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| Imagen aérea del sector Bassins á flot. Fuente: ANMA (Agence Nicolas Michelin & Associés); / © Sergio Grazia |
Burdeos es una ciudad marítima sin mar. Su
puerto fluvial fue el motor de la prosperidad bordelesa (con el impulso del
afamado vino de la región). En el extremo norte de su extraordinario casco
histórico, conocido como Puerto de la Luna e incluido en el Patrimonio
de la Humanidad, se construyeron las Bassins à flot, unas
peculiares dársenas que propiciaron el crecimiento industrial de su entorno.
Pero a finales del siglo XX la zona comenzó a declinar, quedando un conjunto de espacios
obsoletos en una situación privilegiada que planteó un importante reto: ¿Cómo
transformar estas amplias zonas industriales y económicas abandonadas en un
barrio del siglo XXI, ampliando el actual centro de la ciudad, y todo ello
preservando el valor universal de estos lugares?
La respuesta fue la puesta en marcha en 2010 de una ambiciosa operación
de renovación urbana integral que avanza venciendo las dificultades propias
de una intervención tan compleja. Y las Bassins à flot, además de proporcionar
el nombre al proyecto, se han convertido en su corazón y su emblema.
[este artículo fue objeto de una ponencia de José Antonio Blasco en las jornadas de Arquitectura y Paisaje “Ciudades en la memoria” organizada por
la Asociación Tajamar y el Colegio Oficial de Arquitectos de Cantabria en
octubre de 2020. Fue incluida en el libro AA VV “Ciudades portuarias en la
memoria”, Ed. Asociación Tajamar, 2020]