14 may. 2016

Identidades híbridas en el delta del río de las Perlas, donde China confluyó con Occidente (Macao, Hong Kong y Cantón/Guangzhou)

Macao: el Largo do Senado, una plaza “portuguesa”, por la edificación que la define y también por el pavimento típico luso (la incorporación de elementos efímeros vinculados a determinadas celebraciones chinas muestra el contraste entre oriente y occidente).
A principios del siglo XVI, los portugueses llegaron a las costas del sur de China y fundaron, en la desembocadura del rio de las Perlas, la colonia de Macao. A mediados del siglo XIX, los británicos desarrollarían su propia colonia “enfrente” de la lusa: Hong Kong. Desde el fondo de la profunda bahía, Cantón (Guangzhou) sería el puerto chino que actuaría como “interface” entre los dos mundos. En ese estuario, China y Occidente confluyeron, pero cada cultura mantendría sus rasgos. No hubo fusión entre ellas y se limitaron a convivir, generando interesantes ejemplos de identidades híbridas.
Recientemente, una nueva “capa” se ha superpuesto a las anteriores, yuxtaponiendo lo antiguo con la novedad de los numerosos e impresionantes rascacielos que dominan el panorama del estuario, que se ha convertido en la mayor área urbana del mundo (superando a Tokyo).

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Hibridar y fusionar identidades.
Hibridar no es fusionar. La fusión reúne elementos diversos y los amalgama, de tal manera, que las unidades primitivas se desvanecen en la mixtura final. La historia de la cultura nos muestra muchos ejemplos de este tipo de mezcla, en los que las nuevas propuestas surgen a partir de otras previas que acaban desapareciendo. La fusión es una evolución que abre un camino inédito. Para ello, interpreta, escoge lo pertinente de las fuentes y lo extrae para “derretirlo” hasta crear una pasta desconocida con la que forjar lo nuevo.
En cambio, en la hibridación, aunque se combina también inseparablemente, el resultado sigue mostrando rastros evidentes de los componentes iniciales. Las identidades híbridas son casos de yuxtaposiciones en los que no se funden las bases y se muestran con gran nitidez sus rasgos característicos.
En las ciudades, son más habituales los casos de hibridación porque en ellas no desaparecen (salvo raras excepciones) los edificios y los espacios notables que han servido de fuente de inspiración para la aparición de un nuevo rumbo. Gracias a esa cualidad, las ciudades son el testimonio del pasado y ejercen de notarios sobre las transformaciones sociales. No obstante, encontramos en ellas identidades producidas por ambos mecanismos. En los casos de fusión se consigue una continuidad entre las fuentes y los productos que diluye el contraste, mientras que, en las hibridaciones, al no haberse dado ese proceso de acercamiento entre las bases, se produce un espectacular contraste entre estilos radicalmente diferentes, ofreciendo conjuntos de sorprendente personalidad.
China, en el estuario del rio de las Perlas, depara unos ejemplos muy característicos de identidades híbridas. La apertura forzada del gran país a las influencias occidentales y, más aún, a las implantaciones coloniales, fueron recibidas con rechazo. Desde siempre, los chinos habían mirado a los occidentales como a unos “bárbaros” poco refinados, y, desde las altas instancias observaban con soberbia y displicencia, las evoluciones de aquellos vulgares comerciantes. Pero la fuerza (militar principalmente) de aquellos “demonios extranjeros” obligó a la convivencia entre ambas culturas, en un proceso de yuxtaposición, que no producía “fusiones”.
China y el rio de las Perlas.
Comenzaremos acercándonos al contexto físico e histórico del estuario del rio de las Perlas para detenernos en tres ejemplos urbanos de conexión entre el colonialismo occidental y las esencias chinas. El primero será Cantón/Guangzhou, el primer puerto chino que se abrió al exterior y que llegaría a contar con un área exclusiva para las potencias occidentales donde se hibridaron lo francés y británico con lo chino. El segundo es Macao, un sorprendente caso en el que la arquitectura barroca portuguesa convive con las realizaciones chinas. Por último, Hong Kong, una ciudad especial, una densa y elevada “Manhattan oriental” que se convertiría en el primer paradigma de la metrópoli occidental en territorio chino. Precisamente Hong Kong será el enlace con una nueva hibridación, más reciente, que se está produciendo en todo el estuario. Sobre las antiguas yuxtaposiciones, se ha ido superponiendo una nueva “capa” formada por los numerosos e impresionantes rascacielos que dominan el estuario, una nueva hibridación, en este caso, volumétrica, estilística y temporal.

El delta del Rio de las Perlas (el idiosincrático sur de China).
China es un territorio inmenso de 9,6 millones de kilómetros cuadrados. Podemos compararlo con Europa, que cuenta con una extensión de 10,5 millones, para intuir la extraordinaria diversidad, en todos los sentidos, que se oculta bajo la aparente homogeneidad que otorga el hecho de ser un único país. Ya hemos apuntado en este blog algunas de esas diferencias que nos llevan, en una primera instancia, a distinguir entre la China occidental y la oriental o entre la China del norte y la China del sur.
La idiosincrasia meridional, reflejada en la geografía, en la sociedad, en la economía o en la política, es especialmente notoria en las regiones del extremo sur, por donde discurre el rio de las Perlas. Allí se encuentra Guangxi, limítrofe con Vietnam, que es una región autónoma en reconocimiento de sus especificidades (étnicas principalmente) y, sobre todo, Guangdong, la provincia que acoge el gran estuario de ese cauce. Guangdong muestra una personalidad distintiva, expresada en una lengua propia, el chino cantonés (yue) que, aunque se presente interesadamente como un dialecto del chino mandarín (el idioma oficial de la república), sus puntos en común son mínimos. También dispone de una gastronomía típica (que, dado que una buena parte de la inmigración china a Occidente ha procedido históricamente de esta región, suele ser identificada como la “comida china” en general).
Su idiosincrasia se muestra igualmente en los acontecimientos históricos que, sobre todo en las dos últimas centurias, ha influido en la evolución de China. La capital de Guangdong, Cantón (cuyo nombre oficial chino es Guangzhou) fue la única puerta de entrada y salida de China, hasta que como resultado de las Guerras del Opio se vio obligada a abrir varios puertos al comercio internacional. Por esta razón, la China que se conocía en Occidente mediante los relatos de misioneros, comerciantes o militares era la China Meridional, la única China accesible, ya que el resto permanecía cerrada a los extranjeros. También Cantón volvería a ser relevante durante el siglo XX, puesto que allí se fundó en 1912 el partido nacionalista Kuomingtang (KMT). Su primer líder, Sun Yat-sen, logró vencer en las primeras elecciones parlamentarias tras la proclamación de la República China, siendo considerado el “padre” de la China moderna, y su sucesor Chiang Kai-shek se enfrentaría en una guerra civil al ejército popular de liberación liderado por Mao Zedong (que resultaría vencedor).
El Delta del rio de las Perlas en 1979.
Esa región está caracterizada por el rio de las Perlas (Zhu Jiang), el principal cauce de la China Meridional. El rio nace por la confluencia de tres importantes cursos: el río Xi (Xi Jiang, río del oeste, que recoge aguas de afluentes apreciables como el río Hongshui, río rojo); el río Bei (Jiang Bei, río del norte) y el río Dong (Jiang Dong, río del este). La cuenca de esta gran red fluvial, que discurre de oeste a este a lo largo de 2.200 kilómetros, ocupa 450.000 kilómetros cuadrados (para hacerse una idea del tamaño, puede comparase con la extensión de España, que se sitúa en los 500.000). El tramo final de este sistema acuático crea un complejo delta con múltiples ramas que se cruzan (incluso uno de los brazos del rio Xi tiene una desembocadura independiente), constituyendo, además, un largo estuario en el que se ubican algunas de las ciudades más pobladas, activas y prósperas de China (como Cantón/Guangzhou, Macao, Hong Kong, Shenzhen, Zhuhai o Zhongshan).
Cantón/Guangzhou, siempre ha sido una ciudad china, pero Macao y Hong Kong fueron colonias administradas desde sus metrópolis (portuguesa y británica respectivamente). No obstante, aquellas colonias, que se convirtieron en emblemas del liberalismo económico y del modo de vida occidental, forman actualmente parte de China, ya que Hong Kong fue transferida en 1997 y Macao en 1999. Para acogerlas, el gobierno chino aplicó el principio de “un país, dos sistemas” (otro peculiar proceso de “hibridación”, en este caso político), consistente en mantener el sistema económico capitalista dentro de un país de ideología oficial comunista.
Pero, además de esas tres urbes singulares, China, aprovechando la extraordinaria capacidad motora de las dos colonias occidentales, impulsó varias ciudades junto a ellas (Shenzhen y Zhuhai entre otras) que crecieron explosivamente bajo la influencia de la intensísima actividad económica de la zona. Hoy, el delta del río de las Perlas es una de las zonas más prósperas de China. En esa región, un área de aproximadamente 43.000 kilómetros cuadrados (similar a Extremadura en España), viven 60 millones de personas y se genera en torno al 20% del PIB de China.

Cantón (Guangzhou).
Cantón/Guangzhou, se encuentra en el comienzo del estuario del caudaloso rio de las Perlas, asentada, en parte, sobre un complejo sistema de islas formadas por múltiples brazos fluviales y canales artificiales. Situada a 2.100 kilómetros de Pekín y 1.500 de Shanghai, las dos ciudades chinas más importantes, Cantón es la ciudad principal del sur.
Cantón logró su prosperidad a partir de una temprana vocación de apertura hacia el extranjero. Durante la Dinastía Song (960-1279), el puerto cantonés era el origen y el destino de la denominada “ruta de la seda marítima” y de sus muelles partió buena parte de la porcelana que se haría famosa en Oriente Medio y Occidente. Ese estatus de ciudad abierta se mantuvo, incluso durante los periodos en los que China se encerró en sí misma. No obstante, esa “apertura” estaba muy acotada ya que los emperadores chinos mantenían fuertes reservas y restricciones ante la llegada de extranjeros.
Cantón en 1860, en el sur se encuentra la isla de Shamian con su trazado occidental.
La aparición de los portugueses (que instalaron una colonia en Macao, en la desembocadura el rio) implicaría un grado mayor de interacción entre China y occidente, relación que se incrementaría cuando, desde el siglo XVII, la British East India Company emplazó una base comercial en la propia Cantón. Esta instalación fue el embrión de las concesiones territoriales exclusivas que conseguirían más adelante en la isla fluvial de Shamian, hoy unida al resto de la ciudad, y en la zona noroccidental de Haizhu (otra isla). En ellas, las potencias occidentales (especialmente franceses y británicos) construirían factorías y almacenes, así como numerosos edificios administrativos y residenciales, dentro de trazados urbanos planteados con criterios occidentales. Estos barrios “europeos” contrastarían con la ciudad china, que encerrada dentro de una muralla observaba distante las evoluciones de aquellos extranjeros.
Tres calles de Cantón. Arriba, vía en la isla de Shamian con su aspecto europeo en contraste con las otras dos.
Cantón sería la plataforma comercial en la que se comerciaba con seda, cerámica o té, por donde entraría el opio que los ingleses cultivaban en la India y que, al final, provocaría las Guerras del Opio que hicieron sucumbir a China ante las exigencias occidentales. Entre esas demandas se encontraba la obligación de ceder al control occidental cinco puertos chinos, y Cantón/Guangzhou sería uno de ellos (junto con Shanghai, Fuzhou, Xiamen y Ningbo). Además, los británicos lograron la concesión de Hong Kong, un hecho que resultaría trascendental para la región.
Una de las consecuencias del intenso contacto de Cantón con otras culturas fue que la ciudad se convirtió en un hervidero revolucionario contra el poder establecido. Allí surgieron sublevaciones y rebeliones de todo tipo y funcionarían grupos contestatarios muy activos (que a la postre confluirían en el antes mencionado Kuomingtang).
Hoy Cantón/Guangzhou es una metrópoli de casi 13 millones de personas, que cuenta con grandes rascacielos, lo que la convierte en la tercera de China, por detrás de Pekín y Shanghai.

Macao.
Los portugueses llegaron a Macao en 1556 y, sobre aquella isla situada en la desembocadura del rio de las Perlas, construyeron una colonia cuyo puerto sería esencial en la ruta comercial que unía los enclaves lusos de Malaca (Malasia) y Goa (India) con Japón. Además, su privilegiada posición consolidó el intercambio mercantil con China (a través de Cantón), siendo una puerta de entrada al país que aprovecharon, entre otros, los misioneros jesuitas que buscaban la difusión del cristianismo.
Macao, el territorio en 1984 (izquierda) y en 2008 (derecha)
Macao gozó de una extraordinaria prosperidad incrementando sus necesidades de terreno y, lo que comenzó siendo una isla, se transformó en una península en el siglo XVII, gracias a las ganancias de terreno al mar, que fueron creando un istmo que la enlazó al continente. Los esfuerzos por ampliar su superficie no quedaron allí y en 1851 fueron anexionadas dos islas contiguas, Taipa y Coloane, que además de conectarse a través de puentes, también vieron acrecentada su extensión a costa del mar, llegando a unirse entre ellas. Según los registros, la Macao original contaba con una superficie de 2,78 kilómetros cuadrados, llegando en la actualidad a los 30,3, lo cual supone haber multiplicado por más de diez el terreno inicial.
Macao es una ciudad única. En ella, las culturas europea y china se hibridan de una forma particular, conviviendo templos taoístas (como el Templo de A-Má) con edificios barrocos (como las iglesias de San Lorenzo/São Lourenço; de San José/São José; o la Casa de Misericordia). La singularidad del centro histórico de la ciudad fue reconocida por la UNESCO en 2005, cuando quedó inscrito como Lugar Patrimonio de la Humanidad.
Templos de Macao. Arriba la iglesia de Santo Domingo. En el centro el templo de A-Má. Debajo la Capilla de San Francisco Javier.
Pero, a partir de 1842, cuando los británicos consiguieron la concesión de Hong Kong, Macao dejó de ser el único puerto europeo en China. El auge de Hong Kong (y del resto de concesiones obtenidas por las potencias occidentales tras las Guerras del Opio) acabaría relegando a Macao a un puesto secundario en las relaciones comerciales internacionales. No obstante, la colonia portuguesa encontraría otro camino y acabaría potenciando el ocio y el juego (legalizado en la segunda mitad del siglo XIX) así como, posteriormente, el turismo. Por una parte, Macao saca partido a su rico y sorprendente patrimonio histórico que hibrida la tradición portuguesa con la china. Y por otra, se beneficia de la prohibición del juego en China y en Hong Kong, hecho que convierte a Macao en el único lugar donde los juegos de azar (con dinero de por medio) y las apuestas son legales, proliferando los casinos y generando un entorno muy particular, con hoteles, restaurantes, centros comerciales, salas de fiesta, etc. Son muchos los ferrys que llegan diariamente desde Hong Kong o la China continental y hacen de Macao una ciudad al servicio de un turismo con una fuerte vinculación ludópata, hecho que le ha llevado a recibir el sobrenombre de Las Vegas de Orienteo el “Montecarlo oriental”.
La ruina de San Pablo, de la que se conserva la fachada barroca es uno de los iconos de Macao.
Finalmente, tras casi 450 años de gobierno portugués, en 1999, Macao fue entregada a China. Desde entonces forma parte de la República Popular, aunque, al igual que sucede con Hong Kong, goza de un estatus singular. Esta región administrativa especial, con 560.000 habitantes, en la que el portugués es lengua cooficial junto al chino y donde se mantienen temas como el sistema judicial de base lusa, la legalización del juego o determinados privilegios fiscales, tiene garantizada su autonomía hasta el año 2049.

Hong Kong.
En 1842, tras la derrota china en la Primera Guerra del Opio, los victoriosos británicos impusieron una serie de condiciones, entre las cuales se encontraba recibir la cesión de una isla en la costa de la provincia de Guangdong que, por aquel entonces, se encontraba prácticamente desierta. Con la incorporación al Imperio Británico, la isla de Hong Kong se convirtió en el puerto más importante de Asia oriental.
Esa concesión se iría ampliando con el tiempo, de forma que el territorio de Hong Kong quedaría finalmente integrado por tres áreas bien diferenciadas: la primera sería la isla de Hong Kong, que el Reino Unido obtuvo en 1842; la segunda incluye el extremo meridional de Kowloon (al sur de Boundary Street) que los británicos adquirieron en 1860 (junto con la antigua isla de Stonecutters, que hoy se encuentra unida al continente); y la tercera, está formada por el conjunto denominado “Nuevos Territorios” (entre los que se encuentra la isla de Lantau y el resto de Kowloon, al norte de Boundary Street, hasta el rio Shenzhen), terrenos que fueron arrendados por el Reino Unido en 1898 por un periodo de 99 años.
Hong Kong. En naranja las zonas urbanizadas.
Así, la primera implantación urbana británica se produjo en la franja costera del norte de la isla de Hong Kong, con el desarrollo de City of Victoria (en homenaje a la reina británica). Después se daría el salto a Kowloon y al resto del territorio. Paradójicamente, el británico Hong Kong conservó muchas de las esencias chinas que la República Popular había prohibido y perseguido en el resto del país.
Hong Kong en 1915. En la parte inferior del plano, en la costa norte de la isla de Hong Kong se encuentra City of Victoria. En la parte superior, el comienzo de la urbanización de la península de Kowloon. Entre ambos se ubica el canal Victoria Harbour (entonces Hong Kong Harbour). En el extremo superior derecho aparece la ciudad china de Kowloon.
La prosperidad de Hong Kong se vería impulsada tras la Segunda Guerra Mundial. Tras la contienda, Hong Kong contaba con 500.000 habitantes, pero esta cifra fue superada rápidamente gracias a la llegada de miles de refugiados chinos que huían de la recién instaurada República Popular. Desde ese momento, Hong Kong complementaría su base económica comercial con una fuerte industrialización, que atrajo a más población, y su conversión en un centro financiero internacional. La población actual de Hong Kong es de 7,2 millones de personas.
Bajo la imponente presencia de los rascacielos en Hong Kong se encuentran rastros del colonialismo inglés (arriba, Central Pier) y de las raíces chinas (Nan Lian Garden)
Precisamente esa explosión demográfica sería la causa de la transformación más importante de la ciudad. La difícil orografía de esas islas y penínsulas tan montañosas, no permitió una urbanización generalizada (que afortunadamente ha proporcionado una gran reserva de espacios verdes) y el imparable crecimiento de Hong Kong se realizaría en vertical. La ciudad aprovechó los lugares aptos y concentró en ellos incontables rascacielos que se convirtieron en el paradigma de la hiperdensidad. Curiosamente, la densidad tenía un precedente en Kowloon, donde se encontraba la antigua “ciudad amurallada” que pertenecía a China a pesar de estar en zona británica. Esa anomalía la convirtió en un “limbo” jurídico que permitió la construcción de un conjunto residencial (espontáneo y alegal) que llegó a ser el punto más denso del planeta y uno de los más inseguros (dominado por mafias criminales). Allí, en 2,6 hectáreas de superficie, residían hacinadas 50.000 personas, lo cual ofrecía una ratio de más de ¡¡1.900.000 personas por kilómetro cuadrado!! (esta “ciudad” fue demolida en 1993 y en su lugar hay actualmente un parque). 
Imagen de la antigua ciudad amurallada de Kowloon convertida en el lugar más denso del planeta, poco antes de su demolición.
Los rascacielos de Hong Kong se convertirían, más allá de las bases chinas o británicas, en el principal rasgo identitario de la ciudad. En 1997, la ciudad fue transferida a China, recibiendo, como Macao, la designación de “región administrativa especial” (un acuerdo que, en el caso de Hong Kong, finalizará en 2047).
Hong Kong. Victoria Harbour.

Superposición de una nueva capa identitaria: el gigantismo de los rascacielos.
Las últimas décadas han transformado radicalmente el entorno del Delta del rio de las Perlas. Hong Kong es solo la punta del iceberg de lo que ha sucedido en los últimos treinta y cinco años en el estuario: el proceso de urbanización más acelerado de la historia de la humanidad.
Hong Kong. La península de vista desde el pico Fei Ngo Shan, arriba en 1964, y debajo en 2016.
Las orillas del estuario estuvieron pobladas desde tiempos ancestrales por tribus diversas que se dedicaban a la pesca y, en menor medida, a la agricultura. La influencia del tráfico comercial con Occidente alteraría la base económica tradicional de la región, sobre todo desde el siglo XIX. Pero la metamorfosis definitiva se produciría a partir de 1980, con la designación de “zonas económicas especiales” por parte del gobierno chino.
Desde entonces, el ejemplo de Hong Kong se extendería y los rascacielos superpondrían una nueva capa a la identidad del estuario. Mientras Macao, todavía bajo control portugués, remodeló su imagen con la aparición de los grandes hoteles y casinos en altura, Cantón ha crecido explosivamente (de 1,9 millones en 1980 a 12,5 en 2015), con numerosas torres que han modificado su paisaje urbano.
Macao ha visto surgir numerosos hoteles y casinos en altura que han transformado la imagen de la ciudad (destaca en altura el sorprendente Casino Gran Lisboa, inaugurado en 2008 según proyecto de Dennis Lau y Ng Chun Man)
Las dos torres icónicas de Cantón/Guangzhou. A la izquierda la Pagoda Chigang de 54 metros de altura (1619) y a la derecha la torre de la televisión china de 600 metros (2010, Mark Hemel&Barbara Kuit y Arup)
Pero la transformación más espectacular se ha producido en el entorno de esas ciudades principales. Quizá el ejemplo más llamativo sea Shenzhen, inicialmente una pequeña ciudad situada junto a Hong Kong, que gracias a su designación como “zona económica especial” y a los bajos precios de suelo y de la mano de obra, provocó que numerosas empresas de Hong Kong trasladaran a ella su actividad. Por ese motivo, Shenzhen tuvo un crecimiento vertiginoso, pasando de los 58.000 habitantes de 1980 a los 10,7 millones censados en el año 2015.

La increíble transformación de Shenzhen. Las dos imágenes están tomadas desde el mismo punto de vista solamente que la de arriba es de 1980 y la de debajo de 2015.
Los mismos desarrollos exponenciales se han sucedido en otras ciudades del estuario: Zhuhai, ubicada junto a Macao, ha alcanzado el millón y medio de personas; Zhongshan, junto a la anterior, cuenta con 3,2 millones de habitantes; o Dongguan, al norte de Shenzhen, donde viven ya 8,2 millones. La “onda expansiva” llegaría también a las contiguas Foshan, con 7,2 millones o Huizhou, que supera los 4,5 millones. En el conjunto residen 60 millones de personas. Las autoridades chinas ya están planteando la unión administrativa de lo que es una conurbación física consolidada que ha convertido al Delta del rio de las Perlas en la mayor área urbana del mundo (superando a Tokyo).
La urbanización en el delta del río de las Perlas. En gris las zonas urbanas en el año 2000, en rojo las nuevas áreas urbanas en 2010.

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