23 abr. 2016

Dr. Jekyll y Mr. Hyde en clave urbana: el caso de Stare Miasto (Ciudad Vieja) y Nowa Huta en Cracovia.

Cracovia. La Ciudad Vieja en la actualidad y Nowa Huta en la década de 1960.
Cuando en 1886, Robert Louis Stevenson publicó “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, creó una obra de referencia sobre la identidad humana múltiple, particularmente sobre la doble personalidad patológica, caracterizada por rasgos opuestos. Trasladando la alegoría psiquiátrica al mundo urbano, descubrimos que también las ciudades pueden sufrir un trastorno disociativo de la identidad.
Algo de eso sucede en Cracovia. La antigua capital polaca atesora en su interior la Ciudad Vieja, la culta y refinada Stare Miasto, el primer lugar que la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad. Pero también integra, en el mismo cuerpo urbano, a Nowa Huta, una nueva ciudad industrial, inmensa y brutal, que fue creada en 1949 por el gobierno pro soviético como la materialización de una utopía. El resultado no fue tan positivo como las intenciones y, hoy, el distrito lucha por borrar el estigma de ser el más conflictivo y contaminado de la ciudad.
El contraste entre esas dos realidades urbanas es tan grande que lleva a pensar en Cracovia como un interesante caso de identidades múltiples, al albergar un “Jekyll” y un “Hyde” urbanos.

------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Jekyll y Hyde, la metáfora de la disociación de la personalidad aplicada a la ciudad y a las identidades múltiples.
Cuando en 1886, Robert Louis Stevenson publicó “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, creó una obra de referencia sobre la identidad humana múltiple. En su pensamiento estaba la idea de la dualidad del hombre y, sobre todo, el contraste entre el bien y el mal en su comportamiento. La novela narraba la historia de Henry Jekyll, un médico bienintencionado que había fabricado un brebaje capaz de disociar los extremos de la conducta humana, separando la bondad de la maldad. Al beber la poción, Jekyll se trasformaba en su otro yo, Edward Hyde, un ser de aspecto desagradable y malvado que le permitía a Jekyll explorar el lado oscuro de la vida. Las metamorfosis, inicialmente controladas, acabaron siendo espontáneas y el ser abyecto de Mr. Hyde, que iría aumentando gradualmente su perversidad, fue paulatinamente dominando al noble Jekyll, que acabaría suicidándose. El libro era, por lo tanto, una alegoría del conflicto interior del ser humano entre el bien y el mal y sus personajes llegarían a convertirse en arquetipos del trastorno psiquiátrico que sufren algunas personas que muestran dos o más personalidades con características opuestas entre sí.
Trasladando la alegoría psiquiátrica al mundo urbano, descubrimos que también las ciudades pueden sufrir un trastorno disociativo de la identidad. Las ciudades son realidades complejas, y por eso, pretender retratarlas con una etiqueta unitaria es un ejercicio de simplicidad imposible. Las ciudades tienen identidades múltiples (tanto positivas como negativas) que se manifiestan de maneras diversas. Ahora bien, esta realidad multiplicada puede ocultarse, motivada generalmente por una estrategia interesada. Aparece entonces una identidad dominante (y por lo general favorable) bajo la cual subyace el resto. Pero esto no debe engañarlos, tras ese rostro, pretendidamente maravilloso, se esconden otros, mucho menos presentables.
Las diferencias suelen asentarse en consideraciones espaciales (de “textura” urbana, de modelos de planificación, de estados de conservación, etc.) y también sociales (que pueden llegar a situaciones de desigualdad extrema). Alguno de los casos límite revelan ciudades que muestran zonas “amables”, bien cuidadas, seguras y atractivas, frente a zonas “ásperas”, degradadas, peligrosas e indeseables. Un ejemplo representativo de este enorme contraste podemos encontrarlo en urbes que, como Rio de Janeiro, ofrecen una imagen idílica (sol, playa, diversión, hedonismo, etc.) y ocultan otra radicalmente contraria (que se hallaría en las favelas que se encaraman por las laderas de los “morros”). Zonas “Jekyll” y zonas “Hyde”, (en su grado máximo) por seguir con la analogía de Stevenson.
Pero sin entrar en la problemática social y volviendo al mundo de las identidades urbanas multiplicadas, nos dirigimos hacia Cracovia, en Polonia, para profundizar en uno de esos casos de personalidad disociada. No obstante, hay que advertir que, en ocasiones, las diferencias se sustentan más en tópicos simplificadores que en la propia realidad. Aunque no podemos olvidar que los mitos suelen arraigar y, en ocasiones, condicionan, e incluso suplantan, a la realidad misma. En Cracovia, el contraste radical se produce entre la ciudad antigua (Stare Miasto) y la nueva ciudad, Nowa Huta, creada tras la Segunda Guerra Mundial. Después del conflicto bélico, la Polonia pro soviética implantó en las afueras de Cracovia una nueva ciudad industrial que aspiraba a ser el símbolo del socialismo y del proletariado y que debía diluir a la sociedad tradicional, que residía en el casco antiguo de la ciudad y defendía mayoritariamente una Polonia nacionalista y conservadora.
Además de esa diferencia sustancial en el origen, son muchas otras las oposiciones entre ambos lugares. La escala humana de Stare Miasto contrasta con la escala gigantesca de las extensas avenidas y los “monumentales” edificios de Nowa Huta. Igualmente, la diversidad arquitectónica de la Ciudad Vieja, choca con la repetición monótona de los grandes bloques de la nueva ciudad. También, la Cracovia antigua, protagonizada por su espíritu burgués, mercantil y cultural, discrepaba del carácter industrial de Nowa Huta. Incluso el tamaño, pequeño y asequible peatonalmente en el caso de la Cracovia original, difería radicalmente del inmenso planteamiento del nuevo crecimiento, muchísimo mayor (solamente la fábrica siderúrgica ocupaba una superficie cinco veces mayor que toda la ciudad antigua). También, como se pretendió, hubo un choque sociológico entre la población de la Ciudad Vieja, con un elevado porcentaje de comerciantes e intelectuales, y los numerosos emigrantes que se incorporaron al proletariado urbano en Nowa Huta.
Estas divergencias reflejaban el contraste inicial entre ambos lugares, pero la evolución de cada uno de ellos los convirtió, todavía más, en cuerpos extraños entre sí. La amable ciudad histórica se convertiría en un lugar turístico, en la identidad dominante de Cracovia, en el atractivo rostro de un lugar seleccionado como Patrimonio de la Humanidad; mientras que la ruda ciudad industrial, oculta tras la fachada cordial, recibiría el estigma (no siempre justo ni conforme a la realidad) de espacio contaminado, conflictivo (fue el escenario de luchas obreras y, paradójicamente, de resistencia anticomunista) e, incluso, de lugar peligroso e inseguro.
Stare Miasto y Nowa Huta representaban en clave urbana la antagónica dualidad dentro del mismo cuerpo urbano de un Jekyll y un Hyde. Y, aunque lejos de ciudades extremas (como el ejemplo citado de Rio de Janeiro), Cracovia es un caso paradigmático de disociación de la identidad urbana.

La Ciudad Vieja de Cracovia (Stare Miasto).
El río Vístula (Isla) es uno de los grandes cauces centroeuropeos y el más importante de Polonia (en sus algo más de 1.000 kilómetros, drena dos terceras partes del territorio polaco). Navegable prácticamente en su totalidad, el Vístula fue, durante siglos, una de las principales arterias comerciales de Polonia, y los castillos ubicados en sus orillas eran posesiones muy valiosas. En su curso superior se construiría, sobre una colina existente junto a su orilla izquierda (Wawel), el castillo que acabaría dando origen a Cracovia.
Esquema de Cracovia durante el siglo XIII con la ciudad reticulada, Okol y el complejo en la colina Wawel.
Aunque la zona había sido habitada desde tiempos prehistóricos, no sería hasta el año 1000 cuando comenzó a desarrollarse un asentamiento urbano al norte de la colina, que se iría confirmando como un centro de comercio regional. Pero esta incipiente ciudad sería destruida por las invasiones tártaras del siglo XIII. No obstante, Cracovia se sobrepuso a la desgracia y resurgió, aunque más que una reconstrucción se trató de una refundación, con una nueva traza en damero alrededor de un gran espacio de mercado. En 1257, se dio carta de naturaleza a la nueva Cracovia, que se acogió a la Ley de Magdeburgo e ingresó en la Liga Hanseática. Las manzanas que seguían la trama ortogonal envolvían a la gran Plaza del Mercado (Rynek Glówny), un espacio cuadrado de prácticamente 200 metros de lado, al que acometen en esquema tres calles por cada lado. En su interior acoge un mercado cubierto muy singular, la extraordinaria Lonja de los Paños (Sukiennice), y también la Torre del Ayuntamiento (la única parte que se conserva del antiguo consistorio de la ciudad). Igualmente, en sus laterales, alberga algunos de los edificios más reseñables de la ciudad, como la Basílica de Santa María (Kościoł Mariacki), fundada in 1221, destruida por las invasiones mongolas y reconstruida entre 1290 y 1320 en estilo gótico.
Arquitectura histórica en la Ciudad Vieja de Cracovia. De izquierda a derecha y de arriba abajo: Catedral en la colina Wawel, Basílica de Santa María, Barbacana y Torre-Puerta de San Florián.
El siglo XIV, con los últimos reyes de la dinastía Piasta (Vladimiro I y su hijo Casimiro III) fue trascendental para Cracovia. En su primera mitad, en la colina Wawel, se levantarían el definitivo Castillo de Wawel (Zamek Królewski na Wawelu), promovido por el rey de Polonia Casimiro III el Grande (Kazimierz III Wielki), y la Catedral de Cracovia (de San Wenceslao y San Estanislao) que actuaría como santuario nacional de Polonia. El cerro se convertiría así en el centro del poder eclesiástico y monárquico polaco (los reyes residieron durante siglos en el castillo) y, además, la ciudad confirmaría su protagonismo comercial, así como su estatus de referente cultural (ya que en 1364 se fundó la Universidad de Cracovia, actualmente denominada Universidad Jaguelónica, en referencia a la dinastía que gobernó Polonia entre 1386 y 1572).
Plano de la Ciudad Vieja de Cracovia con indicación de sus principales edificios.
Los ataques sufridos llevaron a que Cracovia planteara su defensa y se dotara, a finales del siglo XIII, de una poderosa fortificación. El núcleo urbano quedaría encerrado por unos muros de diez metros de altura, que incorporaban 39 torres y ocho puertas, y quedaban, a su vez, circunvalados por un amplio foso. Estas murallas serían derribadas durante las primeras décadas del siglo XIX. No obstante, en su recuerdo permanece el gran cinturón verde que envuelve a la ciudad antigua: el actual parque lineal Planty, creado sobre el relleno de los fosos entre 1822 y 1830. Este paseo envuelve también a la colina Wawel, en un recorrido total de cuatro kilómetros. La memoria de la muralla se mantiene igualmente por la presencia de algunos restos de la misma, como la Puerta de San Florián (Brama Floriańska, una torre de piedra de 33,5 metros de altura), que era el acceso principal a la ciudad y sobrevivió junto a tres torres contiguas y los muros que las enlazaban. También se mantiene la Barbacana septentrional (Barbakan), una imponente construcción circular de ladrillo, levantada en 1498 para la defensa contra los turcos y que originalmente era un paso previo de control que se conectaba mediante un pasadizo cubierto con la Puerta de San Florián. También se conserva el Arsenal militar construido en 1565 (Arsenal Miejski), reconvertido en el siglo XIX como Museo Czartoryski, un espacio dedicado a la historia polaca y de la ciudad. No obstante, Cracovia dispondría de un segundo lienzo amurallado levantado en tiempos de dominación austriaca y que ampliaría el recinto urbano. Esta segunda delimitación existiría entre 1850 y 1916, fecha en la que también fueron demolidas.
Arriba, Plaza del Mercado con la Lonja de los Paños, y debajo, comienzo de la calle Grodzka junto a la plaza.
La muralla, que integraba Cracovia con Wawel, incluía también el arrabal Okol, que había ido surgiendo entre la ciudad y la colina apoyado en el eje del Camino Real (la actual calle Grodzka -ulica Grodzka-) con un esquema básico de “espina de pez”. El Camino Real (Droga Królewska) entraba en Cracovia por la Torre de San Florián, para continuar por la calle del mismo nombre (ulica Floriańskiej) hacia la gran plaza. Desde allí, continuaba por la calle Grodzka para terminar en el Castillo Real. Ese era el recorrido procesional y ceremonial de la monarquía, así como de las delegaciones diplomáticas que visitaban la Corte. Okol acogería importantes edificaciones, sobre todo religiosas, comenzando por la iglesia de San Andrés (Kościół św. Andrzeja), su templo principal desde 1099 (aunque su imagen actual es muy posterior), y siguiendo por la iglesia y monasterio de los franciscanos (Kościół św. Franciszka, una construcción gótica de ladrillo consagrada en 1269) o la iglesia de la Santísima Trinidad y monasterio de los dominicos (levantados a mediados del siglo XIII y modificados en numerosas ocasiones, particularmente en el siglo XIX). También son destacables el renacentista Palacio Wielopolski (actual ayuntamiento de la ciudad) o la barroca iglesia de San Pedro y San Pablo (Kościół Świętych Apostołów Piotra i Pawła) construida entre 1597 y 1619, formando parte inicialmente de un monasterio jesuita.
Reconstrucción de Cracovia en 1700, con la Ciudad Vieja amurallada a la izquierda, la colina Wawel en el centro y Kazimierz a la derecha, al otro lado del desaparecido brazo norte del rio Vístula.
En el siglo XIV, el rey Casimiro III, impulsó nuevas fundaciones urbanas junto a Cracovia. En 1335 nació, Kazimierz, municipio ubicado al sur, en una isla existente entre el Vístula y un brazo septentrional del río existente entonces. Kazimierz se convertiría en el centro de la comunidad hebrea. El brazo del río Vístula sería enterrado entre los años 1878 y 1880 para construir el eje viario formado por la actual calle Dietla (Ulica Józefa Dietla, una avenida de un kilómetro de largo y 100 metros de ancho recorrida por un parque lineal que sigue el eje, Planty Dietlowskie), y también por su prolongación en la Avenida Daszyńskiego (Aleja Ignacego Daszyńskiego), con una morfología similar. Al norte de Cracovia, surgiría en 1366 otro asentamiento autónomo, Kleparz. Y, sobre los terrenos pantanosos situados entre Cracovia y Kazimierz (que se anegaban con facilidad con las crecidas del rio) se iría consolidando un suburbio extramuros, Stradom. Su eje principal fue la calle Stradomska (Ulica Stradomska) que partía desde la calle Grodzka y se dirigía al desaparecido Puente Real, tendido sobre el antiguo brazo norte del Vístula y que daba acceso a Kazimierz.
Cracovia y los diferentes núcleos autónomos de su entorno formarían una peculiar conurbación con un cierto funcionamiento polinuclear, un modelo urbano bastante habitual en el área bohemia y germánico-báltica de aquella época. Con todo, la Cracovia medieval emergería como la ciudad principal del reino polaco, convirtiéndose en su capital, distinción que mantendría hasta 1596, cuando se trasladó a Varsovia (ciudad también ubicada en las riberas del curso medio del Vístula).
Cracovia en 1883.
En 1978, la UNESCO inició su Lista de Lugares Patrimonio de la Humanidad. La primera ciudad en ser incluida fue Cracovia (junto con Quito, la capital de Ecuador). El espacio protegido fue la Ciudad Vieja (Stare Miasto) reuniendo bajo esa denominación a la ciudad reticulada medieval, a Okol, la colina Wawel y las áreas de Stradom y Kazimierz. En su declaración, la UNESCO explica que “el centro histórico de Cracovia, antigua capital de Polonia, se extiende al pie del castillo real de Wawel. Además del núcleo de la ciudad mercantil del siglo XIII, con la plaza del mercado más grande de Europa y sus numerosas mansiones históricas, iglesias y palacios magníficamente ornamentados en su interior, el sitio comprende otros testimonios del fascinante pasado histórico de Cracovia como los vestigios de las murallas del siglo XIV, el sitio medieval de Kazimierz –situado al sur de la ciudad– con sus antiguas sinagogas, la Universidad Jagellona y la catedral gótica, panteón de los reyes de Polonia”.
Delimitación del espacio protegido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Nowa Huta, la ciudad industrial del socialismo soviético.
En 1949 por iniciativa de Josif Stalin (aceptada por el entonces presidente de la República Popular de Polonia, Bolesław Bierut), nacía, junto a la refinada Cracovia, la nueva ciudad industrial de Nowa Huta (que significa Nueva Fundición o Nueva Acería). El dictador soviético quiso combatir el conservadurismo y la intelectualidad de la antigua capital polaca ubicando junto a ella (en el noreste de la ciudad, a unos seis kilómetros del casco antiguo) una población proletaria (prevista en doscientas mil personas) que trabajaría en una gigantesca industria del acero que se creaba como motor de la operación.
La gran planta siderúrgica fue bautizada en honor a Vladimir Lenin, aunque en 1990 cambiaría su nombre por el de Tadeusz Sendzimir y en 2005 por el de ArcelorMittal Poland. Ocupaba una superficie inmensa y comenzó su producción en 1954, dando trabajo a 40.000 personas y convirtiéndose en la mayor fábrica de acero polaca.
Cartel propagandístico sobre la nueva ciudad “Gracias a la desinteresada, sincera y fraternal ayuda de la URSS, crece Nowa Huta, anunciando el amanecer socialista”.
En 1951, Nowa Huta fue incorporada a Cracovia que, en consecuencia, tuvo un importante crecimiento demográfico que transformó el carácter de la ciudad, pasando de ser principalmente comercial y universitaria a convertirse en un centro industrial de primer orden (al acero se le sumaría, en el entorno de Nowa Huta, una importante fábrica de tabaco y una gran cementera, entre otras industrias).
Plano de localización de Nowa Huta (rojo) y la industria siderúrgica (marrón) en relación con la Ciudad Vieja (verde).
Para la planificación de la nueva ciudad, se constituyó en 1949 un equipo de trabajo dirigido por el arquitecto y urbanista Tadeusz Ptaszycki (1908-1980), que incluyó a colaboradores como Adam Fołtyn, Tadeusz Janowski, Stanisław Juchnowicz, Tadeusz Rembiesa y Bolesław Skrzybalski.
Nowa Huta nació con la aspiración de ser el sueño urbano del socialismo hecho realidad, como la materialización de una utopía. La nueva ciudad (inicialmente autónoma) estaría caracterizada por impresionantes avenidas arboladas y grandes parques y espacios verdes. Junto a ellos, una arquitectura residencial muy monumental, se vería complementada por una larga serie de dotaciones que iban desde teatros, bibliotecas, escuelas, hospitales hasta una importante oferta deportiva. La gran industria contigua proveería de empleos a los nuevos ciudadanos, que, según las intenciones de los dirigentes, compondrían una nueva generación llena de fe en el socialismo y en el porvenir. Porque Nowa Huta no aspiraba solamente a fabricar acero, sino que también quería alimentar la esperanza en el futuro tras el desastroso paso de Polonia por la Segunda Guerra Mundial.
Esquema estructural de Nowa Huta con sus radiales y orbitales poligonales.
El trazado de la nueva ciudad siguió los planteamientos, entonces un tanto anacrónicos, del movimiento para la “ciudad bella”, con una estructura muy geométrica. Desde un punto focal (la actual plaza Ronald Reagan) parten cinco grandes avenidas radiales que conforman un conjunto semioctogonal en el que los viarios orbitales siguen las trazas de ese polígono de ocho lados (en una de sus mitades). El proyecto original presentaba una mayor complejidad espacial y arquitectónica que el resultado final porque, al ser incorporada la nueva ciudad a Cracovia en 1951, muchos de los equipamientos previstos (como el Ayuntamiento, entre otros) no llegaron a realizarse. Por eso, la arquitectura sería mayoritariamente residencial y se conformó con grandes bloques que seguían las trazas mostrando un estilo ecléctico y monumental muy alejado del racionalismo imperante en la sociedad occidental.
Nowa Huta. En primer término, el punto focal de la composición, la actual plaza Ronald Reagan.
Calle de Nowa Huta.
Nowa Huta se uniría a la familia de nuevas ciudades socialistas que fueron construidas a lo largo de todo el orbe soviético, como Magnitogorsk en Rusia, Stalinstadt (renombrada en 1961 como Eisenhüttenstadt) en la antigua Alemania del Este, Sztalinvaros (desde 1961, Dunaújváros) en Hungria, Dimitrovgrad en Bulgaria o Novi Beograd en Belgrado (aunque en este caso la motivación no fuera industrial). En los mismos años en los que nació Nowa Huta, el mundo occidental estaba también embarcado en la creación de nuevas ciudades como las ABC stadt escandinavas o las New Towns británicas, que caracterizaron el urbanismo de la década de 1950.
Ortofoto actual de Nowa Huta.
Nowa Huta se presentó como un ejemplo de ciudad ideal del socialismo soviético, pero la realidad acabaría siendo muy distinta. A la reducción de programa urbano señalado antes, que convirtió a la ciudad en poco más que un gran núcleo dormitorio, se le sumo la conflictividad social que hizo que, paradójicamente, la “ciudad proletaria” se convertiría en uno de los principales centros de oposición al régimen comunista. Las protestas ya comenzaron en la década de 1960 cuando se reclamaba la construcción de una iglesia (con el liderazgo del arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla, el futuro Papa Juan Pablo II) y continuaron con la adscripción de la gran mayoría de los obreros al sindicato Solidaridad (Solidarność) que fundó en 1980 Lech Walesa en los astilleros de Gdanks. Además, la proximidad de la siderurgia influyó en los índices de contaminación atmosférica (aunque la fábrica se situó en el este para evitar que los vientos dominantes llevaran la polución al núcleo) y, sobre todo, las diferentes crisis económicas soportadas, que provocaron unos índices de inseguridad y peligrosidad social superiores al resto de la ciudad. No obstante, aunque estas críticas exageraban la realidad, Nowa Huta tuvo que soportar el estigma de ser considerada el “lado oscuro” de Cracovia.

La gran Cracovia de las identidades múltiples.
Pero las personalidades de Cracovia no acaban en el radical contraste entre Stare Miasto y Nowa Huta. Con el crecimiento urbano, la ciudad fue absorbiendo municipios de su entorno, hasta entonces autónomos y estos mantuvieron su idiosincrasia formal tras la anexión. El resultado fue una gran diversidad morfológica que, además, se incrementó con las realizaciones modernas. Cada una de estas partes presenta una personalidad fuerte, lo que convierte a Cracovia en una ciudad con identidades múltiples.
La primera incorporación fue la de Kazimierz, que se unió a Cracovia en 1800 (incluyendo el arrabal intermedio de Stradom). Durante esa centuria, la ciudad sobrepasó sus primeras murallas e incorporó territorio circundante (aproximadamente hasta el recinto austriaco), organizándose administrativamente en ocho barrios (Przedmiescie) que eran: Srodmiescie (la ciudad histórica), Zamek (la colina del castillo y la catedral), Nowy Swiat (al oeste), Piasek (al noroeste), Kleparz (al norte, absorbiendo al antiguo municipio septentrional), Wesola (al este), Stradom y Kazimierz (ambos al sur).
La Gran Cracovia de principios del siglo XX (en naranja la ocupación de la ciudad antes de la ampliación).
Entre 1910 y 1915 se desarrolló el Plan de la Gran Cracovia (Plan regulacyjny Wielkiego Krakowa) que fue el primer plan urbanístico moderno de Polonia y forzó la anexión de varios de los municipios del entorno. En 1910 lo hicieron, Grzegórzki, un antiguo pueblo situado al este, del que se tiene noticia desde 1388, y Krowodrza ubicado al noroeste. Las anexiones continuaron ese mismo año y los siguientes, incorporando otros municipios menores, hasta que en 1915 se daría por finalizado el proceso con la unión de Podgórze, población nacida en 1784 en la margen derecha del rio, al sur de Cracovia. La ciudad había pasado de 5,77 kilómetros cuadrados a 46,90, multiplicando su extensión casi nueve veces. La población ascendió de 100.000 habitantes a 180.000.
Desarrollo territorial de Cracovia en la actualidad. Con el núcleo original (rojo), la Gran Cracovia de principios del siglo XX (amarillo).
En 1941 se realizó otro proceso de anexión con numerosas incorporaciones y, después de la Segunda Guerra Mundial, como hemos comentado, se crearía Nowa Huta, que sería incorporada en 1951 (junto a otros pequeños municipios del entorno). La extensa Cracovia surgida de esos procesos se organizó únicamente en cuatro distritos: Śródmieście (que significa “centro de la ciudad”); Nowa Huta, al este de la ciudad central; Krowodrza, al oeste; y Podgórze, al otro lado del rio Vístula.

Estructuración de Cracovia en 18 distritos (el I es la Ciudad Vieja y el XVIII, Nowa Huta)
En los años setenta y ochenta Cracovia volvió a crecer fagocitando nuevas poblaciones hasta alcanzar los 327 kilómetros cuadrados y los 760.000 habitantes. La organización administrativa actual corresponde a la reordenación efectuada en 1991 tras la recuperación de la democracia en Polonia. Se constituyeron 18 distritos (dzielnica), más pequeños, más ágiles y cercanos al ciudadano y más coherentes con los lazos preexistentes en las comunidades locales. Con ello, Cracovia pretendía adaptar la gestión urbana al sentir de su población, donde muchas de las denominaciones de barrios y distritos están derivadas de los antiguos pueblos y lugares anexionados, reflejando la complejidad de su amalgama identitaria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

urban.networks.blog@gmail.com