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Hitos recordatorios de los trifinios analizados:
arriba, de la denominada “Triple Frontera” Sudamericana y debajo del “Dreiländereck”
europeo.
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Nuestro
planeta está surcado por unas líneas invisibles que delimitan los territorios
políticos (aunque en ocasiones aprovechen accidentes geográficos o se materialicen
con muros o vallados para indicar las fronteras con rotundidad). A veces, esas
líneas convergen en puntos que se convierten en vértices muy singulares porque en ellos se congregan más de dos estados.
Uno
de estos casos son los denominados trifinios, puntos en los que
confluyen tres países distintos. Habitualmente se localizan en espacios naturales,
pero hay ejemplos que aparecen en áreas urbanizadas, en las que la reunión de tres ciudades de naciones
diferentes genera situaciones muy particulares, superando las habituales
relaciones producidas entre parejas urbanas fronterizas.
Vamos
a aproximarnos a dos casos concretos y muy distintos por su contexto,
geográfico, cultural y socioeconómico. El primero se encuentra en Sudamérica:
la denominada “Triple Frontera” que, señalada por dos ríos, el Paraná y el Iguazú, separa Argentina, Brasil y Paraguay. El segundo caso está
en Europa y es algo más complejo porque la separación no es tan nítida como en
el anterior. En este trifinio, que en
alemán recibe el nombre de Dreiländereck (“esquina de los tres
países”), se reúnen Francia, Alemania y Suiza en una conurbación presidida por
la ciudad más importante: la suiza Basilea que linda sin solución de
continuidad con sus vecinas francesas y germanas.
