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28 jul 2023

Necroturismo: cementerios entre el arte, la historia, la fascinación y la extravagancia.


El turismo funerario o necroturismo es una actividad en alza.

La pintura es frágil; la música, evanescente; la literatura, individual. Solo la arquitectura y la escultura pueden ofrecer solidez, permanencia y experiencia colectiva. Debido a esos rasgos particulares, ambas artes son proclives a desencadenar pensamientos sobre la trascendencia. Más aún cuando son las elegidas para acompañar el descanso eterno. Los cementerios son, en cierto modo, una “ciudad de los muertos” injertada en la ciudad vital. Algunos de ellos, se han convertido en atractores urbanos, seduciendo a viajeros y activando un nuevo ámbito turístico a medio camino entre a la experiencia personal y colectiva: el turismo funerario o necroturismo. Arquitectura y escultura se alían para proporcionar un escenario en el que el espíritu religioso se ve desbordado por la seducción ejercida mediante el arte, la historia, o el paisaje, a los que los visitantes añaden dosis de fascinación y extravagancia.

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La pintura es frágil; la música, evanescente; la literatura, individual. Solo la arquitectura y la escultura pueden ofrecer solidez, permanencia y experiencia colectiva. Todas las artes pueden suscitar la reflexión y muchas cavilaciones acaban teniendo como objeto la propia vida, revoloteando alrededor de las preguntas esenciales que todo ser humano se cuestiona. Esto se acrecienta en el caso de la arquitectura y la escultura debido a esos rasgos particulares, siendo ambas artes proclives a desencadenar pensamientos sobre la trascendencia (o sobre la inmanencia, según quien medite). Más aún cuando son las elegidas para acompañar el descanso eterno.

Los cementerios son, en cierto modo, una “ciudad de los muertos” injertada en la ciudad vital. Son un espacio urbanizado que cuenta con sus calles y sus edificaciones. Podría hacerse una peculiar analogía entre los mausoleos y las viviendas unifamiliares, los bloques de nichos, osarios o cinerarios con viviendas colectivas, y el resto de construcciones, desde capillas a instalaciones funcionales, con equipamientos y dotaciones. También pueden rastrearse espacios parecidos a plazas, así como jardines o parques. Además, en los principales camposantos, se revelan espacios muy monumentalizados a través del arte.

Esta ciudad funeraria, que forma parte inseparable de la ciudad cotidiana de los vivos, suele ejercer un discreto papel de conciencia, recordando la fugacidad de la existencia del individuo y la persistencia de la comunidad. Es una ciudad semioculta, separada del mundanal ruido y que se ofrece como un lugar sereno y silencioso, penetrado por una variada mezcla de sentimientos, dolorosos, temerosos, solemnes, respetuosos, que se conjugan con intensas evocaciones individuales y con escenas sociales de conmemoraciones rituales.

Esos espacios sagrados tan especiales han sido descubiertos por el turismo en una peculiar mezcla de religión, arte, historia, fascinación y extravagancia. Podrían integrarse dentro del creciente turismo religioso, un fenómeno complejo en el que caben desde el cumplimiento de dogmas o exigencias de un credo (como viajar a La Meca para el islam) hasta devociones más o menos intensas (como celebrar el Jubileo en un Año santo cristiano o acudir a santuarios a rogar milagros), sin olvidar otro tipo de desplazamientos más vinculados al ocio pero que también pueden reforzar el sentimiento social de los credos, como sucede en peregrinaciones a lugares (como el Camino de Santiago) o rituales, sean solemnes o festivos, que pueden ir desde la Semana Santa o Todos los Santos hasta las romerías. A esta heterogénea lista se le sumaría el turismo funerario o necroturismo, un nuevo ámbito turístico a medio camino entre a la experiencia personal y colectiva.

Visita nocturna al Cementerio del Poble Nou de Barcelona.

Algunos cementerios se han convertido en atractores urbanos, seduciendo a turistas
que acuden a ellos como a un museo temático muy especial. Las obras de arte que acoge amalgaman escultura y arquitectura con historia y misterio. El interés artístico suele potenciarse con el reclamo de las tumbas de ilustres personalidades históricas, con quienes el visitante aspira a sentir proximidad, a rendirles homenaje, a rescatarlos del olvido. No deja de sorprender que cementerio, un lugar de reposo y quietud, sea compatible con la actividad turística, pero el necroturismo no es, en la mayoría de los casos, un turismo al uso. Ciertamente, la visita a las tumbas de los personajes famosos puede ser acelerada e irreflexiva, incluso motivar más de un frívolo selfie, pero, en general, el turista funerario suele mostrar respeto, más aún si comparte las creencias religiosas que sustentan el camposanto.

Las ciudades privilegiadas por contar con un cementerio especial buscan fomentar su papel como atractores de turismo y fuente de recursos económicos. La promoción de los camposantos seguida por las ciudades suele conllevar la publicación de folletos o apps específicas, la señalización de recorridos, llegando en algunos casos a apoyarse en la realidad virtual, o la propuesta de visitas guiadas con temáticas muy diversas que llegan a ofertar, en algún caso, teatralizaciones sobre ciertos personajes o acontecimientos. La importancia del necroturismo ha llevado a institucionalizarlo, por ejemplo, con una Ruta Europea de Cementerios, promovida por la Asociación Europea de Cementerios Significativos (ASCE), cuya lista de miembros va aumentando.

Cementerio de la Almudena. Madrid.

La singularidad de ciertos cementerios
puede radicar en cuestiones muy diversas: disponer de un patrimonio artístico o paisajístico de alto interés, acoger a restos y memoria de personajes relevantes, ser lugares importantes de la historia, incluso por razones culturales de muchos tipos (como le sucede al “cementerio marino” de Sète, que fue incluso rebautizado debido al poema de Paul Valéry) o por una mezcla de todo un poco. En general, arquitectura y escultura (y en ocasiones, el propio paisaje) se alían para crear el escenario de estos nuevos objetivos turísticos. Los visitantes, con más o menos espíritu religioso, buscan el arte y la historia, llevados a veces por una fascinación no exenta de fetichismo, y, en algunos casos, ciertas dosis de extravagancia.

Pueden destacar planteamientos urbanos y arquitectónicos tan sobresalientes como el cementerio del Bosque en Estocolmo comenzado en 1915 siguiendo el proyecto de Erik Gunnar Asplund y Sigurd Lewerentz y que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994; el cementerio de San Cataldo en Módena, ampliado por Aldo Rossi a finales de la década de 1970 (aunque quedó inconcluso); el cementerio de Igualada (Barcelona) diseñado por Enric Miralles y Carme Pinós entre 1985 y 1996; o el cementerio civil de Fisterra (La Coruña) de Cesar Portela (1997-1999). 

Cementerio del Bosque. Estocolmo. Asplund y Lewerentz

Cementerio de San Cataldo. Módena. Ampliación proyectada por Aldo Rossi.

Cementerio de Igualada. Miralles y Pinós

Cementerio de Fisterra. Portela

La localización también puede poseer un gran atractivo, como ocurre en el cementerio de Montjuic en Barcelona o en el referido anteriormente cementerio marino de Sète, ambos en espectaculares ubicaciones en laderas frente al mar.

Cementerio de Montjüic. Barcelona.

Cementerio Marino. Sète.

Los enterramientos de personajes ilustres suelen motivar visitas, a veces excesivamente concurridas. En esto, suelen llevar ventaja los cementerios de las principales capitales. El cementerio Père Lachaise de Paris, sobre todo, también el de Montparnasse o el Highgate de Londres se encuentran entre los más “glamurosos”. Muchas de esas celebridades históricas suelen tener enterramientos muy señalados, pero la mayor parte de edificaciones y estatuaria del conjunto acostumbra a pertenecer a familias más o menos anónimas. Estos mausoleos, algunos espectaculares y de gran valor artístico, constituyen auténticos museos especializados. El muestrario formal y estilístico es apabullante y resulta imposible destacar unos pocos (no obstante, subrayo el Panteón de los españoles del “Cementerio del Verano” en Roma, proyectado por Javier Carvajal y José María de Paredes en 1957)


Cementerio Père Lachaise. Paris.

Panteón de los españoles del Cementerio de Verano. Roma. Carvajal y García de Paredes

Otros camposantos extraen su valor del conjunto indiferenciado, como el indescriptible cementerio judío de Praga, que suele ser una etapa habitual del turismo en la capital checa, el cementerio Militar Nacional de Arlington en Washington o el cementerio estadounidense de Normandía, en Colleville-sur-Mer, con sus impresionantes alineaciones de impolutas cruces blancas emergiendo de la superficie verde (bajo la cual reposan casi diez mil soldados norteamericanos fallecidos durante el desembarco de Normandía, al final de la II Guerra Mundial).


Cementerio judío de Praga.


Arriba, Cementerio Militar Nacional de Arlington en Washington. Debajo, cementerio estadounidense de Normandía, en Colleville-sur-Mer 

Hasta las pirámides de Egipto pueden ser, de alguna manera, necroturismo (aunque los faraones hayan dejado de estar en su interior)

1 comentario:

  1. Muchas gracias por compartir la información muy detallada de ese lugar, me pareció fabuloso, lo mejor es que tiene varios lugares.

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