7 jul. 2018

Bombay (Mumbai) y Calcuta (Kolkata): similitudes y diferencias entre dos ciudades excesivas.


Bombay y Calcuta comparten el pasado imperial británico y la dramática situación de los slums actuales. (arriba a la izquierda la Gateway of India de Bombay; arriba a la derecha, el Victoria Memorial de Calcuta; y debajo, slums en Bombay)
Bombay y Calcuta son dos ciudades excesivas desde muchos puntos de vista. Situadas en cabeza de las más pobladas de la India, se encuentran sobrepasadas por las circunstancias, siendo emblemas de la desigualdad social y de la pobreza extrema, de la congestión urbana y la falta de vivienda, con infraestructuras que no funcionan o problemas de contaminación y salubridad. Pero, pese a todo, siguen siendo el destino esperanzado de millones de personas y continúan ejerciendo una atracción magnética en los visitantes que se ven seducidos por su singular exotismo.
Las dos han cambiado de nombre oficial: Bombay es ahora Mumbai y Calcuta, Kolkata, y son capitales de sus respectivos estados (Maharashtra y Bengala Occidental). Además, comparten otras muchas cuestiones, más allá de su problemática realidad, como haber sido gestadas durante del imperialismo británico, su vocación portuaria, o su particular forma de crecimiento contra el agua. Pero también presentan notables diferencias derivadas de sus circunstancias históricas y de la distancia que las separa (algo más de 2.000 kilómetros), que las ubica en entornos paisajísticos, culturales o lingüísticos muy distintos. Su comparación permite acercarnos a la complejidad del subcontinente indio.

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El Subcontinente Indio: una aproximación geomorfológica.
El denominado “subcontinente indio” es una extensa región geográfica, de unos cuatro millones y medio de metros cuadrados, situada en el sur de Asia. Su nítida delimitación es consecuencia de la evolución geológica de la placa tectónica Índica en la que se encuentra. Esta antigua placa, que se desgajó del supercontinente primigenio Gondwana, colisionó en su devenir con la placa Euroasiática, creando la meseta del Tíbet y la cordillera del Himalaya, y se fusionó, hace unos 50 millones años, con la placa australiana adyacente bajo el océano, formando la actual placa Indo-australiana.
Así pues, es un territorio muy bien definido físicamente: por el sur, aparece el Océano Índico, con un trazado costero muy peculiar debido a la gran península indostaní que surge entre las desembocaduras de los ríos Indo y Ganges; por el oeste, emergen los contrafuertes de la meseta irano-afgana (tras el valle del Indo); por el norte, se eleva la cordillera del Himalaya (tras el valle del rio Ganges); y, por el este, se cierra con los profundos valles y las junglas de Birmania.
Mapa físico del subcontinente indio.
Su extensión y condiciones ofrecen una yuxtaposición de territorios con climas, paisajes y recursos muy distintos, que han comportado condiciones de vida muy diversas a lo largo de la historia para sus habitantes. En consecuencia, surgieron diferentes civilizaciones, manifestadas en una variedad de etnias, culturas, religiones o lenguas, que convivirían en un espacio que facilitó una intensa interacción entre pueblos, con habituales enfrentamientos que llevarían a una basculación entre la unidad y la fragmentación política. No obstante, a pesar de la rotundidad de sus fronteras naturales (el gran océano, las elevadas montañas o las intrincadas selvas), ese territorio no estuvo aislado del exterior y sufriría invasiones e influencias que resultarían trascendentales para su evolución sociocultural.
Podemos abstraer la forma geográfica del subcontinente asimilándola a un deltoide cóncavo (un cuadrilátero no regular, cuyos lados contiguos son iguales dos a dos, como una cometa). Sus ejes se orientarían siguiendo los puntos cardinales. El “triángulo” superior tendría sus lados en las cadenas montañosas que cierran el subcontinente septentrionalmente, precedidas por los valles fluviales. Correspondería aproximadamente a lo que se conoce como llanura indo-gangética. El “triángulo” inferior es propiamente la península indostaní (protagonizada por la central Meseta del Decán), con sus dos lados apuntando hacia el sur (acompañados por las cordilleras de los Ghats occidentales y orientales) y uniéndose en el vértice meridional junto al cual se encuentra la isla de Sri Lanka (la antigua Ceylan). El lado occidental es litoral del Mar Arábigo, mientras que el lado oriental lo es del Golfo de Bengala (ambos mares forman parte del Océano Índico, pero cuentan con la individualidad necesaria para ser identificados con un nombre propio).
A la izquierda Mar Arábigo y a la derecha, Golfo de Bengala, dos mares con personalidad propia dentro del Océano Índico.

El Subcontinente Indio: un esquema histórico y político.
La historia del subcontinente indio puede estructurarse en tres periodos bien diferenciados:
El primero engloba la India histórica, con las llamadas tres civilizaciones “clásicas”: la indoaria o védica (del 1400 a.C. al siglo VI d.C.); la medieval o hinduista (entre los siglos VII y XII); y, finalmente, la islámica-hindú (del siglo XIII al XVIII).
Aunque la primera noticia de civilización en el subcontinente corresponde a la cultura del valle del río Indo (también llamada civilización de Harappa y Mohenjo-Daro, desarrollada entre el 3000 y el 1300 a.C.), la historia india comienza propiamente con la implantación de la cultura védica, gestada por invasores arios procedentes de Asia Central. Estos acabarían controlando el norte del territorio, sobre todo el valle del Ganges, donde crearon diversos pequeños reinos o ciudades-estado (entre las que destacaría Magadha). Fue la época en la que nacieron el hinduismo, el budismo y el jainismo.
Tras las turbulencias provocadas por las sucesivas invasiones de los persas de Ciro y de los macedonios de Alejandro Magno, acabaría forjándose el primer gran imperio hindú que logró unificar casi todo el subcontinente: el Imperio Maurya (322-185 a.C.). El declive de la dinastía Maurya abriría un tiempo prolongado de fragmentación política hasta que, siglos después, surgiría otro destacado estado centralizado, el Imperio Gupta (320-550).
La presencia islámica en el noroeste del subcontinente comenzó poco después de la muerte del profeta, pero no sería hasta principios del siglo XIII cuando se comenzó a forjar un estado musulmán que dominaría la llanura indo-gangética: el Sultanato de Delhi (1206-1526). La paulatina decadencia del sultanato permitiría su descomposición política en un mosaico de estados y reinos. Esta situación inestable acabaría con la imposición de la autoridad del que se convertiría en el mayor estado islámico implantado en el subcontinente, que llegó a controlar la práctica totalidad del territorio: el Imperio Mogol. El imperio empezó a declinar a finales del siglo XVII hostigado por las sublevaciones internas de sijs, pastunes afganos y, sobre todo, de los hindúes marathas, que llegarían a crear una confederación que controlaría el Decán durante varios siglos. La punta meridional peninsular se mantuvo durante largos periodos al margen de las organizaciones políticas septentrionales.
Mapas históricos del subcontinente indio: arriba, Imperio Maurya y debajo Imperio Mogol.
El segundo periodo abarca el periodo colonial que comienza con la llegada de los europeos (portugueses, franceses, holandeses e ingleses), quienes aprovecharan la decadencia del Imperio Mogol para tomar posiciones en la región. Particularmente los británicos que acabaron monopolizando la “colonización” india. Este periodo tiene dos etapas bien diferenciadas.
La primera fase se desarrollaría entre mediados del siglo XVIII y 1857, solapando la progresiva decadencia mogola con la paulatina implantación británica derivada de la acción de la Compañía Británica de las Indias Orientales (East India Company, EIC), una empresa privada (aunque con vinculaciones privilegiadas con el estado) que gobernaba los territorios que se iban dominando.
La segunda fase arranca en 1857 con una nueva fórmula de administración colonial. La grave revuelta de los cipayos llevó a Inglaterra a eliminar el gobierno de la EIC (la compañía acabaría siendo disuelta en 1874) estableciendo la administración directa de la Corona británica a través de la figura de un virrey residente en Calcuta y de la Secretaría de la India en Londres. Esta fase fue la del apogeo imperial británico, aunque desde finales del siglo XIX tendría que lidiar con los nacionalismos (musulmán e hindú, principalmente) que presionarían con fuerza por la emancipación, sobre todo a partir de 1920.
El tercer y último periodo arranca con la independencia respecto al imperio británico, obtenida en 1948, tras la Segunda Guerra Mundial. La primera y fundamental consecuencia de la desvinculación fue la división política del subcontinente en diversos países. La aparición del nuevo mapa político, determinado por cuestiones étnicas y religiosas, ocasionó gravísimos conflictos internos (bélicos incluso) hasta que se logró un equilibrio que todavía no está exento de tensiones. Los estados resultantes de la fragmentación son los actuales India, Pakistán, Bangladesh, Sri Lanka y Myanmar (Birmania). Para cada uno de esos territorios, que tuvieron un pasado común, esto significó un nuevo punto de partida y una evolución propia.
Mapas históricos del subcontinente indio: arriba, el Raj Británico y debajo división política actual

Bombay y Calcuta son dos de las principales ciudades de la India, capitales de los estados Maharashtra y Bengala Occidental, respectivamente. Fundadas durante la colonización británica, se encuentran separadas algo más de 2.000 kilómetros (aproximadamente la distancia que separa Madrid y Berlín). Bombay se encuentra en el litoral occidental indio, frente al Mar de Arabia, mientras que Calcuta se ubica en la parte nororiental del país, cercana al Golfo de Bengala.

Bombay ya no es Bombay, sino Mumbai. Calcuta ya no es Calcuta, sino Kolkata.
Comenzaremos nuestra aproximación a las dos ciudades por una cuestión toponímica. La Unión India lleva saldando cuentas con su pasado colonial desde el mismo momento en que consiguió la independencia. Una de las cuestiones más llamativas en este sentido es la que tiene que ver con el cambio de nombres de ciudades (e incluso de algunos estados) que habían sido asignados por los británicos. Impulsado por el nacionalismo hindú, parece que la India no se cansa de cambiar topónimos, aunque no todo el mundo recibe con agrado la variación alegando las dificultades identitarias y socioeconómicas que genera.
Ya en 1947, Jubbulpore se transformó en Jabalpur y al año siguiente, Cawnpore se rebautizó como Kanpur. Los cambios de denominación afectaron a muchas ciudades poco conocidas, pero también a las grandes urbes. En 1956 le llegó el turno a una de las importantes: Benarés, que pasó a llamarse Varanasi. En 1995, Bombay se convirtió en Mumbai. Un año después, sucedió algo similar con la histórica Madrás, que desde entonces se denomina Chennai y con Cochín que se transformó en Kochi. En 2001, el turno le llegó a Calcuta, ciudad que modificó su topónimo por el de Kolkata. La cosa no quedó ahí. Cinco años después, en 2006, Pondicherry se rebautizó como Puducherry; en 2008, Poona lo hizo como Pune en 2008; en 2014, Bangalore, el “Silicon Valley” de la India, se transformó en Bengaluru; o en 2016, Gurgaon se transformó en Gurugram. Y siguen los deseos de transformación para el futuro.
En general, la excusa para la permuta es recuperar los nombres originales que habían sido deformados por la pronunciación y escritura inglesa dada durante el periodo de dominación británica (aunque hay que recordar que algunas de esas ciudades fueron fundadas por los europeos). No obstante, a pesar de la oficialización de los cambios, muchos países extranjeros mantienen las denominaciones anteriores como traducción de las nuevas e, incluso, en las propias ciudades indias, no todo el mundo ha procedido al cambio. Por ejemplo, en Mumbai, la Corte Suprema del estado sigue llevando el nombre de Bombay o el Mercado de Valores, que es la principal Bolsa del país, sigue siendo identificado como “de Bombay”.

Bombay y Calcuta, dos cuerpos extraños (británicos) en territorios con fuerte personalidad india.
Hasta el periodo colonial, India era un territorio rural, y sus ciudades eran poco más que un mercado o un lugar sagrado de peregrinación. No sería hasta el desarrollo industrial, traído por los británicos, cuando puede comenzarse a hablar de una incipiente cultura urbana india. De hecho, las áreas de Bombay y Calcuta estaban discretamente ocupadas hasta la llegada de los europeos. Bombay era una de las pequeñas islas que conformaban un archipiélago habitado por pescadores, mientras que Calcuta no existía más allá de unos modestos asentamientos de campesinos esforzados por extraer la máxima fertilidad al delta del Ganges.
La historia de las dos ciudades arrancaría con la aparición de la Compañía Británica de las Indias Orientales, que llegó a un acuerdo con el Imperio Mogol para establecer una primera factoría comercial en Madrás (1640) al sureste de la península, a la que seguirían Bombay (1661) y Calcuta (1690). Estas tres ciudades serían durante tiempo la única representación de los británicos en el subcontinente, hasta que estos comenzaron a avanzar sobre el territorio dominándolo por completo.
Por eso, Bombay y Calcuta comparten el “pecado original” de haber nacido como colonias extranjeras en un entorno hindú, lo que ocasionó que, las dos ciudades se desarrollaron, inicialmente, como cuerpos extraños dentro de sus respectivos entornos. Entornos que fueron muy diferentes entre sí, por cultura y costumbres, por paisaje, e incluso por idioma, porque Bombay nacería en territorio maratha, mientras que Calcuta fue fundada en Bengala.
Bombay y Calcuta están separadas unos 2.000 kilómetros. A la izquierda estado de Maharashtra y a la derecha estado de Bengala.
Los marathas eran un pueblo guerrero, ardiente defensor del hinduismo frente al islamismo y que contaban con una lengua propia, el marathi (que sigue siendo oficial en el estado). Su territorio original corresponde aproximadamente con el actual estado indio de Maharashtra, que se encuentra al oeste de la Meseta del Decán, en el litoral del Mar Arábigo (y del que Bombay es capital). Los marathas se rebelaron en el siglo XVII contra el Imperio Mogol constituyendo el Imperio Maratha que dominó el centro peninsular (gobernando desde Poona/Pune, su capital histórica)
Por su parte, Bengala es un territorio histórico situado en el noreste del subcontinente indio, en la parte final del curso del río Ganges y su delta. La importancia estratégica de la zona queda demostrada por ser el lugar donde se consolidaron el antiguo reino de Magadha o el Imperio Maurya, siendo, además, el primer territorio dominado por los británicos, más allá de sus ciudades iniciales. Con la independencia y la división de la India británica, Bengala fue segregada en dos: por una parte, quedaría Bengala Occidental, hindú, dentro de la Unión India, con Calcuta como capital; y, por otra, la región de Bengala Oriental, musulmana, rebautizada en 1955, como Pakistán Oriental e independizada en 1971 del Pakistán Occidental, pasando a llamarse Bangladesh (que significa “país de Bengala”). A pesar de estas diferencias políticas, las dos zonas de Bengala, comparten mucho, cultural y sociológicamente, además de un idioma propio (el bengalí) que es oficial en ambos territorios.

Ganando terrenos para urbanizar: Bombay frente al mar y Calcuta frente a las marismas.
Las dos ciudades nacieron con vocación comercial y portuaria. Bombay es una ciudad marítima, situada en la costa occidental de la península; mientras que Calcuta es interior, aunque cercana a la bahía bengalí. La elección de ambos sitios buscó las favorables condiciones para establecer un puerto y desarrollar el comercio ultramarino, pero comenzó a presentar problemas cuando la prosperidad de las dos colonias exigió el crecimiento de sus trazados urbanos iniciales. Entonces de evidenció que el espacio disponible resultaba escaso y ante esa dificultad, se optó, en ambos casos, por una solución drástica: se crearían nuevos terrenos para urbanizar, ganándoselos al agua. En Bombay se consiguió rellenando de tierra el mar y en Calcuta desecando las marismas del entorno.
Bombay era una de las siete islas que conformaban un archipiélago especial porque cinco de ellas (Bombay, Parel, Mazagaon, Mahim y Worli) conformaban una especie de “círculo” que encerraba una suerte de “mar interior abierto” entre ellas; mientras que las otras dos (Colaba y Little Colaba) eran una prolongación de uno de los extremos de la isla Bombay (que tenía una peculiar forma de “H”), favoreciendo la creación de una bahía meridional (Back Bay).
Reconversión del archipiélago de Bombay en península: de las siete islas (arriba a la izquierda) a su reunión en una sola (arriba a la derecha) y posterior conexión con el continente (debajo, mapa de 1893).
Bombay comenzó su historia urbana en 1534 cuando el emperador mogol firmó un acuerdo con los portugueses, que instalaron allí una de sus colonias ultramarinas. Pero entre 1661 y 1665 las islas pasarían al control británico, iniciando una nueva andadura. La situación de Bombay respecto al resto del archipiélago, articulando los dos espacios marinos (el pseudo lago interior y la bahía sur), haría que fuera esa isla la elegida por los británicos para instalar en ella su factoría. En su litoral oriental, aprovechando la existencia de una pequeña cala que actuaría como puerto, se construiría la instalación comercial, con las residencias asociadas, así como el fuerte militar que debía proteger todo el conjunto. Estas islas acabarían siendo reunidas en una única masa terrestre en 1784 gracias al relleno del “lago” interno y la conexión del espolón meridional. Con esta ganancia de tierra, Bombay, que sería el nombre adoptado para el conjunto, se convertía en una isla mucho mayor, capaz de acoger el crecimiento que la prosperidad de la colonia requería entonces. La ganancia de terrenos al mar continuaría en años futuros con la anexión de otra isla, Trombay, y con la conversión de la Bombay unificada en una península al ser conectada con el continente.
Por su parte, Calcuta comenzaría su desarrollo urbano impulsada por la compañía británica, que se instalaría junto tres pequeños asentamientos ubicados en la ribera oriental del río Hugli (Sutanuti, Gobindapur y Kalikata, que parece ser que sirvió de base para la denominación de la colonia). Calcuta se encontraba a unos 150 kilómetros del litoral costero bengalí pero la navegabilidad del rio Hugli permitió crear un gran puerto que, durante décadas fue el más importante de la zona (hasta que Bombay le arrebató la primacía). En esa posición se fundó la nueva colonia británica en 1690. En 1698, la instalación se dotaría de un fuerte militar (Fort William) que protegería el nuevo asentamiento que se estaba consolidando.
Calcuta se ubicó junto al rio Hugli, uno de los múltiples brazos acuáticos del Delta del Ganges, en un entorno pantanoso. A la derecha, los pequeños asentamientos sobre los que se construyó la Calcuta británica.
La decisión de implantar la capital del Raj Británico en Calcuta, en 1772, supuso que la ciudad bengalí se viera presionada de manera muy importante por la inmigración que se dirigía hacia ella. Calcuta necesitaba crecer, pero sus alrededores estaban constituidos por terrenos pantanosos poco aptos para la urbanización y bastante insalubres. Por eso, se tomó una decisión trascendental para la evolución urbana: la desecación de las amplias zonas de marisma que rodeaban a aquella Calcuta original. Con esos terrenos ganados al agua se dispondría de espacio para edificar, se podrían trazar infraestructuras básicas y se mejoraría la salud general de los habitantes.

Bombay y Calcuta históricas, entre la bipolaridad y la fusión.
El inicio británico de las dos ciudades, no impediría que su evolución estuviera muy influida por la idiosincrasia hindú, dado que la minoría inglesa gobernante no podía abstraerse de la mayoría abrumadora de la población. Esto provocaría una fuerte bipolaridad arquitectónica y urbana, que se expresaría tanto en la doble imagen como en unas fusiones estilísticas sorprendentes. El alejamiento de la metrópoli permitió a los arquitectos disponer de una gran libertad y falta de prejuicios estilísticos en su trabajo.
El ascenso de Calcuta a capital aceleró su crecimiento y la dotó de monumentales edificios institucionales. Estas actuaciones acentuarían su división interna en dos realidades contrapuestas: la zona británica, la “ciudad blanca”, una retícula ortogonal orientada según los puntos cardinales con edificios “europeos”; y la zona para los nativos, la “ciudad negra”, que tendría una evolución muy azarosa dentro de los procedimientos tradicionales indios.
Mapa del centro histórico de Calcuta, con Fort William en el parque Maidan y la trama ortogonal británica intentando imponerse (plano de 1913 reflejando las densidades de tráfico de las vías)
La fascinante arquitectura de Calcuta muestra, por una parte, la aplicación despreocupada del eclecticismo europeo, con ejemplos como el Raj Bhavan (1799-1803, Charles Wyatt), la antigua residencia del Virrey británico y actual del gobernador del estado de Bengala Occidental, que se inspiró descaradamente en el palacio neoclásico de Kedleston Hall en Derbyshire (Reino Unido); el Tribunal Supremo (High Court), que tuvo como modelo directo la medieval Lonja de Paños de Ypres (Bélgica); el Ayuntamiento (Town Hall, 1813, John Garstin), que se proyectó siguiendo el estilo dórico grecorromano; el Writers' Building (el “edificio de escritores”, 1777, Thomas Lyon), con su peculiar fusión entre el neoclasicismo griego, el ladrillo medieval y la arquitectura del hierro decimonónica; el Museo Indio, un edificio renacentista; o el edificio General de Correos (1864-1868, Walter B. Grenville), que vuelve al neoclásico con una cúpula icónica.
Muestras del eclecticismo arquitectónico en Calcuta: arriba el Tribunal Supremo; en el centro, el ayuntamiento; y, debajo el Writers' Building
Por otra parte, sobresalen las fusiones sorprendentes con muestras como la Catedral anglicana de San Pablo (1839-1847, William Nairn Forbes y C. K. Robinson), un edificio neogótico con elementos hindúes; la columna-minarete Shaheed Minar (antiguo Ochterlony Monument), que mezcla influencias egipcias (en la base), sirias (columna) y turcas (remate); el Victoria Memorial (1906-1921, William Emerson) que combina el clasicismo occidental con la arquitectura del periodo mogol; la Nakhoda Masjid, la principal mezquita de Calcuta (1926, Kutchi Memon Jamat) que imita al mausoleo del emperador mogol Akbar en Sikandra, Agra; el Birla Planetarium,  que recuerda a la stupa budista de Sanchi; o el Beluṛ Maṭh, sede del Ramakrishna Math and Mission, que reinterpreta los palacios del noroeste de la India.
Muestra de la fusión con la arquitectura hindú e islámica de la arquitectura de Calcuta: arriba, Nakhoda Masjid, la principal mezquita de la ciudad; y debajo, el Birla Planetarium, que recuerda a una Stupa budista
En el caso de la Bombay histórica (aproximadamente el conocido como “barrio del fuerte”, en referencia a la fortaleza existente en el siglo XVII), sucedió algo parecido, aunque de una forma menos intensa y más tardía, por su menor rango. 
Mapa con la fortaleza británica de Bombay, que es hoy el “barrio del fuerte”.
Quizá por eso la Bombay “británica” recibió una formidable muestra del denominado estilo Indo-Gótico (Indo-Gothic, o Indo-Saracenic Revival) que se desarrolló a finales del siglo XIX, levantando edificios menos vinculados a la ortodoxia europea y más influidos por la arquitectura indo-islámica (principalmente mogola) que se combinó con el neogótico victoriano. Entre los edificios destacados hay que relacionar en primer lugar la estación de tren Victoria Terminus (1878-1887, Frederick William Stevens, hoy denominada Chhatrapati Shivaji). También el palacio (hoy hotel) Taj Mahal Palace, la Universidad (proyectada por Gilbert Scott), el Elphistone College, el Oriental Building, o el ayuntamiento (Brihan Mumbai Municipal Corporation Building). Otros de los iconos de la ciudad son la peculiar “puerta de entrada” a la India, la Gateway of India, inaugurada en 1924, y la catedral de Santo Tomás (iniciada en 1676).
Muestras de la fusión arquitectónica del Indo-Gótico en Bombay: arriba la estación Victoria Terminus, debajo el hotel Taj Mahal Palace

De las diferencias históricas a la actual igualdad por la desigualdad.
La distinción de Calcuta como capital del Raj ocasionó su hegemonía política y económica en la colonia británica (porque, además, su puerto era el más importante). Esta situación se mantuvo hasta 1911, fecha en la que la congestión y la conflictividad reinante en Calcuta recomendaron a los británicos el traslado del gobierno a Delhi, donde se crearía Nueva Delhi para acoger los usos trasladados. Pero, a pesar de la pérdida del poder, Calcuta conservaría el liderazgo económico y la pompa institucional, adquiridos durante el casi siglo y medio anterior, en una especie de inercia sostenida por la actividad portuaria y la riqueza de la región de Bengala.
Mancha urbana de Calcuta en el año 2000 (en el centro, en gris, la Calcuta británica)
Pero todo cambiaría tras la independencia de la India. La creación de Bangladesh fue un golpe muy duro para Calcuta. La escisión de Bengala hizo perder a la ciudad buena parte de su hinterland, lo que originaría un declive que iría apagando sus lumbreras económicas, comenzando por el puerto (que padecería graves problemas de sedimentación no resueltos) y siguiendo por la desaparición de muchas industrias. Calcuta, que ya había sido despojada por Delhi del lustre capitalino, cedería en la década de 1950 el testigo económico a la floreciente Bombay.
Extensión de la mancha urbana actual de Bombay/Mumbai.
Hasta entonces, Bombay, se había mantenido en un discreto segundo plano, aunque su puerto iba ganando actividad paulatinamente, incrementando la relevancia de la ciudad. Así, en esos primeros años de la incipiente Unión India, Bombay superaría a Calcuta y emergería como la indiscutible referencia económica del país, apoyada en su floreciente puerto, convertido en número uno del país, y en una boyante y variada industria (incluyendo, por ejemplo, la prolífica cinematografía de Bollywood).
Desde luego, la historia y las circunstancias de las dos ciudades, así como sus distintos periodos de apogeo, les han proporcionado notables diferencias en el pasado y, aunque en la actualidad se mantenga la disparidad (porque Bombay transmite hiperactividad mientras que Calcuta parece estancada), ambas cuentan con una dramática similitud: la profunda desigualdad de sus sociedades, con minorías muy enriquecidas y una inmensa mayoría en la extrema pobreza. Así, las dos ciudades se igualan por debajo, compartiendo la negativa imagen de una población instalada en la indigencia, malviviendo en los extensísimos asentamientos espontáneos de infravivienda que se han convertido en una desdichada seña de identidad actual.
El contraste radical entre los rascacielos y los slums muestra la desigualdad existente en ambas sociedades (arriba Bombay, debajo Calcuta)
Sus cifras de población (con su imparable aumento) son asombrosas, cuestión que agrava el problema. Durante muchos años, las dos ciudades han liderado el ranking de ciudades más pobladas de la India, aunque los últimos datos parecen indicar que la aglomeración de Delhi se ha puesto en cabeza. En la actualidad, la ciudad de Bombay cuenta con más de 12,5 millones de habitantes, que son 20,5 al sumar su área metropolitana; y Calcuta computa 4,5 millones, que ascienden a 24,5 al incluir su área metropolitana.
Arriba, infravivienda en Bombay; debajo, en Calcuta.
Calcuta, la antigua y próspera capital, mutada en una ciudad decadente, es hoy un símbolo de la miseria urbana y parece no encontrar la puerta de salida. Pero tampoco Bombay parece hallar soluciones, aunque intenta proyectar una imagen positiva con sus rascacielos y su hiper dinamismo. Por eso, Bombay/Mumbai es un caso de estudio particular acerca del futuro de las grandes ciudades de los países emergentes: desbordadas por una población en constante aumento; congestionadas; con una miseria aparentemente imparable; con una endémica escasez de vivienda; con unas infraestructuras insuficientes; con una grave contaminación atmosférica y acústica, etc. Pero, a pesar de todo, siguen siendo el destino de millones de personas esperanzadas.

1 comentario:

  1. Muy interesante artículo. La ciudad planetaria es una ameba gigante imparable!!

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