20 de dic. de 2014

El “embellecimiento” de Madrid y Barcelona durante la Ilustración. (Paralelismos y Divergencias entre Madrid y Barcelona, 11)

La escultura de Neptuno (izquierda) y la de Hércules (derecha) fueron muestras del embellecimiento ilustrado de Madrid y Barcelona respectivamente.
En la segunda mitad del siglo XVIII las reformas auspiciadas por el despotismo ilustrado en España se extenderán por todos los ámbitos de la sociedad, incluyendo a las ciudades, que serían “embellecidas”. El embellecimiento ilustrado es una noción amplia, que va más allá del ornato para asumir también cuestiones de mejora infraestructural y dotacional, creando espacios urbanos escenográficos, levantando edificios monumentales y atendiendo también a cuestiones de salubridad (como por ejemplo, el saneamiento, la pavimentación o la iluminación). El objetivo final era transformar las vetustas ciudades heredadas en urbes modernas, representativas e higiénicas.
Pero las intervenciones no afectaron a todas las ciudades por igual. Madrid, como sede de la Corona fue la mayor beneficiada. La capital se convirtió en una verdadera ciudad cortesana que, por fin, podía escenificar la representación del poder con orgullo. En Barcelona, las circunstancias eran otras y su atención priorizó la incipiente industrialización e intentó resolver el problema del alojamiento de las clases populares (teniendo en la Barceloneta la actuación más emblemática).
Como resultado de las intervenciones ilustradas, las dos ciudades se modernizaron, pero mientras que en Madrid se fue manifestando una impronta institucional y burocrática en la que las formas dominaban al fondo, en Barcelona se comenzó a consolidar una identidad mercantil (con sus vertientes empresarial y obrera) en la que el fondo se sobreponía a los aspectos formales.


13 de dic. de 2014

Nuevas referencias para Madrid y Barcelona de la mano de los Borbones (durante el siglo XVIII) (Paralelismos y Divergencias entre Madrid y Barcelona, 10)

El Palacio Real de Madrid y la Ciudadela de Barcelona representan la primera etapa borbónica en las dos ciudades.
En el año 1700 comenzó la dinastía borbónica en la monarquía española. Pero sus inicios fueron muy turbulentos ya que tuvieron que superar la Guerra de Sucesión que se originó tras la muerte sin descendencia de Carlos II, el último rey de los Austrias hispanos. El conflicto posicionó en bandos contrapuestos a Madrid y Barcelona. Mientras que la capital apoyó al rey Felipe V de Borbón, Barcelona respaldó al pretendiente, el Archiduque Carlos de Austria.
Con el Tratado de Utrecht de 1713, se daría fin a la guerra y se reafirmaría a Felipe V como rey de España (aunque Barcelona continuó su lucha hasta 1714). La dinastía, de origen francés, establecería nuevas referencias mirando a Europa como modelo, y particularmente a Francia y a Italia, que irían marcando la evolución de gustos y costumbres.
El siglo XVIII presenta dos mitades diferenciables, tanto política como artísticamente. Durante la primera, se asentaría una nueva forma de monarquía, absoluta, centralista y uniformadora, en la que las ciudades asistieron a la culminación del barroco (pasando de un estilo autóctono a otro internacional); mientras que en la segunda  se daría paso a un periodo ilustrado, caracterizado por un despotismo reformista del que derivó un intenso proceso de recualificación y embellecimiento urbano siguiendo los cánones neoclásicos de corte académico.
Vamos a aproximarnos a ese primer periodo de la centuria para descubrir como Madrid fue distinguido por su apoyo a la causa felipista, recibiendo actuaciones para mejorar su representatividad como ciudad principal del país (destacando la construcción del nuevo Palacio Real); mientras que Barcelona tuvo que afrontar las consecuencias de su deslealtad al rey Borbón y fue convertida en una “plaza fuerte” sometida a la autoridad militar (identificada con la traumática creación de la Ciudadela).

6 de dic. de 2014

Lecturas de la ciudad. Paseos por espacios significativos.

Roma. Campidoglio
Espacio y Comunicación son dos nociones amplias con convergencias diversas. Entre esa variedad relacional nos interesa la que se refiere a la capacidad del espacio para transmitir mensajes a través de su propia configuración.
Esto implica, en primer lugar, la necesidad de superar la condición funcional de la arquitectura y de los espacios urbanos para considerarlos sistemas de signos, es decir, entidades dotadas de significado. En este sentido, atribuimos  a la expresión “espacio significativo” la capacidad de convertirse en canal de expresión atemporal para transmitir mensajes.
Así pues, nos dirigimos hacia los procesos de comunicación y sobre ellos sustentaremos la idea de “lectura” de la ciudad que, como en todo acto comunicativo, traslada información desde unos emisores hasta unos receptores a través de un canal (los espacios de la ciudad) y cuya revelación efectiva depende de un código de interpretación, e incluso de un contexto que lo condiciona.
No obstante, la “lectura” de la ciudad adquiere matices particulares. Es el caso, por ejemplo,  de las lecturas afectivas o poéticas que se originan desde claves individuales e íntimas. Pero sobre todo, nos importa el acercamiento colectivo de carácter sociocultural, la conexión a través de la cual podemos aspirar a conocer los deseos y los logros de las generaciones anteriores y también a descubrir las esencias de nuestra propia contemporaneidad. Estos mensajes forman parte del “corpus” cultural que determina nuestra forma de ser y actuar. Por eso, aprender a “leer” la ciudad es un objetivo esencial para conocernos a nosotros mismos.

29 de nov. de 2014

La Ciudad Vieja de Jerusalén, el legendario centro del universo antiguo, entre la historia y el mito.

Jerusalén: en primer término la Cúpula de la Roca y tras ella la Ciudad Vieja. Al fondo la ciudad moderna.
De Jerusalén se dice que es la morada de un Dios, la capital de dos pueblos y el templo de tres religiones. Se proclama igualmente la existencia de dos ciudades, en un juego especular que ofrece una urbe terrenal y real frente a otra divina y perfecta. También aparece una Ciudad Vieja amurallada, dentro de la cual se encuentran la mayoría de los lugares sagrados para el judaísmo, el cristianismo y el islamismo, cuestión que convierte a Jerusalén en triple Ciudad Santa. Esta Ciudad Vieja se delimitó en 1538 y contuvo a Jerusalén en el interior de sus murallas hasta la segunda mitad del siglo XIX, momento en el que comenzó la expansión moderna. Además, en la actualidad, la metrópoli jerosolimitana se encuentra dividida en dos partes (un Oeste judío y un Este teóricamente musulmán), separadas por una “línea verde”, nombre de la frontera que se trazó para separar Israel y Palestina.
Todo ello nos habla de la complejidad de una ciudad que fue el centro del universo antiguo, que ha padecido un turbulento pasado, y se enfrenta en el presente a una muy delicada situación política, ya que es disputada violentamente por judíos y musulmanes, que la reclaman como su capital única e irrenunciable. Jerusalén es una ciudad con una larga, densa y agitada historia, que trenza leyendas con realidades, difuminando tras un halo de misterio su evolución urbana.

22 de nov. de 2014

¿Por qué Jerusalén es una ciudad santa para los cristianos, para los judíos y para los musulmanes?

Jerusalén, la triple ciudad santa. A la izquierda, judíos orando ante el Muro de las Lamentaciones. En el centro, cristianos en el interior del Santo Sepulcro durante el Viernes santo. A la derecha, musulmanes orando en la explanada de las Mezquitas.
¿Cómo es posible que un lugar poco estratégico, alejado del mar y de las rutas comerciales, con pocos recursos, con un relieve abrupto, escasez de agua y un clima bastante extremo, pudiera erigirse como el centro del mundo antiguo? ¿Qué sucedió allí para recibir tal consideración?
Hace más de tres mil años, en el Oriente Próximo, un pequeño poblado fortificado llamado Sión ó Jebús, se transformó en Jerusalén, la capital del primer reino de Israel, y se convirtió en escenario de acontecimientos trascendentales (fueran históricos o legendarios) para tres credos relacionados: el judío, el cristiano y el musulmán. Con el tiempo, Jerusalén perdería la influencia política pero ganaría la divina. La Ciudad Santa por excelencia, triplemente venerada, es un punto de referencia que atrae a millones de peregrinos de las tres religiones monoteístas.
Pero su carácter sagrado no debe ocultar una historia violenta, de incomprensiones, intolerancias y enfrentamientos que han hecho correr rios de sangre por las calles de la ciudad. Los deseos de posesión exclusiva han originado destrucciones y muerte, creando un palimpsesto en el que es muy difícil separar la ficción de la realidad.
Hoy, la fascinante Jerusalén sigue en el ojo del huracán, incluso más que en periodos anteriores, por ser un “campo de batalla estratégico entre civilizaciones en conflicto” como la definió Simon Sebag Montefiore.

15 de nov. de 2014

Benarés y el Ganges, ciudad santa y río sagrado, entre la devoción y la contaminación.

Benarés y el Ganges (Ahilya Ghat).
Hay lugares señalados por la trascendencia. Pueden ser montes, rios, cuevas o también ciudades, que se convierten en lugares sagrados en virtud de una profunda significación religiosa. Las causas son variadas. Pueden ser por asociación con personalidades religiosas, también por haber servido de escenario de experiencias espirituales, o incluso por identificarlos directamente con la divinidad.
El hinduismo cuenta con una conjunción especial: la de una ciudad santa, Benarés (ó Varanasi) con la de un rio sagrado, el Ganges. Según este credo, bañarse en el rio limpia los pecados y purifica el alma, y morir en la ciudad supone quedar liberado del ciclo de las reencarnaciones, lo que conlleva que Benarés sea el destino de muchos ancianos y enfermos que desean fallecer en ella. Por todo ello, la ciudad es objeto de veneración y atrae a millones de peregrinos convirtiendo la relación con su río en algo muy particular. El frente acuático está constituido por una sucesión de Ghats, unos espectaculares graderíos dispuestos en la orilla y que se adentran en el agua para facilitar a los hindúes la realización de actividades muy variadas, desde la inmersión regeneradora, hasta su propia limpieza personal o la cremación de cadáveres, cuyas cenizas son arrojadas al Ganges.
Pero a su paso por Benarés, el sagrado curso del Ganges muestra también otra cara, mucho más mundana, en la que se observa un rio extremadamente contaminado. No obstante, los devotos no aceptan que esa agua divina pueda causarles daño aunque los datos científicos advierten del elevado riesgo para la salud de los baños.

8 de nov. de 2014

Atravesando ríos: Puentes y túneles para los cruces fluviales de Nueva York.

Brooklyn Bridge, uno de los iconos de Nueva York.
Más allá de sus múltiples beneficios, los ríos suponen una barrera geográfica y el ser humano ha procurado atravesarlos de forma segura desde tiempos muy remotos. Los puntos de paso se convertían en lugares estratégicos y, en muchos casos, los puentes allí instalados animaron a la creación de asentamientos urbanos en su entorno. No obstante, las ciudades también han encontrado dificultades para enlazar su estructura urbana sobre ellos, teniendo en cuenta que además de cruzar personas y vehículos también tienen que hacerlo infraestructuras muy variadas. Afortunadamente, los avances de la tecnología han solventado esos hándicaps, permitiendo puentes espectaculares en sitios complicados o permitiendo pasar de un lado a otro mediante túneles. Nueva York, y particularmente la isla de Manhattan, es una esas ciudades que han sufrido para cruzar sus ríos y poder así comunicar todas sus partes.
Manhattan se encuentra rodeada por el Hudson River, el East River y el Harlem River. Pero a pesar de que haya tres cauces que reciban la denominación de río, Nueva York tiene solamente uno. Únicamente el Hudson River es un curso fluvial auténtico. El East River forma parte de un brazo de mar que adopta una forma longitudinal junto a Manhattan que da apariencia de río, y el Harlem River no es más que un canal acuático natural, aunque muy modificado, entre los anteriores. Pero más allá de estas consideraciones que los diferencian, los tres cauces tienen en común las grandes dificultades que ofrecieron históricamente para ser atravesados con construcciones permanentes. Hubo que esperar a finales del siglo XIX y principios del XX para que los avances tecnológicos permitieran tender puentes y excavar túneles que enlazaron definitivamente la isla con su entorno.