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Les Espaces d'Abraxas (Marne-la-Vallée) de Ricardo
Bofill son un ejemplo del oxímoron residencial.
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Un oxímoron es la reunión de dos nociones
con significado opuesto que, superando la aparente contradicción, pueden
generar un tercer concepto de gran expresividad. El recurso literario anima al
lector a rechazar lo absurdo de la contraposición y a buscar la comprensión del
sentido metafórico de la extraña pareja (por ejemplo, fuego helado, luz oscura,
instante eterno, etc.).
También existe el oxímoron en la
arquitectura. En el
campo residencial, los palacios y las viviendas comunes se encuentran en las
antípodas, compartiendo únicamente su componente habitacional. Por eso, la
reunión de ambas tipologías, tradicionalmente incompatibles, genera la
sorpresa. En el oxímoron, se reúnen lo exclusivo y lo popular, lo monumental
con lo corriente, la grandilocuencia con la humildad, la singularidad con lo
cotidiano.
Descubriremos
estos contrastes en las propuestas decimonónicas del socialismo utópico,
algunas de las cuales se llevaron a la realidad. Estas revolucionarias
construcciones fueron etiquetadas, por sus autores, como “palacios sociales” (Falansterio
de Fourier, Familisterio de Godin en
Guise, etc.). También tras la revolución soviética, cuando a partir del deseo
de crear un nuevo escenario para el nuevo hombre se alumbró el “clasicismo proletario”, que intentó
ofrecer a los trabajadores unas viviendas que los hicieran sentir como la clase
social privilegiada, recurriendo al lenguaje estilístico de la nobleza zarista.
Finalmente, décadas después, en el contexto del Postmodernismo, Ricardo Bofill se convertía en paladín de esa
visión antagónica, proyectando en Francia varios conjuntos de “viviendas monumentales” que fueron
presentadas como una especie de “Versalles
para el pueblo”.






