1 ago. 2015

Rivalidades Urbanas: Lisboa frente a Oporto.

Iconos históricos de la arquitectura “vertical” de Lisboa (arriba, el elevador de Santa Justa) y Oporto (abajo, la Torre de los Clérigos).
La rivalidad urbana es una muestra muy particular de la competencia entre ciudades. Suele aparecer como consecuencia del tradicional antagonismo entre lugares próximos y de similar jerarquía, y se manifiesta con gran emotividad e incluso, en ocasiones, de manera irracional.
Lisboa y Oporto son las principales ciudades de Portugal y presentan, como dijo el escritor Eça de Queiroz, “una rivalidad incurable”. Como en todos estos casos, los enfrentamientos han generado muchos tópicos que perviven y son utilizados como arma arrojadiza. Pero, aunque la injusticia de los tópicos esconda muchos rasgos en común, ciertamente también existen entre ambas ciudades nítidas diferencias de identidad. En general, los contrastes suelen captarse con más intensidad al descubrirse por oposición y, por esta razón, poner a Lisboa y a Oporto en paralelo es un interesante ejercicio que ayuda a revelar ciertas especificidades de cada una de ellas.
Esta dialéctica urbana ya ha sido utilizada en este blog analizando ciudades en paralelo, como un método de aproximación a los rasgos distintivos de diversas ciudades.

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La rivalidad urbana, expresión pasional de las diferencias de identidad.
La competencia entre ciudades, tiene un caso  muy particular que surge entre lugares próximos y de similar jerarquía, al que podemos referirnos como “rivalidad” urbana. Suelen ser consecuencia de antagonismos ancestrales, legados de generación en generación, que alcanzan cotas casi irracionales y se expresan de forma muy emotiva en cualquiera de los ámbitos en los que se enfrentan. En ocasiones, esta rivalidad urbana se sustenta únicamente en el sentimiento de pertenencia de sus ciudadanos a sus respectivos espacios, pero también acostumbran a aflorar las cuestiones identitarias como “armas” de lucha, haciendo hincapié en las diferencias existentes.
Esta dialéctica urbana ya ha sido utilizada en este blog analizando ciudades en paralelo, como un método de aproximación a los rasgos más distintivos de diversas ciudades, porque la identidad de cada lugar suele captarse con más intensidad al descubrirse por oposición.
Lisboa y Oporto, las principales ciudades de Portugal también muestran esa “encarnizada lucha” que lleva a mostrar las virtudes propias y destacar los defectos del contrario. La disputa es también una muestra de la “brecha” norte-sur característica del ámbito mediterráneo, aunque las dos ciudades también cuentan con muchos puntos en común. La rivalidad entre Lisboa y Oporto es ancestral y recuerda en algunos aspectos al caso de Madrid-Barcelona, en la misma Península Ibérica. Lisboa es la capital y la mayor ciudad de Portugal con unos 550.000 habitantes y un área metropolitana de aproximadamente  dos millones seiscientas mil personas. Oporto, es la segunda ciudad portuguesa y “capital del norte”, con aproximadamente 240.000 habitantes y un área metropolitana que ronda los dos millones y medio de personas. Portugal cuenta con unos 10.400.000 habitantes, con lo cual, las dos áreas metropolitanas del país albergan prácticamente a la mitad de la población lusa.
El gran escritor portugués José Maria de Eça de Queiroz escribió: “É necessário que Vossa Majestade saiba que existe uma incurável rivalidade moral, social, elegante, comercial, alimentícia, política, entre Lisboa e Porto. Lisboa inveja ao Porto a sua riqueza, o seu comércio, as suas belas ruas novas, o conforto das suas casas, a solidez das suas fortunas, a seriedade do seu bem-estar. O Porto inveja a Lisboa a Corte, o Rei, as Câmaras, S. Carlos e o Martinho" (Es necesario que su Majestad sepa que existe una incurable rivalidad moral, social, de estilo, comercial, gastronómica, política entre Lisboa y Oporto. Lisboa envidia a Oporto su riqueza, su comercio, sus hermosas calles nuevas, la comodidad de sus hogares, la solidez de sus fortunas, la seriedad de su bienestar. Oporto envidia a Lisboa por la Corte, el Rey, las instituciones, (el teatro) San Carlos y por el Martinho (el café más antiguo de la ciudad situado en la Plaza del Comercio) (Eça de Queiroz, José María. “Uma Campanha Alegre” Volumen II, Capítulo XXXII: Epístola: A alma de D. Pedro IV, nos Elísios. Lisboa, 1890-1891)
La disputa entre lisboetas y portuenses se expresa de muchas maneras, a través de una buena colección de refranes, de leyendas, de apodos, que como todos los tópicos son injustos con la generalidad pero se han ido forjando sobre una base que expresa circunstancias interesantes. En Portugal hay un dicho que enfrenta a Lisboa y Oporto. El tópico dice que “mientras en Oporto se trabaja, Lisboa se divierte”. Esta frase tiene otras versiones respecto a la capital sobre la que se dice que “Lisboa se luce”, “Lisboa presume” o “Lisboa gasta”. A veces, el refrán incorpora dos ciudades a las que se les asignan otras capacidades. En concreto “Braga reza y Coimbra estudia” (o “Coimbra canta” en alguna ocasión). El lugar común es asignar un espíritu trabajador a Oporto y otro festivo a Lisboa.
Enfrentamiento futbolístico entre Lisboa y Oporto. Con la indumentaria blanquiazul el Porto, de rojo y blanco el Benfica lisboeta.
La rivalidad alcanza otros muchos ámbitos, desde el gastronómico, enfrentando por ejemplo, los pastéis de Belém con las francesinhas de Oporto, o la ginjinha (el licor de cerezas “guindas” lisboeta) con el vinho do Porto; hasta la “gran guerra” del clásico futbolístico, “o clássico”, que enfrenta al Benfica de Lisboa (Sport Lisboa e Benfica) con el Oporto (Futebol Clube do Porto); pasando por la disputa entre sus santos patronos (Santo António en Lisboa y São João en Oporto), por la importancia de los propios rios (Tajo y Duero), y hasta por las discrepancias sobre el nombre del café con leche (garoto en Lisboa y pingo en Oporto)

Algunas similitudes iniciales entre Lisboa y Oporto.
Ciertamente, Lisboa y Oporto presentan realidades particulares que han logrado generar dos identidades diferenciables, pero, aunque les cueste reconocerlo también tienen muchos puntos en común. Hay que recordar que se encuentran separadas solamente por poco más de trescientos kilómetros.
Las dos catedrales (izquierda Lisboa, derecha Oporto) muestras similitudes estilísticas derivadas de haber compartido orígenes históricos.
Las dos ciudades se asentaron sobre cerros de la margen derecha de un cauce fluvial, orientados al sur, y desde los que podían dominar el tráfico de naves que surcaban los ríos. Ambos núcleos se asentaron junto a la desembocadura de un gran rio: el Duero (Douro) en el caso de Oporto y el Tajo (Tejo) en el de Lisboa. Estos dos cauces se encuentran entre los principales de la Península Ibérica y discurren, más o menos en paralelo, desde el centro-este de la meseta hasta finalizar en el Océano Atlántico (el Duero más al norte que el Tajo).No obstante las dos desembocaduras son diferentes. La del rio Tajo es mucho más amplia llegando a crear un pequeño “mar interior” (Mar de la Paja, Mar da Palha) antes de conectar con el Océano Atlántico. Esta circunstancia ha llevado a considerar que Lisboa se abre verdaderamente al mar mientras que Oporto simplemente se “asoma” al Duero (cuya desembocadura es más pequeña y convencional).
Lisboa (arriba) y Oporto (abajo) se asientan en la ribera derecha de las desembocaduras de sus respectivos rios (Tajo y Duero)
Lisboa y Oporto vuelven a coincidir en su ocupación exclusiva de la ribera fluvial derecha, ya que la orilla izquierda corresponde a otros municipios que, aunque formen parte del área metropolitana de cada ciudad, tienen su propia administración municipal. Frente a Oporto se encuentra Vila Nova de Gaia (que es, curiosamente, donde se encuentran las bodegas del vino de Oporto) mientras que frente a Lisboa, debido a su estuario de mayor amplitud, hay varias ciudades entre las que destaca  Almada, aunque también se ubican Seixal, Barreiro o Montijo.
Puentes icónicos: arriba el Puente 25 de Abril de Lisboa y debajo el Puente Don Luis I de Oporto.
La presencia de los rios hizo necesaria la construcción de puentes para salvarlos, pero las dificultades que ofrecían los emplazamientos hicieron que, salvo el Puente Don Luis I de Oporto, todos sean relativamente recientes. En Oporto se llegaron a levantar hasta siete, de los cuales cinco permanecen en funcionamiento: el Puente Don Luis I (1886), el Puente da Arrábida (1963), el Ponte de São João (1991) el Ponte do Freixo (1995) y el Ponte Infante Dom Henrique (2003). En Lisboa, dada la anchura del cauce del rio Tajo en ese punto, solamente hay dos obras de ingeniería espectacular: el Puente 25 de Abril (de 2.277,64 metros y construido entre 1962 y 1966) y el Puente Vasco de Gama que atraviesa el Mar de la Paja (con sus 17.300 metros que lo convierten en el más largo de Europa y que fue levantado entre 1995 y 1998). En cualquier caso cada ciudad ofrece un puente emblemático que se ha llegado a convertir en un icono urbano: Oporto con el Puente de Don Luis I y Lisboa con el Puente 25 de Abril.

Rivalidades “ambientales”: Oporto, “ciudad centroeuropea” frente a Lisboa “ciudad mediterránea”.
Uno de las principales cuestiones aducidas para diferenciar Lisboa de Oporto es la consideración “ambiental” que tiene su primera instancia en el clima de cada ciudad (lo cual es relativo dada la poca distancia entre ambas). Mientras Lisboa es considerada una “ciudad mediterránea” (a pesar de encontrarse lejos de este mar) por su luz intensa, su clima templado y los colores de su paisaje urbano; Oporto suele verse referida como una ciudad centroeuropea, menos soleada, con un clima más fresco y menos colorido (incluso hay quien la caracteriza como “ciudad británica”).
Esta caracterización es más literaria que real porque ambas ciudades disfrutan de un clima mediterráneo con influencia oceánica, debido a la corriente del Golfo, que lleva a que las temperaturas ofrezcan una reducida amplitud térmica. De hecho, Lisboa aparece soleada en primavera y verano (con máximas en torno a los 28°C y mínimas de unos 16°C) y suele tener otoños e inviernos lluviosos y ventosos, aunque la temperatura descienda raras veces por debajo de los 5°C. Por su parte, el Oporto veraniego se mueve entre los 15°C y 25°C, aunque puede ofrecer puntas superiores a los 30°C, mientras que los otoños e inviernos portuenses también son lluviosos, aunque los datos indican que menos que en Lisboa.
Otra de las consideraciones ambientales lleva a discutir sobre su paisaje urbano, sobre formas y colores, sobre materiales y estilos. Vamos a profundizar en estos temas.

Rivalidades “materiales”: Oporto, “ciudad de granito”, Lisboa “ciudad caliza” y otras consideraciones arquitectónicas.
La materialidad de las dos ciudades es diferente a pesar de coincidir en su aspecto general de piedra, estuco y mosaico. Pero la piedra de cada ciudad determina sus identidades, especialmente reflejadas en los grandes edificios monumentales.
El contraste entre la piedra caliza blanca de Lisboa (izquierda detalle del Monasterio de los Jerónimos) con el granito de Oporto (derecha detalle de la Torre de los Clérigos)
Los principales edificios históricos de Lisboa se construyeron con la piedra de Lioz, una piedra caliza de color blanco extraída de la región lisboeta y de sus alrededores. Su facilidad para ser trabajada fue una buena base para asentar el estilo manuelino y sus alardes decorativos, una visión específicamente portuguesa de la transición del gótico al renacimiento. Grandes iconos de la arquitectura histórica de Lisboa están construidos con esta piedra: el monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belem o la Estación del Rossio entre otros muchos.
En cambio, Oporto es de granito. La ciudad se asentó sobre un gran afloramiento de esa piedra y con ella construyó buena parte de sus edificaciones monumentales. El granito, al contrario que la piedra caliza lisboeta, no permite florituras escultóricas y su presencia es mucho más volumétrica que decorativa. El granito se convierte en el material base de muchos referentes arquitectónicos portuenses, como la iglesia y torre de los clérigos, la catedral (Sé), el Ayuntamiento o el Palacio de la Bolsa entre una amplia nómina. También el granito forma parte de otras edificaciones típicas, en las que la piedra remarca esquinas, ventanas y portadas destacando sobre un fondo de estuco blanco por lo general.
No obstante, las dos ciudades ofrecen similitudes en la construcción residencial en la que es muy notable la presencia de mosaicos y cerámica vidriada en las fachadas. En ambos casos los motivos decorativos o los colores son muy variados. Por otra parte, las cubiertas de teja cerámica ofrecen un continuo rojo terracota del barro cocido que contrasta con las fachadas, en las que es llamativa la casi total ausencia de ladrillo visto.
Composiciones del fotógrafo portugués André Gonçalves Vicente pertenecientes a su serie “Ventanas del Mundo”. Arriba, Lisboa. Debajo, Oporto.
Otro de los rasgos más característicos de Portugal es su particular pavimentación de los espacios públicos (sobre todo en las zonas históricas, aunque también está presente en algunas de las recientes). El conocido, y espectacular, empedrado portugués se compone de pequeñas piezas de piedra (generalmente basaltos negros y calizas blancas) cuya colocación requiere una cualificación especial (los maestros calceiteiros). Lisboa y Oporto comparten el tipo de empedrado portugués, aunque de forma más pura en la capital ya que en Oporto también se compagina con adoquines o losas de granito.
Empedrado portugués de los espacios públicos ciudadanos.
Hay otra similitud curiosa desde el punto de vista material. Ambas cuentan con iconos de acero que, de forma directa o indirecta, se relacionan con el gran ingeniero francés Gustave Eiffel (1832-1923). En Oporto, el Puente Don Luis I fue diseñado y realizado por Théophile Seyrig (1843-1923), colaborador de Eiffel en la empresa de ingeniería y construcción Eiffel et Cie (compañía fundada en 1866 que alcanzó un gran prestigio internacional por sus espectaculares estructuras de hierro, desde puentes hasta la Torre Eiffel levantada para la Exposición Universal de 1889 en París). En Lisboa, el célebre Elevador de Santa Justa que conecta la Baixa con el Chiado fue diseñado por Raoul Mesnier de Ponsard (1848-1914) e inaugurado en 1902. El ingeniero portugués, que completó su formación en Francia, parece que pudo haber estado relacionado con Eiffel, aunque no está confirmado, pero desde luego aplicó algunas de sus técnicas.
Recientemente, las dos ciudades han creado sus propios iconos modernos. Comenzó Lisboa con la Expo '98 (Exposición Internacional de 1998), cuyo tema fue "Los océanos: un patrimonio para el futuro". Al margen del recinto expositivo y sus pabellones, tanto temáticos como de los diferentes países participantes, la ciudad hizo un esfuerzo infraestructural que le llevó a levantar uno de sus iconos modernos, la ferroviaria Estação do Oriente (Estación de Oriente) diseñada por el arquitecto Santiago Calatrava. Poco después, Oporto fue designada como Capital Europea de la Cultura en el año 2001 (junto a Rotterdam). En este contexto se construyó un edificio singularísimo como es la Casa da Música, el auditorio diseñado por Rem Koolhaas que se inauguró en 2005. El edificio, caído como un meteorito en la Rotunda de Boavista, es una roca tallada, una piedra preciosa facetada que se ha convertido en uno de los iconos recientes de la ciudad.
Iconos modernos de la arquitectura de Lisboa (arriba, la Estación de Oriente de Santiago Calatrava) y Oporto (abajo, Casa da Música de Rem Koolhaas).

Rivalidades “sociales”: Lisboa femenina y Oporto masculino / Tripeiros vs Alfacinhas.
Adjudicar a una ciudad comportamientos humanos es siempre muy arriesgado y más si se particularizan en diferencias de género. No obstante, está muy extendida en Portugal la asignación de un carácter “femenino” a Lisboa frente a Oporto que sería más “masculino”. Esta consideración va más allá de la sugerencia del toponímico (la capital acaba en “a” mientras que Oporto lo hace en “o”) y pretende distinguir una forma de proceder de sus habitantes.
Recuperamos aquí alguna de las preguntas que nos hicimos al tratar este mismo tópico respecto a Madrid y Barcelona en un artículo anterior: ¿Lo masculino puede asociarse con lo directo y explícito, frente a lo femenino que se relacionaría con lo sutil y lo matizado? ¿Puede condicionar nuestra percepción de las ciudades el hecho de verlas como un “padre” o una “madre”?. En cualquier caso, el género de las ciudades suele estar más presente en la mirada de quien asigna ese calificativo que en las realidades urbanas.
Los portuenses (habitantes de Oporto) y los lisboetas llevan siglos disputando entre ellos y esta rivalidad ha servido de base a muchas expresiones diferentes a lo largo del tiempo. Al margen del gentilicio oficial, los habitantes de Porto (Oporto) son conocidos como tripeiros (triperos, referido a las tripas, a los intestinos de los animales), mientras que los de Lisboa reciben el apelativo de alfacinhas (algo traducible como “lechuginos”). También los lisboetas son conocidos como los “mouros” (moros).
Según cuenta la leyenda, el apodo de tripeiros provendría de 1415 cuando se estaba preparando en Oporto la armada que debía conquistar Ceuta. Los vecinos portuenses ofrecieron la carne disponible para el ejército expedicionario, quedando para ellos solamente las “tripas”. Cuestión que pudo ser la base de uno de los platos típicos de la ciudad, las "tripas à moda do Porto".
Sobre el alias de alfacinhas para los lisboetas, antiguos relatos narran que como consecuencia de la ocupación árabe de la ciudad sus habitantes tuvieron que alimentarse durante largos periodos con lechugas (alface). Por su parte, el sobrenombre de “moros” para los lisboetas, procedería del hecho de que el rio Duero fuera durante varios de los siglos medievales una frontera natural entre el norte cristiano y el sur musulmán, lo cual marcaría un cierto carácter que lleva a las desavenencias habituales entre portuenses y lisboetas.
Dicen que los tripeiros son simples y directos, parlanchines, mientras que los alfacinhas son más educados, más pacientes y parcos en palabras.
Iconos históricos de la arquitectura de Lisboa (arriba, la Torre de Belem) y Oporto (abajo, la Iglesia y Torre de los Clérigos).

Rivalidades “funcionales”: Lisboa administrativa y política, Oporto industrial y comercial.
Otro de los tópicos que envuelven a Lisboa y Oporto hace referencia a su vocación funcional. Aquella lejana Portu Cale (Oporto), que emergió como capital del condado fundacional de Portugal, perdería la distinción como ciudad principal a favor de Coimbra y posteriormente de Lisboa.
En consecuencia, Oporto iría quedando marginado de los centros de decisión política y orientó su actividad hacia el comercio y la industria. Mientras tanto Lisboa se asentaba como el gran centro político y administrativo del país. Estas consideraciones que enfrentan a un centro político con un centro económico son habituales en muchos lugares y muestran una cierta incomprensión desde cada ciudad a la otra. A las ciudades “políticas” se les suele achacar institucionalidad y cierto encorsetamiento formal, aunque suele reconocérseles un importante cosmopolitismo y abundante diversión (como podría ser el caso de Lisboa o Madrid). A las ciudades “industriosas” se les reconoce la laboriosidad y la tranquilidad, aunque se les imputa una menor capacidad para el ocio en la calle, por ejemplo (cuestión que, quizá, podría relacionarse con Oporto y Barcelona).
Taxis (los clásicos negro/verde mar y los nuevos, de color beige) están presentes en ambas ciudades. También el tranvía, aunque la presencia en Lisboa es mayor (con un fuerte impulso turístico) frente al decaimiento de este sistema de transporte en Oporto.

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