21 sept. 2020

El “elginismo”: arquitectura trasplantada por expolios y ambiciones (con el ejemplo del palacio del Canto del Pico de Torrelodones)

Palacio del Canto del Pico en Torrelodones, un ejemplo de “elginismo” hispano. (Foto: David Melchor Díaz. Vía: flickr)

Sir Thomas Bruce, 7º conde de Elgin, aprovechó su misión diplomática en Atenas para llevarse esculturas del Partenón a su país (el conjunto, conocido como Elgin Marbles, se encuentra en el Museo Británico de Londres). Su contemporáneo Lord Byron arremetió contra él por esa acción y lograría que su nombre quedara asociado al expolio de obras de arte y, en particular, de arquitectura. En este caso, el elginismo supone el traslado de partes de edificios (y en ocasiones de la construcción completa). El paradigma del elginismo moderno fue el multimillonario William Randolph Hearst (el ciudadano Kane de Orson Welles). Su castillo californiano se construyó como una especie de Frankenstein arquitectónico con partes extraídas de lugares muy diversos.

España ha sido uno de los países que ha sufrido un expolio arquitectónico importante, teniendo a los Estados Unidos como destino habitual. Aunque sin salir del país también hay casos de elginismo hispano. Uno de los más destacados es el palacio del Canto del Pico de Torrelodones, la casa-museo que levantó el tercer Conde de las Almenas en 1922 con piezas de muchas procedencias españolas. El palacio, que protagoniza la silueta en el acceso a la sierra madrileña desde la capital, tuvo un periodo de vinculación con Francisco Franco y su familia que lo marcaría. Hoy el edificio está abandonado, prácticamente en ruina, y espera una oportunidad de redención que no acaba de llegar.