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16 sept 2017

Asociaciones identitarias: la “glamurosa” conjunción de tres ciudades con tres pintores (Cadaqués/Dalí, Sitges/Rusiñol, Arlés/van Gogh)

El café Van Gogh en Arlés en una muestra de la recuperación de los paisajes del pintor.
Los procesos de generación de identidad urbana son, a veces, imprevisibles. Desde luego, todas las ciudades tienen un “mínimo común” que las iguala, pero hay algunas que cuentan con cualidades particulares que les permiten sobresalir. Estos rasgos singulares pueden tener expresiones muy diversas.
Una de ellas es la cultura, que en ciertas ciudades se ha apoyado en la asociación con algún artista genial que vivió en ellas y les transmitió parte de ese halo casi mágico que asignamos a los creadores. Sobre esa base, y aprovechando también otras virtudes, esas ciudades han logrado construir una imagen sofisticada y glamurosa muy apreciada.
En esta línea, vamos a aproximarnos a tres casos que tienen muchos puntos en común, tanto por su ubicación mediterránea, como por sus atractivos entornos y, sobre todo, por ese halo cultural que las ha convertido en lugares fascinantes para un turismo que busca algo más que playa y sol. Se trata de tres parejas de ciudad/artista: en la Costa Brava española, Cadaqués y Salvador Dalí; en la costa del Garraf, próxima a Barcelona, Sitges y Santiago Rusiñol; y, en la Provenza francesa, Arlés y Vincent van Gogh.

28 ago 2017

Cuando la ciudad se refugió en la arquitectura (los casos de Split y Arlés)

La Arlés romana (Arelate) se contrajo drásticamente durante la Alta Edad Media, convirtiendo su Anfiteatro (Arènes) en la nueva ciudad “fortificada”.
La caída del Imperio Romano de Occidente tuvo graves consecuencias para casi todas sus ciudades. Las turbulencias políticas y las recurrentes invasiones produjeron una inestabilidad generalizada que redujo drásticamente el comercio en el oeste europeo, frenando en seco la prosperidad alcanzada e iniciando un imparable declive urbano. Además, los saqueos se convirtieron en algo habitual y hubo ciudades devastadas por las múltiples luchas mantenidas en aquellos primeros años de la Edad Media.
Algunas ciudades fueron abandonadas, aunque la mayoría resistió, asumiendo importantes degradaciones del tejido urbano anterior. Entre estas, hubo ciertos casos muy particulares porque los residentes buscaron cobijo dentro de grandes construcciones imperiales que habían quedado vacantes, reconfigurándolas como contenedores urbanos para olvidarse del resto del casco.
Estas urbes sufrieron una contracción extrema, ejerciendo la arquitectura como refugio de la ciudad. Los ejemplos de la croata Split (Aspalatum), con la reconversión del gran Palacio de Diocleciano, o el de la francesa Arlés (Arelate), reutilizando su anfiteatro, se encuentran entre los más espectaculares.