2 jul. 2016

La Alhambra de Granada en su contexto (histórico, natural y urbano)

La Alhambra está determinada por su contexto histórico, natural y urbano. En la imagen, el conjunto con Sierra Nevada al fondo.
La Alhambra es como una geoda, ruda y sobria exteriormente, aunque delicada y espléndida en su interior.  El maravilloso conjunto granadino permite muchos acercamientos temáticos. Vamos a destacar tres de índole arquitectónico-urbana y les dedicaremos sendos artículos. En este primero consideraremos el contexto. En uno segundo, abordaremos la propuesta espacial. Y, finalmente, en el tercero, atenderemos a los maravillosos revestimientos internos de sus muros.
La Alhambra no puede entenderse sin su contexto. La imponente acrópolis que preside Granada se configuró en una época muy concreta con una relación muy directa con la ciudad y el paisaje circundante. Su arquitectura es inseparable del lugar en el que se asienta, comenzando por su posición estratégica, que determinó su misión como centro de poder en un reino que dominaría el sur de la península ibérica durante varios siglos; siguiendo por la particular topografía de la zona, su clima, orientación, o directrices visuales; también por los recursos y materiales constructivos autóctonos; y, desde luego, por la especial antropización de la zona, determinada tanto por la urbanización islámica como por la estructura derivada de la disposición de acequias y aljibes.
Por estas razones, comenzaremos repasando las circunstancias históricas y políticas de la dinastía nazarí (el último rescoldo de Al-Andalus), el entorno natural (el paisaje de sierra y vega y la singular colina sobre la que se asienta la Alhambra) y el medio urbano (la Granada medieval). Estas bases resultan fundamentales para aproximarse a ese extraordinario conjunto militar y áulico.

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El carácter íntimo de los espacios de la Alhambra podría dar a entender que ese extraordinario conjunto arquitectónico se hubiera creado independientemente de su entorno y circunstancias. Nada más lejos de la realidad.
Primero porque la Alhambra es producto de una época, siendo representante de un estilo muy identificable (la arquitectura islámica en general e hispanomusulmana en particular). Por eso resulta fundamental conocer las condiciones históricas y políticas que acompañaron al reino nazarí, que fue el último estado musulmán de la península ibérica.
Pero también porque el complejo áulico está concebido respondiendo a muchas de las sugerencias recibidas tanto del entorno natural como urbano. Ese peculiar paisaje fronterizo entre los valles montañosos, caracterizados por una serie de colinas junto a los cauces de los ríos Darro y Genil, y la extensa vega de este último río, fue muy determinante para la configuración, tanto de la ciudad de Granada como de la propia Alhambra. Así, la topografía, (que genera un paisaje de “vertientes” como ha sido también definido), particularmente de la singular colina de la Sabica sobre la que se asienta la Alhambra; el clima, la orientación, o las directrices visuales; y también los recursos y materiales constructivos empleados, extraídos de la zona, expresan la evidente relación entre la Alhambra y su entorno natural.
No obstante, ese entorno se encuentra fuertemente antropizado. Desde luego por la urbanización, pero también por caminos y trazados de acequias y aljibes que estructuraron el paisaje. Por ello, es imprescindible considerar la propia ciudad de Granada, una medina medieval definida por la dinastía zirí y, sobre todo, por la nazarí, que se constituiría en el medio urbano en el que se desarrolló la Alhambra, y que justifica algunas de sus propuestas compositivas de volúmenes y espacios arquitectónicos, planteados en relación con el vecino casco urbano.
Todo ello conforma una base contextual fundamental para acercarse a la comprensión de un lugar tan complejo como es la Alhambra, el extraordinario conjunto militar y palaciego que se construiría principalmente entre los siglos XIII y XV.

Coordenadas históricas: Al-Andalus y el reino nazarí de Granada.
La desintegración del Califato de Córdoba, iniciada en el año 1009 con una auténtica guerra civil, iría dando origen a los conocidos como Primeros Reinos de Taifas, en un proceso que culminaría en 1031 con la destitución del último califa y la proclamación de la Taifa de Córdoba. Uno de esos reinos fue la Taifa de Granada, que sería gobernada por los ziríes, bereberes norteafricanos que habían acudido a la península como mercenarios de Almanzor y que aprovecharon la turbulenta situación para controlar, desde el año 1013, el territorio granadino (al que en 1057 anexionarían la Taifa de Málaga). El también denominado Reino (zirí) de Granada tendría su fin en 1090, con la llegada de los almorávides, que habían sido llamados en 1086 por el rey de la Taifa de Sevilla como ayuda en su lucha contra los cristianos. Los almorávides decidirían incorporar los territorios peninsulares musulmanes a su imperio, logrando reunificar Al-Andalus.
Evolución del territorio de Al-Andalus entre los Primeros Reinos de Taifas y el Reino nazarí de Granada.
Pero los nuevos gobernantes no fueron bien aceptados por la población andalusí, quienes se rebelaron tempranamente contra ellos (desde 1121). Además, los almorávides también tendrían problemas en su territorio original magrebí por la aparición de los almohades que se enfrentaría a ellos. Las luchas generarían una situación de debilidad fue aprovechada en Al-Andalus por los caciques locales que fueron proclamando su independencia, originando una nueva desmembración del territorio musulmán peninsular (los Segundos Reinos de Taifas). Pero esta desunión fue muy efímera porque los almohades atravesaron el estrecho en 1147 logrando hacerse con el control completo de Al-Andalus en 1172.
No obstante, tampoco los almohades permanecieron mucho tiempo en la península, porque a partir de la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, en la que los ejércitos cristianos vencieron a los musulmanes, su imperio comenzó un declive que sería irreversible. La decadencia afectaría tanto a sus dominios peninsulares, que se irían descomponiendo en una nueva serie de reinos autónomos (los Terceros Reinos de Taifas), como a su territorio africano que caería paulatinamente bajo el control de los benimerines (o mariníes), un nuevo pueblo bereber que crearía, desde 1268, un sultanato sobre buena parte del Magreb (dominando el norte de los actuales Marruecos, Argelia y Túnez).
Delimitación del Reino de Granada.
De las numerosas taifas surgidas en la península en esa tercera oleada, solamente una acabaría consolidándose, logrando convertirse en el Reino (nazarí) de Granada (el resto iría cayendo en poder de los reinos cristianos). Su origen se vincula a la figura de Muhammad ibn Yusuf ibn Nasr, quien daría nombre a la nueva dinastía nazarí. Muhammad, que gobernaría como Muhammad I (aunque también sería conocido como Alhamar), se convirtió en el líder de la Taifa de Arjona (municipio de la actual provincia de Jaén) y desde allí iniciaría una importante expansión territorial, que le enfrentaría tanto a cristianos como a musulmanes, luchando con sus propios correligionarios o contra los cristianos, pero también asociándose a unos o a otros, eventualmente. Esa lealtad variable, que le llevó a bascular, según conviniera, entre los tres poderosos reinos de Castilla, Aragón y Marruecos (los benimerines magrebíes), fue una seña de identidad de los gobernantes nazaríes, que les permitiría mantener un estado en difícil equilibrio durante dos siglos y medio. No obstante, fue crucial para la consolidación del reino de Granada el pacto firmado en 1246 con Fernando III, un acuerdo por el que el rey cristiano reconocía la independencia del nazarí, pero el monarca musulmán se convertía en vasallo de los reyes de Castilla, quedando sometido al pago anual de un fuerte tributo en oro. Así pues, el pago de tributos, la habilidad diplomática de los sultanes granadinos, la rivalidad castellano-aragonesa o las guerras civiles en el interior de Castilla, favorecerían la supervivencia del reino nazarí en un contexto hostil, logrando mantenerse hasta 1492.
La fecha de inicio del Reino nazarí de Granada se establece en el año 1238, cuando Muhammad I se convirtió en el primer sultán de la dinastía, designando a Granada como su nueva capital (había perdido sus territorios jienenses originarios en favor de los cristianos). La extensión de ese nuevo estado abarcaría la Andalucía montañosa, incluyendo aproximadamente los territorios de las actuales provincias de Granada, Málaga y Almería, parcialmente la de Cádiz, y la parte meridional de Jaén.
El reino de Granada se asentó sobre la Andalucía montañosa.
Muhammad I inició una dinastía que tuvo una veintena de sultanes, con una retorcida historia digna de los mejores guiones de series televisivas, en la que abundan más las intrigas y traiciones familiares que los periodos de tranquilidad. No obstante, la larga etapa de gobierno del fundador, que estuvo en el poder casi cuarenta años (hasta 1273), permitió asentar las bases del nuevo reino e iniciar la que sería su obra más excelsa: la Alhambra. Muhammad I escogió el extremo occidental de la cima de la colina de la Sabica (en donde ya había habido una fortaleza anteriormente) como lugar para instalar el centro político-militar del reino y la residencia del sultán. Con ese fin, edificaría la Alcazaba y comenzaría el resto de la muralla perimetral que acabaría delimitando el recinto de la actual Alhambra. Su hijo y sucesor Muhammad II continuó la tarea política y constructora de su padre durante su mandato, entre 1273 y 1302. Los dos primeros monarcas disfrutaron de largos periodos de mando que les permitieron consolidar el reino nazarí a lo largo del siglo XIII (y definir la Alhambra original), pero esta longevidad ya no sería habitual en el futuro.
El siglo XIV sería el periodo de apogeo del Reino de Granada. No obstante, la centuria comenzaría con turbulencias internas durante los reinados de Muhammad III (1302-1309), de Nasr (1309-1314), Ismail (1314-1325) y Muhammad IV (1325-1333). Aunque con Ismail comenzaría la prosperidad del reino, no sería hasta la llegada al sultanato de Yusuf I (1333-1354), terciado el siglo, cuando se lograrían pacificar los diversos conflictos. Yusuf I, apodado el Sabio, gobernaría durante dos décadas de relativa paz, siendo un reconocido defensor de las artes y, como tal, uno de los principales artífices de la Alhambra que conocemos hoy. Bajo su reinado se construirían, por ejemplo, la Puerta de la Justicia o el palacio de Comares con su salón del Trono (o de Embajadores).
Pero los últimos años de Yusuf I quedarían marcados por una epidemia de peste negra que generaría una crisis económica y organizativa que provocó un gran malestar social y desórdenes variados. La delicada situación sería heredada por su hijo Muhammad V, que se vería destronado temporalmente por las intrigas palaciegas (aunque acabaría recuperando el poder, y por eso reinaría en dos periodos diferentes). La primera etapa del sultán Muhammad V transcurriría entre 1354 y 1359, siendo sucedido violentamente por los breves reinados de Ismail II (1359-1360) y Muhammad VI (1360-1362), quien había asesinado al anterior y tampoco tuvo buen fin. Con la ayuda del rey Pedro I de Castilla, Muhammad V recuperó el poder y comenzó su segundo periodo de gobierno ese año 1362 prolongándose durante casi treinta años, hasta 1391. Por fin se consiguió un largo periodo de paz que llevaría al esplendor máximo al reino nazarí. La Alhambra sería la muestra, particularmente con la construcción del Patio de los Leones y sus salas adjuntas de los Mocárabes, de los Reyes, de Dos Hermanas y de los Abencerrajes. Yusuf I y Muhammad V serían los grandes constructores de los palacios nazarís que disfrutamos actualmente porque, durante el siglo siguiente, sus sucesores estuvieron enfrascados en luchas internas y las artes pasaron a segundo plano.
Tras Muhammad V volverían las revueltas con el breve reinado de su hijo Yusuf II (1391-1392), que fue envenenado y a quien sucedió el nieto del gran sultán, Muhammad VII (1392-1408). Este logró firmar una tregua con Castilla y Fez, que sería continuada por su hermano y sucesor, el pacífico rey Yusuf III (1408-1417). Pero tras este sultán se rompieron las hostilidades y durante el resto del siglo XV, Granada fue golpeada por una sucesión de guerras civiles que debilitarían al reino y acabarían favoreciendo la reconquista cristiana.
Todo comenzó con las maquinaciones contra el sultán legítimo Muhammad VIII, hijo de Yusuf III (que reinaría en dos etapas 1417-1419 y 1427-1429). El promotor de los complots sería Muhammad IX “el Zurdo”, apoyado por la familia conocida como los Abencerrajes, llegando a ostentar el poder en cuatro momentos diferentes, un hecho insólito en la historia del reino. Su primer periodo duraría entre 1419 y 1427, fecha en la que Muhammad VIII recuperó su trono, aunque lo volvería a perder tras dos años al ser decapitado. El confabulador Muhammad IX volvió al poder, aunque por poco tiempo (1429-1431) ya que los legitimistas, con el apoyo del Juan II de Castilla, llevaron al gobierno a Yusuf IV. Pero el nuevo monarca fue muy breve (1431-1432) porque sería asesinado por orden de Muhammad IX, quien entonces recuperó el trono, iniciando su tercera etapa (1432-1445). Nuevamente sería depuesto, en este caso por su sobrino Muhammad X, quien ese mismo año fue sustituido por Yusuf V, elevado al trono por los abencerrajes. El nuevo monarca solo pudo reinar entre 1445 y 1446, ya que Muhammad X reconquistó el sultanato brevemente, entre 1446 y 1448, fecha en la que sería asesinado. Nuevamente apareció en escena el incombustible Muhammad IX, que volvería al trono por cuarta y última vez, manteniéndose en él hasta 1453. Finalmente, en ese año, Muhammad IX fue obligado a abdicar y sería ejecutado.
Comenzó entonces una disputa entre Muhammad XI y el príncipe Saad (Muley Zaid o Ciriza) quienes se alternarían violentamente en el poder entre 1453 y 1454. Desde esta fecha, y tras la muerte del primero, Saad gobernaría hasta 1464, aunque, en 1462 sucedió una convulsión que permitió recuperar el poder a Yusuf V durante unos meses. Afortunadamente para Saad, volvería al poder hasta su muerte, sucediéndole su hijo Abu-l-Hassan Alí (Muley Hacén) quien sería el sultán entre 1464 y 1482.
Proceso de la reconquista cristiana del Reino de Granada.
Pero el reino de Granada, se encontraba muy debilitado por ese estado de permanente guerra civil, y sus enemigos exteriores (los cristianos) acechaban para proponer el ataque definitivo. Así, Muley Hacén, además de intentar sofocar los levantamientos internos, tuvo que enfrentarse a los Reyes Católicos, que habían unido las coronas de Castilla y Aragón, y se habían fijado la misión de terminar la reconquista cristiana de la península, para lo cual consiguieron del Papa la declaración de una Cruzada específica contra Granada. Los conflictos internos (y especialmente familiares) provocaron, en 1482, la proclamación del hijo de Muley Hacén, Muhammad XII (Boabdil), como nuevo sultán. La existencia de dos sultanes hizo estallar una nueva guerra civil entre los partidarios de ambos reyes, padre e hijo. En el conflicto entraría también el hermano de Muley Hacén, Abu Abd Allah “el Zagal” que sería proclamado sultán Muhammad XIII en 1485 (tras la muerte de su hermano) manteniendo la disputa hasta 1489. Finalmente, en 1489, Boabdil quedaría como único sultán, pero sería el último del reino nazarí.
En ese proceso de autodestrucción, el reino nazarí iría perdiendo gradualmente territorios en favor de los reinos cristianos, hasta quedarse solamente circunscrito a la propia capital y su entorno más próximo. En 1492, Boabdil, rendiría la ciudad de Granada, que era lo único que conservaba, ante los Reyes Católicos, desapareciendo el último resto de Al-Andalus. Entonces comenzaría una nueva historia para España, la nación que emergía de la fusión de Castilla y Aragón, que se configuraría definitivamente con el final de la reconquista (1492) y la incorporación de Navarra (1512).

Entorno Natural: El paisaje circundante de la Alhambra.
En el sur de la Península Ibérica, entre las cordilleras Subbética y Penibética se produce una depresión geográfica (el Surco Intrabético) que facilitó históricamente las comunicaciones entre el valle del Guadalquivir y el Levante (en la zona de Almería), es decir, entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo.
En esa ruta natural sobresale, integrada en el meridional sistema Penibético, la Sierra Nevada como gran referencia. En este macizo montañoso se encuentran las fuentes del rio Genil (situadas bajo los picos Veleta y Mulhacén, los dos más elevados del sistema). El río Genil, que es el segundo más largo de Andalucía, discurre de este a oeste creando una amplia vega de gran fertilidad que se convirtió en la ruta hacia el Guadalquivir, río que recibe las aguas del Genil a la altura de Palma del Río. Por el este, más allá de las perturbaciones ocasionadas por la Sierra Nevada, la ruta sigue el lecho (casi siempre seco) del rio Renacimiento y de su receptor, el río Andarax, que desagua en el Mediterráneo junto al núcleo urbano de Almería.
Curso superior del río Genil, con indicación de su cuenca. El río nace en Sierra Nevada y se dirige hacia el oeste para desembocar en el Guadalquivir. Granada se sitúa entre su primer tramo montañoso y el comienzo de la vega.
La ciudad de Granada nació en el centro de esa ruta, sobre las últimas estribaciones occidentales de la Sierra, junto al punto en el que el río Darro vierte sus aguas en el Genil. El paisaje circundante reúne el llano de la vega y las ondulaciones serranas. La ciudad, como era habitual en aquellos tiempos ancestrales, se ubicaría en las partes altas de las colinas, protegida por las alturas y con capacidad de control sobre la vega.
En esa zona, los ríos Darro y Genil, que transportan las aguas del deshielo de Sierra Nevada, excavan tajos profundos sobre la sierra generando un paisaje natural caracterizado por diferentes colinas que conjugan laderas suaves con otras más escarpadas. El agua, también presente en cauces subterráneos, alimenta la fertilidad de la vega granadina, responsable en buena parte de la prosperidad de la región. Este paisaje, ya de por sí muy condicionado por el agua “natural”, tanto en su papel de “escultora” como de recurso, vio incrementada su relación acuática gracias a la aparición de acequias que reestructuraron el territorio, tanto para abastecer al núcleo urbano como a los numerosos huertos y jardines existentes.
Topografía de Granada con indicación de sus principales colinas.
El Darro será el río protagonista del primer núcleo urbano. Al final del valle, casi en su desembocadura en el Genil, surgen en sus márgenes varias colinas que configurarán la orografía granadina. Las primeras, que enmarcan el comienzo del fin del valle montañoso, son, en la orilla derecha, el Cerro de San Miguel (857 metros de altura) y, en la izquierda, el Cerro del Sol (905 metros). Desde ellas, el paso del Darro se ve escoltado por otras protuberancias más o menos autónomas, de menor altitud, que alcanzarían gran significación urbana. Por ejemplo, por la derecha destaca la colina de la Alcazaba Qadima (vieja), que con su cumbre aplanada a 772 metros de altitud ofreció una meseta ideal para el primer núcleo de la ciudad. Desde esta planicie, las laderas meridionales descienden suavemente hacia el Darro y serían el soporte de los primeros crecimientos urbanos, mientras que las septentrionales son más acusadas. Al norte de este monte emerge, separado por una vaguada (aproximadamente la actual Cuesta de la Alhacaba), el Cerro de San Cristóbal (771 metros), en el que se asentaría el barrio del Albaicín que acabaría por dar nombre a toda la zona. En la margen derecha del Darro, sobresale la colina de la Sabica (793 metros) que presenta un abrupto corte hacia el rio y menos escarpado hacia el sur, donde la Vaguada de la Sabica la separa de la colina del Mauror (760 metros). La cima de la Sabica, una estrecha y alargada plataforma orientada este-oeste será la base de la Alhambra, mientras que en la cumbre del Mauror se alzan las Torres Bermejas.
En la colina de la Sabica se ubicaría la Alhambra. Esta colina se despega del resto al estar bordeada por profundas vaguadas, tanto del río Darro como de los barrancos laterales. Ese carácter exento (que en la actualidad se ha desnaturalizado por las proliferaciones boscosas que la envuelven) determinó las relaciones de la Alhambra con su paisaje y con la ciudad, relaciones que han sido expuestas con brillantez por Pedro Salmerón Escobar en su libro “La Alhambra. Estructura y Paisaje (Ed. Caja de Granada/Ayuntamiento de Granada. Granada, 2000)
Granada desde la Alhambra (Oratorio del Mexuar).
Aquella Granada islámica era la ciudad gobernada desde la Alhambra y constituía el fondo visual de las ventanas abiertas en los muros de las torres de la fortaleza. Desde la Alhambra se apreciaba lo subordinado, como si de un mítico Walhalla se tratara, desde el que los dioses observaran los avatares cotidianos de los humanos. Pero, a su vez, era la Alhambra el fondo de paisaje para la ciudad, una acrópolis respetada y temida, pero también una escenografía lejana que daba sentido al acontecer de la ciudad. Las palabras de Pedro Salmerón Escobar en el libro citado anteriormente expresan la complejidad de la relación: “Las vistas de vértigo se suceden hacia y desde la ciudad, donde la cápsula cerrada que es la Alhambra se abre con mayor esplendor en un diálogo de amor y distanciamiento puesto muchas veces de manifiesto en la historia de Granada. No estamos solamente ante una imagen poética sino ante un medio potente de autoafirmación porque la Alhambra no se ve nunca como punto de referencia sino como trazo que marca de manera indeleble las relaciones con la ciudad y el paisaje siendo paisaje en sí misma. No es un castillo en el vértice de un cono, a modo de atalaya, sino la escena de un teatro clásico que dialoga con la ciudad” (pág. 20)
Pero las relaciones con el entorno no acaban allí. La Alhambra tiene una implicación directa con los materiales del entorno. De hecho, su nombre procede de “al-Qal'a al-hamra”, es decir “fortaleza roja”, que ha quedado reducido a la referencia colorista. La Alhambra es "la Roja", porque de ese color es el aglomerado que compone la colina y que sirvió como material para la construcción del conjunto arquitectónico.
La Alhambra se construyó con los materiales de la zona. A la izquierda cantera y a la derecha detalle del aglomerado que forma la colina de la Sabica sobre la que se asentó el conjunto palatino.
No obstante, poco queda de natural en el paisaje granadino. La antropización, más allá de lo propiamente urbanizado, es generalizada, sea en huertas, jardines o superficies boscosas como las de la ladera sur de la Alhambra, o en el sistema de acequias que reconstituyen el entorno. La acción humana ha remodelado el paisaje, pero esto no ha impedido que la orografía natural o la rectificada determinara la forma de la ciudad y las relaciones entre sus partes, tanto respecto a su conexión física como visual.

Entorno urbano: Apunte sobre la evolución de la Granada medieval.
La Granada iberorromana.
La relevancia del Surco Intrabético como canal de comunicación y, dentro de él, el valor estratégico de las colinas que marcan el final de las estribaciones occidentales de Sierra Nevada junto a la fértil vega del río Genil, fue apreciada desde tiempos muy remotos. Por eso, el primer asentamiento se remonta al siglo VII a.C. y fue obra de los íberos. El denominado Iliberri se ubicó en la cima plana de la colina donde, con el tiempo, se ubicaría la Alcazaba Qadima musulmana (aproximadamente en el área comprendida entre las actuales iglesias de San Nicolás y San Miguel Bajo).
Cuando los romanos ocuparon la región no plantearon la fundación de una nueva colonia, sino que aprovecharon el núcleo íbero, adaptándolo a las necesidades funcionales y representativas del Imperio. Con el impulso de la romanización y sus favorables condiciones, la ciudad iría prosperando, siendo conocida como Municipium Florentinum Iliberritanum. No obstante, se vería afectada por la crisis generalizada derivada de los problemas que tuvo el Imperio a partir del siglo III.
Esto alimenta una cierta polémica sobre los orígenes granadinos, ya que a partir de entonces aparecen dos Iliberri, la iberorromana y la cercana ciudad califal de Elvira, situada en la falda de la actual sierra de Elvira, al oeste del núcleo primitivo (Elvira acabaría desapareciendo y sobre su solar se están realizando excavaciones arqueológicas que irán aportando luz a los investigadores). La toponimia aumenta la confusión ya que Elvira también derivaría de Iliberri. Surgen dudas entre los dos núcleos, por ejemplo, respecto al lugar de celebración del documentado Concilio de Elvira del año 302, del que no se sabe a ciencia cierta si se produjo en la Iliberri del Albaicín o la Iliberri de la Sierra Elvira; o, sobre en cuál de las dos estuvo la sede episcopal que los visigodos concedieron. Parece que la población de la colina inicial debió abandonar en algún momento el asentamiento iberorromano para dirigirse a la vecina Elvira, que sería la capital de la región con los Omeyas, o que, si no quedó vacía totalmente, la Iliberri original sufrió una caída demográfica muy severa. El debate abierto sobre la continuidad urbana no pone de acuerdo a los historiadores.
En aquella época se iría consolidando un nuevo asentamiento autónomo, en la margen izquierda del río Darro, junto a la colina de Mauror, que sería ocupado por judíos (la Garnata Al-Yahud, Granada de los judíos, como la conocerían los musulmanes).
En cualquier caso, la Elvira califal resultaría finalmente abandonada en la época de los ziríes, que trasladarían la capital a la colina junto al río Darro, mucho más fácil de defender.

La Granada Zirí.
La polémica tiene que ver más con la curiosidad histórica que con la realidad urbana ya que puede afirmarse que la auténtica Granada nacería con la llegada de los ziríes. Esta dinastía que gobernó la primera Taifa granadina del siglo XI, conocida como el Reino Zirí de Granada, eligió a la antigua Iliberri como capital y construyeron en ella su fortaleza-palacio de gobierno (la Alcazaba Qadima, alcazaba vieja). La decisión conllevó igualmente la creación de una nueva ciudad islámica sobre las ruinas de aquel asentamiento iberorromano.
Primer recinto amurallado de Granada (la Alcazaba Cadima). Esquema realizado por Jesús Joaquín Carrera Martínez
Así, la rebautizada como Medinat al Garnata (Ciudad de Granada) fue fuertemente protegida por una muralla perimetral que coincidía aproximadamente con la meseta de la cima de la colina. En una fecha imprecisa también se levantaron castillos periféricos para la protección del núcleo principal, concretamente sobre el extremo occidental de la colina de la Sabica (Hisn al Hamra, futura base de la Alcazaba de la Alhambra) y sobre la cima de la colina contigua de Mauror (Hisn Mawror).
La nueva y próspera capital atraería población que iría asentándose por la ladera meridional de la colina que se inclinaba suavemente hacia el río Darro. Esa extensión de la ciudad obligaría a replantear sus defensas, levantándose la segunda muralla granadina. Este muro compartía el lienzo norte con la anterior e incrementaba el recinto por el sur, recogiendo los arrabales surgidos y dando el salto a la otra vera del río Darro (donde se encontraba el barrio judío). El nuevo muro integró como parte del mismo a los castillos Hisn al Hamra e Hizn Mawror. Ambos acabarían arruinados por las luchas del siglo XII (aunque del segundo se conservan las Torres Bermejas, tres torres que enmarcaron una puerta de acceso a la ciudad).
Ampliación zirí de Granada. Esquema realizado por Jesús Joaquín Carrera Martínez
El siglo XII fue turbulento para Al-Andalus porque a las luchas internas entre facciones musulmanas se les sumaría el avance de la “reconquista” cristiana. Los almorávides tomaron el poder deponiendo a los diferentes reyes de taifas (en Granada caerían los ziríes) y ellos mismos acabarían siendo derrotados por los almohades. En paralelo, los reinos de Castilla, Aragón y Portugal avanzaron considerablemente hacia el sur. Con ello se dio inicio a un importante movimiento migratorio de los musulmanes que huían de los territorios conquistados por los cristianos. Varias ciudades de Al-Andalus, entre ellas Granada, verían crecer rápidamente su población al acoger a los refugiados (esto sería todavía más significativo para la ciudad durante el periodo nazarí).

La Granada Nazarí.
El año 1238 será trascendental para Granada. En esa fecha se funda el Reino Nazarí dentro del Tercer Periodo de Taifas, siendo el único estado que lograría sobrevivir al empuje reconquistador cristiano. Esta circunstancia beneficiaría enormemente a Granada. Desde luego, el hecho de ser la capital de un territorio extenso le proporcionaba nuevas funciones, además de potenciar otras con las que ya contaba y de disponer de mayores recursos y mercados. Granada se convirtió en un espacio productivo y comercial de primer orden. También contribuyó a la prosperidad de la ciudad, el hecho de que la población que huía de los cristianos ya no tuviera otro lugar adonde ir, dirigiéndose a Granada. Esa importante inmigración impulsó el crecimiento urbano, dando origen a diversos arrabales extramuros que extenderían considerablemente la ciudad antigua. Se ha calculado que la Granada nazarí pudo alcanzar los 65.000 habitantes, cifra que la situaba entre las más pobladas de la península (y también de aquella Europa medieval)
Último recinto amurallado de Granada. Esquema realizado por Jesús Joaquín Carrera Martínez
La ciudad iría ampliando sus murallas para acoger esos arrabales. Por el norte, sobre la ladera del Cerro de San Cristóbal, se desarrollaría el populoso barrio del Albaicín. Con ese nombre se designó inicialmente a ese crecimiento extramuros septentrional (que, como se ha comentado, estaba separado de la colina de la Alcazaba Cadima por una vaguada, la actual Cuesta de la Alhacaba). La denominación Albaicín acabaría dando nombre a toda la zona (incluyendo la ciudad antigua).
Por el este, se integraría definitivamente en la ciudad la Alhambra, que se había convertido en el centro de gobierno nazarí. Los dos primeros sultanes definieron su delimitación que englobaba dos recintos diferenciados: la Alcazaba, la fortaleza militar, y la Medina en la que se ubicaban los palacios de los reyes, la mezquita real, los baños o distintos palacios de las familias notables.
Por el sureste, la muralla recogería el barrio que, desde la llegada de los cristianos, sería conocido como el Realejo y que integraba tanto la colina de Mauror (con sus Torres Bermejas) y el barrio judío, como la parte llana del barrio de los alfareros (al-Fajarin).
La UNESCO inscribiría en 1984 a la Alhambra (y al Generalife) como Patrimonio de la Humanidad. En 1994 se amplió esta consideración al barrio del Albaicín.
Granada con sus diferentes recintos amurallados (Luis Seco de Lucena, 1910)

La Granada cristiana.
Con la conquista de Granada por el reino de Castilla, la ciudad inicia otra historia. La reconversión de una urbe musulmana en otra cristiana marcaría un rumbo nuevo para Granada, manifestado en cuestiones diversas. Por supuesto, comenzando por los usos y costumbres cristianas o por la reorganización administrativa y religiosa en parroquias. La arquitectura intentaría dar testimonio de ese intento de liquidación del pasado islámico con, por ejemplo, la aparición de iglesias y conventos en lugar de las mezquitas (y muy significativamente la construcción de la Catedral sobre el solar de la Mequita Mayor) o la instalación de nuevos edificios civiles de gran repercusión urbana (la Chancillería, el Hospital Real, etc.). Por el contrario, el trazado urbano no sufriría una transformación radical dadas las grandes dificultades existentes (topográficas, por ejemplo) y, aunque se hicieron rectificaciones viarias y ampliaciones de algunas calles, en lo esencial, la ciudad mantendría la estructura islámica.
En cualquier caso, la expresión más radical de la nueva situación afectó a la sociedad y a la economía, porque la expulsión de los judíos en 1492 y, sobre todo, la de los moriscos en 1571, dejaría la población diezmada y la ciudad tardaría mucho tiempo en recuperar sus umbrales demográficos. Y no solo eso, porque esos destierros truncarían la base económica de la ciudad y la arrastrarían a una larga etapa de decadencia.

Aunque el emperador Carlos V (Carlos I de España) pensó en Granada como una sede de la Corte y llegó a construirse un Palacio para tal fin en el corazón de la Alhambra, esa idea no se vería finalmente confirmada. Con todo, Granada dejaría de ser la esplendorosa capital de un reino para convertirse en una ciudad secundaria en la evolución del Reino de España.
Principales intervenciones de la Granada Cristiana entre 1492 y 1800.

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