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El Plan de Extensión de Amsterdam, aprobado en 1935, se
convirtió en una especie de manifiesto construido de la Ciudad Funcional. En la
imagen, Buitenveldert, el último barrio que se desarrolló.
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Los modelos
urbanos son referencias aspiracionales que basculan entre la abstracción
narrativa y la figuración ejemplar para fijar el rumbo de las ciudades. En
algunas ocasiones excepcionales, esos anhelos toman forma, apareciendo como una
utopía realizada.
Esto sucedió
en Amsterdam, en 1934, cuando el Plan de Extensión de la ciudad (Algemeen Uitbreidingsplan, AUP) se convirtió
en un manifiesto construido de la Ciudad Funcional. La capital de los
Países Bajos se erigió como un innovador faro que orientaría a los funcionalistas de todo el mundo. A ello
contribuyeron la abierta sociedad holandesa, su contexto legislativo y
político, el disponer de suelo público o el liderazgo de un personaje muy comprometido
con la modernidad: Cornelis van Eesteren.
La
singularidad de la metodología y del proceso que siguió el AUP de Amsterdam nos permitirán aproximarnos al Plan siguiendo una
analogía con el proceso de ensamblaje de un mueble de Ikea, como si fuéramos un
bricoleur urbano construyendo una Ciudad Funcional.