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Stourhead Gardens. Mere,
Wiltshire (Inglaterra)
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Toda
Inglaterra es un gran paisaje. Las suaves ondulaciones de su relieve, cubiertas
de césped y complementadas con un exuberante arbolado, han acompañado a sus
habitantes desde siempre, generando una larga tradición de amor hacia la
jardinería y la horticultura.
En ese
ambiente propicio, nacieron, a mediados del siglo XVIII, las ideas que
modificarían radicalmente la relación entre el ser humano y la naturaleza.
Surgirá entonces una nueva sensibilidad hacia el paisaje, en la que el
individuo y el entorno se relacionarán de una manera mucho más libre. El jardín inglés supuso una propuesta
alternativa e innovadora para la creación de paisajes, que se alejaba de las
imposiciones geométricas que procedían, sobre todo, del jardín clásico francés, y de la densidad culturalista y simbólica de los
jardines italianos. La jardinería inglesa reivindicará el valor del paisaje por
sí mismo, caracterizado por la libertad dispositiva de la naturaleza (aunque
era más aparente que real) y por la primacía de las percepciones humanas
individuales.
Desde las islas, convertidas entonces
en primera potencia mundial, se exportó esa original concepción al resto del mundo, convirtiendo
al jardín paisajista inglés en la nueva referencia para la composición de
paisajes.
