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Arriba, imagen de la Weissenhof de Stuttgart de 1927. Debajo,
imagen de la Interbau 1957 celebrada en Berlín.
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Las vanguardias arquitectónicas que alumbrarían el Movimiento Moderno fueron consolidándose
en la década de 1920. El funcionalismo sería su gran credo y se mantendría
vigente, dentro del marco canónico, hasta finales de los años cincuenta.
Durante esos treinta años, los arquitectos racionalistas se fueron reuniendo
periódicamente en los Congresos
Internacionales de Arquitectura Moderna (los CIAM), en los que se iría
definiendo una buena parte de su doctrina y, en particular, las bases de la Ciudad Funcional, el modelo de ciudad
más característico del siglo XX.
Aunque hubo propuestas teóricas sobre la Ciudad Funcional (como la Ville Radieuse de Le Corbusier) y se
lograron construir ejemplos completos en países del Tercer Mundo, como Chandigarh, Brasilia o Islamabad, en Europa se levantaron dos “muestras”
singulares. Fue en el principio y en el final del Movimiento y se convirtieron en “manifiestos construidos”. Fueron
dos exposiciones internacionales de
arquitectura que reunieron arquitectos afines y ofrecieron una colección de
obras representativas. En 1927 se construyó en Stuttgart la Weissenhof
Siedlungen, expresando los valores de la vanguardia de ese momento,
mientras que tres décadas después se levantó en el barrio Hansaviertel de Berlín la Interbau 1957 que supondría el canto del cisne del Funcionalismo que, a partir de entonces, evolucionaría hacia otros
horizontes menos dogmáticos.
