14 feb 2015

De la Weissenhof (1927) a la Interbau (1957): los extremos temporales del urbanismo funcional canónico (en Europa). (Autores: Carlos F. Lahoz Palacio y José Antonio Blasco Abad)

Arriba, imagen de la Weissenhof de Stuttgart de 1927. Debajo, imagen de la Interbau 1957 celebrada en Berlín.
Las vanguardias arquitectónicas que alumbrarían el Movimiento Moderno fueron consolidándose en la década de 1920. El funcionalismo sería su gran credo y se mantendría vigente, dentro del marco canónico, hasta finales de los años cincuenta. Durante esos treinta años, los arquitectos racionalistas se fueron reuniendo periódicamente en los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (los CIAM), en los que se iría definiendo una buena parte de su doctrina y, en particular, las bases de la Ciudad Funcional, el modelo de ciudad más característico del siglo XX.
Aunque hubo propuestas teóricas sobre la Ciudad Funcional (como la Ville Radieuse de Le Corbusier) y se lograron construir ejemplos completos en países del Tercer Mundo, como Chandigarh, Brasilia o Islamabad, en Europa se levantaron dos “muestras” singulares. Fue en el principio y en el final del Movimiento y se convirtieron en “manifiestos construidos”. Fueron dos exposiciones internacionales de arquitectura que reunieron arquitectos afines y ofrecieron una colección de obras representativas. En 1927 se construyó en Stuttgart la Weissenhof Siedlungen, expresando los valores de la vanguardia de ese momento, mientras que tres décadas después se levantó en el barrio Hansaviertel de Berlín la Interbau 1957 que supondría el canto del cisne del Funcionalismo que, a partir de entonces, evolucionaría hacia otros horizontes menos dogmáticos.


7 feb 2015

Crónica breve de los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM).

Cartel del CIAM VII celebrado en Bérgamo.
A lo largo de treinta años, entre 1928 y 1959, los CIAM (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna) reunieron a los arquitectos de vanguardia, quienes fueron levantando acta del movimiento que caracterizó el siglo XX. En esos encuentros se fue construyendo buena parte del cuerpo teórico de la arquitectura y de la ciudad racionalista.
Como todas las obras clásicas de teatro, el conjunto de los once CIAM se desarrolló en tres actos: planteamiento, nudo y desenlace. Durante los cuatro primeros se definieron las bases que culminarían en la Carta de Atenas, el manifiesto de la Ciudad Funcional escrito en 1933. Los cuatro siguientes consolidaron las claves del movimiento, a la vez que asistían a la emergencia de discrepancias internas. Los tres últimos prepararían la necrológica del movimiento. Aquel extraordinario edifico doctrinal se resquebrajaría dinamitado desde dentro por una nueva generación de arquitectos (la denominada tercera generación) que reivindicaron las emociones humanas como ingrediente ineludible de la arquitectura y de la ciudad.
En 1959, el CIAM XI cerró la historia de unos congresos que tendrían una relativa continuidad en las posteriores reuniones del TEAM X, el grupo “rebelde”.

31 ene 2015

Entre la conservación y el olvido: Posturas ante el patrimonio heredado en cinco Ciudadelas históricas.

La Ciudadela de Lille es uno de los grandes ejemplos de fortificación ideados por el Marques de Vauban. Se conserva perfectamente integrada en un gran parque urbano.
Una de las construcciones características de los siglos XVI al XVIII fueron las Ciudadelas, recintos militares que dominaron algunas ciudades que se convirtieron en “plazas fuertes” dentro de un periodo de intensos conflictos bélicos. Con el tiempo esas espectaculares y geométricas fortificaciones perdieron su razón de ser y las ciudades se encontraron frente al dilema de qué hacer con ellas.
El debate de fondo expresa el posicionamiento ante el patrimonio histórico heredado y, particularmente, ante un legado que no se adapta con facilidad a los requisitos de la ciudad contemporánea.
Como ejemplo, vamos a aproximarnos a cinco casos muy distintos respecto a la consideración de esas antiguas Ciudadelas. Las diferentes posturas van desde la conservación, manteniendo en cierta medida el uso original (la Ciudadela de Jaca), hasta la eliminación radical borrando cualquier rastro en el trazado urbano (la Ciudadela de Turín), pasando por diversas posiciones intermedias: el mantenimiento de lo esencial con amputaciones parciales (como es el caso de la Ciudadela de Pamplona); el reciclado drástico para adaptar los espacios útiles a nuevos usos (como se hizo en la Ciudadela de Montpellier); o la desaparición relativa, puesto que la supresión física no evita su recuerdo, tanto por su influencia en la trama del entorno como por la conservación de algún resto (como sucedió con la Ciudadela de Barcelona).

24 ene 2015

Las dos caras de San Petersburgo: Palacios suntuosos frente a humildes Casas-Comuna (Kommunalka).

Estatua de Pedro I El Grande, instalada en 2006 en la isla Vasilievski, obra de Zurba Tsereteli, sobre el fondo de los bloques residenciales soviéticos.
Las ciudades ofrecen muchos rostros diferentes y, en ocasiones, muestran dos visiones destacadas con contrastes muy acusados. En estos casos suele contraponerse una imagen general privilegiada, que se proyecta hacia el exterior, con otra que se acostumbra a ocultar con cierta vergüenza y donde la vida no es tan amable. Hay muchos ejemplos de estas ciudades bifrontes y San Petersburgo es una de ellas.
Su “cara” más reconocida muestra la espectacularidad del sueño de su fundador, el zar Pedro I El Grande: una ciudad que se levantó de la nada para convertirse en la gran capital de Rusia, caracterizada por sus suntuosos palacios, monumentos y grandes avenidas. Pero la ciudad esconde otra realidad en las barriadas donde se acumulan viviendas comunales de la era soviética y que, todavía en la actualidad, se encuentran habitadas en paupérrimas condiciones. Se calcula que 600.000 personas viven en las kommunalka (коммуналка), en las que varias familias comparten el mismo espacio y luchan por una supervivencia digna.
Las instituciones promotoras han desaparecido (ya no existen ni los zares ni los soviets) pero el San Petersburgo del siglo XXI mantiene esa doble imagen extrema: la que enfrenta a una ciudad de ensueño con una ciudad de pesadilla.

10 ene 2015

La Grand Place de Bruselas: la representatividad de la burguesía gremial.

Bruselas. Grand Place.
Representar es una palabra que al ser aplicada a las ciudades adquiere, al menos, una doble significación. Por una parte encontramos el concepto de representación, que se refiere a la creación de elementos sustitutivos, evocadores de la propia ciudad a través de la cartografía, de las vedutes o de imágenes muy variadas. Por otra parte descubrimos la representatividad, una noción más compleja por la que la Arquitectura y el Espacio Urbano son capaces de personificar y simbolizar con una gran fuerza expresiva consideraciones acerca de nuestros ancestros y su legado.
Vamos a acercarnos a la Grand Place de Bruselas como ejemplo de representatividad, ya que el espacio más emblemático de la capital belga se erige como testimonio de la burguesía gremial que la creó. Uno de los motores principales de la incipiente vida urbana medieval fue el constituido por los gremios o corporaciones, asociaciones socio-profesionales para la defensa de los intereses de sus miembros. Estos primeros “burgueses” (habitantes de los “burgos”, denominación medieval para las ciudades) construyeron los espacios urbanos dejando reflejados en ellos sus rasgos colectivos esenciales.

3 ene 2015

Escenografías trascendentales: el caso de la Plaza del Campidoglio de Roma.

Roma. Piazza del Campidoglio.
Hay lugares especialmente trascendentes, que están marcados por el destino. La colina del Capitolio en Roma es uno de ellos. Era la más pequeña de las siete colinas fundacionales de Roma, pero sería la más distinguida. Fue el lugar religioso de más importancia en la Antigua Roma y, durante la Comuna medieval, se convirtió en el centro político de la ciudad con la construcción del Palacio de los Senadores. El Capitolio, fue el “caput mundi” romano, la “cabeza del mundo” y confirmó su elevada significación con la creación de la extraordinaria Piazza del Campidoglio, que diseñó Michelangelo Buonarroti en el siglo XVI.
La plaza fue uno de los primeros espacios urbanos concebidos de forma unitaria y su análisis nos permite apreciar una escenografía compleja que aprovecha los recursos de la geometría y de la perspectiva para componer un lugar de gran simbolismo. La Piazza del Campidoglio  (sede de los Museos Capitolinos) es hoy visitada por miles de turistas que siguen asombrándose ante un espacio que marcó un hito en la representación de la dignidad del poder.

6 dic 2014

Lecturas de la ciudad. Paseos por espacios significativos.

Roma. Campidoglio
Espacio y Comunicación son dos nociones amplias con convergencias diversas. Entre esa variedad relacional nos interesa la que se refiere a la capacidad del espacio para transmitir mensajes a través de su propia configuración.
Esto implica, en primer lugar, la necesidad de superar la condición funcional de la arquitectura y de los espacios urbanos para considerarlos sistemas de signos, es decir, entidades dotadas de significado. En este sentido, atribuimos  a la expresión “espacio significativo” la capacidad de convertirse en canal de expresión atemporal para transmitir mensajes.
Así pues, nos dirigimos hacia los procesos de comunicación y sobre ellos sustentaremos la idea de “lectura” de la ciudad que, como en todo acto comunicativo, traslada información desde unos emisores hasta unos receptores a través de un canal (los espacios de la ciudad) y cuya revelación efectiva depende de un código de interpretación, e incluso de un contexto que lo condiciona.
No obstante, la “lectura” de la ciudad adquiere matices particulares. Es el caso, por ejemplo,  de las lecturas afectivas o poéticas que se originan desde claves individuales e íntimas. Pero sobre todo, nos importa el acercamiento colectivo de carácter sociocultural, la conexión a través de la cual podemos aspirar a conocer los deseos y los logros de las generaciones anteriores y también a descubrir las esencias de nuestra propia contemporaneidad. Estos mensajes forman parte del “corpus” cultural que determina nuestra forma de ser y actuar. Por eso, aprender a “leer” la ciudad es un objetivo esencial para conocernos a nosotros mismos.