28 abr. 2019

Cómo diseñar una ciudad renacentista con escuadra y cartabón (en versión española): Valladolid tras el incendio de 1561.


Valladolid fue un laboratorio avanzado de las ideas urbanas del Renacimiento hispano gracias a la oportunidad surgida tras el devastador incendio de 1561. La geometría y el simbolismo presidieron la reconstrucción.
Según se dice, las desgracias nunca vienen solas. Algo supo de ello la ciudad de Valladolid en 1561, con la designación de Madrid como capital de España y el devastador incendio que destruyó una parte de la ciudad. Pero también se dice que no hay mal que por bien no venga y que de las crisis surgen oportunidades. Y también Valladolid se hizo eco de ello. La rápida reconstrucción del área quemada supuso la primera aplicación urbana en España de los criterios renacentistas que venían de Italia y lanzó al mundo la referencia morfológica de la Plaza Mayor, que se convertiría en el modelo para otras muchas plazas, tanto en la península como en América. Además, junto a aquel trazado, que se concibió como un alarde geométrico y simbólico, se comenzó a levantar en esos años y con el mismo espíritu renacentista la Catedral, un extraordinario proyecto de Juan de Herrera que, lamentablemente, no llegaría a concluirse.
Valladolid fue el campo avanzado del urbanismo renacentista hispano con aquel nuevo barrio, sus innovadores espacios urbanos y las renovadas edificaciones. No obstante, el ímpetu experimentador se vería frustrado porque el traslado del centro de poder a Madrid originaría un declive del que la ciudad castellana tardaría mucho en recuperarse.

19 abr. 2019

La gestación del Estadio Olímpico moderno: de la “ciudad blanca” de Chicago a la “white city” de Londres.


El “White City Stadium”, integrado en el recinto de la Exposición Franco-británica que se celebraba en Londres en 1908, alojó los Juegos de la Cuarta Olimpiada. Su escala inédita en Londres asombró a los visitantes y las competiciones fueron una atracción más.
En la Exposición Universal de Chicago celebrada en 1893 se levantó un edificio que inicialmente estaba previsto para la exhibición de ganado (de ahí su nombre, Live-Stock Pavilion), pero que acogió otros usos, entre ellos algunos deportivos. Aquella construcción recuperó e hibridó tipologías casi olvidadas (como el estadio griego o el anfiteatro romano) y supuso un primer paso hacia el modelo de escenario que caracterizaría al gran encuentro deportivo periódico que arrancó durante esos mismos años: los Juegos Olímpicos de la era moderna.
En aquella llamada “Ciudad Blanca” de Chicago se produjo, aunque de forma inconsciente y rudimentaria, el renacimiento del estadio. Tras diversos e importantes ajustes realizados en otras citas (Atenas, París, St. Louis), quince años después, otra exposición internacional también conocida como “ciudad blanca”, aunque ocurrida esta vez en Londres, presentó el White City Stadium, que sería el auténtico embrión del futuro. Desde aquel 1908, aun quedaría recorrido hasta fijar el modelo definitivo del estadio olímpico moderno, pero ese edificio, hoy desaparecido, señaló el camino a seguir.

8 abr. 2019

¡Comienza el espectáculo!: Ciudad y Deporte en el Imperio romano (Anfiteatros, Circos y Termas)


Los romanos crearon sus propios escenarios deportivos con un claro sentido del espectáculo. Arriba, recreación del Anfiteatro Flavio de Roma (el Coliseo) y debajo su estado actual.
En la antigua Roma se inauguraría una nueva etapa en la relación entre ciudad y deporte. Aunque los Juegos Panhelénicos se continuaron celebrando cuando Grecia fue anexionada al Imperio Romano, el espíritu pragmático de los conquistadores quedaba bastante alejado de la excelencia perseguida por la Hélade. Las ceremonias atléticas y el virtuoso agón griego no eran del gusto del pueblo latino y fueron sustituidos por festejos multitudinarios en los que gladiadores profesionales luchaban entre ellos o con fieras y en los que aurigas experimentados conducían sus cuadrigas a toda velocidad levantando pasiones (algo en lo que sí coincidieron con los helenos), porque lo que verdaderamente amaban los romanos era el espectáculo, otro ingrediente que se incorporaría al futuro deporte.
Para albergar esos eventos tan populares se crearon dos nuevos prototipos arquitectónicos: los anfiteatros y los circos, edificaciones monumentales que influirían notablemente en la estructura urbana y que serían referenciales para los escenarios deportivos modernos. Complementariamente, también nacería otra práctica, socialmente compleja, que se vincularía al agua y al baño dentro de unas construcciones específicas, las termas, que también tendrían una gran repercusión posterior.