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10 may 2014

Las ciudades de Edward Rutherfurd: Londres, Nueva York y París (Formas de mirar la ciudad)

La memoria de lo urbano es responsable, en gran medida, de nuestra idea sobre las ciudades. Aparece tanto en la experiencia de lo real como en las múltiples aportaciones inmateriales que recibimos. Es el caso, por ejemplo, de las historias que atesora la ciudad y que ayudan a explicar su realidad actual. Sean grandes acontecimientos o sucesos cotidianos, sus espacios las recuerdan y las reflejan, logrando expresar un cierto carácter colectivo.
La literatura es uno de los instrumentos principales para la captación de esos mensajes. Su demostrada capacidad para “excitar” nuestra mente le permite crear imágenes poderosas, que pueden llegar a ser tan intensas como las propiamente sensoriales. Así pues, también la literatura “mira” a la ciudad.
Estas nociones son las que han llevado a Edward Rutherfurd a escribir varios libros en los que se sumerge en el pasado de ciudades y territorios, como método para comprender algo de su presente y de su futuro. Son narraciones de ficción histórica, multigeneracionales, que tratan sobre las pasiones humanas. No obstante, su discurso se encuentra tan inseparablemente unido a un escenario concreto que, éste, acaba convirtiéndose en el verdadero protagonista del relato. Son destacables sus exitosas novelas dedicada a Londres, Nueva York y París, ciudades caracterizadas a partir de los avatares seculares de diferentes sagas familiares.

La literatura “urbana” nos permite aproximarnos de forma amena a la realidad presente, acercándonos a las aspiraciones y a los esfuerzos que generaciones anteriores hicieron para conformar el espacio que hemos heredado. Una buena forma de “mirar” la ciudad con los ojos de la mente.


25 ene 2014

La Nueva York de Will Eisner (formas de mirar la ciudad)


Las representaciones de la ciudad acostumbran a mostrar el escenario donde transcurren nuestras vidas con espectaculares perspectivas o con impresionantes cartografías que privilegian la arquitectura y los espacios icónicos. Los ciudadanos, en el caso de aparecer, lo hacen como meros secundarios, para dar escala o ambiente. Pero hay otra forma de mirar la ciudad, componiendo su imagen a través de las historias de las personas que la habitan, y el mundo del cómic ha profundizado en ella.
El caso de Will Eisner y Nueva York es paradigmático. Con más de sesenta años, Eisner, el creador de The Spirit, el detective enmascarado, que había permanecido más de veinticinco años alejado de la publicación de historias gráficas, retornó con fuerza al mundo del comic. Pero lo hizo con una visión muy diferente, alejada del entretenimiento y destinada a un público adulto, al que quería transmitir sus reflexiones sobre la condición humana. Eisner denominó a sus nuevas historias “novelas gráficas”, término que acabaría asentándose.
En esta última etapa de su obra, Eisner volvió la mirada a su ciudad natal y a sus gentes. Nueva York (especialmente durante el periodo entreguerras) se convirtió en protagonista de sus nuevas historias. Pero, la Nueva York de Will Eisner es diferente, porque su mirada se focaliza en sus habitantes, en la gente de barrio, en sus pequeñas cosas y, a partir de ellas, la identidad de la ciudad se va revelando en nuestra mente como suma de experiencias.

31 ago 2013

El Berlín de Wim Wenders (Berlín en la década de 1950, la ciudad-doble)

Imagen de la espectacular primera escena de “In weiter Ferne, so nah!”, un travelling aéreo alrededor de la Columna de la Victoria (Siegessäule) que preside el Tiergarten de Berlín.
La construcción de la identidad inmaterial de las ciudades debe mucho al cine. La creación de imágenes alimenta mitos urbanos que pueblan nuestra mente forjando nuestra concepción sobre ellas. En algunos casos afortunados se produce una magia especial entre el contenido y la ciudad elegida. Berlín es uno de estos casos.
Wim Wenders dirigió en 1987 una historia doble, sobre dos mundos, el de los ángeles y el de los  mortales (Himmel über Berlin, El Cielo sobre Berlín). Berlín era el escenario perfecto para representarla dada su condición de Ciudad Doble, dividida por el Muro de la vergüenza. En este juego de duplicidades, Wenders rodó una segunda parte en 1993 (In weiter Ferne, so nah!, ¡Tan lejos, tan cerca!), con la ciudad iniciando su esforzada reunificación, y la metáfora urbana volvió a encajar para encarnar la reunión de los dos universos.
Las películas son un complejo ejercicio de gran belleza, en las que la ciudad se convierte en el vehículo simbólico ideal para trasladar sus mensajes.
Aprovecharemos la referencia para acercarnos a la construcción de la Ciudad Doble en el Berlín de la década de 1950.

27 jul 2013

El Chicago de Jules Guerin (y Daniel Burnham) (Formas de mirar la ciudad)

La lámina CXXXVII del Plan de Chicago de 1909, obra de Jules Guerin.
Las ciudades evolucionan y se nos presentan de forma muy distinta a como fueron en una época determinada. Por eso, desde nuestro presente, la diferencia entre las imágenes de antiguas ciudades reales y las de pasados proyectos urbanos que nunca se realizaron, es mínima. En ambos casos se nos muestran espacios que no existen (unos por haber sido transformados y otros porque nunca llegaron a consolidarse) pero que “viven” en nuestra imaginación o en los testimonios gráficos que hemos recibido.
En 1909 se soñó un Chicago distinto, pero fueron muy pocas las operaciones que se llevaron a cabo finalmente. En ese año se redactó un Plan para la ciudad bajo la dirección de Daniel H. Burnham. La comunicación del Plan contó con un ilustrador excepcional que representó extraordinariamente aquel Chicago imaginado. El artista norteamericano Jules Guerin fue un maestro en el dibujo arquitectónico y urbano, y su magnífico trabajo para el Plan de Chicago de 1909 tuvo una gran repercusión. La popularidad alcanzada por algunas de estas imágenes, hicieron sentir a ese Chicago como si hubiera sido real, influyendo notablemente en el desarrollo posterior de la representación urbana.

13 jul 2013

El París de “Nestor Burma” (y de Léo Malet y Jacques Tardi) (Formas de mirar la ciudad)

El detective parisino Nestor Burma y su inseparable pipa.
En el París de la posguerra y de los años cincuenta, se escuchaba Jazz, a Brassens y a Jacques Brel, allí polemizaban Jean-Paul Sartre y Albert Camus, Cortázar escribía Rayuela, se gestaba la Nouvelle Vague, se admiraba a Brigitte Bardot y emergían los grandes modistos que marcarían estilo. En esos años, París fue forjando esa aureola de glamour que ya no le abandonaría.
Pero había otro París, menos glamuroso, menos iluminado, más humilde. En ese París se desenvolvería, Nestor Burma, el mítico detective de ficción creado por Léo Malet, uno de los padres de la novela negra francesa, y que adquiriría una imagen de la mano del gran dibujante de cómic Jacques Tardi.
Jacques Tardi ilustró las andanzas del detective, dibujando, con una precisión casi arqueológica, aquel París que hundía sus raíces en la posguerra y fraguaba las bases de la década prodigiosa de los años sesenta.

29 jun 2013

El Madrid de Pedro de Texeira (Formas de mirar la ciudad)

El plano de Madrid realizado por Pedro de Texeira en 1656 en la lámina XIII, que detalla el centro de la ciudad.
A mediados del siglo XVII, el gran imperio español comenzaba a declinar y en su capital, se escenificaban todas las contradicciones del momento. A Madrid, que había sido designada por Felipe II como capital en 1561 frente a otras ciudades que aspiraban a ese título, le costó vencer la sensación de provisionalidad derivada de las fuertes presiones de sus competidoras. Desde aquel nombramiento, el antiguo “poblachón manchego” se desarrolló con rapidez superando múltiples dificultades, que iban desde su inadecuada topografía hasta las maniobras políticas que pretendían arrebatarle esa posición de privilegio, como sucedió cuando Felipe III trasladó la capital a Valladolid en 1603 (que Madrid logró recuperar tres años después).
Si hay una imagen icónica sobre ese Madrid antiguo, esa es la visión ofrecida por Pedro de Texeira en el año 1656. Ese plano, conocido como el “Plano de Texeira” (o simplemente “el Texeira”) es una representación muy fidedigna del Madrid de los últimos Austrias.

8 jun 2013

La Venecia de Jacopo de Barbari (Formas de mirar la ciudad)

Venecia es excepcional. No hay otra ciudad igual. Las hay que tienen canales, las hay fundadas en albuferas o lagunas, o las hay con un papel histórico muy destacable, pero Venecia es única. Es diferente desde su fundación y por su peculiar desarrollo. Venecia es hoy una realidad convertida en mito, es una ciudad que ha trascendido su evidente interés urbano para convertirse en uno de los iconos de nuestra cultura.
En el año 1500, Venecia era una ciudad poderosa. Dominaba el Mediterráneo y manejaba las claves de la política y el comercio internacional en una época esplendorosa para la Serenissima Repubblica. Su singularidad irrepetible era el orgullo de sus habitantes y por ello se encargó a un joven grabador la representación de su éxito.
Jacopo de Barbari, creó uno de los planos más espectaculares de la historia de la representación urbana, iniciando una forma de mirar la ciudad que determinaría el desarrollo de la cartografía futura. Pero la representación de una ciudad nunca ofrece una visión neutra. Podemos encontrar zonas enfatizadas y otras eclipsadas. También podemos encontrar deformaciones o modificaciones de la realidad. En ocasiones son la manifestación de la subjetividad del artista o del cartógrafo, o de las imposiciones del promotor. En cualquier caso, esto no es negativo porque nos descubre claves históricas para el entendimiento de la ciudad.
Exploremos los inicios de Venecia, hasta llegar a esa imagen extraordinaria que nos legó Jacopo de Barbari.