10 mar 2018

Oxford Street y Regent Street, dos calles de Londres que representan lo espontáneo y lo planificado en los trazados urbanos.

La monumentalidad y uniformidad de estilo de la arquitectura de a planificada Regent Street (arriba, imagen de The Quadrant) contrasta con la espontánea diversidad de Oxford Street (debajo).
Las calles de la ciudad suelen tener dos orígenes principales (aunque no son los únicos). En el primero de ellos, las calles surgen como consolidación espontánea de caminos preexistentes, mientras que en el segundo son el resultado de un trazado que sigue un proyecto predeterminado. En este artículo, vamos a explorar lo espontáneo y lo planificado en la urbanización de la ciudad, recurriendo al ejemplo de las calles, acercándonos a las circunstancias de cada tipo y a sus implicaciones.
Aunque todas las ciudades cuentan con muestras de ambos modelos, nos dirigimos a Londres, concretamente a Oxford Street y Regent Street, dos calles muy singulares del centro de la capital británica por diversas razones. Una de ellas es, precisamente, morfológica, porque la primera supone la consolidación espontánea de un antiguo e importante camino romano, mientras que la segunda procede de uno de los proyectos pioneros en la planificación londinense.

3 mar 2018

Cuatro libros sobre la historia de la ciudad moderna y contemporánea (tres clásicos y uno reciente).


Cuatro libros sobre la historia de la ciudad moderna y contemporánea (tres clásicos y uno reciente).
Los grandes libros de historia del urbanismo suelen aparecer en periodos de desconcierto. Los autores, huérfanos de una posición incontestable, rastrean en el pasado hechos y teorías que pudieran aportar algo de luz a sus respectivos momentos.
Vamos a profundizar en cuatro libros que reflexionan sobre la ciudad moderna y contemporánea, publicados en tiempos de crisis, y que resultan imprescindibles para acercarse a la ciudad actual.
Tres de ellos son ya clásicos en la historiografía urbana, mientras que el cuarto es reciente. Todos pretenden establecer unas guías conceptuales que ordenen y justifiquen las transformaciones de la ciudad desde la Revolución Industrial hasta nuestros días. Han sido publicados en un plazo casi exacto de 50 años: el primero, el de Françoise Choay en 1965 (El Urbanismo, Utopías y Realidades); unos 25 años después lo hicieron el de Peter Hall (1988, Ciudades del mañana. Historia del Urbanismo en el siglo XX) y el de Benedetto Gravagnuolo (1991, Historia del Urbanismo en Europa 1750-1960); para finalizar la serie con la aparición en 2016 del libro de Carlos García Vázquez (Teorías e historia de la Ciudad Contemporánea).

24 feb 2018

Inaugurado el Centro Deportivo municipal GO fit Peñagrande en Madrid, diseñado por Taller de Ideas.

Acceso principal al nuevo Centro Deportivo municipal GO fit Peñagrande.
Acaba de inaugurarse el nuevo Centro Deportivo municipal GO fit Peñagrande, que el Grupo Ingesport ha promovido en el Barrio del Pilar de Madrid (en la Avenida Monforte de Lemos, 184).
El Grupo Ingesport, a través de sus centros deportivos GO fit, fomenta entre los ciudadanos unos hábitos saludables asociados a la actividad física para mejorar su calidad de vida. Con este propósito se ha puesto en marcha la nueva dotación deportiva, una muestra de colaboración público-privada entre el Ayuntamiento de Madrid e Ingesport, adjudicataria de la convocatoria realizada para la concesión administrativa.
El proyecto del nuevo Centro Deportivo ha sido realizado por Taller de Ideas Arquitectos Asociados (en colaboración con Naos 04 Arquitectos y Valladares Ingeniería).

17 feb 2018

Poniendo nombres: acrónimos de Nueva York (SoHo, NoHo, TriBeCa, NoLIta, DUMBO, …)

El SoHo neoyorquino es uno de los primeros barrios que utilizaron acrónimos como expresión de su singularidad, principalmente arquitectónica, aunque también social y urbana. En la imagen, fachadas de Broadway entre el cruce de Broome y Canal St. (al fondo se eleva el edificio de Broadway 401)
Poner nombre a las cosas es una forma de “apropiación”. Con ese acto dejan de ser entes indiferenciados y entran a formar parte, en cierto modo, de nosotros mismos. Así, cuando se bautiza una montaña, un rio, un bosque, una ciudad, un barrio, una calle o a cualquier otro elemento físico de nuestro entorno, estamos singularizándolo, incorporándolo a nuestra vida. De hecho, la personificación de los lugares que nos acompañan es una de las dimensiones principales del acto de “habitar”.
En las ciudades, las diferentes necesidades organizativas, administrativas o de orientación, exigen la asignación de identificadores (sean números o palabras). Estos distintivos son conocidos y compartidos por los ciudadanos, consolidando la relación íntima entre la ciudad y sus residentes. Ahora bien, más allá de los nombres oficiales, surgen calificativos, a veces espontáneos y populares y otras premeditados dentro de un “laboratorio”, que buscan otro tipo de objetivos. Por ejemplo, respondiendo a cuestiones relacionadas con el sentimiento de pertenencia o también a intereses menos emocionales como las estrategias inmobiliarias que pretenden implantar una imagen de marca.
Los neoyorquinos son especialistas en poner nombres propios a sus barrios más singulares, independientemente de cómo se llamen oficialmente. Algunas de esas denominaciones han alcanzado un gran reconocimiento internacional. Entre ellas destacan el caso especial de los acrónimos, como SoHo, NoHo, TriBeCa, NoLIta, DUMBO, NoMad, etc.


28 dic 2017

Cuando aparecieron las calles, la tribu se transformó en ciudad.

“Pueblo Bonito”, en el norteamericano Cañón del Chaco, es un ejemplo de antiguo asentamiento “sin calles”.
La ciudad es la materialización física de la organización de las sociedades humanas y ha ido reflejando la complejidad creciente de las comunidades que la habitan. De la sencillez de los primeros asentamientos se iría evolucionando hasta los complicados conjuntos actuales de difícil definición (metrópolis, conurbanización, megalópolis, metápolis, etc.).
La transición desde las comunidades tribales hacia las sociedades complejas fue una evolución paulatina; pero, en términos espaciales (y estructurales), hubo un paso simbólico muy significativo: la aparición de la calle. A pesar de manifestarse con trazados muy diversos, tamaños dispares o ambientes muy diferentes, la calle y las regulaciones que la caracterizan son la expresión del pacto social que fundamenta nuestras ciudades.
Vamos a apuntar tres ejemplos de asentamientos antiguos que albergaban comunidades tribales en los que las calles no fueron necesarias. Son, en cierto modo, “ciudades sin calles”: Catal Huyuk, en la actual Turquía; las espectaculares construcciones de los indígenas en Nuevo México, Estados Unidos, destacando Taos Pueblo; y los kraal del África austral.

16 dic 2017

De la teoría a la práctica: las ciudades-fortaleza del Renacimiento (los casos de La Valeta y Palmanova)

La cuadrícula de La Valeta (izquierda) y los polígonos regulares de Palmanova (derecha) son dos muestras de la ordenada geometría renacentista.
No es sencillo pasar de la teoría a la práctica. Más aún cuando las ideas son novedosas y se oponen radicalmente a la costumbre. En términos urbanos, esta circunstancia se complica por la complejidad de la ciudad, afectando tanto a su aplicación a lo existente como a los casos de nuevas fundaciones.
Durante los siglos XV y XVI, el Renacimiento reorientó la cultura occidental reivindicando los valores de la época clásica (Roma y Grecia) y revolucionando todos los ámbitos de lo humano, desde el pensamiento hasta la ciencia o el arte. En consecuencia, también la arquitectura y la ciudad fueron reformuladas, pero, mientras que en la arquitectura se lograron fijar unos nuevos cánones de orden y proporción, materializados en edificios concretos, las ciudades tuvieron más dificultades para pasar de las ideas a la realidad.
Las escasas realizaciones urbanas renacentistas estuvieron vinculadas a planteamientos políticos y militares, concretados en ciudades-fortaleza. Entre los ejemplos más destacados se encuentran La Valeta, la capital de Malta, y Palmanova, en el entorno de Venecia.

3 dic 2017

Nápoles, la identidad como producto de la diversidad (y 2)

Los contrastes identitarios de Nápoles superan el ámbito de lo urbano para ser también sociales. A la izquierda, calle de los Quartieri Spagnoli y a la derecha, Galería Umberto I.
La identidad napolitana es el producto de una peculiar fusión de elementos de origen diverso que ha logrado expresarse de forma nítida y reconocible, con rasgos distintivos que van desde una lengua propia, hasta las inolvidables canciones napolitanas y su sutil melancolía, o el carácter festivo, exagerado y casi pendenciero de sus gentes, entre otras manifestaciones. Su particular personalidad se refleja en una ciudad de contrastes, donde conviven trazados urbanos muy distintos (combinando orden y caos) con heterogéneos edificios (tanto esplendorosos como humildes), todo ello en una sugerente mezcla de languidez y nostalgia con optimismo y esperanza.
En la primera parte del artículo, analizamos las claves napolitanas desde su fundación hasta el final de la Edad Media, dejando para esta segunda la evolución a partir de entonces, cuando Nápoles emergió como una de las grandes capitales europeas (llegando a competir con Londres y París) que decayó tras la unificación italiana. No obstante, Nápoles mantiene ese irresistible atractivo que la convirtió en una de las ciudades más fascinantes del Mediterráneo.