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23 may 2015

Simulaciones de identidad urbana. El caso de Bogotá: desde la Santafé virreinal “virtual” a la “Atenas sudamericana”.

La Bogotá histórica se debatía entre el deseo y la realidad. La calle Décima, en su acceso occidental a la Plaza Bolívar, expresa la modestia de las mansiones coloniales de la “esplendorosa” corte virreinal. Al fondo el Capitolio Nacional de Colombia, edificado entre 1848 y 1926.
La identidad es un tema controvertido. Más aún cuando nos referimos a identidades urbanas, que son composiciones colectivas, muchas veces dudosas. En ocasiones, la proyección que una ciudad hace de sí misma, es un mensaje interesado que busca ofrecer una determinada imagen que encubra una realidad contraria. Son las identidades simuladas, que crean relatos de ficción o inventan mitos con el objeto de transmitir una idea favorable, tanto al exterior como a sus propios habitantes. No obstante, hay casos en los que la leyenda fija un horizonte al que aspirar y, en ciertos lugares, han logrado acercar la realidad al sueño.
Encontramos un ejemplo en la Bogotá histórica, que mostró una sorprendente capacidad para disfrazar su imagen real. Este es un rasgo singular de la ciudad, ya que supo crear máscaras esplendorosas que ocultaban una precaria realidad. Porque la Santafé colonial (su nombre inicial), capital de un virreinato, y también la posterior Bogotá del siglo XIX, fue una ciudad de simulaciones, elaborando una “realidad” paralela que disfrazaba la pobreza de su materialidad física. La capital virreinal incorporó una capa imaginada (“virtual”) que le proporcionó un aura mítica de gran ciudad, que también se expresaría en la cuestionada etiqueta decimonónica de “Atenas sudamericana”. 
Comenzaremos reflexionando sobre las identidades simuladas para continuar con una breve aproximación al Virreinato de Nueva Granada y a la realidad física de su capital, Santafé, llegando hasta la Bogotá de finales del siglo XIX. Analizaremos después  la fantasía que “fabricó” el simulacro, utilizando la cultura y sus manifestaciones para proyectar una imagen resplandeciente que camuflaba la verdad.