Hay épocas en las que toca inventar el futuro y trazar las sendas para llegar a él. Y en estos periodos, suelen aparecer personas que asumen la tarea, a veces titánica, de ser ellos los que dan los primeros pasos por caminos que seguirán las generaciones siguientes.
César Cort Botí fue uno de esos singulares pioneros.
No fue un arquitecto típico. No se encerró dentro de los límites de la disciplina, sino que fue un arquitecto emprendedor que desplegó su actividad por muchos campos diversos.
Su polifacética personalidad le permitió ser el primer catedrático de Urbanismo de la Escuela de Arquitectura de Madrid (y de todo el país), ser escritor de libros de referencia en urbanismo o convertirse en académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Fue un gran viajero y de sus viajes a congresos y foros profesionales extrajo innovaciones que introdujo en nuestro país. Una de ellas fue la que le llevó a ser el fundador de la Federación de Urbanismo y Vivienda. También entró en política llegando a ser concejal del Ayuntamiento de Madrid.
César Cort fue, además, un empresario de éxito, desarrollando explotaciones mineras con las que amasó una gran fortuna. En otra faceta fue un promotor inmobiliario visionario sobre el futuro de Madrid a través de su estratégica toma de posiciones de suelo en la capital, y, finalmente, diseñador de la Quinta de los Molinos, uno de los espacios más extraordinarios de Madrid, que inicialmente fue su residencia privada.




