24 oct. 2015

Los dos renacimientos de la City de Londres: tras el incendio de 1666 y después del Blitz.

Tras dos graves desastres (un incendio y un bombardeo), sobre el trazado medieval de la City londinense emergió una nueva ciudad clásica en el siglo XVII (representada por la catedral de San Pablo)  y una ciudad moderna en el siglo XX (con los icónicos rascacielos de su sector oriental)
Londres nació en la City. Hoy, la ciudad está compuesta por una inmensa y heterogénea amalgama urbana, dentro de la que destaca ese particular “casco antiguo” que es la City. Su peculiaridad se explica, en parte, por dos momentos dramáticos que sufrió (un incendio y un bombardeo) y que logró superar, renaciendo de sus ruinas con una nueva arquitectura que se levantó sin modificar en lo sustancial el trazado preexistente.
La primera vez fue a partir de 1666, fecha en la que un devastador incendio la asoló casi completamente. La reconstrucción enfrentó a los que veían la oportunidad para reconfigurar la ciudad con criterios racionales y a quienes se oponían a los cambios. Ganaron estos últimos, liderados por los propietarios del suelo, que mostraron su rechazo frontal a cualquier modificación de sus posiciones patrimoniales. Así pues, sobre un trazado antiguo medieval, se construyó una ciudad nueva de arquitectura clasicista.
El otro “renacimiento” lo propició la Segunda Guerra Mundial. El bombardeo al que los alemanes sometieron a Inglaterra, y especialmente a Londres entre 1940 y 1941 (la Operación “Relámpago”, Blitz, en alemán), destruyó buena parte de la City. Tras la contienda, la consolidación de su papel como centro de negocios internacional marcó la reconstrucción y fueron apareciendo los rascacielos que cambiaron radicalmente la fisonomía de parte del “centro histórico” londinense.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
La persistencia de los trazados urbanos.
Una de las diferencias entre urbanismo y arquitectura es la distinta pervivencia de sus propuestas. Ciertamente hay obras arquitectónicas que desafían al tiempo y trazados urbanos que desaparecen con rapidez, pero lo habitual es que la arquitectura sea sustituida periódicamente (sobre todo la residencial) y que los espacios públicos permanezcan.
Estas cuestiones indicen directamente en los procesos de renovación urbana, y particularmente en la actuación sobre los cascos históricos. Sus espacios (tanto arquitectónicos como urbanos) se desactualizan con el tiempo. La aparición de innovaciones tecnológicas que mejoran lo existente o el surgimiento de nuevas necesidades sociales, hacen que esas ciudades antiguas vayan perdiendo la capacidad de dar respuesta a los requerimientos de la comunidad.
El dilema de cómo afrontar la “rehabilitación” es uno de los temas recurrentes en arquitectura y urbanismo. Sin entrar en este complejo tema, hay que reconocer que estos debates son muy diferentes para cada uno de los dos casos, debido a la distinta repercusión que conllevan. Esto es así porque, en primer lugar, la renovación de la arquitectura, particularmente la doméstica, es un acto hasta cierto punto individual, mientras que la remodelación urbana supone afecciones colectivas que implican a muchas unidades que hay que poner de acuerdo. Por eso, la relativa sencillez de la renovación arquitectónica contrasta con la gran dificultad para modificar los trazados urbanos. Esta circunstancia hace que las grandes operaciones de transformación de las ciudades heredadas (pensemos, por ejemplo, en la apertura de una “Gran Vía”) hayan necesitado, a lo largo de la historia, gobiernos fuertes que se impusieran al habitual rechazo de los afectados. Las expropiaciones suelen ser operaciones conflictivas que requieren de importantes esfuerzos económicos, infraestructurales y administrativos, que, en muchas ocasiones, han impedido llevar adelante los planes de remodelación urbana.
Trazado de la City de Londres en el entorno de la catedral de San Pablo.
En este sentido, entre las razones que justifican todo esto, una de las más destacadas es la influencia de la propiedad privada porque, antes de que el urbanismo moderno inventara mecanismos de reparcelación, no era sencillo modificarla.
Esto conduce, en ocasiones, a parejas contradictorias, en las que trazados urbanos antiguos albergan edificaciones modernas poco coherentes con esa base, creando situaciones ambientales un tanto paradójicas. Uno de estos casos de incoherencia aparece en la City de Londres, que cuenta con un esquema urbano medieval que alberga construcciones mucho más recientes.
Para entender el peculiar tejido urbano de la City londinense hay que remontarse a su origen y conocer como varios desastres sobrevenidos (un incendio gravísimo y un bombardeo devastador) forzaron la aparición de una nueva arquitectura, hecho que se realizó sin modificar en lo sustancial el trazado antiguo. La justificación de por qué no se aprovechó la oportunidad para levantar una ciudad siguiendo los criterios racionales de la época y, en cambio, se mantuvo un trazado irregularidad e inconveniente, fue debido, principalmente, al rechazo frontal de los propietarios del suelo a cualquier modificación de sus posiciones patrimoniales. Esto sucedió en dos ocasiones, en el siglo XVII tras el incendio y en el siglo XX tras los ataques aéreos. Por eso, sobre un trazado antiguo medieval, se fue construyendo una ciudad de arquitectura clasicista que sería, más adelante, combinada con torres y edificios contemporáneos. No obstante, la remodelación arquitectónica, también fue acompañada de algunas correcciones viarias (sobre todo en cuanto a la anchura de las calles).

De Londinium al Londres isabelino.
La conquista de las Islas Británicas por parte del Imperio Romano supuso la colonización de una parte del territorio insular. Uno de sus principales asentamientos sería Londinium, la ciudad levantada, en el año 43, junto a un punto en el que el rio Támesis era franqueable y que ya contaba con ciertos poblados celtas dispersos que fueron sometidos. Allí se tendió un puente y se habilitó un puerto que sería el origen de la prosperidad de la colonia fundada en la ribera norte del gran río.
Londinium sería protegida con unas murallas que perdurarían durante muchos siglos, marcando el límite de la ciudad (serían derribadas en su mayoría durante los siglos XVIII y XIX, aunque se conservan algunos tramos de la misma). El recinto incorporaba un cauce fluvial interior (Walbrook, hoy un arroyo subterráneo, que separaba las dos suaves colinas que determinaban el relieve interior de la colonia). También contaba con otro rio, que ejercía como límite occidental (el River Fleet, igualmente subterráneo en el Londres actual). Ambas corrientes desembocaban en el Támesis. La muralla disponía de cinco puertas originales, que daban paso a los caminos más importantes de Britania y que, interiormente, estaban conectadas por las principales calles de la ciudad. A estas puertas iniciales (Ludgate, Newgate, Cripplegate, Bishopsgate y Aldgate) se les añadirían otras dos (Aldersgate, hacia el año 350, y Moorgate, ya en el periodo medieval). Los muros incorporaban una fortaleza romana en su zona noroeste y acogerían, ya en la Edad Media (a finales del siglo XII), otra fortificación en su extremo oriental, la Torre de Londres.
Londinium en el año 100 y Londres (la City) en el 1100.
La denominada City de Londres, coincide prácticamente con aquel recinto romano, que se vería extraordinariamente densificado con el tiempo. No obstante, en el entorno de la ciudad fueron surgiendo asentamientos autónomos. Es el caso, por ejemplo, de Southwark, nacido junto al extremo sur del puente romano, en la margen derecha del Támesis.  Alguno de estos municipios iría adquiriendo una gran notoriedad, destacando Westminster, donde, a partir de una primera abadía construida en el siglo XI, se iría consolidando un lugar que acogería un palacio para los reyes. Durante mucho tiempo, Westminster y la City rivalizarían por el control del entorno. La primera, enarbolaba su consideración como residencia de la Corona mientras que la segunda argumentaba el poder civil y económico. Desde finales del medievo, comenzaron a aparecer construcciones entre ambos núcleos (sobre todo junto al Támesis) que, a partir del siglo XVI, forzarían la reunión de las dos ciudades. Este hecho y la posterior absorción de otros municipios situados en los alrededores comenzarían a asentar el futuro gran Londres.
La segunda mitad del siglo XVI es conocida en Inglaterra como el periodo isabelino, en recuerdo a la reina Isabel I. Hija de Enrique VIII y Ana Bolena, gobernó el país desde 1558 hasta 1603, fecha de su fallecimiento. Fue la quinta y última monarca de la dinastía Tudor. Su largo reinado, de casi medio siglo, acompañó a un brillante periodo económico y sobre todo cultural. En esa época se cimentaron las bases para el futuro imperio colonial británico y sobre todo floreció una literatura, principalmente teatral, en la que destacaron figuras como William Shakespeare (1564-1616) y también Christopher Marlowe o Ben Jonson. Aquel Londres de la segunda mitad del siglo XVI, ya unificado (aunque algunos lugares, como la City, mantendrían autonomía administrativa y una serie de privilegios), vería un crecimiento espectacular, duplicando su población hasta los doscientos mil habitantes. La ciudad daba los primeros pasos hacia el liderazgo del orden internacional, con actos como la apertura de la Bolsa (Royal Exchange), que desde 1566 situó a Londres en el centro del mercado mundial.
El siglo XVII estaría determinado por el gobierno de la dinastía de los Estuardo y sería muy turbulento políticamente durante su primera mitad. Con la estabilización, Londres iría ampliando su extensión. No obstante, el núcleo original seguía manteniendo el predominio económico y la representación del poder civil y burgués frente a la Corona y la nobleza ubicada en Westminster. Pero aquella City encerrada dentro de las murallas del Londinium romano, que seguía siendo un espacio medieval, de calles estrechas y tortuosas, de irregulares casas de madera, deficitario en espacios libres, denso e insalubre, se esfumó entre las llamas, que en 1666 destruyeron más de 13.000 viviendas. A pesar de la dureza del golpe, Londres superaría el desastre y emergería sobre sus cenizas como un ave fénix renovado.

El primer renacimiento de Londres: la reconstrucción tras el gran incendio de 1666.
Entre el dos y el cinco de septiembre de 1666, Londres se vio devastada por un impresionante incendio que afectó, sobre todo, a la City, al interior medieval de las murallas romanas. Las cifras conocidas de esta destrucción son impresionantes, así como los problemas generados para unos ciudadanos que se encontraron sin vivienda y que sumaban una nueva desgracia a su existencia (el año anterior la peste había diezmado a la población).
Plano indicando el área afectada por el gran incendio de 1666.
El rey Carlos II tomó rápidamente cartas en el asunto, impidiendo la reconstrucción inmediata sobre los cimientos de las ruinas y solicitando planes para la remodelación de esa parte de Londres. Los nuevos modelos debían ofrecer un diseño más conveniente que el que había caracterizado a la ciudad que había desaparecido, que en palabras del arquitecto Christopher Wren era “inadecuada e insalubre”. Las directrices establecidas prohibían la construcción en madera y requerían la ampliación de algunas calles, cuya estrechez había colaborado a la propagación del fuego. También se solicitaba la segregación de las actividades de riesgo y un mayor “decoro” urbano. Representantes del rey y del mayor (alcalde) de la City evaluarían las soluciones presentadas.
Hubo varios planes alternativos para transformar la City en una nueva urbe, concebidos conforme a criterios racionales y a los avances de la época.
Propuesta para la reconstrucción de la City de Christopher Wren.
La primera propuesta estaba firmada por Sir Christopher Wren (1632-1723), una de las figuras señeras de la arquitectura inglesa barroca. El plan, mucho más trabajado que los otros, proponía la estructuración de la City en tres zonas (una central y dos laterales). El núcleo se trazaba regularmente olvidando en gran medida las preexistencias, aunque intentó adaptarse a los ejes principales que caracterizaban la ciudad (y que conectaban con las puertas de las murallas). En sustitución de los mismos proponía grandes avenidas rectilíneas que definían parcelas rectangulares y trapezoidales, según el corte producido por las dos grandes vías oblicuas propuestas. También se ocupaba del puerto y sus construcciones asociadas, así como de la potenciación de la centralidad de la catedral de San Pablo. Los sectores laterales se estructuraban a partir de plazas radio concéntricas, generando complejas geometrías. Wren utilizaría las reglas de la perspectiva y la escala monumental como herramientas principales del diseño, aplicando algunas de las técnicas urbanas experimentadas en la redefinición de la Roma de los Papas a partir del siglo XVI. También las experiencias de Ámsterdam y sus canales (se proponía un encauzamiento similar para el rio Fleet), así como el de algunas de las places royales parisinas, pueden rastrearse en la formalización del modelo propuesto. Este plan, defendido desde la Corona, se entendió como una imposición del poder central y por eso, el poder municipal, presionado por comerciantes y artesanos, se opuso a la pérdida de los espacios tradicionales que habían alimentado las dinámicas urbanas hasta entonces.
Propuesta para la reconstrucción de la City de John Evelyn.
Una segunda propuesta fue firmada por John Evelyn (1620-1706), que no era arquitecto sino jardinero y paisajista. Esta propuesta, presenta rasgos comunes con la anterior y con la visión del urbanismo barroco. La parte occidental, con una estructura radio concéntrica es muy similar a la de Wren y también se asemeja en la potenciación de St. Paul como punto focal del conjunto. Su procedencia del mundo del diseño de paisajes se constata en la mayor formalización de la composición frente al intento de cierto realismo de Wren. Evelyn traza diagonales y diseña plazas de variadas formas geométricas apareciendo las manzanas como grandes parterres de un gran jardín. Evelyn llegó a elaborar dos versiones. En su segunda versión moderó estos planteamientos grandilocuentes.
Un tercer proyecto fue presentado por Valentine Knight, aunque en este caso la descripción fue escrita y los dibujos se realizaron a posteriori, transcribiendo los rasgos principales enumerados por Knight en su escrito. Este proyecto propone otro camino, más inspirado en el espíritu medieval, pero aportando una cierta racionalidad. Así aparecen trazados regulares de calles de cierta anchura, con apertura de algunos espacios libres, que van configurando manzanas largas y estrechas que recuerdan al modelo de bastida medieval. También propuso un canal navegable que circunvalaría la nueva City (con una clara inspiración en Ámsterdam).
Propuesta para la reconstrucción de la City de Robert Hooke.
Otro proyecto fue presentado por Robert Hooke (1635-1703) quien trazó un plan menos espectacular que los anteriores, pero con una gran carga de racionalidad distributiva. El plan original de Hooke se perdió y queda solamente la descripción escrita del mismo y un grabado realizado en Ámsterdam que se considera inspirado en él (aunque esta atribución es dudosa). En cualquier caso, sea el grabado fidedigno o no, sí corresponde en grandes trazos con la descripción escrita del Plan de Hooke, que describía una estructura reticular con grandes manzanas rectangulares. Hooke fue topógrafo (surveyor) de la ciudad y colaboró con Wren para la reconstrucción de la City. Ayudó a Wren con el sistema constructivo de la cúpula de St. Paul, que fue ideado por Hooke, y también trabajaron juntos para erigir el monumento al gran incendio (The Monument), la gigantesca columna dórica de 62 metros de altura que recuerda al desastre padecido por la ciudad y que fue erigida entre 1671 y 1677.
Propuesta para la reconstrucción de la City de Richard Newcourt (se aprecia la línea discontínua de las murallas de la City)
Una última propuesta conocida es la presentada por Richard Newcourt. Es la más genérica de todas ya que propuso una trama que iba más allá del área afectada, planteando incluso la reordenación de las murallas.
Las discusiones sobre las propuestas, particularmente sobre la de Wren, que era la más elaborada, provocaron encendidos debates. No obstante, estas especulaciones quedaron en el papel. Ninguno de los planes fue aprobado. El enfrentamiento entre quienes veían una gran oportunidad para rediseñar la City, creando una nueva estructura moderna, racional y representativa, y quienes se oponían a esa reformulación, se saldó con el triunfo de éstos últimos, quienes liderados por los propietarios del suelo mostraron su rechazo frontal a cualquier modificación de sus posiciones patrimoniales. También, el elevado coste económico estimado para la reforma y el previsible largo plazo para su ejecución jugaron en contra de las propuestas ideales. La realidad volvió a ganar a la utopía.
Comparación entre el plano de la zona afectada por el incendio de 1666 (sobre el que se marca el esquema que se compara con el resto de planos) y las propuestas de Wren, Evelyn y Hooke. Finalmente sobre la ortofoto, se superpone el mismo esquema anterior.
Pero, a pesar de conservar las trazas del pasado, una nueva City emergería de sus cenizas. La decisión final fue mantener el trazado antiguo, con la ampliación de la anchura de alguna de las calles (prácticamente las únicas calles nuevas fueron King Street y Queen Street que formaban un pequeño eje continuo norte-sur) y el establecimiento de una rígida normativa edificatoria. Las nuevas viviendas se construirían siguiendo unas ordenanzas (Act for Rebuilding The City de 1667) que prohibían la madera estructural y obligaban al ladrillo y la piedra. En la normativa se especificaban tres tipologías residenciales con diferentes dimensiones y alturas en función de la importancia de la calle en la que se situaban. Pero, sobre todo, comenzó un ambicioso programa de construcción monumental que cambiaría la faz del centro urbano. Londres no dispondría de un trazado monumental y representativo como otras grandes ciudades, pero logró alcanzar el simbolismo de su preeminente posición a través de la arquitectura.
Los nuevos edificios institucionales adoptarían el clasicismo como estilo predominante dotando a la capital de una nueva identidad. En esto tuvo mucho que ver Christopher Wren, quien, a pesar de ver rechazado su plan, recibió la responsabilidad de dirigir el proceso de reconstrucción de Londres. Su contribución fue muy importante, comenzando por la construcción de uno de los iconos principales de la ciudad, la catedral de San Pablo.
Londres. Catedral de San Pablo desde Ludgate street.
La nueva catedral de San Pablo se erigió en la colina de Ludgate, el punto más alto de la ciudad, en el lugar de la anterior, que había sido fundada en el año 604 y que quedó arrasada en el incendio. La nueva Catedral, construida entre 1676 y 1710 según el proyecto de Wren se convertiría en uno de los principales hitos de la ciudad. Además de este icono londinense, Wren diseñaría 51 iglesias diseminadas por toda la ciudad para recuperar parte de los 87 lugares de culto que habían sido destruidos por el fuego. El ejercicio de imaginación y estilístico ofrecido por Wren es admirable, llegando a establecer las claves tipológicas de los nuevos edificios religiosos anglicanos. No todas estas iglesias han sobrevivido (algunas han sido transformadas y otras caerían durante el Blitz en el siglo XX), pero la muestra existente es suficientemente significativa.
Londres. Cuatro de las nuevas Iglesias proyectadas por Wren. Arriba a la izquierda, St. Edmund the King and_Martyr (Lombard Street). A su lado, St. James Garlickhythe Church (Garlick Hill). Debajo a la izquierda, St. Margaret Pattens (Eastcheap) y a la derecho, St. Margaret (Lothbury).
La catedral de San Pablo sería el primer hito arquitectónico de la nueva City, al que seguirían durante los siglos XVIII y XIX otros muchos edificios institucionales que irían configurando el nuevo carácter del núcleo original de Londres. Son destacables ejemplos como la Mansion House, la residencia del mayor londinense, proyectada por George Dance el viejo entre 1739 y 1752; el edificio del Banco de Inglaterra, proyectado por Sir John Soane y construido entre los años de 1792 y 1823; la Royal Exchange, el edificio de la Bolsa (el actual, que es el tercero, lo proyecto William Tite, entre 1838 y 1844); o la transformación del mercado de Leadenhall (Leadenhall Market) dirigida en 1881 por el arquitecto Horace Jones que lo convirtió en un espectacular espacio cubierto.
Londres. Banco de Inglaterra.

Londres. Mansion House.
Londres comenzaría a extenderse más allá de la City, iniciando una doble expansión, hacia el oeste (entre la City y Westminster principalmente) y hacia el este, mientras que por el norte la mancha urbana se mantenía muy cerca de las murallas. Estos crecimientos determinarían una división funcional de la ciudad. La City se consolidaría como el centro de negocios, mientras que el oeste se convertiría en el lugar escogido por la aristocracia para su residencia y el este recibiría a la burguesía media y a la clase obrera. Los modelos adoptados en esas ampliaciones de la ciudad, y especialmente los implementados en el sector occidental, tendrían una gran trascendencia urbanística. Concretamente los crecimientos desarrollados a partir de las squares, espacios que, desde el siglo XVII, caracterizarían al nuevo Londres. Su análisis será objeto de un próximo artículo, en el que recorreremos sus inicios con el precedente de Covent Garden y casos tan emblemáticos como Bloomsbury, Red Lion, Soho o St. James.
Londres. Leadenhall Market.
El siglo XIX vería a Londres convertirse en la primera ciudad del mundo. Los 900.000 habitantes de 1801 pasaron a 2,4 millones en 1851 (año de la primera Exposición Universal) y llegarían a 6,5 millones en el año 1901. La capital británica era el centro económico del mundo y la City actuaba como el corazón de capitalismo internacional. La atracción de inmigración continuaría y, durante la primera mitad del siglo XX, la ciudad mantendría su asombroso crecimiento, llegando a 8,7 millones en 1939. Los recién llegados se ubicaban en los barrios y municipios exteriores, expandiendo incesantemente la “mancha urbana”, mientras que la City iba, paulatinamente, despoblándose (en la década de 1930 contaba solamente con unos 10.000 residentes). Esta dinámica estaba transformando el núcleo original de la ciudad en un espacio institucional y para la actividad económica. Pero aún quedaba un nuevo shock para la City. La Segunda Guerra Mundial, provocaría un nuevo desastre y propiciaría un segundo renacimiento.

Imagen de la destrucción del Blitz en la City
El segundo renacimiento de Londres: la reconstrucción tras el Blitz.
Durante la Segunda Guerra Mundial, una de las estrategias militares de la Alemania nazi para doblegar a Inglaterra, fue la de someter a sus principales ciudades a intensos bombardeos. Entre estas ciudades, destacó el castigo al que sometieron a la capital. En Londres, entre 1940 y 1941, cayeron centenares de bombas que devastaron su centro, y en particular, la City que vio como una buena parte de sus edificios eran destruidos.
Esta operación aérea fue denominada por los germanos como “guerra relámpago” (Blitzkrieg) y con ese nombre (Blitz) es recordada. Los alemanes cesarían en su demoledor empeño ante la presión que comenzaron a padecer en el frente ruso, hecho que les obligó a desviar su fuerza aérea a esas posiciones. Inglaterra y sus aliados acabarían venciendo la contienda y Londres, y en particular la City, se enfrentarían a una nueva reconstrucción.
Imagen de la destrucción del Blitz en la City (en la zona de las antiguas murallas)

Imagen de la destrucción del Blitz en la City (en el entorno de San Pablo, que resistió a los bombardeos)
La posición alcanzada por los británicos en el escenario político internacional tras la guerra, favoreció la consolidación de Londres como un referente fundamental del mundo de las finanzas. La reconstrucción de la City potenció la terciarización de esa parte de la ciudad, aumentando, todavía más, su carácter de centro de negocios (en la actualidad residen en ella poco más de 7.000 personas).

Hubo ciertos ajustes viarios que no modificaron sustancialmente el trazado heredado, pero nuevamente sería la arquitectura la renovada. Los edificios derruidos por el Blitz fueron dando paso a nuevas construcciones institucionales, comerciales y empresariales. Los nuevos edificios adoptaron, por lo general, la estética moderna, más o menos canónica hasta la llegada del Lloyd’s Building. Esta torre, diseñada por Richard Rogers (1933) y construida entre 1978 y 1986, continuaba la estela del Centro Pompidou de París (diseñado por el propio Rogers y Renzo Piano entre 1970 y 1977) y marcaría un hito para las grandes construcciones en altura londinenses que transformarían definitivamente el paisaje urbano del centro de la ciudad.
Londres. Lloyd’s Building
Aunque el Lloyd’s Building no era el primer rascacielos londinenses. Otros sectores de la ciudad fueron acogiendo torres como el Shell Centre diseñado en 1961 por Sir Howard Robertson (el primer edificio que superó la altura de la Victoria Tower del Palacio de Westminster), la Millbank Tower, construida entre 1959 y 1963 obra de Ronald Ward & Partners o la Portland House, levantada entre 1956 y 1962 según diseño de Howard Fairbairn & Partners. El interés de la arquitectura del Londres de estas últimas décadas nos llevará a profundizar en ella en un artículo próximo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

urban.networks.blog@gmail.com