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El hombre de Vitrubio, estudio de las proporciones
humanas realizado por Leonardo da Vinci hacia 1490.
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Además de ser
una necesidad pragmática, medir ordena
el mundo. En sus inicios, los
hombres determinaron las dimensiones de su entorno y de los objetos cotidianos a
partir de la comparación con su propio cuerpo. Dedos, pies o pasos daban
constancia de las magnitudes de las cosas o de las distancias, pero también se
calculaba la superficie de los terrenos en función del esfuerzo necesario para
su labranza. Estos procedimientos conllevaron el problema de su particularidad,
que mejoró cuando evolucionaron desde la medición individual hacia un sistema
estandarizado. No obstante, esta generalización todavía adolecía de un gran
localismo, causando variedades regionales que dificultaban los acuerdos entre
los pueblos. El consenso internacional llegaría tras la Revolución Francesa,
cuando se adoptó mayoritariamente el abstracto sistema métrico. Pero unos pocos
países mantuvieron el antiguo modo antropomórfico (Estados Unidos entre ellos,
con pulgadas, pies, yardas, acres o millas).
Las magnitudes de una ciudad están
referidas al sistema de medición que las creó. Por eso, las longitudes y superficies de sus
espacios, así como sus relaciones, sus proporciones o su simbolismo, deben ser
examinadas desde el conocimiento de esa modalidad de cálculo. Por lo tanto, para analizar la planificación de la ciudad
norteamericana de colonización, debemos profundizar en el sistema de unidades
anglosajón.






