Entre todas las operaciones
desarrolladas para la Barcelona de los XXV JuegosOlímpicos, celebrados en 1992, la que tuvo mayor relevancia para la
cultura urbanística fue la Villa Olímpica. Este
proyecto alcanzó una gran repercusión internacional por su particular propuesta
de intervención en el espacio consolidado de la ciudad.
La ubicación de la Villa Olímpica fue
una decisión trascendental. El Poblenou era
una zona fundamentalmente industrial que se encontraba muy degradada, pero que
contaba con un gran valor posicional como primer eslabón de la gran estrategia
que pretendía abrir la ciudad al mar.
La Villa Olímpica planteó una intervención en la ciudad
que buscaba una conciliación con la historia, integrando el trazado del Eixample de Cerdá con los logros del
Movimiento Moderno, y las esencias de la ciudad mediterránea.
El resultado suscitó gran admiración, aunque no estuvo
exento de polémicas.
