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24 mar 2020

El Mediterráneo, un mar “arquitectónico” con estancias, pasillos o puertas.


El Mediterráneo es un mar con sentido “arquitectónico”. La analogía permite caracterizar un entorno con rasgos similares a los de un lugar terrestre, descubriendo, entre otras cuestiones, “estancias”, “pasillos” o “puertas”. En la imagen, Santorini, una de las islas Cícladas en el mar Egeo, que destaca entre las más apreciadas “estancias” mediterráneas.
No es lo mismo un mar que un océano. A pesar de sus muchas similitudes, las diferencias son notables y están basadas en criterios que atienden a la extensión y a la relación de las masas de agua con el litoral terrestre; pero, sobre todo, en cuestiones emotivas e irracionales que tuvieron su origen en el pensamiento mítico ancestral. Entonces, frente al océano, recóndito e incomprensible, el mar aparecía como algo asequible, entrañable, incluso relativamente amable y familiar.
En este artículo vamos a aproximarnos al Mar Mediterráneo, un mar que se convirtió en la referencia absoluta durante la antigüedad de la civilización occidental. Lo haremos a partir de una serie de consideraciones geográficas y culturales que le proporcionan un cierto sentido “arquitectónico”. La analogía permite caracterizarlo como si se tratara de un lugar terrestre, descubriendo, entre otros elementos, “estancias”, “pasillos” o “muros” y “puertas”. Así, la transfiguración de litorales e islas, rutas y estrechos, o pequeños mares locales con un nombre propio, irá describiendo un entorno singular, construido física y mentalmente por las diversas civilizaciones que lo han habitado y cuyo legado determina nuestras percepciones.