24 de ene. de 2015

Las dos caras de San Petersburgo: Palacios suntuosos frente a humildes Casas-Comuna (Kommunalka).

Estatua de Pedro I El Grande, instalada en 2006 en la isla Vasilievski, obra de Zurba Tsereteli, sobre el fondo de los bloques residenciales soviéticos.
Las ciudades ofrecen muchos rostros diferentes y, en ocasiones, muestran dos visiones destacadas con contrastes muy acusados. En estos casos suele contraponerse una imagen general privilegiada, que se proyecta hacia el exterior, con otra que se acostumbra a ocultar con cierta vergüenza y donde la vida no es tan amable. Hay muchos ejemplos de estas ciudades bifrontes y San Petersburgo es una de ellas.
Su “cara” más reconocida muestra la espectacularidad del sueño de su fundador, el zar Pedro I El Grande: una ciudad que se levantó de la nada para convertirse en la gran capital de Rusia, caracterizada por sus suntuosos palacios, monumentos y grandes avenidas. Pero la ciudad esconde otra realidad en las barriadas donde se acumulan viviendas comunales de la era soviética y que, todavía en la actualidad, se encuentran habitadas en paupérrimas condiciones. Se calcula que 600.000 personas viven en las kommunalka (коммуналка), en las que varias familias comparten el mismo espacio y luchan por una supervivencia digna.
Las instituciones promotoras han desaparecido (ya no existen ni los zares ni los soviets) pero el San Petersburgo del siglo XXI mantiene esa doble imagen extrema: la que enfrenta a una ciudad de ensueño con una ciudad de pesadilla.

17 de ene. de 2015

El Ágora de Atenas y los Foros de Roma: representación del espacio ciudadano frente al espacio del poder.

El Ágora ateniense y el Foro romano como arquetipos espaciales: la representación ciudadana frente a la representación del poder.
La existencia de un espacio común y compartido es consustancial a los asentamientos humanos. Desde una óptica simbólica, pueden identificarse dos visiones diferentes acerca de la configuración de esos lugares que denominamos plazas. La primera, expresa la formación del espacio a partir de la voluntad del colectivo, como producto del requerimiento de un lugar de encuentro y relación para múltiples actividades cívicas (comerciales, políticas, festivas, etc.). En muchos de estos casos, las plazas se generaron a partir de la reserva de suelo consensuada, ocupando una posición relativamente central y pudiendo estar acompañadas de edificios de la comunidad (un ayuntamiento por ejemplo). La segunda óptica, entiende la formación de ese espacio como una dotación ofrecida por el líder del grupo (político, religioso, etc.) a sus subordinados. Las plazas que seguían esta línea, solían vincularse a la existencia de grandes edificios que recordaban la presencia del poder y la autoridad.
El Ágora de Atenas y los Foros romanos son en la actualidad unas ruinas que difícilmente logran transmitir lo que fueron en sus momentos de esplendor. Afortunadamente, las investigaciones arqueológicas y los numerosos escritos que los describieron, nos permiten intuir su antigua formalización. Su origen funcional fue similar (primero necrópolis y después mercado) pero su evolución “política” fue muy diferente. En su apogeo representaron visiones antagónicas, puesto que mientras el Ágora ateniense personificó el espacio ciudadano, los Foros romanos encarnaron la representación del poder. Por esta razón, ágora y foro (aunque los términos puedan utilizarse como sinónimos) se han convertido en arquetipos de esas dos formas de entender las plazas públicas.

10 de ene. de 2015

La Grand Place de Bruselas: la representatividad de la burguesía gremial.

Bruselas. Grand Place.
Representar es una palabra que al ser aplicada a las ciudades adquiere, al menos, una doble significación. Por una parte encontramos el concepto de representación, que se refiere a la creación de elementos sustitutivos, evocadores de la propia ciudad a través de la cartografía, de las vedutes o de imágenes muy variadas. Por otra parte descubrimos la representatividad, una noción más compleja por la que la Arquitectura y el Espacio Urbano son capaces de personificar y simbolizar con una gran fuerza expresiva consideraciones acerca de nuestros ancestros y su legado.
Vamos a acercarnos a la Grand Place de Bruselas como ejemplo de representatividad, ya que el espacio más emblemático de la capital belga se erige como testimonio de la burguesía gremial que la creó. Uno de los motores principales de la incipiente vida urbana medieval fue el constituido por los gremios o corporaciones, asociaciones socio-profesionales para la defensa de los intereses de sus miembros. Estos primeros “burgueses” (habitantes de los “burgos”, denominación medieval para las ciudades) construyeron los espacios urbanos dejando reflejados en ellos sus rasgos colectivos esenciales.

3 de ene. de 2015

Escenografías trascendentales: el caso de la Plaza del Campidoglio de Roma.

Roma. Piazza del Campidoglio.
Hay lugares especialmente trascendentes, que están marcados por el destino. La colina del Capitolio en Roma es uno de ellos. Era la más pequeña de las siete colinas fundacionales de Roma, pero sería la más distinguida. Fue el lugar religioso de más importancia en la Antigua Roma y, durante la Comuna medieval, se convirtió en el centro político de la ciudad con la construcción del Palacio de los Senadores. El Capitolio, fue el “caput mundi” romano, la “cabeza del mundo” y confirmó su elevada significación con la creación de la extraordinaria Piazza del Campidoglio, que diseñó Michelangelo Buonarroti en el siglo XVI.
La plaza fue uno de los primeros espacios urbanos concebidos de forma unitaria y su análisis nos permite apreciar una escenografía compleja que aprovecha los recursos de la geometría y de la perspectiva para componer un lugar de gran simbolismo. La Piazza del Campidoglio  (sede de los Museos Capitolinos) es hoy visitada por miles de turistas que siguen asombrándose ante un espacio que marcó un hito en la representación de la dignidad del poder.

27 de dic. de 2014

Plazas medievales de Praga, consideraciones sobre los planos verticales del espacio.

Plaza de la Ciudad Vieja de Praga.
Praga es una joya, o mejor dicho, un collar en el que se engarzan sus plazas medievales como alhajas extraordinarias. Sus seis plazas históricas: la Plaza de la Ciudad Vieja, la Plaza del Castillo, la de Mala Strana y las tres de la Ciudad Nueva (Wenceslao, Carlos y Senovazne) se configuraron como centros de cada una de las cuatro ciudades en las que Praga estuvo dividida hasta 1784. Estas maravillosas plazas son un buen campo de investigación sobre alguno de los temas esenciales en la configuración de los espacios urbanos.
La tridimensionalidad del espacio es una evidencia, y su descomposición en “planos” es una aproximación metodológica tanto para su diseño como para su didáctica y comprensión. Por ejemplo, podemos analizar la relación entre el Espacio Urbano y los planos verticales arquitectónicos que lo definen. En una primera instancia el estudio puede focalizarse en la propia disposición de los planos, es decir, dejando de lado su composición o su materialidad (es decir, ritmos, tipologías de huecos y relieves, materiales, colores, texturas, etc.) y sin profundizar en temas como la rotundidad de los lienzos, sus proporciones, su grado de penetración en planta baja, la presencia de elementos volados e incluso la continuidad o discontinuidad de las cornisas en su “encuentro” con el cielo.
Las seis plazas históricas de la Praga Medieval, que fueron reinventadas por el Barroco, ofrecen una interesante variedad de ejemplos sobre esta relación entre el espacio público y los paramentos verticales que lo configuran, debido, entre otras cosas, a su diversa disposición topográfica, a su pluralidad morfológica o a sus particulares relaciones con el entorno. De un primer análisis elemental podremos extraer unas conclusiones iniciales, tanto espaciales como visuales.

20 de dic. de 2014

El “embellecimiento” de Madrid y Barcelona durante la Ilustración. (Paralelismos y Divergencias entre Madrid y Barcelona, 11)

La escultura de Neptuno (izquierda) y la de Hércules (derecha) fueron muestras del embellecimiento ilustrado de Madrid y Barcelona respectivamente.
En la segunda mitad del siglo XVIII las reformas auspiciadas por el despotismo ilustrado en España se extenderán por todos los ámbitos de la sociedad, incluyendo a las ciudades, que serían “embellecidas”. El embellecimiento ilustrado es una noción amplia, que va más allá del ornato para asumir también cuestiones de mejora infraestructural y dotacional, creando espacios urbanos escenográficos, levantando edificios monumentales y atendiendo también a cuestiones de salubridad (como por ejemplo, el saneamiento, la pavimentación o la iluminación). El objetivo final era transformar las vetustas ciudades heredadas en urbes modernas, representativas e higiénicas.
Pero las intervenciones no afectaron a todas las ciudades por igual. Madrid, como sede de la Corona fue la mayor beneficiada. La capital se convirtió en una verdadera ciudad cortesana que, por fin, podía escenificar la representación del poder con orgullo. En Barcelona, las circunstancias eran otras y su atención priorizó la incipiente industrialización e intentó resolver el problema del alojamiento de las clases populares (teniendo en la Barceloneta la actuación más emblemática).
Como resultado de las intervenciones ilustradas, las dos ciudades se modernizaron, pero mientras que en Madrid se fue manifestando una impronta institucional y burocrática en la que las formas dominaban al fondo, en Barcelona se comenzó a consolidar una identidad mercantil (con sus vertientes empresarial y obrera) en la que el fondo se sobreponía a los aspectos formales.


13 de dic. de 2014

Nuevas referencias para Madrid y Barcelona de la mano de los Borbones (durante el siglo XVIII) (Paralelismos y Divergencias entre Madrid y Barcelona, 10)

El Palacio Real de Madrid y la Ciudadela de Barcelona representan la primera etapa borbónica en las dos ciudades.
En el año 1700 comenzó la dinastía borbónica en la monarquía española. Pero sus inicios fueron muy turbulentos ya que tuvieron que superar la Guerra de Sucesión que se originó tras la muerte sin descendencia de Carlos II, el último rey de los Austrias hispanos. El conflicto posicionó en bandos contrapuestos a Madrid y Barcelona. Mientras que la capital apoyó al rey Felipe V de Borbón, Barcelona respaldó al pretendiente, el Archiduque Carlos de Austria.
Con el Tratado de Utrecht de 1713, se daría fin a la guerra y se reafirmaría a Felipe V como rey de España (aunque Barcelona continuó su lucha hasta 1714). La dinastía, de origen francés, establecería nuevas referencias mirando a Europa como modelo, y particularmente a Francia y a Italia, que irían marcando la evolución de gustos y costumbres.
El siglo XVIII presenta dos mitades diferenciables, tanto política como artísticamente. Durante la primera, se asentaría una nueva forma de monarquía, absoluta, centralista y uniformadora, en la que las ciudades asistieron a la culminación del barroco (pasando de un estilo autóctono a otro internacional); mientras que en la segunda  se daría paso a un periodo ilustrado, caracterizado por un despotismo reformista del que derivó un intenso proceso de recualificación y embellecimiento urbano siguiendo los cánones neoclásicos de corte académico.
Vamos a aproximarnos a ese primer periodo de la centuria para descubrir como Madrid fue distinguido por su apoyo a la causa felipista, recibiendo actuaciones para mejorar su representatividad como ciudad principal del país (destacando la construcción del nuevo Palacio Real); mientras que Barcelona tuvo que afrontar las consecuencias de su deslealtad al rey Borbón y fue convertida en una “plaza fuerte” sometida a la autoridad militar (identificada con la traumática creación de la Ciudadela).