25 mar. 2017

Mannheim y Karlsruhe: dos joyas del urbanismo ilustrado germánico.

A la izquierda esquema de la mitad occidental de Karlsruhe (la “ciudad abanico”) y a la derecha, mitad oriental de Mannheim (la “ciudad cuadrada" o la "ciudad herradura”).
Mannheim y Karlsruhe son dos ciudades alemanas vecinas situadas junto al rio Rin. Les une, por tanto, la geografía y la historia. Ambas tuvieron el privilegio de liderar sus respectivos territorios. Incluso, actualmente, tienen tamaños parecidos (en torno a trescientos mil habitantes).
Es mucho lo que comparten, pero también presentan grandes diferencias. Primero porque Mannheim es una ciudad antigua que no prosperó hasta el principio de la Ilustración, cuando fue reestructurada; mientras que Karlsruhe sería una ciudad de nueva planta, creada en ese mismo tiempo. También divergen por su opuesta (y sorprendente) configuración geométrica, que va del cuadrado al círculo y viceversa. El centro histórico de Mannheim es una cuadrícula que adaptó parcialmente sus bordes a un límite circular, aportándole su característica planta de “herradura”. En cambio, Karlsruhe se concibió como un trazado radial, justificando la asociación visual de su casco urbano original con un “abanico”, aunque paradójicamente se extendería como una ciudad ortogonal.
Mannheim y Karlsruhe fueron dos pequeñas capitales de dos pequeños estados alemanes integrados en el Sacro Imperio Romano Germánico (Palatinado y Baden), y buscaron afanosamente representar su rango. El siglo XVIII les proporcionaría la oportunidad y entonces emergieron como dos de las joyas del urbanismo germánico.

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Pequeñas capitales para pequeños estados (el ámbito germánico en la Europa del siglo XVIII)
En la Europa del siglo XVIII, el ámbito germánico, era un conglomerado de numerosos estados, muy celosos de su autonomía, aunque, nominalmente, estuvieran integrados en el Sacro Imperio Romano Germánico. Esa fragmentación había potenciado un sentido de la individualidad que se había visto reforzado tras la reforma luterana que cuestionó el papel de la Iglesia romana y que fue abrazada mayoritariamente en esas regiones.
Tras las convulsiones de la centuria anterior, la relativa paz obtenida con el final de las guerras religiosas y la contención de la amenaza turca proporcionaría confianza a los alemanes durante el periodo ilustrado. Con esas bases, su cultura viviría una época de gran brillantez, caracterizada por la libertad de pensamiento y de acción.
En ese despertar cultural y político, los príncipes de los pequeños estados admiraban el modelo absolutista de Luis XIV de Francia y envidiaban a las grandes capitales europeas con sus sofisticadas Cortes. Una de las grandes aspiraciones de esos monarcas era acercarse a ellas, para lo cual necesitaban dotar de monumentalidad y representatividad a sus ciudades principales. La arquitectura y el urbanismo fueron poderosos instrumentos para alcanzar esos objetivos, gracias a la construcción de grandes palacios (y museos, teatros, jardines, universidades, iglesias, etc.) o a la reforma y ampliación de las ciudades.
Las operaciones urbanísticas más relevantes en el ámbito germánico del siglo ilustrado serán, precisamente, las vinculadas con la ordenación de esas pequeñas capitales de los estados principescos; bien a través de profundas reestructuraciones de lo existente, o bien mediante fundaciones ex novo. Además, el siglo XVIII asistió a la transición del barroco al neoclasicismo pasando de la riqueza expresiva a la sistematización tipológica ofreciendo una mezcla muy particular.
En ese contexto histórico (el siglo ilustrado) y geográfico (concretado en las regiones del curso superior y medio del rio Rin), destacarían dos pequeñas ciudades. Son dos ciudades vecinas (están separadas por apenas 50 kilómetros) y ambas tuvieron el privilegio de liderar sus respectivos territorios históricos (Palatinado y Baden), gracias a lo cual recibieron los elementos característicos de las ciudades capitales. Son Mannheim y Karlsruhe. Las dos buscaron afanosamente representar su rango y el siglo XVIII les proporcionaría la oportunidad. Entonces emergieron como dos de las joyas del urbanismo germánico.
El rio Neckar en su encuentro con el Rin es el entorno de Mannheim, Karlsruhe y Stuttgart, la actual capital del estado de Baden-Wüttemberg.
Es mucho lo que comparten Mannheim y Karlsruhe, pero también presentan grandes diferencias. Primero porque la primera es una ciudad antigua que no prosperó hasta el principio de la Ilustración, cuando fue reestructurada; mientras que Karlsruhe sería una ciudad de nueva planta, creada en ese mismo tiempo. También divergen por su opuesta (y sorprendente) configuración geométrica, que va del cuadrado al círculo y viceversa. El centro histórico de Mannheim es una cuadrícula que adaptó parcialmente sus bordes a un límite circular, cuestión que le aportaría su característica planta de “herradura”. En cambio, Karlsruhe se concibió como un trazado radial, recordando a un sol resplandeciente y justificando la asociación visual de su casco urbano con un “abanico”, aunque paradójicamente se extendería como una ciudad ortogonal.
Antes de aproximarnos a las dos ciudades, lo haremos con el contexto histórico y geográfico, clave para entender sus propuestas urbanas.

El conglomerado territorial del Sacro Imperio Romano Germánico.
Con la división tripartita del Imperio Carolingio en el año 843, los francos del este pasaron a estar gobernados por Luis el Germánico, nieto de Carlomagno. Esa Francia Orientalis sería el embrión del futuro Sacro Imperio Romano Germánico, constituido en el año 962 con la coronación como emperador de Otón I. No obstante, el imperio era en realidad un conglomerado de más de trescientos dominios feudales autónomos. Entre estos, los señores de los territorios más poderosos se distinguían como “Príncipes Electores”, lo que les otorgaba la capacidad de elegir entre ellos al emperador cuando era necesario (inicialmente fueron siete Electores y al final del imperio llegarían a ser nueve). El objetivo del sistema era evitar la transmisión hereditaria del cargo, aunque era más honorífico que efectivo. Esto fue así porque cada uno de los pequeños estados constituyentes defendería su libertad de gobierno dentro de su territorio, cuestión que impediría la creación de instituciones imperiales comunes que aunaran los intereses de los miembros.
Ese heterogéneo imperio desaparecería formalmente en 1806 cuando fue derrotado por Napoleón Bonaparte, dando origen a una redistribución de los estados (hubo fusiones, anexiones y desapariciones, reduciéndose considerablemente su número). Napoleón crearía la Confederación del Rin con los estados sometidos, y en paralelo, enfrentadas al emperador francés, emergieron Austria y Prusia como potencias germánicas. Pero esta situación sería efímera porque tras la caída de Bonaparte, el Congreso de Viena instituyó, en 1813, la Confederación Germánica, agrupando treinta y nueve estados alemanes, incluyendo parte de Prusia y Austria, todos ellos bajo la presidencia de ésta última. Tras medio siglo de difícil convivencia, en 1866, la tensión entre las dos potencias principales haría estallar la guerra austro-prusiana, que pondría fin a la confederación. Pocos años después, en 1870, Prusia lideraría la unificación del ámbito germánico para constituir el Imperio Alemán (dejando fuera a Austria, su gran rival).
Mapa de la Confederación Germánica en 1815. El Congreso de Viena definió sus límites tras la caída definitiva de Napoleón Bonaparte.
El Palatinado y Baden.
Uno de los pequeños territorios autónomos que integraron el Sacro Imperio Romano Germánico era el Condado Palatino, creado hacia el siglo X en la región del curso medio del rio Rin. El condado se encontraba entre los más poderosos e influyentes, como demuestra el hecho de su participación, desde los orígenes, en la elección imperial (de hecho, desde 1356, sería conocido como Electorado del Palatinado). Dentro del complejo conglomerado germánico, el Palatinado era todavía más complicado ya que integraba diversos territorios separados. En primer lugar, estaba dividido en dos zonas alejadas entre sí: el Bajo Palatinado, que ocupaba ambas riberas del rio Rin entre dos de sus principales afluentes, el rio Meno (Main) y el rio Neckar, y cuyo paisaje suele ser comparado con la Toscana italiana; y por otra, el Alto Palatinado, situado en la parte oriental de Baviera, haciendo frontera con la actual República Checa, y que es un territorio montañoso. Además, en el Bajo Palatinado, la fragmentación llegaba a su máxima expresión, al estar constituido por un rosario de territorios discontinuos [en la Alemania actual, el Bajo Palatinado histórico se encuentra repartido entre los estados de Renania-Palatinado y Baden-Wüttemberg; mientras que el Alto Palatinado forma parte del estado de Baviera].
El Bajo Palatinado esta una sucesión discontinua de territorios a ambos lados del Rin. La ciudad de Mannheim es el número 2 y el 3 corresponde con Heidelberg.
Su capital inicial fue Heidelberg hasta que, a partir de 1720, el privilegio recayó en Mannheim. El Palatinado sería independiente hasta 1803 cuando fue repartido entre otros estados como consecuencia de las guerras revolucionarias francesas. Los territorios del Bajo Palatinado situados en la ribera oriental del rio Rin serían incorporados al Margraviato de Baden (incluyendo Heidelberg y Mannheim, que perdería su estatus de capital).
Precisamente, el Margraviato de Baden fue otro de los estados germánicos imperiales. Su territorio se encontraba en la ribera oriental del curso superior del rio Rin, y también tuvo discontinuidades territoriales que aparecían como salpicaduras desde Basilea en el sur (que ejerció durante un tiempo como residencia estival del margrave) hasta el área septentrional donde se encontraba Baden, la capital. El margraviato había sido constituido a finales del siglo XI, pero en 1535 fue segregado entre dos hermanos, dando origen a los margraviatos de Baden-Baden (católico y con capital en Baden, la capital histórica que hoy es conocida como Baden-Baden) y Baden-Dürlach (protestante y cuya ciudad principal sería Pforzheim, aunque en 1565 el privilegio pasó a Dürlach, hoy convertida en barrio de Karlsruhe). Karlsruhe sería fundada en 1715 y se convertiría en residencia del margrave, ostentando la capitalidad desde entonces.
A la izquierda, el conglomerado de estados del Sacro Imperio Romano Germánico en el siglo XVIII, en la zona del rio Rin. A la derecha, la misma región en el siglo XIX, cuando se constituyó el Gran Ducado de Baden.
La separación en dos se prolongaría hasta 1771, fecha en la que la muerte sin herederos del margrave de Baden-Baden permitiría al de Baden-Dürlach restituir la demarcación y el nombre del territorio histórico. En 1803, fue elevado a la dignidad de Electorado de Baden y en 1806 a Gran Ducado de Baden, ampliando sus dominios y consiguiendo agrupar su jurisdicción en la margen derecha del Rin Superior. El Gran Ducado sería una monarquía independiente que acabaría integrada en el Imperio alemán y sobreviviría como tal hasta 1918, fecha en la que abdicó el último gran duque. Entonces Baden se transformaría en una república dentro del Imperio alemán [actualmente estos territorios forman parte de Baden-Württemberg, otro de los dieciséis estados federados de Alemania, que tiene como capital la ciudad de Stuttgart].

El centro histórico de Mannheim, una cuadrícula con bordes circulares.
Mannheim, la ciudad reestructurada (del cuadrado al círculo).
En el siglo XVIII, Mannheim ya era antigua. Sus primeras noticias datan del año 766, y reseñan una aldea que había sido fundada en el punto donde el río Neckar desemboca en el Rin. Aunque el lugar ofrecía una buena posición estratégica, esta no fue aprovechada durante casi la totalidad del milenio posterior. El modesto asentamiento no tendría prácticamente evolución, entre otras razones, por los problemas que generaban los constantes desbordamientos fluviales.
La situación comenzaría a cambiar a principios el siglo XVII, cuando el rio Rin se convirtió en una frontera internacional que separaba el Reino de Francia (en la ribera occidental), del Sacro Imperio Romano Germánico (ribera oriental). Esa circunstancia llevó al Elector del Palatinado, Federico IV, a tomar la decisión de potenciar aquel pequeño núcleo, construyendo una fortaleza. Una nueva Mannheim emergería entonces, propiciando una “refundación” de la ciudad.
Corría el año 1606 cuando se levantó la ciudadela de Friedrichsburg. Diseñada por el arquitecto holandés Bartel Janson, tuvo una formalización típicamente renacentista, configurándose como una estrella de siete puntas. Complementariamente, se reestructuró la vieja aldea que renacería como una ciudad nueva, basada en una rígida trama ortogonal envuelta por un decágono regular. La ubicación de ambas fue intencionada, porque la ciudadela se dispuso en la dirección de los previsibles ataques, que podrían venir del Rin (o sea, de Francia); mientras que la ciudad se orientó hacia el rio Neckar, detrás de la ciudadela y protegida por ella.
La remodelación de Mannheim planteó una ciudadela y un nuevo asentamiento con un trazado de rigurosa geometría muy en la línea del gusto renacentista (a la izquierda esquema y a la derecha, plano de 1663)
El ambiente bélico del siglo XVII afectaría mucho a Mannheim y su entorno. La Guerra de los Treinta Años (1618 y 1648) fue traumática para la ciudad, que en 1622 fue ocupada y devastada. Tras la Paz de Westfalia, el Palatinado fue recuperado para el Imperio y se procedería a la reconstrucción de Mannheim. Pero otro conflicto entre Francia y los Habsburgo tendría lugar en la región entre 1688 y 1697 (la llamada Guerra de los Nueve Años o Guerra del Palatinado) y la ciudad sufriría nuevamente las consecuencias. Tras el Tratado de Ryswick de 1697, se acometió otra reconstrucción, fusionando el espacio ciudadano con el de la ciudadela militar, dentro de una fortificación renovada.
Mannheim, tras la fusión de ciudadela y ciudad y la construcción del Palacio (plano de 1771).
El gran momento de Mannheim llegaría en 1720, cuando fue elegida como nueva capital del Palatinado, en detrimento de Heidelberg. Entonces el castillo, que todavía mostraba las consecuencias de las guerras del siglo anterior, sería demolido y su lugar sería ocupado por un monumental palacio, cuya construcción se prolongó hasta 1760. El gran palacio barroco (Schloss Mannheim, uno de los más grandes de Europa) sería la residencia oficial del Elector.
El gran palacio de Mannheim.
Ciertamente, la reestructuración de la aldea original en 1606 supuso una fundación efectiva (y como tal, es rememorada por la ciudad). La nueva Mannheim sería una de las primeras muestras de trazado reticular renacentista en el ámbito germánico, hecho que la llevaría a ser conocida como la “ciudad cuadrangular”, Quadratstadt. Pero todavía sería más significativa la remodelación interior producida a partir del final de la Guerra del Palatinado, con reajustes de manzanas (con un tipo mayoritario formado por rectángulos áureos) y, sobre todo, por la redelimitación de sus bordes, que tras la construcción del palacio y el derribo de las murallas plantearía un cierre circular para la mitad de su trazado. El palacio, situado al sur marcaría el final meridional de la composición mientras que los laterales acabarían reuniéndose por medio de una circunferencia por el norte, cuestión que proporcionaría la característica forma de herradura del centro histórico de la ciudad.
La reestructuración del interior de Mannheim trazó manzanas con la geometría del rectángulo áureo.
La cuadrícula interior de Mannheim se apoya en los dos ejes centrales que, a modo de cardo y decumano romanos, separan la ciudad en cuatro áreas. El eje que parte del palacio (el eje “vertical”, que va aproximadamente en dirección suroeste-noreste), es la popular Breite Strasse, aunque su nombre oficial es Kurpfalzstrasse; mientras que el eje perpendicular central (noroeste-sureste) es Planken. Ambas vías se encuentran la Paradeplatz, la plaza central del trazado.
Mannheim. Breite Strasse en la actualidad (al fondo la fachada del palacio).
Una de las singularidades del centro de Mannheim es su “organización postal”, en la que las manzanas tienen más importancia que las calles, numerándose los edificios en función de aquellas. Las manzanas se identifican por una retícula alfanumérica, de forma parecida a la de un tablero de ajedrez. De norte a sur, las letras se distribuyen en dos bloques separados por el eje central (la Breite Strasse): de la A a la K, para las occidentales y de la L a la U para las orientales. Desde esa vía central hacia los dos extremos (este y oeste), los números, comienzan por el 1 y avanzan hasta el 7.
Organización postal del centro histórico de Mannheim, con indicación de una manzana y una placa identificativa concreta.
Todo iba bien hasta que, en 1777, el Elector del Palatinado recibió en herencia Baviera y trasladó a Múnich su corte. Mannheim perdió su condición de residencia real (el gran palacio acogería desde entonces diversos usos y, en la actualidad, una parte del mismo acoge la Universidad de Mannheim). Además, como consecuencia de las guerras revolucionarias francesas, en 1803 Mannheim sería entregada al margraviato y futuro Gran Ducado de Baden.
Mannheim en 1880. Las murallas habían desaparecido delimitando la famosa “herradura” y había aparecido Ludwigshafen am Rhein en la otra orilla del rio.
Mannheim perdió el poder político, pero la ciudad no decayó, porque se convirtió en un punto importante de la industrialización germana. La construcción del puerto fluvial y la llegada del ferrocarril en la primera mitad del siglo XIX, o la creación en 1844, en la orilla enfrentada del Rin, de la ciudad de Ludwigshafen am Rhein (que sería puerto del estado de Renania-Palatinado), animarían una industria muy innovadora (por ejemplo, en Ludwigshafen, en 1865, se crearía la química BASF o, en Mannheim, Karl Benz fundaría en 1883 una empresa con su nombre dedicada a los motores de combustión, que con el tiempo se convertiría en Mercedes-Benz). Hoy Mannheim es una ciudad de casi 300.000 habitantes que conserva su importancia como núcleo de comunicaciones (con el puerto y el nodo ferroviario), mantiene una notable industria (a pesar de que la crisis le ha afectado) y cuenta con una reconocida universidad.

Centro de Karlsruhe en el que se aprecia el planteamiento circular original del centro urbano y la retícula ortogonal de su periferia.
Karlsruhe, la ciudad nueva (del círculo al cuadrado)
El último tercio del siglo XVII y los primeros años de la centuria siguiente fueron muy convulsos en las regiones de la actual Alemania suroccidental. La Guerra de Sucesión del Palatinado (1688-1697), la guerra contra los turcos (1663-1739) y la Guerra de Sucesión española (1701-1714) devastaron ciudades, monasterios y fortalezas. Por eso, una vez alcanzada la paz, los gobernantes tenían que decidir entre reconstruir las ruinas o empezar de nuevo en otro lugar. A ese dilema se enfrentó el margrave de Baden-Dürlach, Karl III Wilhelm, que había visto como su palacio en Dürlach había sido destruido por los franceses. El margrave no creyó conveniente invertir en recuperar su antiguo Karlsburg y optó por edificar uno nuevo en otra ubicación, en las cercanas llanuras del Rin.
Así, en 1715 colocó la primera piedra del que sería su “lugar de descanso” (ese es el significado de Karlsruhe). Inicialmente el edificio era una modesta construcción de madera, pero iría ampliándose para convertirlo en la residencia oficial del margrave, planteándose la creación de un asentamiento urbano contiguo.
Imagen de Karlsruhe grabada en 1721 por Heinrich Schwarz.
El edificio ejercería de foco para el trazado urbano de la nueva ciudad. Como una metáfora del sol, centro de nuestro sistema planetario, y de sus rayos, que nos proporcionan la energía necesaria para la vida, el palacio del margrave sería el origen del que partirían una serie de vías radiales (32 concretamente) potenciadas por una inmensa circunferencia. Aproximadamente, los tres cuartos septentrionales del círculo, situados por encima del palacio (configurado con forma de “V” al seguir dos de las radiales) serían un gran parque. Por su parte, el cuarto meridional, que se abría desde el palacio y la plaza que le servía de antesala, acogería a la futura ciudad (de ahí su apodo de “ciudad abanico”, Fächerstadt).
Karlsruhe se situó entre Dürlach (antigua capital del margraviato) y Mühlburg, situada junto al Rin. Ambas son ahora barrios de Karlsruhe. El camino que las unía serviría de base de apoyo para el trazado de la nueva capital, reconvertido en la Langestrasse (calle larga) hasta que en 1879 se rebautizó como Kaiserstrasse (plano la ciudad y su entorno en 1885).
El trazado urbano inicial contaba con tres vías principales. La primera era el Zirkel, una calle curva que era la parte urbana de la gran circunferencia mencionada. La segunda era una calle rectilínea que discurría en dirección este oeste y que actuaba como límite sur del proyecto. Esta calle seguía el trazado del antiguo camino que unía Dürlach (la antigua capital) y Mühlburg (situada junto al Rin). Tras su reconversión urbana, tuvo como nombre Langestrasse (calle larga) hasta que, en 1879, se rebautizó con el actual Kaiserstrasse en honor al emperador. La tercera era la vía que partiendo del palacio se dirigía hacia el sur (resultando perpendicular a Kaiserstrasse). Esta vía norte-sur fue denominada inicialmente Via Triumphalis, aunque sería rebautizada como Karl-Friedrich-Strasse.

El centro de Karlsruhe con sus espacios más significativos. El palacio y su plaza previa, la antigua Via Triumphalis que partía de allí y cruzaba el Zirkel y la “calle larga”, junto al mercado.

Palacio de Karlsruhe.
Imagen del Zirkel de Karlsruhe.
Karlsruhe se poblaría rápidamente gracias a los privilegios que se ofrecieron a los nuevos habitantes (materiales de construcción gratuitos y exenciones de impuestos, entre otras cuestiones). Llegaron colonos de toda Alemania y la ciudad prosperaría con rapidez a partir de 1722. Pero las ciudades son proyectos de largo plazo y el fundador murió en 1738, dejando como heredero a su nieto Karl Friedrich, que entonces contaba con diez años. El largo reinado de este (que duró hasta 1811) le permitiría continuar la obra urbana de su abuelo. Por una parte, entre 1746 y 1770, reformó radicalmente el antiguo edificio de madera que pasó a ser un ostentoso palacio de piedra (el Karlsruher Schloss, en el que intervinieron arquitectos como Balthasar Neumann y Friedrich von Kesslau). Por otra parte, y dada la prosperidad de la ciudad, se vio la necesidad de ampliarla a partir de 1768, extendiendo su trama por el sur con la prolongación de las vías radiales meridionales más allá de la Kaiserstrasse.
Karlsruhe en 1843 con la ampliación al sur de Kaiserstrasse.
Karl Friedrich iniciaría su gobierno como margrave de Baden-Dürlach, pero lo finalizaría como Gran Duque de Baden (con una importante ampliación territorial). Esta circunstancia tendría mucha repercusión para Karlsruhe que pasaría de ser la pequeña capital del margraviato a la esplendorosa capital del Gran Ducado. El responsable de esta transformación sería un arquitecto nacido en Karlsruhe, Friedrich Weinbrenner (1766-1826). Con ello Karlsruhe iría transformándose de ciudad barroca en ciudad neoclásica, tanto por la reestructuración de trazados como por la construcción de nuevos edificios que transformarían el ambiente urbano (como el Ayuntamiento, la Iglesia protestante o el palacio del Margrave de Rondellplatz).
Arquitectura neoclásica en Karlsruhe, obra de Friedrich Weinbrenner. Arriba, el palacio del Margrave de Rondellplatz; debajo, portado de la Iglesia protestante y del Ayuntamiento.

Proyecto de Friedrich Weinbrenner para la ampliación de la Via Triumphalis (Karl-Friedrich-Strasse) al sur de Langestrasse (Kaiserstrasse), con la plaza del mercado y la Rondellplatz.
Uno de los grandes proyectos urbanos de Weinbrenner fue la ampliación de la, entonces, Via Triumphalis (Karl-Friedrich-Strasse). Con esta operación se reorganizó la plaza del Mercado (Marktplatz) y se planteó la Rondellplatz, dentro de un tramo que llegaría hasta la Puerta Ettlinger (Ettlinger Tores). Weinbrenner, además, sistematizaría el crecimiento de la ciudad, estableciendo tres modelos canónicos para la edificación privada y proponiendo tipologías de fachada para las edificaciones nobles.

Karlsruhe en 1905, el crecimiento de la ciudad olvida su trazado radial inicial para dar paso a una retícula más o menos ortogonal.
Karlsruhe superó los cien mil habitantes en 1901. Su crecimiento ya no seguiría las trazas originales y el círculo daría paso a diversas cuadrículas (con bastantes irregularidades) que protagonizarían el desarrollo urbano del siglo XX. Tras el final del Gran Ducado en 1918 Karlsruhe se mantendría como capital del nuevo Estado Libre de Baden, pero, con la creación en 1952 del Estado de Baden-Wüttemberg, perdería esa condición en favor de Stuttgart. Hoy es una ciudad de algo más de 300.000 habitantes que, aunque ya no es la sede del poder político, mantiene un elevado prestigio con, por ejemplo, una destacable oferta educativa (en particular por el Instituto Tecnológico de Karlsruhe) y por ser la sede del Tribunal Constitucional de la República Federal de Alemania.

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