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Superposición del trazado inicial de Heian-kyo (Kyoto)
sobre la recreación por satélite de su extensión actual.
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Japón es el Extremo Oriente, un espacio geográfico singular.
Su peculiar territorio fue el soporte sobre el que se forjó una cultura de gran
originalidad que se manifiesta en múltiples expresiones. Filosofía y religión,
arte y jardinería, ceremonia y gastronomía, laboriosidad y tecnología son
algunos de los peculiares ingredientes de una civilización sorprendente y
admirable.
La vinculación de Japón con China fue intensa en épocas
antiguas, pero en un momento dado (fijado en torno al año 522) las islas
emprendieron su vuelo independiente. Poco a poco, fue fraguando la cultura
japonesa, cuya idiosincrasia, refinamiento y sofisticación se fue destilando en
las ciudades que habían ido fundándose desde entonces.
Aquellas ciudades iniciales estaban muy influidas por la
impronta china pero fueron evolucionando con marcados matices propios. Hoy, una
ciudad como Tokio nos asombra al
encabezar el ranking de ciudades más pobladas del mundo (su área metropolitana alberga
33,8 millones de personas). Pero si
queremos profundizar en los rasgos de las ciudades niponas debemos fijarnos en
su antigua capital, Kyoto, un lugar
que representa la quintaesencia de lo
japonés.