La identidad
es un tema controvertido. Más aún cuando nos referimos a identidades urbanas,
que son composiciones colectivas, muchas veces dudosas. En ocasiones, la proyección
que una ciudad hace de sí misma, es un mensaje interesado que busca ofrecer una
determinada imagen que encubra una realidad contraria. Son las identidades simuladas, que crean
relatos de ficción o inventan mitos con el objeto de transmitir una idea
favorable, tanto al exterior como a sus propios habitantes. No obstante, hay
casos en los que la leyenda fija un horizonte al que aspirar y, en ciertos
lugares, han logrado acercar la realidad al sueño.
Encontramos
un ejemplo en la Bogotá histórica,
que mostró una sorprendente capacidad para disfrazar su imagen real. Este es un
rasgo singular de la ciudad, ya que supo crear máscaras esplendorosas que ocultaban una precaria realidad.
Porque la Santafé colonial (su nombre inicial), capital de un virreinato, y
también la posterior Bogotá del siglo XIX, fue una ciudad de simulaciones,
elaborando una “realidad” paralela que disfrazaba la pobreza de su materialidad
física. La capital virreinal incorporó una capa imaginada (“virtual”) que le
proporcionó un aura mítica de gran ciudad, que también se expresaría en la
cuestionada etiqueta decimonónica de “Atenas sudamericana”.
Comenzaremos
reflexionando sobre las identidades simuladas para continuar con una breve
aproximación al Virreinato de Nueva Granada y a la realidad física de su
capital, Santafé, llegando hasta la Bogotá de finales del siglo XIX.
Analizaremos después la fantasía que “fabricó” el simulacro,
utilizando la cultura y sus manifestaciones para proyectar una imagen
resplandeciente que camuflaba la verdad.
