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| El relieve de la Roma original: siete colinas (o más) |
El mito de las siete colinas que conforman Roma tiene más que ver con la significación de este número que con la realidad, ya que, desde tiempos muy remotos, no hay un acuerdo sobre su identificación y, además, el entorno nos ofrece un número superior de montículos.
En cualquier caso, la Roma antigua no puede entenderse sin la base de su relieve que influyó en la localización de vías estructuradoras, lugares simbólicos, infraestructuras, etc.
El relieve sobre el que se asienta una ciudad es un punto de partida esencial para la conformación de la misma. La adaptación topográfica, que era una obligación en la antigüedad, se vio relativizada por la potencia tecnológica, lo que ocasionó (y ocasiona) impactos relevantes en el paisaje.
Uno de los puntos importantes para conseguir una ciudad sostenible es que sus nuevos crecimientos recuperen una relación equilibrada con el suelo en el que se asientan. En esta línea, surge el objetivo de aspirar al balance cero para las tierras o a la racionalidad en los movimientos de las aguas.
