21 feb. 2015

Toulouse-Le Mirail y la renovación de la Ciudad del Movimiento Moderno: de la utopía al desencanto.

Toulouse-Le Mirail.
En Toulouse (Francia) se pudo materializar, aunque parcialmente, el ideal de la joven generación de arquitectos críticos con la ortodoxia funcionalista. Los renovadores imaginaron una ciudad “futura” más humana, diseñada para los ciudadanos y no para los vehículos, en la que los espacios públicos permitieran la interrelación entre las personas, y que pretendía, además, armonizarse con el medio ambiente y ser respetuosa con la historia.
Sobre estas bases nació, en 1961, Toulouse-Le Mirail. La nueva ciudad era un sueño realizable, una brillante e innovadora utopía que tomaba forma, y parecía tener todos los ingredientes para triunfar. Pero la realidad fue otra. Toulouse-Le Mirail, no llegó a completar su programa, abatida por una serie de problemas económicos, políticos y sociales. Y aunque sus inicios fueron exitosos,  acabaría transformada justamente en lo contrario de lo que pretendían sus autores. El sueño derivó en pesadilla, el barrio se convertiría en sinónimo de peligrosidad y la utopía dio paso al desencanto.

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Toulouse-Le Mirail, el sueño fracasado de los renovadores del Movimiento Moderno.
A finales de la década de 1950, el Funcionalismo se encontraba en plena crisis interna. El debate entre la “vieja guardia” moderna, que mantenía la ortodoxia racionalista, y la nueva generación, que reclamaba cambios profundos en las dinámicas urbanas del Estilo Internacional (y particularmente de la Carta de Atenas), se saldaría con la disolución de los CIAM y la aparición del TEAM X como lugar de encuentro de los jóvenes arquitectos reivindicativos.
La nueva visión planteada, que aceptaba muchos de los logros de la modernidad,  apelaba a las olvidadas emociones como componentes fundamentales de la arquitectura y de la ciudad. La ciudad no podía ser considerada exclusivamente como una máquina eficiente y debía recuperar su papel como un lugar para la convivencia de las personas. Por eso surgieron nuevos proyectos urbanos alternativos a las versiones maquinistas de la generación anterior. Una de esas propuestas fue Toulouse-Le Mirail. El hecho de que lograra pasar del papel a la realidad, su gran tamaño, así como las innovaciones espaciales y tipológicas que incorporaba, le proporcionaron una repercusión extraordinaria.
En esos mismos años, Toulouse estaba experimentando una presión demográfica muy intensa. En 1960 contaba con aproximadamente 300.000 habitantes, pero la Guerra de Independencia de Argelia (entonces un departamento francés) estaba forzando un éxodo extraordinario (se calcula que aproximadamente un millón de personas se dirigieron a Francia). Una parte importante de estos repatriados argelinos (los denominados pieds-noirs) se instalaría en el sureste francés (Marsella principalmente, pero también Montpellier, Niza o Toulouse) generando graves problemas de alojamiento en esas ciudades.
En el caso de Toulouse, la inmigración fue intensa, generando un incremento demográfico que sería fundamental para que en la década de 1960, dentro de la estrategia de equilibrio territorial iniciada por el gobierno francés, la ciudad se convirtiera en una métropol d’équilibre, y se beneficiara de la localización de empresas e instituciones públicas (que comenzarían a forjar su orientación aeronáutica-electrónica) iniciando un periodo de gran prosperidad.
En consecuencia, Toulouse debía plantearse con urgencia un crecimiento muy considerable para absorber a esa población inmigrante y Le Mirail fue la respuesta.
Ubicación de Le Mirail, en la margen izquierda del rio Garona, en relación al casco histórico de Toulouse.
La evolución natural de Toulouse se encontraba en la ribera izquierda del rio Garona (el casco histórico se sitúa en la derecha). Por esa razón se comenzaron a explorar las posibilidades de esos terrenos para alojar el tan necesario crecimiento, fijándose en la zona denominada  Le Mirail. El nuevo alcalde (maire) de la ciudad, Louis Bazerque (miembro de la SFIO, partido que se convertiría en 1969 en el Partido Socialista Francés), había ganado las elecciones en 1958 prometiendo alojamiento para todos, y se puso manos a la obra. En 1960 consiguió para Le Mirail la designación como ZUP (Zone à Urbaniser en Priorité, zona de urbanización prioritaria) y se comenzaron con urgencia los preparativos: se convocó en 1961 un concurso para la realización de la nueva ciudad y se iniciaron las expropiaciones. La ZUP abarcaba una superficie de unas 800 hectáreas (la mayor del país, doblando a la segunda) y preveía una población de 100.000 habitantes.
En 1962 se falla el concurso, resultando ganador el equipo formado por Georges Candilis (1913-1995), Alexis Josic (1921-2011) y Shadrach Woods (1923-1973), junto a los ingenieros H. Piot, J.N. Doulikian y J. François. El líder del equipo, Candilis, que había sido discípulo de Le Corbusier y estaba destacando como uno de los miembros más activos del TEAM X, formaría un tándem muy bien sintonizado con el alcalde, que duraría hasta que éste perdió las elecciones municipales de 1971. Candilis, Josic y Woods habían expresado en su propuesta para Le Mirail su visión de la ciudad futura, que rompía con los dogmas de la Carta de Atenas funcionalista y establecía unas nuevas directrices basadas en las personas y la vida ciudadana.  Toulouse-Le Mirail se convertía en el renovado sueño de la ciudad moderna.
Plano de la propuesta ganadora del concurso.
Pero el sueño no se cumpliría. Los problemas presupuestarios y las intrigas políticas acabarían con la derrota del alcalde Bazerque y el cese de Candilis como  director de la propuesta. El planteamiento no se llegaría a completar y solamente una de sus partes (Bellefontaine) respondería a las intenciones iniciales. Pero además, la visión idealista de los autores no se vería refrendada por la realidad. Aunque hubo un cierto éxito inicial, Toulouse-Le Mirail acabaría convirtiéndose en un ghetto con graves problemas sociales, con altas cotas de inseguridad y elevadas tasas de criminalidad. La degradación del barrio alcanzó también a la arquitectura y a los espacios urbanos. Le Mirail se convirtió en sinónimo de decadencia y peligrosidad.
Toulouse-Le Mirail  fue denostado y rechazado como un “agujero negro” de la ciudad. En 1992, un anciano Candilis retornaba a Le Mirail y observaba con tristeza e incredulidad el fracaso de su utopía (existe una grabación de video testimonial). En la actualidad Le Mirail se encuentra en un profundo proceso de renovación dentro del marco de un Grand Projet de Ville (GPV) que está conllevando importantes demoliciones de las construcciones originales. La pregunta, que todavía sobrevuela en el aire, era ¿qué falló? El planteamiento había sido muy meditado, el funcionamiento urbano era innovador y las propuestas formales eran brillantes, pero la realidad fue un fracaso.

El planteamiento de la ciudad del futuro: descripción básica del proyecto de Toulouse-Le Mirail.
Candilis no deseaba crear ni un Grand Ensemble ni una Ville Nouvelle. Los primeros eran inmensos barrios-dormitorio sin una vida ciudadana completa y las segundas eran propuestas urbanas independientes, aunque en algunos casos fueran satélites de una ciudad principal. Lo que se pretendía crear en Le Mirail era un nuevo barrio de Toulouse, dotado con altas cotas de autosuficiencia pero indisolublemente ligado a la ciudad, con la que debía formar un único organismo.
La propuesta de Toulouse-Le Mirail, fue la consecuencia de una intensa elaboración teórica, que los autores venían realizando en los últimos años acerca de las claves que debían caracterizar a la “ciudad futura”, y que era objeto de debate dentro del seno del TEAM X.  Las nuevas ciudades debían ser productos destilados en los que, aceptando parte de los logros y de las virtudes de la Ciudad Funcional, debían incorporarse una serie de nuevos temas que suponían una fuerte crítica al funcionalismo ortodoxo. Las líneas de investigación avanzaban en un doble camino. Por un lado estaba la reivindicación sobre la prioridad de las personas y sus necesidades, más complejas que el planteamiento elemental de  las “cuatro funciones” de la Carta de Atenas. Por el otro, desde un punto de vista más técnico, se investigaba sobre la creación de nuevos entornos urbanos como resultado de la agregación de “células” coherentes que formarían “tejidos” orgánicos y estructurados. En esta línea se propusieron las nociones de “cluster”, “stem” o “web/mat-building” como estrategias de diseño (conceptos que serán analizados en otro artículo).
Pero la densidad de los planteamientos teóricos no impedía la existencia de unas ideas directrices claras y relativamente sencillas:
  • Creación de un entorno urbano integrado (rechazando la zonificación funcionalista) en el que se mezclarían las zonas de vivienda con las actividades públicas y las zonas comerciales e industriales.
  • Creación de un espacio concebido para el peatón, que se manifestaba en la separación radical entre la red de circulación de automóviles y los recorridos a pie de los ciudadanos.

Ciertamente, estas dos ideas no eran nuevas en su tiempo (ya habían sido experimentadas en alguna otra experiencia anterior) pero lo original en Toulouse-Le Mirail fue su aplicación, ya que se realizó una proyección sistemática de los principios anteriores. Toulouse-Le Mirail se diseñó como una megaestructura unitaria, concebida como un juego combinatorio de unos elementos base con unas reglas básicas de ensamblaje.
Esquema de las redes de tráfico (rodado y peatonal) de la propuesta inicial. La gran dalle, la calle peatonal central, se manifiesta con expresividad

La estructura de la ciudad (la separación de tráficos y la adaptación topográfica)
El armazón del proyecto sería su estructura agregativa, dirigida por el deseo de dar respuesta al conflicto entre el tráfico rodado y el peatonal. Las necesidades de superficie para la circulación y aparcamiento de los vehículos eran muy importantes y se pretendía evitar que fagocitara los espacios dedicados a los peatones. El ejemplo de la Place du Capitole de Toulouse era paradigmático: por la mañana era utilizada como mercado, pero por la tarde se transformaba en una gran playa de aparcamiento que expulsaba al peatón del uso de un espacio tan singular y representativo. Por eso, no solo se separarían los tráficos sino que, en los espacios estanciales de la nueva ciudad se eliminaría el aparcamiento de vehículos (que pasarían a ser subterráneos en una gran parte).
La Place du Capitole de Toulouse, en una imagen de 1963 cuando era utilizada como aparcamiento público.
Estos criterios determinaron el planteamiento básico de la estructura urbana de Le Mirail, varias redes superpuestas cuya formalización sería sugerida por la disposición del propio paisaje.
El terreno presentaba tres plataformas diferenciables, de las cuales, la oriental, situada en una cota inferior, adoptaba una forma triangular que se enfrentaba a las otras dos. Entre éstas, discurría un arroyo que desembocaba en el Garona y que generaba un paisaje interesante con agua, árboles y arbustos que definían agrupaciones boscosas junto a extensiones agrícolas. La decisión fue respetar al máximo el carácter paisajístico de ese entorno. Con esta estrategia, la propuesta manifestaba otro rechazo hacia la “isótropa” Ciudad Funcional.
Entorno paisajístico y ciudad debían convivir y complementarse. El medio físico debía condicionar la forma urbana de manera que ésta surgiera naturalmente. Del minucioso análisis topográfico surgió la adopción de una primera trama estructural, que sería destinada al tráfico rodado principal y asumiría una geometría hexagonal, que se adaptaba sorprendentemente al relieve y se convertiría en la generatriz de la estructura urbana futura.
Esquemas realizados por Georges Candilis para presentar Toulouse-Le Mirail. A la izquierda, la topografía con sus plataformas y el arroyo central con base para la trama hexagonal. A la derecha, las cinco estructuras (tráfico rodado principal, secundario, la calle central, los corredores verdes, y la red acuática).
Esta red principal se completaba con una segunda que conectaría la red de circulación principal con sus destinos (garajes residenciales y aparcamientos públicos) que iba apareciendo en los intersticios, como una ramificación fractal que buscaba la conexión con las edificaciones.
Sobre las redes anteriores, se superpondría una tercera, la más importante y característica de todas y que crearía un espacio nuevo identificaría el centro (lineal) de la ciudad. Esta red se definía en relación con la trama rodada y se vinculaba igualmente a las sugerencias de la topografía. Surge de esta manera la Dalle, el gran espacio peatonal con vocación de ser la columna vertebral de la actuación y que la atravesaba de norte a sur  y de este a oeste. Esta gran plataforma (el significado de dalle es losa) era una sucesión de espacios públicos peatonales donde se concentraría la actividad ciudadana (los equipamientos, servicios y edificios dotacionales que se ubicaban conectados con ella) y también aglutinaría la mayor densidad de viviendas (los Grandes Bloques que, además, proporcionarían recorridos interiores alternativos). Su objetivo era distribuir equilibradamente  la actividad a lo largo de toda la ciudad. Además conectaría todas las partes de la ciudad con el gran núcleo urbano, el corazón ciudadano, situado aproximadamente  en el centro geométrico de la gran actuación.
Maqueta del núcleo central donde se aprecia la brillantez formal de las propuestas imaginadas.

La importancia de la integración del contexto (el entorno medioambiental y la historia del lugar)
Candilis reivindicaba con fuerza el valor del contexto preexistente como clave para conseguir una identidad para los crecimientos urbanos. La consideración de las sugerencias del entorno físico y el respeto hacia la historia del lugar fueron dos criterios asumidos, que también chocaban frontalmente con la ortodoxia funcionalista.
Así pues, en primer lugar, al sistema formado por las redes urbanas de circulación (peatonal y rodada) se le sumarían otras dos, relacionadas con el paisaje preexistente. Serían una estructura verde formada por corredores ajardinados que acompañaban a los principales ejes, y una estructura azul que recuperaba el agua presente en el entorno como un importante recurso paisajístico gracias a la creación de lagos y estanques distribuidos por la ciudad (y que se nutrían desde los niveles freáticos de la zona).
El segundo tema relacionado con el legado del lugar era la relación con la historia (“no hay ciudad sin historia”, decía Candilis). Para los autores resultaba fundamental armonizar lo nuevo con lo viejo, posibilitando la coexistencia del pasado con el futuro. En Le Mirail, la historia estaba presente gracias a varios châteaux (residencias palaciegas campestres de la nobleza) que se encontraban diseminados por el terreno. Estos châteaux eran edificaciones de épocas diferentes y de distinto valor pero serían mayoritariamente preservados para garantizar la presencia de la memoria en la nueva ciudad. El objetivo no era convertirlos en piezas aisladas de museo sino integrarlos, reconstruyéndolos y proporcionándoles un uso que les otorgara un papel activo en la vida ciudadana. Allí se encontraban el Château du Mirail (construido en 1680 y que daba nombre a toda la zona, vinculado actualmente a la universidad), el Château de Reynerie (construido en 1781 y hoy propiedad del Ayuntamiento de Toulouse, con sus interesantes jardines convertidos en parque público), el Château de Fontaine Lestang, el Château de Bellefontaine (en estos dos casos solamente se conserva una parte, la torre del pigeonnier, el palomar) y el Château de Tabar (hoy reconvertido en mezquita).

La revalorización de la calle como base para la vida ciudadana.
Los autores proponían una rehabilitación de la morfología de calle, que había sufrido un gran rechazo por parte del funcionalismo más ortodoxo. La calle peatonal (principalmente la Dalle) era la auténtica espina dorsal de la ciudad, en la que se ubicaban las tiendas, los teatros, las iglesias, etc. y servía de conexión para el acceso, por ejemplo, a las escuelas. La Dalle era el intento de recuperar, para la ciudad moderna, los espacios que ya existían en la ciudad tradicional y que eran muy apreciados por los ciudadanos (desde las terrazas de los locales de hostelería, hasta los remansos de tranquilidad para transeúntes, lectores o ancianos que buscaban el sol). La ciudad futura, para Candilis, no debía ser un invento artificial sino que, en esencia, debía reflejar a la ciudad existente pero con un diseño más adecuado.
Esquemas realizados por Georges Candilis para presentar Toulouse-Le Mirail. Arriba, a la izquierda, la disposición de los aparcamientos subterráneos y a la derecha, la Dalle conectando los colegios y centros escolares. Debajo, a la izquierda, la Dalle en relación con los Grandes Bloques lineales, y a la derecha esquema explicativo sobre el papel de los Grandes Bloques como recorrido alternativo a la calle central.
En este sentido, una de las preocupaciones de los proyectistas fue la relación del niño con la ciudad. El niño sería el futuro ciudadano y debía conocer y amar su entorno. Los recorridos infantiles debían ser los lugares más emblemáticos de la nueva ciudad. Para ello, los caminos desde la casa hasta el colegio necesitaban ser tranquilos y seguros, permitiéndoles correr, jugar y desplazarse sin peligro (la ausencia de coches se consideraba una premisa fundamental). Los colegios y grupos escolares estarían distribuidos equilibradamente en la estructura urbana a la menor distancia posible de las viviendas.
Los vehículos tenían sus propios trazados, que se cruzaban en diferente nivel con los recorridos peatonales (yendo los coches por el subsuelo). Sus destinos eran los aparcamientos, mayoritariamente subterráneos (tanto públicos como garajes de las viviendas). Con ello se garantizaba que la superficie exterior quedara libre y a disposición de los ciudadanos. En palabras de Candilis: “el terreno liberado de la esclavitud de los vehículos se convertía en dominio de los peatones”. Los edificios serían los enlaces entre esos dos mundos (peatones y vehículos) coenctando los espacios de aparcamiento subterráneo con las redes de circulación.

Las propuestas arquitectónicas
La innovadora propuesta de la estructura urbana fue complementada por varias tipologías arquitectónicas que ofrecían algunas novedades interesantes.  Al margen de la existencia de varias alternativas dentro de cada categoría arquitectónica, las tipologías esenciales de Toulouse-Le Mirail son tres: Los Grandes Bloques lineales, los Bloques Pequeños, las Villas-Patio.
Las tres tipologías principales de Le Mirail: los Grandes Bloques, los Pequeños Bloques y las Villas-Patio.
Los Grandes Bloques lineales eran la estrella de la nueva ciudad. Sus alturas variaban desde las seis a las catorce plantas. Combinados con la calle central (la Dalle), los Grandes Bloques expresaban la diversidad de la vida urbana de Toulouse-Le Mirail, cumpliendo además misiones complementarias como elementos de conectividad. Por supuesto su cometido principal era el residencial, pero también funcionaban como comunicadores, ofreciendo recorridos alternativos a la calle central, protegidos de la lluvia o del sol excesivo, enlazando los diferentes destinos, como mercados, parques, espacios públicos o equipamientos de la ciudad.  Candilis pensaba que la arquitectura y el urbanismo eran lo mismo y ese papel activo de los Grandes Bloques pretendía demostrarlo (ofreciendo esos recorridos resguardados, tanto en planta baja como en algún piso intermedio gracias a los corredores, las “coursives”).
Sección tipo de uno de los Grandes Bloques mostrando los recorridos alternativos (la planta baja y los pasillos exteriores “coursives” de las plantas elevadas)
Por otra parte, su implantación, generalmente perpendicular a la Dalle, y su peculiar forma (siguiendo una directriz hexagonal y abriendo sus extremos como la letra “Y”) iban generando espacios públicos diversos, en ocasiones abiertos y en otras más cerrados.
Los Grandes Bloques lineales de Toulouse-Le Mirail.
Los Pequeños Bloques eran edificaciones de dos a cuatro plantas que se organizaban ortogonalmente en torno a una escalera (no disponían de ascensor) y eran la propuesta vital intermedia entre los Grandes Bloques y las Villas-Patio.
Los Pequeños Bloques de Toulouse-Le Mirail.
Las Villas-Patio eran una evolución de las investigaciones que Candilis había realizado junto a Le Corbusier como responsable de los proyectos en el Magreb. Allí tuvo la oportunidad de familiarizarse con el espíritu de la ciudad musulmana y sus tipologías, así como experimentar con hábitats de bajo coste. Las viviendas unifamiliares de Le Mirail recogerían esa experiencia. Planteadas con una planta (en algunos casos contaba con un segundo piso parcial), organizaban su funcionamiento en torno a un patio interior. Sus ordenaciones son atractivos ejercicios sobre cómo resolver el tema de la relación entre lo público y lo privado. Las Villas-Patio se agrupaban al margen de la gran estructura urbana central creando unas condiciones de vida familiar más cerradas al exterior.
Las Villas-Patio de Toulouse-Le Mirail.

Una organización sistemática.
La estrategia de agregación (desde la “célula” hasta la “ciudad”) tenía un paso intermedio natural en el “barrio”.  La ciudad se organizó en cinco barrios (quartiers) que se interconectaban a través del gran eje central (Bellefontaine, Reynerie,  Mirail-Université, Bagatelle y Faourette, aunque solamente los tres primeros serían desarrollados).
Esquemas realizados por Georges Candilis para presentar Toulouse-Le Mirail. A la izquierda, expresión del centro urbano y de la banda de transición. A la derecha, los cinco barrios de la ciudad y el núcleo central (solo se desarrollaron los tres orientales).
Cada barrio estaría dotado de todos los servicios para proporcionarle autonomía funcional (en cierto modo cada barrio era como una pequeña ciudad completa). Entre estos barrios y conectado con todos ellos se encontraría el núcleo central del conjunto, el corazón urbano. Complementariamente, esta distribución permitiría la realización de la ciudad por etapas (se comenzó por el sur, por Bellefontaine).
Por otro lado, para garantizar el funcionamiento conjunto de Le Mirail con el casco de Toulouse, se aseguró el enlace de la nueva ciudad con la antigua, potenciando una serie de vías que partían del centro histórico y se trazó una circunvalación que envolvería el nuevo barrio. También se pensó en la transición entre la densidad urbana y el entorno semiurbano, agrícola o no construido. La transición se efectuaría por medio de zonas de baja densidad (viviendas y espacios de trabajo) que rodearían a la densa e intensa estructura urbana interior.

La evolución y la realidad de Toulouse-Le Mirail.
Las obras comenzaron en 1964 por el barrio de Bellefontaine. Las circunstancias posteriores harían que éste fuera el único donde se aplicara el concepto original. Pronto llegarían los cambios. El barrio de Reynerie fue sometido a importantes modificaciones del planteamiento inicial, sobre todo en las tipologías arquitectónicas y en la reducción de la Dalle. Pero sería el barrio norte, Le Mirail, el que sufriría una reconfiguración más importante, con la implantación de la Universidad de Toulouse-Le Mirail (que no estaba inicialmente prevista y se incorporó en 1966). Los otros dos barrios, pendientes para una hipotética segunda fase, ya no serían desarrollados siguiendo la planificación de Candilis-Josic-Woods.
La primera fase de Le Mirail (y única desarrollada) de los tres barrios orientales, tras las adaptaciones que incorporan, por ejemplo, a la Universidad (el rectángulo que aparece en el norte). No obstante, solo el barrio sur (Bellefontaine) se realizaría conforme a este plan.
Así pues, la propuesta no se completaría y solamente se ejecutó la primera etapa, sobre unas 400 hectáreas y con un total de 11.681 viviendas dispuestas en los barrios Bellefontaine (3.435), Reynerie (5.382) y Mirail (2.864 viviendas), alojando a unas cuarenta mil personas, lejos de las cien mil de los planteamientos iniciales. La propuesta de alojamientos sociales, en cambio fue superior a la inicialmente prevista. Toulouse-le Mirail se convirtió en una Cité HLM (Habitation à Loyer Modéré, viviendas de renta protegida) muy asequible para la población.
El desarrollo del proyecto estuvo acompañado de importantes problemas presupuestarios y de innumerables turbulencias políticas. La salida del alcalde Bazerque, que perdió las elecciones de 1971 fue trascendental para la evolución del proyecto. El nuevo alcalde, el conservador Pierre Baudis, tenía otras ideas sobre Le Mirail (Baudis sería alcalde desde entonces hasta 1983, fecha en la que sería sustituido por su hijo Dominique Baudis, quien gobernaría hasta 2001). El desplazamiento de Bazerque supuso la pérdida del gran impulsor del proyecto y Candilis, arquitecto-jefe del desarrollo, acabaría siendo cesado, con lo que las dos principales “alma mater” del proyecto (político y técnico) ya no dirigirían el destino de Toulouse-Le Mirail.
No obstante la década de 1970 fue de gran éxito para el nuevo barrio. La nueva ciudad, apoyada por un gran aparato publicitario, resultó inicialmente atractiva para las clases medias tolosanas. En 1972 (cuatro años después de lo previsto) se concluyó Bellefontaine; en 1974 se terminaría el barrio de Reynerie (comenzado en 1969); y finalmente en 1981 lo haría el barrio de Le Mirail (iniciado en 1970). Entonces se daría por concluido el proyecto.
Imagen aérea del barrio de Bellefontaine, con los Grandes Bloques lineales y los Pequeños de cuatro plantas.
Pero a principios de la década de 1980 la situación comenzaría a deteriorarse. La propuesta residencial de Le Mirail para las clases medias empezó a no resultarles satisfactoria. Primero porque en poco más de diez años, los edificios comenzaban a manifestar problemas constructivos, mostrando una obsolescencia acelerada, como consecuencia de los ajustes presupuestarios durante su ejecución y del escaso mantenimiento posterior. Pero también las modificaciones de la política de vivienda, que facilitaban el acceso a la propiedad de viviendas unifamiliares en otros lugares, hicieron que esas clases medias (que habían mejorado económicamente) comenzaran a abandonar Le Mirail. La población original sería reemplazada espontáneamente por una importante inmigración sin recursos (fundamentalmente procedente del Magreb) que era atraída por la prosperidad de Toulouse y las bajas rentas del barrio. La precariedad de los nuevos habitantes hizo que las viviendas de Le Mirail comenzaran a ser ocupadas por más personas de las previstas, y esa intensidad de uso agravó aún más su deterioro. Además, los colectivos recién llegados sufrían desarraigo y no entendían lo que el espacio les proponía y su uso comenzó a desvirtuarse. Con ello, la degradación de las edificaciones, del espacio urbano y de la convivencia social, se aceleraron notablemente, precipitando la huida de muchos de los residentes franceses. Entonces comenzó una espiral que provocó la pérdida de la diversidad social del barrio que terminó convirtiéndose en un ghetto.
La falta de oportunidades para este nuevo colectivo inmigrante empeoró el ambiente del barrio y Le Mirail asistió al crecimiento exponencial de las cotas de inseguridad y las tasas de criminalidad. Le Mirail se convirtió en sinónimo de lugar peligroso. La identificación del término Le Mirail como algo negativo llevó, por ejemplo, al cambio de nombre de la Universidad, que ahora se conoce como Université Toulouse-Jean Jaurès.
La expansión de Toulouse hizo desaparecer la discontinuidad entre Le Mirail y el centro histórico, y el barrio adquirió una posición central dentro de la actual aglomeración urbana. Pero ese tejido se estaba necrosando. Muchas voces advirtieron de que no podía dejarse morir. Además, la estratégica situación adquirida podría proporcionarle oportunidades urbanas de futuro. Algunas agrupaciones vecinales demandaban soluciones y el ayuntamiento de la ciudad solicitó ayudas presupuestarias al gobierno francés para poner en marcha una operación de renovación de gran calado. Quizá la tragedia de la explosión de la industria química AZF en 2001 (solamente diez días después del atentado al World Trade Center neoyorquino), que dejó treinta y un muertos y más de dos mil quinientos heridos graves y estaba situada junto a Le Mirail, preparó emocionalmente la intervención radical en el barrio (Bellefontaine y Reynerie sufrieron importantes daños por la onda expansiva).
En la actualidad, y desde hace más de una década, Le Mirail se encuentra en un profundo proceso de renovación dentro del marco de un Grand Projet de Ville (GPV), que se inició en 2001 y cuyo objetivo es recuperar el barrio para crear un área de nueva centralidad en Toulouse. Esta estrategia urbana está siendo la directriz de una serie de actuaciones muy traumáticas para la estructura original del barrio. En Bellefontaine (y también en menor medida en Reynerie) se han derribado varios de los Grandes Bloques originales con el objetivo de reestructurar el barrio, modificando sus dinámicas espaciales y abriendo otras perspectivas (con nuevas construcciones diferentes sustituyendo a las demolidas).
El Grand Project de Ville puso en marcha la demolición de varios de los Grandes Bloques. Debajo comparación desde el mismo punto de vista del antes y el después de la desaparición de las edificaciones.
Por otra parte, la Universidad, el gran emblema de Le Mirail, se encontraba desde hacia tiempo muy deteriorada constructivamente, además de mostrar alguna incompatibilidad con la evolución de los requisitos para los espacios docentes. Esto ha conllevado algunas demoliciones parciales que han proporcionado espacios libres ajardinados y “solares” para implantar nuevos edificios (más adecuados a las necesidades presentes). Más allá de las amputaciones sufridas hasta el momento, la reforma integral de la Universidad plantea la desaparición del conjunto original proyectado por Candilis-Josic-Woods y su sustitución por un nuevo planteamiento (inspirado en el espíritu Candilis según sus autores).
La Universidad de Le Mirail. De arriba abajo, maqueta de la propuesta inicial, imagen de la realización original e infografía del nuevo proyecto previsto para sustituirla.
Las esperanzas abiertas con el GPV y la reforma de la Universidad no deben evitar el análisis del fracaso de Le Mirail y su propuesta urbana. Se ha achacado el desengaño a cuestiones sociales (formación de un ghetto, elevada inseguridad, etc.) pero, sin obviar esos problemas, la pregunta debe interrogar acerca del por qué se produjeron esas circunstancias negativas. Quizá, ciertas contradicciones del planteamiento y algunos comportamientos típicos de las sociedades humanas puedan aportar algún motivo de reflexión.
Porque puede resultar paradójica la proclamada atención y prioridad de las personas con el gigantismo de los planteamientos alejados de la escala humana, tanto en la edificación como en los espacios. En la misma línea, puede cuestionarse que si el hombre era el destinatario final, los grandes planes se olvidaran del detalle y no advirtieran cómo algunos espacios eran residuales e incluso hostiles (la falta de integración del automóvil motivó unos cuantos). También cabe preguntarse cómo la flexibilidad anunciada se pudo tornar en rigidez, además de constatar que algunas de las innovaciones no funcionaron (como las coursives, esos pasillos exteriores demasiado elevados e inadaptados para el fin propuesto, o el centro exclusivamente peatonal que perjudicó las propuestas comerciales).
En otro orden de cosas, es difícil aceptar que la reivindicación de la identidad urbana pudiera defenderse exclusivamente con la seriación y la repetición de bloques inmensos, o que la legibilidad urbana se desvaneciera en una trama y disposición que dificultaba la orientación de los ciudadanos.

Por otra parte, es imposible que una propuesta arquitectónica pueda perdurar partiendo de la más que ajustada calidad material de sus construcciones y su deficitario mantenimiento. Pero además, la arquitectura, y particularmente la residencial, quizá debe ser más consciente de su temporalidad, puesto que las propuestas vitales cambian (como sucedió en Le Mirail, cuando los miembros de la comunidad, llevados por sus legítimas aspiraciones de mejorar, rechazaron lo que en otros momentos fueron opciones válidas). En estos casos, la flexibilidad adquiere especial importancia.
Ciertamente, las buenas intenciones iniciales no pudieron verse culminadas, pero queda la duda sobre si la ciudad hecha de un solo impulso es capaz de satisfacer el desarrollo natural de una comunidad (los sectores urbanos habitados por una única generación acaban por generar problemas de futuro). Las sociedades humanas son diversas y evolucionan, y las ciudades deben ser su reflejo.
Comparación del planteamiento inicial de Bellefontaine y el estado actual, tras la demolición de varios de los Grandes Bloques y de la Dalle.

6 comentarios:

  1. Bravo, c'est une recherche très précise :)

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  2. ¡Excelente artículo!
    La moraleja, para mí, es que algo tan importante y complejo como una ciudad no es posible dejársela a la aventura de unos arquitectos y, menos aún, en un cierto momento. Debe ser un proceso revisable, multidisciplinario y participativo y debe cuidarse la calidad material de lo construido.
    Muchas gracias por su aplicación e interés.

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  3. Me ha gustado mucho el articulo.
    Casualidades de la vida.
    La Universidad de Le Mirail. De arriba abajo, maqueta de la propuesta inicial, imagen de la realización original e infografía del nuevo proyecto previsto para sustituirla.
    La estructura y proyecto de la Canope que aparece en la foto la estamos realizando una empresa de Granada. Grupo Salmeron.
    En estos momento estamos trabajando en este bonito proyecto.
    Saludos
    Jose Salmeron

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  4. apasionante. me recuerda algo al caso pruitt-igoe, en eeuu, y similares. creo que estos casos sufren de la desidia y mala gestión posterior de los edificios construidos. no obstante hay algunas perspectivas paisajísticas del proyecto original realmente horrendas, el mega-patio que desaparece tras la demolición de parte de los enormes edificios es una muestra.

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  5. Excelente artículo! muy útil desde el punto de vista pedagógico. Muchas gracias por compartirlo.

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  6. Muy interesante artículo.
    Una busqueda profunda, tanto gráfica como escrita.

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