desde la década de 1960 con corrientes como la Tendenza italiana, que reivindicaba el legado histórico y su reinterpretación neorracionalista, o con la rehabilitación de personajes casi olvidados como Camillo Sitte (1843-1903) que había defendido desde la lejana Viena finisecular la “construcción de ciudades según principios artísticos” (como había titulado su obra más conocida).
Arduino Cantafora. La città Analoga (1973)
La nueva relación con la historia fue liderada por arquitectos de gran peso intelectual y con gran capacidad de comunicación, como Aldo Rossi  (1931-1997), cuyo libro “La Arquitectura de la Ciudad” de 1966 supondría un hito mayúsculo. También se sumarían a esa revisión, aunque desde posiciones menos intelectualizadas y más formalistas, figuras como los hiperactivos hermanos Krier, Rob (1938) y Léon (1946) o Demetri Porphyrios (1949). Sería precisamente Léon Krier el que, en un momento dado, ejercería de puente entre las dos orillas atlánticas. No obstante, la visión europea sería diferente a la norteamericana, primero porque los problemas de sus ciudades eran diferentes y segundo porque el viejo continente era la patria del clasicismo y los acercamientos al mismo serían más respetuosos.
La tradición norteamericana era mucho más liviana y menos prejuiciada, de hecho, el referente en muchos casos eran los pequeños pueblos tradicionales estadounidenses, con su breve historia y su arquitectura de circunstancias. El clasicismo quedaba lejos y se veía como algo impostado. Quizá por eso su revisión fue mucho más irónica e irreverente. Pero en contrapartida, los problemas urbanos eran de otra índole. Las ciudades norteamericanas estaban extendiéndose de forma extraordinaria creando inmensos suburbios dormitorio caracterizados por la vivienda unifamiliar y el uso obligatorio del automóvil (el denostado sprawl). Estas enormes extensiones de baja densidad estaban haciendo desaparecer los paisajes naturales y obligando a un consumo de recursos y de energía descomunales, pero, sobre todo, estaban deshumanizando las comunidades.
Los Angeles. Sprawl.
El sprawl se identificó con el funcionalismo, aun a pesar de que fuera un resultado espurio producido por una mala (e interesada) aplicación del ideario racionalista. El rechazo al sprawl y al deterioro de los centros urbanos, unió a muchos críticos que comenzaron a reivindicar otra forma de hábitat, y los arquitectos comenzaron a mirar atrás. Se rechazó la zonificación urbana y se reivindicó el modelo de ciudad-jardín original de Ebenezer Howard, aunque reinterpretado desde la arquitectura tradicional norteamericana. Aquel modelo serviría de base para generar comunidades reducidas, controlables, diseñadas a escala humana, con mezcla de usos con predominio peatonal, y una arquitectura neotradicional (vernácula en algunos casos).
Estas nuevas comunidades comenzarían a tomar forma en la década de 1980. Es especialmente relevante el caso de Seaside en Florida, donde Andrés Duany (1949) y Elizabeth Plater-Zyberk (1950), entonces dos jóvenes arquitectos con inquietudes urbanísticas, aprovecharon la oportunidad que se les brindaba para poner en práctica sus ideas. Seaside sería  una actuación pionera, una de las “primeras piedras” en las que se asentaría el New Urbanism. Esta etiqueta comenzaría a funcionar como expresión de estas primeras realizaciones que pretendían ser alternativas a la denostada suburbanización.
En general, la actitud norteamericana siempre estuvo menos preocupada por cuestiones estilísticas que la europea. De hecho, pronto recogieron el reto lanzado por la crisis del petróleo e incorporaron a sus diseños criterios relacionados con el clima o los recursos, iniciando temas, como la ecología urbana o la sostenibilidad, que años después se convertirían en una seña del movimiento. Por ejemplo, Michael Corbett, actuando como arquitecto y promotor, construiría una pequeña actuación residencial, Village Homes (en Davis, California), en la que incorporaba criterios ecológicos (fue proyectada entre 1973 y 1975 y concluida en 1982)
La difusión por Norteamérica del New Urbanism (y de la New Classical Architecture) sería rápida, recogiendo adhesiones fervientes de muchos de los que abogaban por ese retorno al tradicionalismo. En 1993, algunos de los adalides del nuevo enfoque, como Peter Calthorpe (1949), Michael Corbett, Andrés Duany y Elizabeth Plater-Zyberk, Stefanos Polyzoides (1946) y Elizabeth Moule, o Daniel Solomon (1939), fundaron el Congreso para el Nuevo Urbanismo (CNU, Congress for the New Urbanism) que institucionalizaría el movimiento, le daría soporte teórico y facilitaría sus objetivos de implantación. EL CNU sigue celebrándose anualmente e incluso se ha instituido un premio, el Driehaus, que concede la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Notre Dame, Indiana, desde 2003 premiando a los autores más destacado de ese retorno historicista (en un intento de alternativa al “moderno” Pritzker).

Principios generales del “New Urbanism”.
El New Urbanism no empezó con la proclamación de un manifiesto teórico, sino que surgió a partir de diversas actuaciones concretas que compartían unos objetivos y una determinada formalización. Inicialmente, la etiqueta New Urbanism, estuvo relacionada con una estrategia de marketing de varias firmas de arquitectura norteamericanas, aunque, tras unos años, se difundió e oficializó llegando a establecer una serie de principios generales sobre su visión de la ciudad.
Esas primeras actuaciones del New Urbanism buscaban inspiración en los poblados tradicionales norteamericanos y en las propuestas del Landscape norteamericano, rechazando frontalmente el funcionalismo y la zonificación. Sus proyectos iniciales eran urbanizaciones de pequeño tamaño, que compartían entre sus rasgos principales la mezcla de usos (alojamientos con edificios cívicos, comerciales y lugares de trabajo) y también la diversidad social, ofertando variedad de viviendas (unifamiliares aisladas y en hilera, apartamentos, etc.) para distintos tipos de personas, de manera que se fomentara la interacción social entre los diferentes (jóvenes y ancianos, solteros y familias, ricos y pobres).
Entre sus características estructurales más reconocibles estaba el contar con un centro identificable (o varios, según los casos), muy accesible  y cercano, de forma que se encontrara a menos de cinco minutos a pie de la mayoría de las viviendas (lo que supone un radio de acción de 400-500 metros aproximadamente). El centro era uno de los principales puntos de acceso al transporte público (se buscaba reducir la dependencia del vehículo privado). El control de las distancias se planteaba como algo fundamental para garantizar el uso peatonal, en particular de niños y ancianos (por ejemplo, situando las escuelas primarias para que la mayoría de los niños acudieran a ellas caminando, o disponiendo de parques de juegos infantiles no más lejos de ciento cincuenta metros de cualquier vivienda).
Desde un punto de vista formal, las calles estaban claramente definidas por la arquitectura (neoclasicista, tradicional o incluso vernácula) y formaban una red que priorizaba su uso peatonal y ciclista sobre el rodado. Contaban con una anchura máxima para no perder la escala humana, se acompañan de alineaciones de arboles de sombra y no ofrecían estacionamientos (estos, así como las puertas de garajes, se ubicaban en la parte trasera de los edificios, accediendo a ella por callejuelas específicas).
Rob Krier. Propuestas para Amiens (1984)

Estos rasgos pragmáticos irían dando lugar a ciertas aproximaciones teóricas. Uno de los primeros en hacerlo fue Léon Krier quien, por ejemplo, dictaminaba que el lugar debía dirigir las actuaciones haciendo que los espacios urbanos, las tipologías arquitectónicas, las formas de construcción o la relación y reacción frente al paisaje se inspiraran en él y en su historia. Esta sintonía con las claves del lugar debía proporcionar armonía, no solo con el entorno  sino también entre las diferentes partes que integraban la ciudad. También argumentaba que resultaba fundamental fijar la escala humana de los espacios, sus dimensiones y proporciones, así como una delimitación clara de los espacios; o que los edificios, calles y plazas debían formar parte de un sistema integrado siguiendo una jerarquía que ofrecería legibilidad y facilitaría la comprensión de la ciudad y el movimiento dentro de la misma. Otro aspecto sobre el que teorizó Krier era, según sus palabras, la longevidad. La longevidad tiene que ver con la flexibilidad porque se trataba de diseñar edificios y espacios públicos capaces de modificar su uso con el tiempo, adaptándose a las cambiantes necesidades humanas. También se reclamaba la construcción con materiales del entorno, de fácil integración, menor coste de desplazamiento y mayor facilidad de mantenimiento, o el retorno de la artesanía y la decoración como expresión de la apropiación de los espacios por parte de sus ciudadanos. Y, en definitiva que el diseño y la identidad debían contribuir a la consolidación de la comunidad ofreciendo los servicios necesarios y facilitando el encuentro entre las personas, así como el orgullo del sentimiento de pertenencia.

Finalmente, en 1993, el movimiento se institucionalizó. En ese año, sus líderes norteamericanos fundaron el Congreso para el Nuevo Urbanismo (CNU, Congress for the New Urbanism), un organismo que en 1996 aprobaría la Carta del Nuevo Urbanismo (Charter of the New Urbanism) que, emulando a la Carta de Atenas funcionalista, manifestaba los criterios generales de la nueva visión. La Carta realiza una declaración previa que da paso a los principios generales, que se estructuran en tres categorías (“La Región: Metrópolis, ciudad y pueblo”; “El barrio, el distrito y el corredor”; y “La manzana, la calle y el edificio”).
El documento comienza manifestando que el deterioro de las áreas urbanas centrales, el sprawl de los suburbios, los desequilibrios sociales, el deterioro medioambiental, así como la pérdida de tierras agrícolas y naturales o del patrimonio arquitectónico, son los desafíos que hay que afrontar para conseguir comunidades bien relacionadas con su entorno construido. Para ello se aboga “por la restauración de las ciudades y los centros urbanos existentes dentro de regiones metropolitanas coherentes, por la reconfiguración de los suburbios como verdaderos barrios, por la preservación de los entornos naturales, y  por la conservación del legado arquitectónico”.
Los firmantes de la Carta eran conscientes de que “las soluciones físicas, por sí solas, no resolverán los problemas sociales y económicos, pero tampoco puede sostenerse una economía dinámica, una estabilidad social y un medio ambiente saludable sin el respaldo de un marco físico coherente”.
Ese marco general debería estar definido por “barrios con diversidad de uso y de población, diseñados tanto para el peatón y el transporte público como para el automóvil, con espacios públicos e instituciones comunitarias identificables y accesibles universalmente”, haciendo especial hincapié en que los espacios urbanos “deben estar conformados por la arquitectura y el paisaje de forma coherente con la historia del lugar, el clima, la ecología y las prácticas constructivas locales”
Para todo ello, la Carta reivindica una nueva política pública y nuevas prácticas de desarrollo urbano e inmobiliario y ofrece el compromiso de los congresistas para “restablecer la relación entre el arte de construir y la comunidad, a través de la planificación y el diseño basados en la participación ciudadana”.
Sobre esta declaración inicial, el CNU fijó veintisiete principios generales de actuación, nueve para cada categoría (la siguiente relación es un resumen de los mismos):
La Región: Metrópolis, ciudad, y pueblo:
1. Las regiones metropolitanas son territorios geográficamente definidos, con múltiples centros (ciudades y pueblos, cada uno con su propio centro y límites identificables)
2. Necesidad de la cooperación tanto administrativa como en la planificación física y económica de la región metropolitana.
3. La metrópolis debe respetar su tierra interior agraria y sus paisajes naturales.
4. Desarrollar sobre lo existente (rellenado conservador). Recuperar áreas marginales y abandonadas.
5. El desarrollo continuo debe seguir el patrón de lo anterior. El discontinuo debe formar municipios equilibrados y con su propia centralidad (no ciudades-dormitorio).
6. El desarrollo urbano debe respetar los patrones históricos.
7. Ciudad para todos los ciudadanos. Viviendas asequibles y distribuidas (no zonificadas)
8. Fomento del transporte público, peatonal y en bicicleta reduciendo la dependencia del automóvil.
9. Necesidad de la cooperación y coordinación intermunicipal.
El barrio, el distrito, y el corredor
10. Barrio, distrito y corredor identificables para que el ciudadano adquiera sentido de comunidad.
11. Los barrios deben ser compactos, prioritariamente peatonales y con mezcla de usos. Los distritos suelen especializarse. Los corredores son conectores regionales entre barrios y distritos.
12. Las actividades cotidianas situadas a distancias peatonales para reducir el uso del vehículo.
13. Variedad de tipos de vivienda y de asequibilidad para integrar a miembros diferentes en una comunidad diversa.
14. Un corredor bien planificado estructura la metrópoli y revitaliza los centros urbanos.
15. Diseñar la densidad de edificación y los usos del espacio junto a los puntos de acceso al transporte público para crear alternativa al automóvil.
16. Integrar los equipamientos en los barrios (ni aislados ni remotos). Las escuelas ubicadas a distancias peatonales (o en bicicleta).
17. Un código adecuado de diseño urbano puede ayudar al cambio favoreciendo la evolución armónica de barrios, distritos y corredores.
18. Parques de diferentes escalas (desde el vecindario hasta la articulación de los barrios)
La manzana, la calle, y el edificio.
19. Defensa de la arquitectura urbana y del espacio público como lugar de uso compartido.
20. Vinculación al entorno.
21. Creación de entornos seguros (pero no a expensas de la accesibilidad).
22. Respeto al peatón.
23. Calles y plazas atractivos para favorecer el encuentro y la interacción social.
24. Diseñar desde el clima, la topografía, la historia y las tradiciones locales.
25. Significación e identidad de los edificios cívicos y los lugares públicos centrales.
26. Edificios coherentes con su entorno (diseño acorde con el clima).
27. Preservación y renovación de los edificios históricos.

Estos principios generalizaban el espíritu de un movimiento que iría conformando un cuerpo teórico mayor al incorporar nuevos conceptos como el TND, Traditional Neighborhood Design/Development (Diseño/Desarrollo de Barrios tradicionales) o el TOD, Transit-Oriented Development (Desarrollo Orientado al Tránsito). El New Urbanism iría evolucionando al introducir otros conceptos que no formaban parte del discurso inicial (como lo relacionado con la sostenibilidad medioambiental) y actualmente se presenta con un decálogo bastante genérico de los rasgos/principios que definirían los proyectos del New Urbanism:
1. Peatonalidad (Walkability)
2. Conectividad (Connectivity)
3. Mezcla de usos (Mixed-Use & Diversity)
4. Diversidad residencial (Mixed Housing)
5. Calidad de la Arquitectura y del Diseño Urbano (Quality Architecture & Urban Design)
6. Barrios estructurados tradicionalmente (Traditional Neighborhood Structure)
7. Aumento de la densidad (Increased Density)
8. Transporte inteligente (Smart Transportation)
9. Sostenibilidad (Sustainability)
10. Calidad de vida (Quality of Life)

Seaside (Florida), una de las “primeras piedras” del New Urbanism.
Cuando en 1946, J.Smolian adquirió ochenta acres (32 has.) de terreno junto al mar, en Seagrove Beach, en el condado de Walton, en el panhandle de Florida (el “mango” (de sartén) de Florida), no imaginaba que allí acabaría levantándose una urbanización emblemática. Él deseaba crear un destino vacacional para los empleados de los grandes almacenes que regentaba, pero la idea no cuajó y el terreno quedó como patrimonio familiar, hasta que su nieto, Robert Davis, decidió en 1979 lanzar aquel desarrollo inmobiliario.
Seaside. Estado original en 1965.
Los primeros esquemas fueron realizados por Robert Altman, arquitecto de Miami que propuso un desarrollo muy influido por el Sea Ranch, que Charles Moore había levantado entre 1963 y 1965 en California. El planteamiento de pequeñas agrupaciones unidas por caminos (a modo de clusters) no resultó satisfactorio y Davis contrató a Arquitectonica, una empresa recién constituida, también en Miami. Los socios Andrés Duany y Elizabeth Plater-Zyberk se hicieron cargo del trabajo y convencieron a Davis de que la nueva ciudad de vacaciones debía superar el concepto de resort para convertirse en una verdadera ciudad, en la que fuera posible vivir todo el año, disponiendo de todos los servicios y sobre todo, que ofreciera un nuevo modelo de comunidad a sus habitantes.
Seaside. Evolución del proyecto. Arriba primeros esquemas de Robert Altman. En el centro la propuesta de Arquitectonica. Debajo, el diseño final de DPZ (Andrés Duany y Elizabeth Plater-Zyberk)
A partir de esas ideas, se modificaron radicalmente los bocetos de Altman, yendo desde una primera anticipación de la modulación hasta una visión completa con una fuerte geometrización, expresada en un semicírculo que se abría hacia el mar. Duany y Plater-Zyberk abandonarían Arquitectonica en 1980 y crearían su propia firma, desde la que continuarían con el desarrollo de Seaside. Con una mayor libertad, fueron dando forma a las ideas que tenían en mente, cuajando las bases del New Urbanism. El nuevo (y definitivo) planteamiento cambió sustancialmente lo anterior, apareciendo una estructura más articulada y variada, aunque también con una fuerte base geométrica. El programa se reajustó y la “ciudad de vacaciones” ofrecería 350 viviendas de diferentes tipos, en torno a 200 apartamentos, un centro comercial, un centro de convenciones y un complejo de ocio. Con el tiempo se completaría con otros edificios cívicos como una escuela, una capilla o una oficina de correos. La última versión fue revisada por Léon Krier, que había sido contratado como consultor, realizando alguna sugerencia puntual (como los llamados Krier-walks, caminos que se abrían en el interior de las manzanas).
Seaside en 2010
La falta de reglamentación urbanística de la zona, favoreció la implantación de unas normas propias que regularon la actuación y fijaron los parámetros de la arquitectura que se iba a construir, permitiendo que el resultado final fuera coherente con las intenciones iniciales. El Código de Seaside clasificó tipológicamente las edificaciones y dictaminó las claves para su correcta implantación (disposición en las parcelas, alturas, materiales, vallados, porches, etc.)
Imagen del Código de Seaside.
La propuesta comenzaría a construirse en 1981 con la incorporación de otros arquitectos para los edificios. Entre ellos, algunos de los más conocidos defensores del retorno al clasicismo, como Aldo Rossi, Steven Holl, Rodolfo Machado y Jorge Silvetti o el propio Léon Krier.
Seaside fue un éxito, tanto desde el punto de vista económico para su promotor como para los residentes, que mostraban su satisfacción. Su repercusión la llevó a convertirse en el idílico escenario para la película El show de Truman, aquel particular reality que protagonizó Jim Carrey en 1998.
Imágenes de la arquitectura residencial de Seaside.

Arquitectura de Seaside. Arriba a la izquierda la casa de Léon Krier (en su estado original en blanco y en su estado actual). Arriba a la derecha la casa “Variance” de Aldo Rossi. Debajo a la izquierda, edificio de apartamentos y comercial de Machado y Silvetti. Debajo a la derecha, edificio de apartamentos, oficinas y comercial de Steven Holl.
Seaside. Pabellones de acceso a la playa.
Pero, más allá de estas cuestiones, o precisamente por ellas, Seaside se convirtió en un modelo, en un manifiesto construido de cómo debían ser los desarrollos urbanos futuros (al menos de esa escala y condiciones). Con Seaside nacería el denominado New Urbanism que desde su fuerte impronta norteamericana iría posicionándose internacionalmente.

La vida según Disney: Celebration (Florida)
Epcot, uno de los parques temáticos Disney situado en Florida (Walt Disney World Resort), es muy conocido, pero no todo el mundo sabe que inicialmente, ese nombre era el acrónimo de Experimental Prototype Community of Tomorrow (Prototipo de Comunidad Experimental del Futuro). EPCOT, como acrónimo, era el sueño de Walt Disney, quien pretendía construir una ciudad ideal, que anticipara el futuro y sirviera de modelo a todo el mundo. EPCOT debía configurarse como una comunidad para miles de residentes, en el que además de alojamiento se contara con todos los equipamientos necesarios así como lugares de trabajo y de ocio. Lo particular, además de lo anterior, sería su sistema de transporte, con separación de tráficos rodados y peatonales y con un sofisticado sistema de transporte público por monorraíles elevados.
Walt Disney presentando su proyecto de EPCOT.
El fallecimiento de Walt Disney en 1966 dejaría en suspenso el proceso urbanístico y EPCOT pasó a denominarse Epcot, sin expresar ningún significado, abriendo al público en 1982 como un parque temático dedicado a la tecnología.
Pero la idea de crear un hábitat especial, que reflejara la filosofía Disney no había muerto, solamente se encontraba en un largo sueño (como el de la bella durmiente). A principios de la década de 1990, con el impulso del nuevo director ejecutivo, Michael Eisner, el letargo terminó y la poderosa Disney Development Company (DDC) constituyó la empresa Celebration Company para llevar a cabo ese gran desarrollo urbano. Se compraron veinte kilómetros cuadrados de terrenos, en Orlando (Florida) al sur de Disney World y comenzó el diseño de aquella ilusión quebrada de Walt.
Celebration. Plano general con distribución de las tipologías de vivienda.
Celebration sería el nombre de la nueva ciudad, que fue concebida para albergar 20.000 personas, según el Master Plan y las guías de diseño (community and architectural guidelines) redactados por los equipos de Robert A. M. Stern Architects (RAMSA) y Cooper, Robertson & Partners. Robert Stern (1939), había destacado en sus inicios profesionales como uno de los arquitectos más activos del posmodernismo, con una irónica utilización de elementos clásicos en arquitecturas modernas. Después defendería el retorno de la arquitectura a lenguajes clásicos y las concepciones tradicionalistas de la ciudad. Esto le convirtió en “activista” del New Urbanism. Stern formó parte del comité de dirección de Disney entre 1992 y 2003, realizando muchos encargos para la firma (Celebration entre ellos). Desde 1998 es el decano (Dean) de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Yale. En 2011, recibió el premio Driehaus. También Jaquelin T. Robertson, socia del otro equipo responsable del Plan Director de Celebration, había recibido ese premio en 2007.
Celebration. Ortofoto del centro urbano (Celebration Village)
El Master Plan sería desarrollado por fases, que darían origen a diferentes áreas que serían denominadas “villages”. Estos diferentes barrios van engarzándose en el gran y serpenteante eje principal de la ciudad (Celebration Avenue). Cada barrio, bien delimitado por las áreas naturales circundantes (humedales arbolados), cuenta con su centro social, su lago y su variedad tipológica, destacando el centro principal de la ciudad (Celebration Village) que incluye un pequeño distrito de negocios. El conjunto es una malla blanda que se va deformando en función de su relación con el paisaje. Las calles conjugan geometría y organicidad abriéndose a las vistas del entorno. Se propuso una gran variedad tipológica con el objeto de que hubiera oferta asequible para una población que garantizara la variabilidad demográfica de la ciudad y se marcaron unas normas sobre la arquitectura, pretendiendo garantizar la creación de un ambiente coherente.
Celebration imagen urbana.
Celebration imagen urbana.
La primera fase desarrolló las zonas conocidas como Celebration Village, West Village y Lake Evalyn con unas 500 viviendas unifamiliares (Homes) más 700 apartamentos (Condominiums). Los primeros residentes llegaron en 1996. La segunda fase fue North Village (300 más 300) y la tercera South Village (600 más 500). La cuarta fase fue East Village y Aquila Reserve (500 más 70). La última etapa desarrollada, hasta el momento, es Artisan Park (con más de 600 unidades). En el censo de 2010, Celebration contaba con casi 8.000 personas.
Alzados tipo de algunas de las propuestas residenciales para Celebration.
Arquitectura residencial de Celebration
La arquitectura civil fue encargada a diferentes arquitectos con el fin de proporcionar diversidad e identidad a la ciudad, pero la arquitectura residencial mostraría la cara más tradicionalista (y convencional) de la ciudad, siendo desarrollada por las empresas inmobiliarias que participaban en el proyecto. Así pues, para conseguir una variedad y representatividad en los edificios institucionales se convocó a reconocidos arquitectos que sintonizaban con la filosofía Disney: Michael Graves diseñó la oficina de correos; Philip Johnson proyectó el Welcome Center, hoy Town Hall de Celebration; Robert A.M. Stern, concibió el hospital; Charles Moore & Arthur Anderson, el Preview Center, actual Bank of America; Graham Gund, el Bohemian Hotel; Cesar Pelli, el AMC Cinema; o Robert Venturi & Denise Scott Brown, el SunTrust Bank.
Arquitectura de Celebration. Arriba izquierda, Sun Trust Bank de Venturi&Scott Brow. Arriba derecha, el Welcome Center, hoy Town Hall de Philip Johnson. Centro izquierda, Bohemian Hotel de Graham Gund. Centro derecha, AMC Cinema de Cesar Pelli. Abajo izquierda, Preview Center, actual Bank of America de Charles Moore & Arthur Anderson. Abajo derecha, oficina de correos de Michael Graves
Celebration queda muy lejos del sueño tecnológico de Walt Disney, pero se aproxima a su visión de comunidades felices de norteamericanos medios.

Poundbury (Inglaterra), la “ciudad del príncipe Charles”.
El príncipe Carlos de Inglaterra siempre ha mostrado su pasión por la arquitectura y ha emitido opiniones que no siempre han sido bien recibidas por el mundo profesional. Su visión tradicionalista sobre las ciudades y sus edificios encontró una vía para materializarse en Pondbury, un nuevo barrio en las afueras occidentales de Dorchester, en el condado de Dorset, al sur de Inglaterra. El gobierno local planteó la extensión de la ciudad sobre los terrenos del Ducado de Cornualles, cuyo titular era precisamente el príncipe de Gales, quien se ofreció a colaborar para el diseño del ensanche de Dorchester.
Plano de Dorchester con la ampliación occidental (Poundbury) y sus conexiones principales con el centro histórico y las circunvalaciones.
En 1988 encargaría a Léon Krier el diseño del Master Plan para ese nuevo barrio que se convertiría en un emblema del New Urbanism en Europa. Léon Krier (y también su hermano Rob) se había significado por su ferviente defensa del espíritu clásico frente al funcionalismo moderno y se había convertido en el adalid del nuevo enfoque urbano. Colaboró en la concepción de Seaside en Florida y sería el primer arquitecto en recibir el premio Driehaus en 2003. Krier, cuya obra construida es escasa pero su producción teórica y divulgativa o sus propuestas ideales son muy numerosas, tuvo la oportunidad de plasmar sus creencias en un conjunto urbano completo.
Poundbury. Esquemas de Léon Krier (la ciudad policéntrica y sus cuatro villages)
Poundbury. Esquemas de Léon Krier (centro y calles principales)
Poundbury. Esquemas de Léon Krier (lugares de uso mixto y estructura viaria)
Poundbury se encuentra alejado de los casos típicos norteamericanos (discontinuos y concebidos en muchos casos como lugares de segunda residencia), ya que es un planteamiento de continuidad en una ciudad (Dorchester), aunque con vocación de contar con una gran autonomía funcional. Otra diferencia residen en que Poundbury es Europa y las referencias históricas son otras, lo que conduce a un resultado final formalmente muy distinto, a pesar de compartir las ideas de base.
Plano general de Poundbury (en negro las primeras fases construidas y en rojo las fases pendientes)
El Master Plan desarrolla un crecimiento sobre 100 hectáreas para 2.500 viviendas y 2.000 empleos (complementariamente se reservan otras 60 hectáreas para una intervención paisajística). El desarrollo se planteó en cuatro fases que tenían un horizonte de realización de 30 años (previendo su finalización hacia 2018). Las obras de la primera fase de Poundbury comenzaron en 1993 y se prolongaron hasta 2002. Las de la segunda fase arrancaron en 1999 y actualmente están pendientes las dos últimas etapas.
Imágenes de la arquitectura de Poundbury.


Imágenes de la arquitectura de Poundbury (en el medio, el Centro Comercial de la ciudad)
La amplitud de ambiciones que ido adquiriendo el New Urbanism lo ha convertido en un movimiento contradictorio, más allá del difícil equilibrio entre la nostalgia del pasado y el deseo de futuro. El éxito de algunas de sus propuestas norteamericanas (y también internacionales) no evita que sea visto con recelo desde diversos ámbitos. Se critica la simplicidad y generalidad de algunos de sus planteamientos, su dudosa aplicabilidad más allá de las anecdóticas “ciudades de vacaciones” o de barrios muy reducidos y dependientes, dudando sobre su valor para afrontar crecimientos urbanos importantes (no ha formulado un verdadero intento de ir más allá en la planificación a gran escala) e incluso se cuestiona que sea una verdadera alternativa al sprawl, dado que el transporte público sigue siendo una de sus asignaturas pendientes. El anacronismo de ciertas imágenes pone en cuestión su representatividad como escenario contemporáneo y su heterogeneidad estilística  (que se comprueba al comparar, por ejemplo, el genuino sabor americano de Seaside con el inconfundible aroma british de Poundbury), o la diversidad de sus planteamientos, (encontrando propuestas muy morfológicas y neoclásicas junto a otras que reducen la importancia del espacio en favor de cuestiones más “ecológicas” o sociales) lo hacen aparecer más como una serie de estrategias de actuación que como un modelo urbano concreto. No obstante, algunas de las ideas que defienden son aceptadas por muchos profesionales, cuyos proyectos urbanos se rigen también por ellas, aunque no se identifiquen con el New Urbanism.

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