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Los contrastes identitarios de
Nápoles superan el ámbito de lo urbano para ser también sociales. A la
izquierda, calle de los Quartieri Spagnoli y a la derecha, Galería Umberto I.
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La identidad
napolitana es el producto de una peculiar fusión de elementos de origen diverso
que ha logrado expresarse de forma nítida y reconocible, con rasgos
distintivos que van desde una lengua propia, hasta las inolvidables canciones
napolitanas y su sutil melancolía, o el carácter festivo, exagerado y casi
pendenciero de sus gentes, entre otras manifestaciones. Su particular
personalidad se refleja en una ciudad de contrastes, donde conviven trazados
urbanos muy distintos (combinando orden y caos) con heterogéneos edificios (tanto
esplendorosos como humildes), todo ello en una sugerente mezcla de languidez y nostalgia
con optimismo y esperanza.
En la primera parte del artículo, analizamos
las claves napolitanas desde su fundación hasta el final de la Edad Media,
dejando para esta segunda la evolución a partir de entonces, cuando Nápoles
emergió como una de las grandes capitales europeas (llegando a competir con
Londres y París) que decayó tras la unificación italiana. No obstante, Nápoles
mantiene ese irresistible atractivo que la convirtió en una de las ciudades más
fascinantes del Mediterráneo.










