6 ago. 2017

Ciudades de vacaciones: la creación de ambientes “idílicos” (los casos de Port Grimaud, Binibeca, Marina d’Or y Villages-Nature)

Las “ciudades de vacaciones” buscan crear ambientes “idílicos” para atraer al turismo (imagen de Port Grimaud)
Durante la segunda mitad del siglo XX se consolidó el turismo de masas y con él aparecieron lugares diseñados específicamente para darle cobijo, especialmente en su vertiente de “sol y playa”. Un producto derivado de esas circunstancias son las “ciudades de vacaciones”, unos espacios muy singulares que han proliferado, por ejemplo, en la costa mediterránea.
Vamos a aproximarnos a cuatro casos: Port Grimaud, en la Costa Azul francesa; Binibeca, en la isla de Menorca; Marina d’Or, en el levante español; y, finalmente, Villages-Nature, la apuesta de Disney junto a su parque de atracciones en París. Los cuatro casos son muy distintos, contrastando el lujo exclusivo con los mastodontes populares, la ciudad “de autor” con la anónima especulación inmobiliaria, o la desconsideración ecológica con el pretendido respeto al entorno. No obstante, todas coinciden en su oferta de ambientes “idílicos”.

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A lo largo de la historia ha habido muchas ciudades cuyo nacimiento respondió a una especialización concreta. Así, hay urbes que se explican por una función inicial que marcaría su futuro. En este sentido podemos encontrar ciudades comerciales, ciudades episcopales, ciudades militares, ciudades universitarias, ciudades capitales, etc. Esta orientación primigenia condicionaría su desarrollo urbano y explica buena parte de las problemáticas que a lo largo de la historia tuvieron que solventar cuando la misión original se modificaba. Sirva como ejemplo el caso de Madrid, cuyo origen fue militar y, por eso, se levantó sobre un solar abrupto y fácilmente defendible, muy adecuado para cumplir esa función pero que crearía muchas dificultades cuando la ciudad abandonó ese cometido y se convirtió en la capital de España.
En tiempos recientes, durante la segunda mitad del siglo XX, se iría consolidando el turismo de masas y con él aparecerían nuevas funciones urbanas. E incluso surgirían lugares diseñados específicamente para darles cobijo, especialmente en su vertiente de “sol y playa”. Un producto derivado de esas circunstancias son las “ciudades de vacaciones”, unos espacios muy singulares que han proliferado, por ejemplo, en la costa mediterránea.
Desde luego, hay muchas ciudades que dan servicio al turismo sin que reciban ese calificativo. Esto es así porque son urbes que se han ido reconvirtiendo, orientándose en esa dirección. En estos casos, además de ofrecer todos los servicios necesarios para satisfacer los deseos de los visitantes, también se han ido reconfigurándo para mostrarse como lugares encantadores. El objetivo es atraer a esos “ciudadanos temporales” que suelen ser el principal motor de su economía y para conseguirlo se apoyan en el valor de su patrimonio histórico o en las bondades del clima entre otras cuestiones. Hay numerosos ejemplos de ciudades que sobreviven durante buena parte del año esperando el periodo de florecimiento vacacional, que se produce mayoritariamente durante el verano. En muchos casos, el crecimiento poblacional del periodo vacacional multiplica notablemente al número de residentes permanentes, haciendo que la ciudad cambie por completo su dinámica (esto es muy habitual en ciudades de playa que pasan de ser lugares apacibles y semivacíos durante el invierno a convertirse en sitios hiperactivos, ruidosos y hasta enloquecidos en los meses estivales).
Cannes es una de las ciudades que mejor representa la aparente sofisticación del verano de la Costa Azul francesa.
Pero al margen de estas mutaciones (a veces voluntarias, pero también, en algunos casos, forzadas por circunstancias) existen otras opciones urbanas que han nacido específicamente para cumplir los sueños de esas personas que se alejan unos días de su cotidianeidad para cambiar su actividad laboral por otras más placenteras, tener experiencias diferentes o simplemente descansar. Son las conocidas como “ciudades de vacaciones”, entornos que, aunque no reúnen todos los requisitos que debe cumplir una ciudad, durante un determinado periodo del año aparecen como sustitutivas de las urbes convencionales.
El rasgo más revelador de estas “ciudades de vacaciones” es la creación de un simulacro ambiental en el que la arquitectura y el espacio urbano se confabulan para presentarse como la “ciudad ideal”. La caracterización “de vacaciones” es un reclamo publicitario, pero también expresa lo que suelen ofrecer. Son lugares que cuidan su imagen y cuentan con una sobredotación de espacios destinados al ocio y a actividades deportivas, mientras que para otras cuestiones dependen de otras ciudades próximas (por ejemplo, los pocos residentes permanentes deben buscar colegios u hospitales en ellas). Ciertamente, suelen ser entidades incompletas (presentan, como decimos, déficits dotacionales o insuficiencias en ciertos sectores económicos, entre otras cuestiones), pero eso carece de importancia dada la estacionalidad a la que se ven abocadas.
No pretendemos realizar un análisis sobre las características que definen estas modernas “ciudades de vacaciones” sino simplemente aproximarnos a varios casos de los que poder extraer algunas conclusiones. Las cuatro “ciudades de vacaciones” que visitaremos son: Port Grimaud, en la Costa Azul francesa; Binibeca, en la isla de Menorca; Marina d’Or, en el levante español; y, finalmente, Villages-Nature, la apuesta de Disney junto a su parque de atracciones europeo en París. Los cuatro casos son muy distintos, contrastando el lujo exclusivo con los mastodontes populares, la ciudad “de autor” con la anónima especulación inmobiliaria, o la desconsideración ecológica con el pretendido respeto al entorno. No obstante, todas coinciden en su oferta de ambientes “idílicos”.

Port Grimaud (Francia)
La Costa Azul reúne, desde hace décadas, a lo más distinguido de la clase alta internacional, que disfruta en ella de sus vacaciones estivales. El Mediterráneo francés ofrece paisajes extraordinarios y ciudades con encanto que representan el ideal del turismo playero más exclusivo que incluye, por supuesto sol y playa, pero también, lujosas embarcaciones, villas de ensueño, hoteles legendarios, algo de cultura, y mucho glamour. Muchos pueblecitos y ciudades han ido reconvirtiéndose en lugares vacacionales y algunos de ellos, como Cannes, Niza o Saint Tropez, forman parte del imaginario colectivo como el ideal de vacaciones sofisticadas.
Localización de Port Grimaud en la Costa Azul
En ese entorno surgiría la que acabaría convirtiéndose en un modelo para otras ciudades de vacaciones marítimas: Port Grimaud. Port Grimaud fue concebida en 1962 por el arquitecto François Spoerry (1912-1999). Spoerry imaginaba una especie de “Venecia provenzal”, un lugar surcado por canales, de forma que las embarcaciones tuvieran contacto directo con las viviendas. Pero la idea de Spoerry no se quedó en el papel ya que sería él mismo quien se encargaría de llevarla a cabo. Convertido en promotor, además de diseñador, adquirió unos terrenos lacustres y pantanosos en el final del Golfo de Saint Tropez, junto a la desembocadura del rio Giscle y comenzó a desarrollar la Marina soñada, con una arquitectura mediterránea, de estilos populares (todas las viviendas son diferentes), colores pastel, recorridos porticados, con espacios de encuentro como las plazas del mercado o de los artesanos, por ejemplo, y siempre con la omnipresencia del agua.
Planta de Port Grimaud
En 1966 obtuvo las licencias iniciales (en aquellos años, la componente medioambiental no era una cuestión relevante) y comenzó la construcción de la primera fase, que puso en el mercado setenta y cinco viviendas y cuarenta apartamentos en 1967. No sería hasta el año 2000 cuando se diera por concluida la urbanización.
Port Grimaud. Imagen aérea
Actualmente, Port Grimaud es una exclusiva Marina que se extiende por setenta y cinco hectáreas, albergando 2.400 alojamientos y más de 2.000 amarres para embarcaciones. Aquella Venecia soñada se muestra en sus siete kilómetros de canales y en los catorce de diferentes muelles, que se ven conectados por pasarelas y puentes peatonales. El reconocimiento a la innovación y a la calidad de la propuesta le llevaría a ser reconocida en el año 2001 como “Patrimonio del siglo XX”, una distinción concedida por el gobierno francés a las obras arquitectónicas más singulares de esa centuria.
Canales de Port Grimaud.


Binibeca (España)
Binibeca es una ciudad “de autor”, creada por Francisco Barba Corsini (1916-2008), un arquitecto de difícil clasificación, porque diseñó obras siguiendo el ideario internacional funcionalista pero también construiría otras que se apartarían de esos principios para abrazar el tradicionalismo más localista. En cualquier caso, Barba Corsini sería un ejemplo de libertad estilística, adaptándose a los requisitos existentes en cada caso.
Localización de Binibeca en la isla de Menorca
Una de sus obras más conocidas se levantaría en la década de 1960 en la isla de Menorca: Binibeca, un pueblo totalmente nuevo que pretendía aparentar no serlo. En aquellos inicios de los sesenta, el turismo estaba comenzando en España y Menorca se estrenaba en un sector que acabaría siendo fundamental para la isla. Los promotores fueron unos empresarios de Mahón (encabezados por Arcadi Orfila, Rafel Sintes y Vicente Amer) que apostaron por la creación de un “pueblo de pescadores” destinado a albergar turistas (inicialmente en segundas residencias).
Planta del proyecto de Binibeca (Francisco Barba Corsini)
Barba Corsini abordaría ese proyecto basándose en las formulas constructivas menorquinas. Binibeca se iría construyendo de forma paulatina, con pocos planos y mucha intuición a partir del planteamiento general. Los albañiles de la zona fueron levantando las casas, muchas de ellas particulares, adaptándose al sitio específico que ocupaban, encajando unas sobre otras y privilegiando la imagen espontánea que buscaba recrear el proyecto de Barba Corsini: el ambiente orgánico e irregular de las aldeas blancas de los pescadores (con una cierta emulación de los pueblos típicos de las islas griegas). 
Imágenes del ambiente propuesto por Binibeca
De hecho, en las primeras realizaciones era habitual reservar un espacio en la planta baja para albergar una pequeña embarcación con la que el propietario podía salir a pescar o simplemente a explorar las calas del entorno. También hubo una cierta aspiración cultural al intentar atraer a artistas o escritores que podrían acudir a Binibeca para encontrar la inspiración y así proporcionar un cierto glamour intelectual al naciente pueblecito.
Pero la realidad no siguió completamente las aspiraciones porque los programas de las viviendas acabarían respondiendo a modelos más convencionales de segunda residencia, aunque, eso sí, respetando fielmente el espíritu mediterráneo y marinero original. No obstante, no todas las construcciones serían casas particulares ya que también surgiría algún conjunto para ser gestionado de forma conjunta por operadores hoteleros. Se acabarían levantando ciento sesenta y cinco viviendas sobre unos terrenos frente al mar que contarían con una “plaza mayor”, iglesia y paseo marítimo.
Imagen del “Binibeca Vell” desde la cala
A partir de su finalización en la década de 1970, y dado el gran éxito de Binibeca Vell (que es el nombre que identifica el conjunto creado por Barba Corsini), surgirían nuevas “urbanizaciones” en el entorno que aprovecharían el tirón de aquella “Binibeca vieja” aumentando la oferta turística de la zona (con muchos más alojamientos y también con tiendas y restaurantes). Con el tiempo, Binibeca se ha convertido en una de las imágenes más típicas de Menorca. Además, es un símbolo de un estilo que logró condicionar positivamente muchas de las realizaciones posteriores en la isla (que, afortunadamente, no cuenta con la masificación y densidad presente en otros lugares)

Marina d’Or (España)
El complejo vacacional de Marina d’Or es uno de los casos más singulares del turismo vacacional. Situado en las localidades de Oropesa del Mar y Cabanes, en la costa mediterránea castellonense es también la concreción de la idea de un visionario. Su promotor fue Jesús Ger (1946), un personaje que comenzó su periplo profesional como comercial de electrodomésticos, muebles y colchones en el negocio familiar. A principios de la década de 1980, intuyó las posibilidades de esa zona poco desarrollada de la Costa de Azahar y en 1983 abrió un hotel de tres estrellas y promovió unos apartamentos complementarios. Esos modestos inicios serían el embrión de la que actualmente es una de las mayores “ciudades de vacaciones” del mundo.
Localización de Marina d’Or en el litoral mediterráneo (Costa Azahar de Castellón)
Marina d’Or sería la denominación escogida para el complejo que iría creciendo desde los primeros años noventa. Ger comenzó a “vender sueños”. Unos sueños que muchos españoles tenían y que gracias a la prosperidad de aquellos años podían ver cumplidos, como era el de poseer una segunda residencia en la playa. Con una logística comercial de una intensidad inusitada y unos precios asequibles (basados en la cantidad más que en la calidad y en la densidad más que en la exclusividad), el éxito inmobiliario fue espectacular.
Planta de Marina d’Or
No obstante, la ciudad de vacaciones tuvo que superar muchos problemas en su desarrollo, desde el enfrentamiento con grupos ecologistas que criticaban su masificación y agresividad con un paisaje que dejaba de ser un litoral bastante bien conservado; hasta una larga serie de litigios con acusaciones de corrupción, irregularidades urbanísticas o infracciones ambientales. 
Imagen aérea de Marina d’Or
En cualquier caso, Marina d’Or salió adelante y construiría un complejo turístico con cinco grandes hoteles, más de 5.000 apartamentos, restaurantes y locales de ocio, parques, centros médicos y un balneario de agua marina (el más grande de Europa según reza su publicidad). El extraordinario crecimiento del complejo solamente se vería frenado por la crisis iniciada en 2007 que dejaría en papel muchos de los proyectos previstos (como varios campos de golf y unos cuantos miles de viviendas más), llevando a la empresa promotora a sufrir serias dificultades (que la arrastrarían hacia la declaración de quiebra). Pero si el ambicioso negocio inmobiliario se vio bruscamente paralizado, la parte turística-hotelera ha seguido en funcionamiento.

Marina d’Or
Marina d´Or se convertiría en la metáfora de aquella España de finales del siglo XX y principios del siguiente. Una alegoría sobre el auge de un sector inmobiliario con crecimientos asombrosos y que encumbró a toda una serie de personajes “triunfadores”, pero también sobre la caída de ese mundo “del ladrillo”. Igualmente sería uno de los principales símbolos de la construcción especulativa por sus mastodónticas propuestas. Además, Marina d´Or agotaría calificativos en debates entre los que lo tachaban de construcción de oropel, denostando su pretencioso estilo kitsch, y los que defendían su carácter, incluso su estética ordinaria, como un servicio a unas clases medias y populares que creían haberse enriquecido.

Villages-Nature (Francia)
En 1987, la empresa Disney, tras evaluar diversas localizaciones para ubicar uno de sus parques temáticos en Europa, firmó un acuerdo con el gobierno francés para instalarlo en el entorno de París. El lugar seleccionado sería una de las Villes Nouvelles: Marne-La-Vallée, concretamente en su cuarto sector (Val d’Europe). Allí nacería Eurodisney (Disneyland Paris), que sería inaugurado en 1992.
Localización de Villages-Nature en el sector 4 de la Ville Nouvelle de Marne-la-Vallée, junto a Disneyland París.
Años después, nacería la nueva propuesta recreativa (y residencial) de Disney: Villages-Nature. Situado a seis kilómetros del parque temático (y a 32 de la capital francesa), este proyecto es una realización conjunta entre Euro Disney S.C.A. y el operador turístico Pierre & Vacances-Center Parcs que fue presentado en 2007 y recibió la aprobación oficial en 2010. Tras resolver la financiación, en diciembre de 2104, el entonces primer ministro francés, Manuel Valls, colocó la primera piedra. Se prevé que la fase inicial esté concluida en 2017 (se ha anunciado su inauguración para este agosto), y se estima que la finalización del conjunto no llegará hasta el año 2023.
Arriba plan general de Villages-Nature y debajo el sector desarrollado como primera fase.
Villages-Nature pretende ofrecer a sus visitantes la experiencia de sentir la armonía entre el hombre y la naturaleza. Con ello, sus promotores, declaran haber inventado un nuevo modelo de turismo que puede caracterizar sus expresiones futuras.
El proyecto Villages-Nature se está levantando sobre 110 hectáreas junto al Davy Crockett Ranch, el camping-caravaning del complejo Disneyland Paris (que, además, permite acercarse al universo del Far West).
La originalidad de la propuesta reside en la unión de lo habitacional con la experiencia de la naturaleza. Para lograrlo Villages-Nature integra cinco “universos recreativos” con temáticas diferenciadas (el Aqualagon, la Promenade du lac, la Ferme belle vie, los Jardins extraordinaires y la Forêt des légendes) pero compartiendo el protagonismo natural (lago, bosque, granjas, etc.). Hay que tener en cuenta que el proyecto reserva el 90% del suelo como áreas libres y naturales. Así pues, las opciones de entretenimiento en Villages-Nature se vinculan al agua (un gran lago de 14 hectáreas que se convierte en el corazón del conjunto) y toda una serie de actividades relacionadas con ella; también a la campiña francesa con propuestas de jardinería, huertos, granjas o gastronomía; igualmente el deporte está muy presente (ofreciendo una gran variedad de opciones que van desde golf a piragüismo o equitación, por ejemplo); así como la salud (con varios centros de fitness y relajación). En paralelo se propone descubrir las posibilidades recreativas y educativas de un bosque o de diferentes tipos de jardines. Entre todo, destaca el Aqualagon, un parque acuático con una laguna exterior de agua climatizada, mantenida a 30 grados todo el año gracias a la geotermia.

Imágenes virtuales del parque acuático Aqualagon.
Imágenes virtuales algunas de las propuestas residenciales de Villages-Nature.
Este panorama recreativo se complementa con la oferta residencial. La fase que se inaugura este verano pondrá en marcha casi mil residencias entre bungalows y apartamentos (distribuidos en tres categorías: Cocon VIP, Country Premium y Clan Comfort). Coherentemente con la filosofía general, el conjunto se está construyendo con el impacto medioambiental más bajo posible. Habrá que escuchar los comentarios de sus futuros usuarios.
Imagen aérea de las obras de Villages-Nature (que prevén su inauguración para agosto de 2017)

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