18 jul. 2015

Salamanca y Coimbra, dos “ciudades universitarias” con vidas paralelas.

Entradas solemnes a la Universidad de Salamanca y de Coimbra.
La ciudad es un complejo multifuncional y nunca responde a una misión exclusiva. Pero hay casos en los que una de las actividades urbanas destaca sobre las demás hasta convertirse en una “seña de identidad” fundamental (por ejemplo, comercial, política, religiosa, portuaria, etc.)
Esto sucede en las llamadas “ciudades universitarias”. En ellas, la institución de enseñanzas superiores emerge como el rasgo definitorio principal, capaz de condicionar al resto de actividades urbanas. Las ciudades universitarias, cuentan con una idiosincrasia particular debido a su histórica vinculación con la cultura y por su especial ambiente, creado por una masa estudiantil que supone un porcentaje elevado en el total de la población (particularmente en periodo lectivo). El origen del calificativo hunde sus raíces en el Medioevo y, aún hoy, la universidad aglutina las esencias de estas ciudades y las determina social y económicamente, como es el caso de Oxford, Cambridge, Bolonia o Heidelberg, entre otras. No obstante, en la actualidad, la universidad no puede explicar completamente esas ciudades, pero es una clave fundamental para entenderlas.
En este sentido, la Península Ibérica cuenta con dos “ciudades universitarias” principales: Salamanca, en la que se instauró la primera universidad española y Coimbra que acoge la primera portuguesa (y segunda peninsular). Ambas ciudades presentan una historia muy paralela y cuentan con muchas similitudes pero, a pesar de ello, cada una muestra una poderosa personalidad que las hace muy diferentes.

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El renacimiento urbano medieval y la creación de las universidades.
Tras las turbulencias que siguieron a la caída del Imperio Romano, y que se prolongaron sobre buena parte de la Alta Edad Media, la sociedad europea logró asentar las bases para una nueva época de prosperidad que se fundamentaría en el auge de las ciudades. El desarrollo económico conseguido permitiría un incipiente despegue cultural promovido, principalmente, desde la Iglesia.
La educación no había pasado por buenos momentos en los siglos previos (salvo alguna excepción como las escuelas palatinas carolingias o los centros islámicos). No obstante, la Iglesia requería una cierta formación para el clero, entre otras cosas porque su lengua era el latín y éste había dejado de ser el idioma popular al verse transformado por múltiples localismos. Para ello, los monasterios y las catedrales mantenían escuelas de formación del clero a las que se fueron incorporando los hijos de la incipiente burguesía urbana que buscaba promoción social. Sobre esta base comenzaron a surgir centros de enseñanza abiertos a los laicos que impartían “Estudios Generales” para distinguirlos de los estudios religiosos. Estos Estudios Generales serían el embrión de las Universidades y serían impulsados tanto por las autoridades eclesiásticas como por las imperiales o reales.
Con la creación de la Universidad de Bolonia en 1088 nacía la primera de las instituciones de enseñanza superior. Tras ella seguirían otras promovidas por el Papa o por los reyes. En 1096 nació la Universidad de Oxford y hacia 1150 en París surgió, de forma complementaria a la Escuela de Teología de Nôtre Dame, una “asociación de profesores y estudiantes” (universitas magistrorum et scholarium) que acabaría fijando el nombre de “universidad” y que evolucionaría en 1257 en La Sorbona. Desde entonces, muchas ciudades crearían sus “universidades” durante el siglo XIII y XIV, como Módena (1175), Cambridge (1209), Salamanca (1218), Montpellier (1220), Padua (1222), Nápoles (1224), Coímbra (1290, aunque fundada en Lisboa), Alcalá de Henares (1293), Roma (La Sapienza, 1303), Valladolid (1346), Praga (Universidad Carolina, 1348), Cracovia (Universidad Jaguelónica, 1363), Viena (1365), Heidelberg (1386) o Colonia (1368).
En la Península Ibérica, hubo un precedente en el Studium Generale de Palencia, ya que fue creado en 1208, pero desapareció poco tiempo después. Por eso, se considera que la Universidad de Salamanca fue la primera en España (constituida en 1218, aunque no sería reconocida oficialmente por el Papa hasta 1255). Años después, otras ciudades fundarían sus instituciones, como Alcalá de Henares, cuyo Studium Generale se creó en 1293 (y sería reconvertido en la Universidad Complutense por el Cardenal Cisneros en 1499), Valladolid (oficial en 1346, aunque el Estudio General habría sido fundado en 1241 o 1292) o Santiago de Compostela (fundada en 1495). Salamanca, Alcalá y Valladolid serían declaradas en el siglo XVI como las tres Universidades Mayores del Reino. No obstante, la segunda universidad creada en la Península Ibérica, lo sería en Portugal (donde resultaba la primera). Fue la Universidad de Coimbra, que aunque fue fundada en el año 1290 en Lisboa, en 1308, fue trasladaría a Coimbra.
Logotipos de la Universidad de Salamanca y de la de Coimbra.
La consecución del apelativo “ciudad universitaria” hunde sus raíces en la historia, ya que suele vincularse a la antigüedad de sus instituciones, aunque también depende de la evolución de la propia ciudad, que debía conservar un tamaño medio que permitiera a la función docente ser su actividad más destacada. Otras, a pesar de mantener su importancia educativa, estaban llamadas a papeles más relevantes, como sucedió por ejemplo en París, donde la trascendencia de su Universidad se vería reducida ante la entidad adquirida por la ciudad. En cambio, ciudades como Oxford, Cambridge, Salamanca o Coimbra, no tendrían esa evolución y mantendrían  el peso determinante de la enseñanza, que marcaría social y económicamente su futuro.
Hoy estas ciudades han crecido y también lo han hecho sus centros universitarios que se han enfrentado al incremento y variedad de sus estudios, requiriendo ampliaciones y nuevos espacios, así como una sustancial modernización de sus instalaciones. Para ello han buscado acomodo en lugares con mayor potencial de crecimiento, en los que los edificios puedan responder a los estándares contemporáneos, apareciendo nuevos campus diseminados por la ciudad. No obstante, los campus originales, los históricos, aunque hayan visto reducida su participación en el conjunto, mantienen la representación y el simbolismo de toda la institución.

Salamanca y Coimbra, vidas paralelas.
Salamanca y Coimbra son las dos ciudades universitarias principales de la Península Ibérica. Están separadas por apenas trescientos kilómetros y esta proximidad les ha llevado a vivir muchos paralelismos en la antigüedad aunque, tras la constitución de los estados nacionales (España y Portugal), cada una iría forjando su identidad hasta presentarse como dos ciudades/universidades bien diferenciadas.
A pesar de ello, Salamanca y Coimbra tienen muchas cosas en común, compartiendo además de su rango universitario cuestiones binacionales, urbanas o arquitectónicas.
Ambas nacieron sobre un cerro elevado junto a un rio. La embrionaria Salamanca lo haría en el Cerro de San Vicente que se alza junto al río Tormes, uno de los afluentes más importantes del rio Duero. Por su parte, la primera Coimbra escogería un monte más abrupto que emerge junto al rio Mondego, un cauce que desemboca en el océano Atlántico, entre el rio Duero y el rio Tajo.
En los dos casos, la localización era estratégica porque se encontraban en el cruce de los cauces fluviales comentados (entonces vías de transporte) con sendas rutas terrestres de gran importancia. En ese punto los rios eran vadeados por un puente que daba continuidad a la ruta, que en el caso de Salamanca era la Vía de la Plata que unía Asturica Augusta (Astorga) y Emerita Augusta (Mérida), mientras que Coimbra estaba en la vía que conectaba Olisipo (Lisboa) con Bracara Augusta (Braga).
Salamanca (arriba) y Coimbra (abajo) nacieron en un cerro situado junto a un rio.
Su ubicación próxima les llevó a contar con historias similares. Los dos territorios habían sido dominados por pueblos de origen celta (los vettones en Salamanca y los lusitanos en Coimbra) y cuando pasaron a formar parte del Imperio Romano, lo hicieron integradas en la misma región: Lusitania. Las dos ciudades sufrieron las incursiones de los godos y más tarde la invasión musulmana, aunque serían reconquistadas por los reinos cristianos peninsulares. Coimbra fue recuperada en primer lugar, en 1064, por Fernando I, rey de León y conde de Castilla. La ciudad quedaría integrada en el Condado Portucalense desde 1096 y, desde 1139, en el Reino de Portugal, independizado del Reino de Galicia. Es destacable que Coimbra, sería la capital de Portugal entre 1131 y 1255 (primero del Condado y después del Reino, pero acabaría perdiendo esta consideración en favor de Lisboa). Salamanca, por su parte, fue recuperada en la operación de reconquista de Toledo hacia el año 1085 por Alfonso VI, rey de León, de Castilla y Galicia (hijo y sucesor Fernando I, que había dividido el reino original entre sus hijos, aunque se reintegraría temporalmente en la figura de Alfonso VI).
Las dos ciudades prosperaron en la Baja Edad Media y vieron nacer las universidades durante el siglo XIII (la Universidad de Salamanca se crearía en 1218 y la de Coimbra en 1290). Este hecho trascendental para las dos ciudades asentaría su prestigio y esplendor durante el periodo renacentista y barroco. En la época de los descubrimientos, los imperios español y portugués disfrutarían de una prosperidad que se vería reflejada en la arquitectura de ambas urbes y particularmente en los edificios institucionales (destacando los universitarios, con facultades, colegios mayores, hospederías, bibliotecas, etc.). Como dato anecdótico, ambas ciudades cuentan con dos catedrales (la “vieja” y la “nueva”), que en el caso de Salamanca se encuentran, paradójicamente, una junto a la otra.
Las circunstancias políticas a partir de la consolidación de los respectivos estados nacionales modernos (España y Portugal) cambiarían su rumbo. La crisis que siguió a la prosperidad imperial hizo mella en ambas ciudades, que iniciaron un estancamiento que se prolongaría varios siglos. Su evolución seguiría la tónica propia de cada estado, aunque a principios del siglo XIX, volverían a sufrir circunstancias similares con la conflictiva invasión napoleónica. A pesar del “letargo” secular que sufrieron, Salamanca y Coimbra lograrían mantener la llama cultural y educativa española y portuguesa hasta recibir un nuevo impulso a finales del siglo XIX y principios del XX. A partir de entonces se conformaron las ciudades actuales, referentes absolutos desde el punto de vista cultural y educativo y, desde luego, también turístico. Curiosamente, los datos actuales vuelven a igualarlas: las dos rondan los 150.000 habitantes y cuentan con una población estudiantil aproximada de 30.000 en cada caso.
Pero las semejanzas no ocultan las divergencias existentes. Por ejemplo, en la distinta estructura urbana de ambas ciudades históricas, con una Salamanca unitaria dentro de su segundo recinto amurallado (la “cerca nueva”) y una Coimbra “separada” en dos, una “ciudad alta” amurallada e institucional y una “ciudad baja” arrabalesca y comercial.
A la izquierda la dorada piedra arenisca de Villamayor (piedra Franca) que identifica Salamanca. A la derecha, el constraste definitorio de Coimbra entre las superficies de estuco blanco y los detalles arquitectónicos de piedra caliza de Ançã, cuyas tonalidades van desde suaves amarillos a blancos azulados.
Pero, quizá, la mayor constatación de las diferencias se produzca en el paisaje urbano de cada una. El ambiente producido por la topografía (más abrupta en el caso de Coimbra) y, sobre todo, por los diferentes estilos artísticos y arquitectónicos, identifican y separan con nitidez a ambas ciudades. Así, por una parte, encontramos a la Salamanca renacentista y barroca de tonos dorados proporcionados por la piedra arenisca de Villamayor (piedra Franca) que ha mantenido su homogeneidad en la construcción de muchos de los edificios posteriores; y, por otra, la blanca y contrastada Coimbra, que enfrenta superficies de estuco blanco con detalles arquitectónicos (portadas, torres, pórticos, etc.) de piedra caliza de Ançã, cuyas tonalidades van desde suaves amarillos a blancos azulados.

Salamanca, la primera ciudad universitaria española.
El solar de Salamanca, y particularmente el cerro de San Vicente, donde se creó el primer asentamiento humano, lleva muchos siglos ocupado, como testimonian los restos arqueológicos hallados. Ese pequeño monte sobre el río Tormes fue objeto de disputas dado el carácter fronterizo que lo caracterizó durante muchos años. A lo largo de su historia, la pequeña aldea tuvo sucesivos periodos de conflicto y de paz que marcaron su evolución. Influida por las luchas entre los pueblos celtas (los vacceos y los vettones que pugnaban por ese territorio), por la relativa pax romana y, de manera especial, por las idas y venidas de la reconquista (entre cristianos y musulmanes), Salamanca no logaría estabilizarse hasta su definitiva incorporación a los reinos cristianos.
El solar de Salamanca era estratégico al formar parte de la próspera Ruta de la Plata que enlazaba las ciudades de Asturica Augusta (Astorga) y Emerita Augusta (Mérida) facilitada por la construcción del puente romano sobre el Tormes hacia el año 27 a.C. La defensa del asentamiento llevó a la construcción de un primer recinto amurallado que delimitaba aproximadamente aquel cerro que estaba enmarcado meridionalmente por el rio Tormes y en sus vertientes occidental y oriental por los arroyos de los Milagros y de Santo Domingo respectivamente. Esa primitiva cerca (la “Cerca Vieja”) contaba con cinco puertas (Puerta del Sol, Puerta de San Sebastián, Puerta del Río, el Postigo Ciego, y la Puerta de San Juan del Alcázar) y estaba centrada sobre el antiguo punto neurálgico de la ciudad, la plaza del Azogue Viejo, hoy ocupada en parte por las catedrales de la ciudad y la plaza de Anaya. La calle principal de aquella primera Salamanca era la Rúa Nueva (la actual calle Libreros) por la que discurría la vía de la Plata y que comunicaba las dos puertas principales, la Puerta del Río (en el sur) que conectaba con el puente sobre el Tormes y la Puerta del Sol (en el norte). Sobre el extremo suroccidental del recinto, en la escarpada Peña Celestina se levantó el castillo-alcázar.
La antigua Helmántica celtíbera, o Salmántica romana, alcanzaría cierta notoriedad pero la invasión musulmana y la conquista de la ciudad en el año 712 frenó su desarrollo. Salamanca y su territorio serían, durante casi cuatro siglos, tierras fronterizas entre Al-Andalus y los reinos cristianos lo cual impidió su evolución. Por ejemplo, en el año 763 Salamanca pasó a control cristiano tras ser reconquistada por Alfonso I, pero en el año 981 volvió a manos musulmanas recuperada (y asolada) por Almanzor.
La ciudad no tendría una vida tranquila hasta la toma definitiva de la región como consecuencia de la conquista cristiana de Toledo (1085). Fue entonces cuando comenzó su repoblación y su desarrollo. Nacía entonces la “ciudad nueva” de Salamanca, con un nuevo recinto amurallado que incluía los arrabales surgidos junto a la “cerca vieja” y recobrando varios signos de distinción perdidos, como el hecho de ser sede episcopal (en 1102). En 1140 se iniciaron las obras de la “Catedral Vieja” (que no concluirían hasta 1289).
Esquema de Salamanca en la Edad Media reflejando las dos cercas de la ciudad.
Esta nueva muralla (la “Cerca Nueva”), levantada desde 1147, amplió considerablemente el recinto urbano que adoptaría una forma oval con centro en la Plaza de San Martín (futura Plaza Mayor) y cuyos lienzos recorrían aproximadamente las actuales Paseo del Rector Esperabé, Paseo de Canalejas, Avenida de Mirat, Paseo de Carmelitas, Paseo de San Vicente, Paseo del Desengaño y calle de San Gregorio. Contaba con trece puertas, dos de las cuales coincidían con las antiguas del sur (la de San Juan del Alcázar y la Puerta del Río). Las otras once eran la Puerta de San Pablo, Puerta Nueva, Puerta de Santo Tomás, Puerta de Sancti-Spíritus, Puerta de Toro, Puerta de Zamora, Puerta de Villamayor, Puerta de San Bernardo, Puerta Falsa, Puerta de San Vicente y Puerta de los Milagros. Aquel recinto ampliaba la ciudad de una forma extraordinaria hasta tal punto que no llegaría a ser superado hasta finales del siglo XIX y principios del XX, incluso cuando había desaparecido buena parte del anillo de murallas.
La Salamanca medieval comenzaría a prosperar con una fuerte base económica agrícola y ganadera, aunque una de las razones que impulsaron la ciudad sería la creación de la Universidad. El rey Alfonso IX de León (los reinos de Castilla y León no se unirían definitivamente hasta 1230) elevó a las escuelas catedralicias salmantinas al rango de Estudio General en 1218, fecha considerada como fundacional de la Universidad de Salamanca, aunque su estatus no sería ratificado hasta 1255 por el Papa Alejandro IV.
Fachada plateresca de la Universidad de Salamanca.
Salamanca iría adquiriendo prestigio gracias a sus enseñanzas superiores y sería una de las sedes habituales de los monarcas y sus cortes itinerantes (castellanas primero y españolas después). Salamanca inició un periodo de esplendor cultural sin precedentes, convirtiéndose su Universidad en la más prestigiosa del país. Por sus aulas pasaron figuras como Fray Luis de León, Cervantes, San Juan de la Cruz, Francisco de Vitoria o Luis de Góngora y en ellas se fraguaría el primer foco del Humanismo español.
El auge de la ciudad comenzaría a finales del periodo medieval y se extendería por el Renacimiento y el primer Barroco, constatado en la fiebre constructora del siglo XVI, que levantaría numerosos edificios institucionales y religiosos, así como palacios de la nobleza, cambiando la faz de Salamanca. En 1513 comenzaron las obras de la Catedral Nueva, en 1533 se construyó la extraordinaria fachada plateresca de la Universidad, pero la nómina arquitectónica fue muy amplia incluyendo, entre otros, la Casa de las Conchas (1493), el Colegio de Fonseca (Colegio de los Irlandeses, 1521), la Iglesia Convento de San Esteban (1524, Juan de Álava), el Convento de las Dueñas (1533, Rodrigo Gil de Ontañón), el Palacio Monterrey (1539, Rodrigo Gil de Ontañón), el Palacio de Orellana (1576), La Clerecía (1617) o el Colegio de Anaya (1760).
Arquitectura civil e institucional en Salamanca. De arriba abajo, la Casa de las Conchas y el Palacio de Monterrey.

Arquitectura religiosa en Salamanca. De arriba abajo, las catedrales, la iglesia de San Esteban y la Clerecía.
Mención especial requiere la fabulosa Plaza Mayor, proyectada por Alberto de Churriguera en 1729 y cuya construcción se prolongó hasta 1755. La renuncia de Churriguera en 1738 dio paso como director de la obra al arquitecto Antonio García de Quiñones quien remató la plaza respetando el espíritu de la concepción original y proyectó el Ayuntamiento que se encuentra integrado en su lado norte. La plaza, que también incluye el Pabellón Real (diseñado por Churriguera en su lado este) se convertiría en el centro neurálgico de la vida ciudadana salmantina.
Plaza Mayor de Salamanca.
La fijación de la capitalidad de España en Madrid, llevaría a la ciudad a un cierto de estancamiento que se prolongaría hasta finales del siglo XIX (con el paréntesis sufrido por la invasión napoleónica, que tuvo graves repercusiones en la ciudad). Al terminar esta centuria, Salamanca era una pequeña urbe de 25.000 habitantes que se concentraban todavía en el recinto histórico, a pesar de que las murallas habían ido desapareciendo. En el perímetro comenzaban a asentarse algunos tímidos crecimientos y sobre todo la estación de Ferrocarril (1880-1886), que abriría definitivamente la ciudad más allá del recinto histórico. Salamanca despertaría de su letargo a lo largo del siglo XX, extendiéndose por el entorno (incluso traspasando el rio Tormes, colonizando su ribera izquierda, al sur de la ciudad) e interviniendo en el casco histórico con operaciones como la apertura de la Gran Vía.
Salamanca en 1858 según plano de Francisco Coello.
El reconocimiento internacional  a su valor llegaría en 1988 con su elección por parte de la UNESCO como Ciudad Patrimonio de la Humanidad y siendo designada, en 2002, Capital Europea de la Cultura. La Salamanca del siglo XXI es una ciudad de tamaño medio (con una población que ronda los 150.000 habitantes) activa y prospera. La Universidad de Salamanca (USAL), que en 2018 celebrará su octavo centenario, cuenta con aproximadamente 30.000 alumnos distribuidos en nueve campus docentes, seis  en la propia Salamanca (Campus Histórico, Campus de Ciencias, Campus de Canalejas, Campus Miguel de Unamuno, Campus Ciudad Jardín y Campus Villamayor) y tres en las ciudades de Ávila, Zamora y Béjar. La USAL no es la única universidad salmantina ya que en 1940 se creó la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA).
Ubicación de los diferentes campus de la Universidad de Salamanca (USAL).

Coimbra, la primera ciudad universitaria portuguesa.
Coimbra nació en un cerro que domina el rio Mondego, justo cuando este cauce abandona las sierras interiores y comienza su recorrido por una productiva vega que llegará hasta su desembocadura en el Océano Atlántico (en la ciudad de Figueira da Foz). Sobre ese abrupto monte, los romanos instalaron una pequeña colonia denominada Aeminium, que dependía de la principal, Conimbriga, que estaba situaba unos quince kilómetros al sur. Ambas actuaban como etapas dentro de la calzada que unía Olisipo (Lisboa) con Bracara Augusta (Braga) en la Lusitania romana.
Quedan pocos restos de aquella época y se cuenta con escasos datos de Aeminium. Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre su trazado: unos defienden la trama ortogonal mientras que otros creen que su implantación en el cerro fue imposible dada la dificultad topográfica. No obstante la ubicación del Foro es bien conocida y sugiere la existencia de un cardo máximo que seguiría la Rua S. Joao mientras que el decumano máximo podría haberse situado sobre la Rua do Norte. El cruce del cardo y decumano máximo marcaba la posición del Foro, en el que se realizó una construcción muy singular para mantener la horizontalidad del espacio público, el cryptoporticus. Un criptopórtico es una galería subterránea conformada por corredores abovedados y porticados que sirve para salvar el desnivel facilitando las construcciones sobre ella y que, en el caso de Coimbra, cuenta con dos pisos. Sobre este espacio se construiría siglos después el Palacio Episcopal que finalmente sería reconvertido en el actual Museo de Bellas Artes “Machado de Castro”.
Cuando Conimbriga fue destruida por los suevos en el año 468, quedó abandonada. Sus habitantes se dirigieron a la pequeña Aeminium, que sería potenciada y vería cambiado su nombre para ser conocida desde entonces como Coimbra (apócope de Conimbriga). Pero la paz se vería turbada de nuevo cuando Coimbra fue conquistada en el año 714 por los musulmanes que estaban invadiendo la Península Ibérica. El dominio musulmán  finalizaría definitivamente en 1064 (aunque entre 878 y 987 la ciudad estuvo bajo control cristiano). La nueva ciudad cristiana se incorporó la Condado Portucalense dependiente del Reino de Galicia, hasta que este se independizó creando el Reino de Portugal en 1139, del que  Coimbra, sería capital entre 1131 (comenzó siendo capital del Condado) y 1255, fecha en la que se trasladaría la primacía política a Lisboa.
Maqueta de la Coimbra Medieval, con el recitno amurallado y el puente romano en primer término. Por el fondo aparece el acueducto y junto a su entrada en la ciudad el castillo. En el centro el Palacio de Alcaçova y a su lado el Palacio Episcopal que ocupaba el antiguo Foro romano y la Catedral Vieja
La ciudad se encontraba protegida por un anillo de murallas que integraba un castillo (junto a la entrada del acueducto por el este). En el centro del recinto se levantó el Palacio Real (de Alcaçova) futura sede de la universidad. Entonces la ciudad, limitada a la parte alta del cerro amurallado, comenzó a extenderse extramuros (dando origen a la dualidad “Ciudad Alta/Ciudad Baja” a la que nos referiremos más adelante). La muralla iría desapareciendo ocultada por edificaciones o reutilizada en construcciones posteriores aunque las investigaciones arqueológicas han ido identificando varias torres y puertas de la misma (Puerta y Torre de Almedina, Porta Barbacã, Torre da Contenda (Palacio de Sub-Ripas), Torre do Anto, Porta nova (Colegio Novo), dos Torres (Laboratorio Químico), Porta do Sol (junto al castillo, próxima al Colegio de San Jerónimo), Puerta da Traição (rua do Arco da Traição), Couraça de Lisboa, Torre da "Muralha", Torre y Puerta de Belcouce (Governo Civil), Torre de D. Joana y Torre do Trabuquete (Rua Fernandes Tomás).
Fue entonces cuando Coimbra inició el camino que la encumbraría como capital de la cultura y del saber portugués. La Universidad (Estudo Geral) se creó en el año 1290 en Lisboa y fue trasladada a Coimbra en 1308. No obstante volvería a la capital entre 1338 y 1354 y entre 1378 y 1537, año en el que definitivamente Coimbra recuperaría la institución docente (que sería la única universidad portuguesa hasta 1911).
Coimbra en 1598 perteneciente al atlas “Civitates Orbis Terrarum” de Georg Braun y Franz Hogenberg.
La particular topografía de Coimbra daría lugar a dos entornos bien diferenciados: la “ciudad alta” (Alta) y la “ciudad baja” (Baixa). La primera, la ciudad amurallada, quedaba ubicada sobre el altozano original y era la residencia de la nobleza, el clero y de los estudiantes, mientras que la Baixa, extramuros, era el lugar donde habitaban los comerciantes y artesanos y se encontraban los mercados. Las dos zonas conforman el centro histórico de la ciudad.
La Ciudad Baja quedaría estructura por las principales vías comerciales (como la Rua Ferreira Borges) y la plaza del mercado (Praça do Comercio o Praça Velha). La Plaza del Comercio alberga dos de las iglesias más antiguas de la ciudad: la de Sao Bartolomeu (original de mediados del siglo X y reconstruida en 1756) y la iglesia de Santiago (consagrada en 1206). Esta plaza fue el corazón económico de la Baixa y el lugar principal de mercado de la ciudad hasta la construcción del Mercado Municipal D.Pedro V. No obstante, también la ciudad baja contaría con monumentos reseñables como el Monasterio e Iglesia de Santa Cruz (fundado en 1131 y reconstruido en “estilo manuelino” a partir de 1507) que preside la plaza 8 de Mayo, o la particular fuente renacentista del Jardín de Manga (Jardim da Manga, 1528) en las traseras de ese monasterio.
La Baixa de Coimbra, de arriba abajo: Plaza del Comercio, Rua Ferreira Borges y Plaza 8 de Mayo con la iglesia de Santa Cruz.
La conexión entre las “dos ciudades” se realiza serpenteando por las calles que suben la ladera del promontorio y accediendo por el Arco de Almedina, una de las puertas de la muralla medieval.
La Ciudad Alta, alberga los principales edificios de la ciudad, desde la románica Catedral Vieja (Sé Velha, 1139) o la barroca Catedral Nueva (Sé Nova, 1598, Baltazar Álvares) hasta las instalaciones de la Universidad.
Catedral Vieja de Coimbra.
La Universidad  comenzaría ocupando el antiguo Palacio Real (Paço Real da Alcáçova que pasó a denominarse Paço das Escolas, Palacio de las Escuelas) y que iría siendo completado con diversas construcciones. Por ejemplo el ala de la Porta Ferrea, construido en 1634 para servir también de entrada solemne al conjunto, la Biblioteca Joanina, levantada en 1717 según proyecto de  João Carvalho Ferreira, la Torre de la Universidad (1728, Antonio Canevari en sustitución una torre anterior) o la reforma de la fachada principal del palacio, la conocida como Via Latina (con su logia, pórtico central y gran escalinata rematadas en 1773).
Patio del Palacio de la Escuelas, la sede histórica de la Universidad de Coimbra.
Alrededor de ese gran patio central abierto a la vega del rio Mondego se desarrollaría la universidad ampliando sus instalaciones en el borde del casco ocupando parte de la manzana de la Catedral Nueva o con la construcción de algún nuevo edificio. A mediados del siglo XX se abordó una importantísima ampliación de la misma que supuso la transformación radical de la parte alta de la ciudad. A partir de 1942 comenzaron a derribarse las antiguas viviendas que ocupaban ese lugar para construir las nuevas facultades de Medicina, Letras, Ciencias Físicas y Matemáticas o la Biblioteca general (el proyecto se desarrolló hasta 1969 siguiendo el diseño de los arquitectos José Ângelo Cottinelli Telmo y Luís Cristino da Silva). Este monumental proyecto muestra una fuerte inspiración clasicista influida por la interpretación realizada por la arquitectura fascista italiana y alemana.
A la izquierda, plano de la parte alta de Coimbra antes de la transformación con la ampliación de la universidad nueva. A la derecha, el planteamiento final.
Imágenes de la universidad nueva en la parte alta de Coimbra.




El campus histórico de la Universidad fue incluido como patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 2013.
La historia de Coimbra está íntimamente ligada a la de la Universidad y su evolución. No obstante, la ciudad recibiría un buen impulso durante la segunda mitad del siglo XIX recuperando parte del ímpetu perdido en los años anteriores. La llegada del ferrocarril (1864) o las mejoras en infraestructuras irían adaptando la ciudad a los nuevos tiempos.
Plano de Coimbra en la década de 1910.
El siglo XX asistiría a un considerable crecimiento urbano que atravesaría definitivamente el rio y se extendería en numerosos nuevos barrios periféricos. Coimbra actualmente cuenta con una población aproximada de 150.000 habitantes.

También la Universidad de Coimbra se adaptaría a los tiempos, creando otros campus que ampliaron la oferta. Hoy la universidad imparte docencia para unos 30.000 estudiantes. El campus de la ciudad alta (acondicionado por la gran reforma de mediados del siglo XX y denominado Polo I) mantiene los servicios administrativos y representativos, la biblioteca y varias facultades. El segundo campus, el Polo II es el campus tecnológico  y el tercer campus, el Polo III se encuentra dedicado a las ciencias de la salud.
Arriba ubicación de los tres campus (Polos) de la Universidad de Coimbra y debajo area de protección delimitada por la UNESCO respecto al campus histórico de la universidad y su prolongación en el eje de los colegios de la Baixa.

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