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Ordenaciones iniciales para el ACTUR-Tres Cantos en
Madrid (izquierda) y ACTUR-Puente de Santiago
en Zaragoza (derecha)
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La España de
principios de la década de 1960 asistió a un despegue económico sin
precedentes. Esa etapa, conocida como “desarrollismo”,
tendría importantes consecuencias urbanas. La fuerte emigración recibida desde
los entornos rurales, puso en evidencia la falta de preparación de las ciudades
para acoger un éxodo tan explosivo. Se sucedieron diferentes estrategias encaminadas
a paliar el grave déficit residencial, que se concretarían en una vertiginosa
construcción de viviendas a lo largo de ese periodo. Con ello, se cambiaría la
faz de aquellas ciudades, hasta el punto de constituir un nuevo “paisaje urbano” en las periferias de las mismas.
Uno de los
últimos planes de vivienda adoptados en dicha época fue el Programa ACTUR
(Actuaciones Urbanísticas Urgentes)
que, en 1970, seleccionó varios emplazamientos en las principales urbes para
proponer operaciones muy ambiciosas, de gran extensión y con miles de
viviendas, en sintonía con los modelos europeos que se estaban realizando entonces.
Las ACTUR ofrecieron la oportunidad de
planificar crecimientos siguiendo, con algunos matices, los postulados del Movimiento Moderno.
La irrupción
de la crisis económica de 1973 afectó profundamente a las ACTUR. Ralentizó los proyectos, obligó a modificaciones
sustanciales de los mismos y llegó, en algún caso, a abortar la intervención.
De las diferentes propuestas que se activaron, las dos más emblemáticas fueron
la que se levantó en las proximidades de Madrid y que se emanciparía como una
nueva ciudad (Tres Cantos), y un nuevo barrio en Zaragoza, en la margen
izquierda del rio Ebro, que se
denominó “Puente de Santiago” pero
acabó siendo reconocido simplemente como “el
Actur”.
