19 mar. 2016

Shanghai, de la “París de Oriente” a la “Manhattan china”.

Shanghai, de la “París de Oriente” a la “Manhattan china”.
Shanghai, situada en el delta del rio Yangtsé, frente al Mar de China, es una de esas ciudades cuyo desarrollo urbano ha estado muy determinado por los acontecimientos que han marcado la historia del país. La ciudad tuvo un crecimiento relativamente modesto hasta mediados del siglo XIX, cuando las Guerras del Opio, que supusieron la apertura obligada de China al comercio internacional, impulsaron su espectacular expansión. Entonces Shanghai fue “colonizada” por las potencias occidentales que se ocuparon de su evolución, dejando muchos testimonios arquitectónicos y urbanos. Las décadas de 1920 y 1930 fueron la culminación de esa larga etapa que llevó a la ciudad a recibir el sobrenombre de la “París de Oriente”.
Tras la Revolución China de 1949, durante el gobierno de Mao Zedong, la ciudad sufriría un cierto letargo que sería superado desde la década de 1990, gracias a la apertura del país a los mercados internacionales, que le ha llevado a disputar el liderazgo mundial a los Estados Unidos. Shanghai se ha convertido en el símbolo del “milagro” económico del gigante asiático, reflejado en sus numerosos rascacielos o en la incesante actividad de su puerto (el de mayor tráfico del mundo). Hoy es una ciudad cosmopolita, capital financiera del país y su núcleo más poblado, superando los 24 millones de personas.

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La historia reciente de China, clave para la comprensión de la evolución urbana de Shanghai.
La China milenaria se mantuvo aislada del resto del mundo hasta mediados del siglo XIX. No obstante, hubo contactos comerciales entre el gigante oriental y el mundo occidental (como los propiciados por la Ruta de la Seda o por los primeros navegantes portugueses que llegaron a las costas chinas en 1513), pero China conservó celosamente su autosuficiencia.
Los portugueses establecerían las primeras bases comerciales en el sur, en Cantón y Macao, llegando posteriormente holandeses, franceses, británicos y también estadounidenses. Los británicos tendrían un papel crucial en la transformación china, a partir de la introducción del consumo del opio en el país, que ellos cultivaban en la India Británica y que producía importantísimos beneficios.
Shanghai se ubica en la costa oriental de China.
En 1829, el gobierno imperial chino, alarmado por los efectos nocivos del opio, prohibió su consumo y expulsó a los comerciantes británicos de su territorio. La tensión provocada hizo estallar la denominada Primera Guerra del Opio (1839-1842), que enfrentó a China con el Reino Unido. China sucumbió ante el ejército británico y tuvo que rendirse firmando el Tratado de Nankín por el que cedía Hong Kong y abría cinco puertos al comercio internacional (que serían, además de Cantón, Fuzhou, Xiamen, Ningbo, y Shanghai). Pero nuevas exigencias británicas, sumadas a las reivindicaciones de comerciantes franceses y estadounidenses, y al rechazo chino a toda modificación de los acuerdos vigentes, daría origen a un segundo conflicto. Este sería conocido como la Segunda Guerra del Opio (1856-1860) y tuvo un final similar a la anterior (la derrota china frente a la alianza de las potencias extranjeras). China, mediante el Tratado de la Convención de Pekín, se comprometía a indemnizar a los países vencedores, aceptaba nuevas imposiciones (como el comercio en el interior del país, hasta entonces limitado solamente a las zonas litorales), legalizaba el consumo de opio, admitía nuevos enclaves comerciales en la costa, y algunos de los existentes, como es el caso de Shanghai, pasaron a ser administrados por los occidentales.
China fue codiciada por las potencias imperialistas del siglo XIX.
Las Guerras del Opio cambiaron a China. Las derrotas y las concesiones representaron una humillación sin precedentes para la dinastía Qing. A esto se le añadiría la corrupción existente entre los funcionarios del gobierno chino, cuestiones todas ellas que alimentaron un sentimiento de vergüenza y originaron un nacionalismo descontento con la dinastía Qing (que, además, al ser de procedencia manchú, era considerada también “extranjera”). Las rebeliones impulsadas por los indignados fueron sofocadas violentamente por el ejército del emperador. Por esta causa, el sentimiento antioccidental tomaría tintes republicanos cristalizando en el movimiento nacionalista liderado por Sun Yat-sen.
En 1895, la derrota frente a Japón en la contienda causada por la disputa de Corea, fue otro gran revés para el orgullo chino. En 1898 la tensión llegó al máximo y estalló la Rebelión de los Bóxers (una sociedad secreta cuyo fin era liberar a China del “demonio extranjero”). Pero, de nuevo, fue reprimida, aunque esta vez con ayuda de las potencias occidentales, que exigirían nuevas concesiones a cambio del apoyo prestado. Aunque esa revolución no triunfó, marcaría el comienzo del fin de la dinastía Qing. En 1911, la Revolución de Xinhai forzaría la abdicación del último soberano chino (el emperador niño, Pu-yi) y el Kuomingtang, el partido nacionalista creado por Sun Yat-sen, se hizo con el poder. En 1912, se proclamaría la República de China y Sun Yat-sen sería nombrado presidente provisional.
El cambio político no trajo la calma, porque el país quedó dividido entre reformistas republicanos y partidarios del antiguo régimen. Sun Yat-sen, en aras de conseguir la paz y la unidad nacional, buscó un candidato de consenso para la presidencia, papel que recaería en el general del ejército chino Yuan Shikai, pero este gesto tampoco fue la solución. Yuan Shikai ilegalizó el Kuomingtang e intentó restaurar la monarquía (en su propia persona). La insostenible situación acabó con su derrocamiento y una nueva fragmentación del país, cuyas regiones quedaron en manos de caudillos locales (Sun Yat-sen se hizo fuerte en el sur, en Cantón). El caos volvía a China y en ese turbulento contexto (agravado por la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa, hechos que afectaban a las potencias coloniales presentes en el país), en 1921, se constituyó el Partido Comunista Chino, que se hizo fuerte en las regiones del norte, con el apoyo de la Unión Soviética.
Mientras tanto, en el Kuomintang hubo un relevo en la cúpula. El nuevo líder, Chiang Kai-shek, organizó (con el apoyo de los comunistas) una ofensiva contra los caciques regionales, los “señores de la guerra”, para recuperar el dominio de China. Chiang Kai-shek se convirtió en el nuevo líder del país, pero su control efectivo sobre el territorio no fue total. Además, pronto afloró una gran corrupción en el nuevo régimen, provocando el enfrentamiento con los comunistas. El conflicto se agravaría cuando, en 1931, Japón invadió Manchuria e intentó hacerse con el control del resto de China (provocando una nueva guerra entre chinos y nipones). Aunque la Segunda Guerra Mundial acabaría con las ansias imperialistas japonesas, el futuro de China siguió pendiente del enfrentamiento entre los nacionalistas de Chiang Kai-shek y los comunistas, liderados por Mao Zedong. La abierta guerra civil, comenzada en 1945, concluiría en 1949 con la victoria comunista y la proclamación de la República Popular de China (Chiang Kai-shek se retiró a la isla de Taiwan donde permanecería como presidente “virtual” de una China nacionalista, reclamando infructuosamente su legitimidad sobre la China continental con el apoyo de EEUU).
Mao Zedong logró unificar China y firmaría un tratado de colaboración con la Unión Soviética, expulsando a las potencias occidentales del país. Mao crearía una versión china del marxismo que buscaría la modernización del país especialmente centrada en la reforma agraria. Los primeros planes no funcionaron, incluso el programa de relanzamiento económico denominado “Gran Salto Adelante” fue un fracaso, levantando fuertes críticas internas. Para consolidar su posición, Mao pondría en marcha una “Gran Revolución Cultural” que persiguió cualquier disidencia de los principios comunistas. Mao (el “gran timonel”) gobernó China con puño de hierro y, aunque mejoró algunas cuestiones sociales, volvió a dirigir al país hacia su ancestral aislamiento económico y cultural. La muerte de Mao en 1976 fue seguida de una gran incertidumbre política por el enfrentamiento entre el teórico sucesor (Hua Guofeng) y la denominada “Banda de los Cuatro” (altos dirigentes del Partido Comunista entre los que estaba la esposa de Mao). El conflicto se solucionaría con el ascenso, en 1978, de Deng Xiaoping, una figura fundamental en el nuevo rumbo que tomaría China desde entonces.
Los rascacielos de Lujiazui se han convertido en el símbolo del milagro económico chino en Shanghai.
Deng Xiaoping emprendió una serie de reformas económicas que fueron abriendo el mercado chino al mundo. También acometió algunos ajustes políticos que crearon ilusiones de apertura, pero en 1989, el movimiento en favor de la democracia fue salvajemente reprimido en la Plaza de Tian'anmen. A pesar de la condena internacional a estos actos, China, siguió firmemente por su particular senda (gobierno autocrático “comunista” y economía cada vez más liberalizada), que le fue llevando hacia una participación creciente en la economía mundial. Esta política ha sido continuada por los siguientes presidentes Jiang Zemin, Hu Jintao y Xi Jinping, el actual (desde 2013). Hoy, China es una superpotencia económica mundial, que discute el liderazgo mundial a los Estados Unidos.

Shanghai: la antigua ciudad amurallada.
Shanghai se encuentra ubicada en la costa oriental china, junto a la desembocadura del rio Yangtsé (el tercero más largo del mundo tras el Amazonas y el Nilo) en el Mar de China, aunque el primer asentamiento se fundó en las orillas del rio Huangpu, afluente del Yangtsé en el delta fluvial.
El territorio de Shanghai (cuyo significado es “junto al mar”), se encontraba habitado desde tiempos prehistóricos por pequeños asentamientos de pescadores y agricultores. Parece que durante la dinastía Han (206 a.C.-220) se iría consolidando una aldea en la ribera izquierda del rio Huangpu. En cualquier caso, la historia de Shanghai comienza oficialmente cuando en el año 1297 recibió el estatus de ciudad, gracias a su floreciente industria textil del algodón. Desde ese momento, iría evolucionado lentamente, apoyándose en la actividad que generaba su puerto comercial.
Shanghai, la antigua ciudad amurallada.
La prosperidad de la ciudad, la convirtió en una pieza codiciada por los piratas japoneses y por eso, en 1553, se construyó una muralla que tendría un desarrollo aproximadamente circular. El recinto interior contaba con una retícula muy deformada que carecía de centro. La muralla contaba con seis puertas (a las que se sumarían una en 1860 y otras tres en 1909) y otros cuatro accesos fluviales (uno a favor de corriente y tres en contra). El agua también rellenaba un foso que circunvalaba el lienzo amurallado y separaba la ciudad del puerto, que se encontraba extramuros (en el actual Bund). Esta única muralla de Shanghai sería demolida en los primeros años de la República de 1912 y los fosos se rellenarían (formando las vías perimetrales Renmin Lu, en la semicircunferencia norte, y Zhonghua Lu, en la sur).  
Ya en tiempos de la República Popular, la irregular trama interior se “regularizaría” mínimamente con la aparición de dos vías curvadas, más o menos perpendiculares que, proporcionaron un cierto orden a la estructura y originaron un centro “excéntrico”. Ese primer Shanghai sigue siendo reconocible dentro de la inmensa urbe actual, aunque un tanto desfigurado por el carácter de anchas autopistas de los ejes centrales (Fuxing East road y Henan South road) y la descompensada combinación de grandes edificios modernos junto a las antiguas pequeñas viviendas (las denominadas lilong y shikumen, a las que nos referiremos más adelante). 
El cruce de los dos grandes ejes de la ciudad histórica (Fuxing East road y Henan South road).
A finales del siglo XVII, Shanghai alcanzó los 50.000 habitantes, aunque su verdadera explosión demográfica no se produciría hasta mediados del siglo XIX, cuando, como consecuencia de las Guerras del Opio, se convirtió en uno de los puertos libres para el comercio internacional.

Shanghai: la ciudad “colonial”, la “París de Oriente”.
Una de las condiciones aceptadas por China para dar fin a la Primera Guerra del Opio, fue la apertura al comercio internacional de cinco ciudades. Shanghai sería una de las elegidas dejando constancia de ello en el tratado de paz firmado en Nankín (Nanjing) en 1842. Con esa decisión, comenzaría una segunda etapa para la ciudad que la convertiría en una urbe segregada en sectores administrados por las potencias occidentales que habían vencido en la contienda (franceses, ingleses y estadounidenses, a los que se sumarían los japoneses en la década de 1930). La etapa colonial tendría una duración aproximada de un siglo (desde mediados del XIX a mediados del XX). Shanghai se convertiría en la mayor ciudad de China y en la más rica, por lo que sus habitantes disfrutaron de un nivel de vida superior al del resto de país (aunque no estuviera uniformemente repartido).
Pero la prosperidad de la ciudad portuaria también tuvo su cara oscura. Por un lado, existió una gran permisividad moral que originó prostitución, consumo de drogas, juego ilegal, etc. Gracias a ello, la ciudad se incorporaría al imaginario occidental como un lugar legendario, de gran exotismo y relajación de costumbres, una “meca” de libertades supuestas por las imágenes postales que llegaban a Europa y Norteamérica. Por otra parte, los occidentales no duraron en explotar a los trabajadores (chinos principalmente) en un régimen cercano a la esclavitud. Todas estas cuestiones fomentarían el descontento de las clases populares creando un caldo de cultivo para las futuras rebeliones que cambiarían el rumbo de China.
Junto a los sectores administrados por las potencias occidentales, se mantendría la Shanghai china, constreñida en los límites históricos de la ciudad, aunque acabaría expandiéndose extramuros por el sur, con arrabales que surgieron junto a la orilla del rio.
Shanghai en 1890 con los primeros límites de los sectores occidentales y la ciudad antigua amurallada.
Francia obtuvo la Concesión Francesa (Concession française), que dependía del gobernador general de Indochina (entonces colonia gala). Los franceses se adjudicaron una zona contigua por el norte a la ciudad amurallada y que quedaría inicialmente definida por varios canales: el tramo norte del foso acuático de las murallas (actual Renmin Lu) y otros dos que acabarían convertidos en calles-autopistas (Yan’an East y Xizang South). No obstante, con el tiempo, este primer recinto se iría ampliando de forma muy considerable hacia el oeste, manteniendo el mismo límite septentrional (el canal que tras ser rellenado en los primeros años de la República acabaría dando soporte a la actual autopista Yan’an que conecta con el aeropuerto internacional de Shanghái-Hongqiao) y llegando por el sur hasta el arroyo Siccawei, que también tenía una orientación este-oeste y desembocaba en el Huangpu.
Plano con la delimitación final de las concesiones administradas por las potencias occidentales.
Al norte de la zona de control francés, se ubicó el Asentamiento Internacional (International Settlement) gobernado conjuntamente por Gran Bretaña, Estados Unidos y Japón (en su momento). La primera Concesión Británica se ubicó a continuación de la francesa llegando hasta el río Suzhou (afluente en ese punto del Huangpu) e igualmente fue muy ampliada posteriormente hacia el oeste. La zona británica se estructuró a partir del eje de Nanjing Road (que actualmente es, en cierto modo, la “calle mayor” de Shanghai, donde se concentran los espacios comerciales y las tiendas). Esta calle, orientada de este a oeste, conecta el puerto con el interior de la ciudad y fue ampliándose conforme se extendía el área controlada por el Reino Unido. La Concesión Estadounidense se ubicaría al norte del rio Suzhou, y sus ampliaciones seguirían el curso del Huangpu hacia el este.
Nanjing Road durante el periodo colonial.
Nanjing Road en la actualidad
La topografía de Shanghai es muy plana y eso facilitó la implantación de una retícula de estilo europeo en las zonas de concesión. Estas áreas serían dotadas de infraestructuras como luz (de gas al principio) o agua, y se pavimentarían las calles. Incluso se instaló una red de tranvías. El crecimiento de las concesiones, y por lo tanto de la actividad portuaria e industrial, fue atrayendo población, inversiones y negocios que hicieron de ella el lugar principal del comercio en el Lejano Oriente en las décadas de 1920 y 1930. En 1881, la ciudad contaba con 300.000 personas y en hacia 1930 alcanzó los tres millones de personas (multiplicándose por 10 en cincuenta años).
Shanghai, durante ese periodo colonial, generó una tipología residencial propia, producto de la hibridación entre las viviendas tradicionales chinas y la influencia europea (particularmente de las viviendas británicas, las row houses, viviendas en hilera, entre medianeras). Esta nueva tipología residencial estaba destinada para los trabajadores del puerto y las fábricas que iban surgiendo. A partir del modelo de vivienda con patio habitual en la China antigua se levantaron manzanas en las que se apiñaban hileras de viviendas adosadas de madera, orientadas norte-sur (como dicta el feng-shui chino), de dos plantas y con un pequeño patio de acceso meridional. Las viviendas quedaban separadas por pequeños callejones que daban el nombre al tipo:  lilong (li significa comunidad y long, callejón). 
Callejón de viviendas lilong.
Las viviendas lilong se convertirían en la forma de vida dominante de aquel Shanghai (se calcula que en 1930 había más de 200.000 unidades). Eran muy modestas (en algunos casos cercanas a la infravivienda) y generaban conjuntos de gran compacidad. El conjunto solía tener locales comerciales perimetrales y muy pocos accesos a ese entramado de callejones interiores, en los que se realizaba parte de la rutina doméstica (cocinar, lavar, reuniones vecinales, etc.) favoreciendo que los residentes tuvieran una intensa convivencia (y, en consecuencia, un gran sentido de comunidad y pertenencia). Cada callejón daba acceso a una única hilera de viviendas (en contra de lo habitual en los casos europeos en los que cada calle da acceso a dos viviendas enfrentadas). Las primeras viviendas lilong, eran de madera y el miedo a los incendios acabaría forzando la sustitución de ese material por piedra y ladrillo, lo que les proporcionaría cierta regularidad, aunque mantendrían el mismo concepto distributivo. Esta evolución material haría que las viviendas pasaran a ser denominadas shikumen (haciendo referencia a la entrada única a cada manzana/comunidad a través de una portada de piedra). Estos conjuntos son una de las cuestiones de la forma física actual de buena parte de Shanghai más llamativas, por el contraste entre las grandes torres en altura con los bajos conjuntos compactos y horizontales. Aunque durante el periodo maoísta la construcción de viviendas adoptó técnicas y tipologías soviéticas (con bloques lineales repetitivos), muchas de estas antiguas viviendas sobrevivirían (y todavía existen).
Manzana de viviendas shikumen contrastando con la altura de la torre contigua, una constante de la forma física de la Shanghai actual.
Quizá el espacio más característico de la etapa colonial sea el Bund, el testimonio construido de cómo aquel pueblo de pescadores se transformó en uno de los centros de comercio y negocios más importante del mundo. Con esa palabra, los británicos bautizaron la orilla portuaria occidental del rio Huangpu, donde se levantarían algunos de los edificios más representativos del periodo colonial (bancos, hoteles, corporaciones, etc.). El Bund, con una longitud de poco más de 1,5 kilómetros, es una colección de arquitectura occidental de los más variados estilos (neobarroco, neogótico, neoclásico, art-déco, art-nouveau, etc.). Entre los edificios ubicados en el Bund destacan el Asia Building (1916); Shanghai Club Building (1910, hoy Hotel Waldorf Astoria); Union Building (1916, Palmer & Turner Architects, hoy es el centro comercial denominado “Three on the Bund” tras ser restaurado por Michael Graves); Nissin Building (1925, Lester, Johnson & Morriss); China Merchants Bank Building (1907); Great Northern Telegraph Building (1908); HSBC Building (Hongkong and Shanghai Banking Corporation, 1923, Palmer & Turner Architects, edificio que sirvió como ayuntamiento entre 1950 y 1990 y que actualmente ha recobrado su misión bancaria); Customs House (1927); o la Sassoon House (1929, Palmer & Turner Architects, actualmente ocupado por el edificio norte del Peace Hotel y que destaca por su característica cubierta piramidal verde en la esquina norte del Bund con Nanjing Road).
El Bund, mirando hacia el norte. En primer término, el HSBC, a su lado la Custom House y, tras ellos, destaca la cubierta piramidal verde de la Sassoon House (hoy parte del Peace Hotel).
Shanghai en 1932.
Shanghai alcanzó los seis millones de personas hacia 1950, cuando se produjo la revolución que daría origen a la República Popular China. Las potencias occidentales fueron expulsadas y el nuevo gobierno comunista se afanó en erradicar sus dinámicas, tanto socio-laborales (por ejemplo, rehabilitando a cientos de miles de adictos al opio o prohibiendo la explotación laboral y la mano de obra infantil), como urbanas (reconvirtiendo inmensos barrios de infraviviendas insalubres que caracterizaban buena parte de la ciudad). Pero esas encomiables tareas llevaron aparejado el freno a la efervescencia comercial que había caracterizado la urbe y Shanghai se convirtió en una anodina (y decadente) ciudad industrial. La ciudad continuaría creciendo, sobre todo en los primeros años del nuevo régimen, fruto del “Gran Salto Adelante” propugnado por Mao. En consecuencia, en 1964 la población había alcanzado los 10 millones. Pero la política del gobierno, que buscaba frenar el crecimiento urbano y potenciar el desarrollo rural, frenaría la expansión de la ciudad, de forma que en los siguientes veinticinco años aumentaría “solamente” en tres millones de personas (el censo de 1990 arroja la cifra de 13.300.000 de habitantes).

Shanghai: la megalópolis actual, el símbolo del milagro económico chino.
El letargo en el que se había sumido la ciudad durante los años de gobierno del carismático líder Mao Zedong, concluiría de golpe en la década de 1990, con la apertura económica de China. Desde 1983, el gobierno había vuelto a permitir la inversión extranjera y cimentó las bases de un crecimiento económico sin precedentes que llevaría a China a disputar el liderazgo mundial a los Estados Unidos. En esa época, Shanghai recuperaría el protagonismo perdido gracias al anuncio de ambiciosos planes urbanísticos, especialmente en Pudong, en la orilla oriental del río Huangpu.
El rio Huangpu divide Shanghai en dos partes. El centro histórico de la ciudad (Puxi, donde se encuentra la ciudad antigua y se situaron las concesiones extranjeras) se encuentra en la margen izquierda, mientras que en la derecha se ubica el distrito de Pudong. De hecho, Pudong significa “la orilla oriental del rio Huangpu” y fue un territorio que se mantuvo ajeno al desarrollo de la ciudad, como un territorio agrícola con crecimientos muy modestos durante la etapa maoísta (hasta 1980 en la zona había solamente un número reducido de almacenes, fábricas y viviendas). Actualmente Pudong acoge el importante distrito financiero creado enfrente del Bund (en el sector denominado Lujiazui) y el mayor desarrollo de vivienda de la ciudad moderna (que ha llevado a que sea la zona con mayor población del Shanghai contemporáneo).
La imagen superior (de 1990) y la inferior (de 2013), muestran la extraordinaria transformación de Shanghai en las últimas décadas. El punto de vista de ambas imágenes es similar: desde la orilla occidental del rio Huangpu, tras el Bund, mirando hacia el distrito de Pudong (donde actualmente emergen los rascacielos de Lujiazui)
El establecimiento en 1993 de Lujiazui como Zona Económica Especial motivó su desarrollo acelerado, convirtiéndolo en la actuación más emblemática de la Shanghai moderna. Allí se ha construido en las dos últimas décadas un impresionante conjunto de rascacielos que han llevado a la zona a recibir el sobrenombre de la “Manhattan china” (aunque no sea una isla). El contraste de esta orilla con la del Bund muestra las dos Shanghai, la colonial reflejada en las edificaciones históricas y la moderna en las nuevas construcciones del “distrito financiero”.
El característico skyline de Lujiazui se ha convertido en una atracción turística con edificios tan singulares como Oriental Pearl Tower (la icónica torre de televisión de 468 metros de altura, inaugurada en 1995 según proyecto de Jia Huan Cheng); la Jin Mao Tower (de 420 metros, 1999, diseñada por SOM bajo la dirección de Adrian Smith); el Shanghai World Financial Center (apodado el “abrebotellas”, de 492 metros, 2008, Kohn Pedersen Fox Associates); el Shanghai International Finance Centre (dos rascacielos de 249 y 259 metros de altura, 2010, César Pelli & Associates); la Bank of China Tower (258 metros, 2000, Nikken Sekkei); o la reciente Shanghai Tower (el edificio más alto de China con sus 632 metros, 2015, Gensler y Jun Xia).
No obstante, la “revolución” urbana de Shanghai se extendería por toda la ciudad. Por una parte, nuevos rascacielos se elevarían en la parte occidental, como el Shimao International Plaza (de 333 metros, 2006, Ingenhoven Overdiek & Partners) construido junto al parque que ocupó el campo de carreras británico; el Shanghai Wheelock Square (de 271 metros, 2010, Kohn Pedersen Fox Associates); el Plaza 66 (dos torres de 228 y 288 metros, 2006, Kohn Pedersen Fox Associates); o la torre de Tomorrow Square (de 286 metros, 1997, John Portman & Associates) entre otros. Pero por otra parte también se está comenzando una profunda revisión de las pautas residenciales con una mezcla de repetitivos bloques lineales y grandes torres de apartamentos.
Bloques lineales residenciales en Pudong.
Grandes torres de apartamentos en Pudong.
También sería importante para la vida ciudadana la construcción (con motivo de la Exposición Universal de Shanghai 2010) del túnel subterráneo que recorre el Bund y ha permitido ampliar considerablemente el uso peatonal del frente fluvial de la ciudad histórica (desde donde los miles de turistas admiran y fotografían el skyline de Lujiazui.)

Shanghai, en estas últimas décadas ha tenido un crecimiento explosivo. La población, que en 1990 había alcanzado los 13,3 millones de personas, se duplicaría prácticamente en los siguientes veinte años, alcanzando los 23 millones en el año 2010 (el dato actual del censo de 2016 fija la población en 24,2 millones de personas). Hoy Shanghai es la tercera ciudad del mundo por población (tras Tokio y Nueva Delhi, según los informes de la ONU).
Esquemas del crecimiento de la ciudad. Arriba de 1846 a 1949. Debajo, hasta 2008.

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